Guía Cereza
Publicado hace 6 horas Categoría: Fantasías 20 Vistas
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Es un día caluroso, el fenómeno del niño tiene a la ciudad rendida. Tu esposa no es ajena, el calor le obliga a desatar los botones de su blusa, sus pechos salen con diminutas gotas de sudor. Se dirige a prisa a la reunión que su jefe le pidió a última hora.

Sale entre la extenuante jornada bogotana, toma un taxi, se dirige al edificio donde la espera, en un reconocido hotel de la zona oriental. Sabe el número de la habitación, llega a recepción y recibe un par de instrucciones, desaparece en el ascensor. Sube al piso 5, camina hasta la puerta indicada y revisa que su atuendo esté bien. Se peina, acomoda una vez más su busto y toca a la puerta. Pasan unos segundos, escucha pasos detrás de la puerta, abren.

Cuando la puerta se abre ve a su jefe, quien la mide con su mirada detrás de gafas.

  • Toma asiento en la sala de juntas - Señala un cojín en el suelo, ella entiende la instrucción.

Se ubica de rodillas, erguida. Sus puños van detrás de su espalda en recta pose, tocando sus nalgas. Su mirada se concentra en un punto fijo al frente. Siente nuevamente esos pasos detrás suyos, el sonido seco del cierre de la puerta hace que su corazón galope. Él la acorrala con su mirada, ella mantiene la tensión sin verlo.

  • Hablemos por favor del reporte. El último balance nos ha dejado impresionados, tus progresos son evidentes, ha sido una buena decisión traerte a la compañía. Sin embargo, hay algo que aún debemos trabajar.
  • ¿Qué podría ser?

Tu forma altiva de comunicarte. No me gustan los repentinos cambios de tono, mucho menos tu insolencia. Por más que tengas la razón, debes aguardar a mi autorización para hablar.

  • Pero... yo...
  • No he pedido aún que hables.

Ella guarda silencio, mientras él continúa, con voz firme.

  • Hoy viniste a entender la estrategia comunicativa de la empresa.
  • Sí, sí señor - Duda, se siente rara, el calor incrementa.

Él pasa sus manos por sus hombros, mientras ella libera sus puños, ahora sus manos sudorosas se posan sobre sus nalgas, las cuales echa hacia atrás con decisión.

  • Te he servido un vaso de agua - Ordena que lo tome. Espera calmarla - Empezaremos por que entiendas que cada vez que yo hable, tú guardas silencio.

Ella toma la mitad del agua en el vaso. Su respiración se hace más calmada. Sin embargo, sus pechos se empapan más de sudor.

Entre tanto, estás en tu oficina, pensando qué puede estarle diciendo su jefe a tu esposa. Te preguntas si deberás apoyarla emocionalmente cuando llegue a casa, luego de recibir una severa reprimenda, o peor aún, su carta de despido. Vas por una soda a la nevera de tu piso empresarial, quieres dejar de tener tanto calor.

En la habitación, tu esposa sigue de rodillas. Ahora el dedo pulgar de su jefe se posa sobre su mentón. Él la mira desde arriba con penetrante mirada.

  • Desata mi correa - Ordena.

Ella toma sus manos suaves y desata su correa. Sus manos se deslizan suavemente sobre su pantalón, tratando de liberar su cremallera.

  • No hemos llegado ahí - Dice de forma brusca su jefe. Ella se sobresalta - Ahora, quiero que pegues tu rostro a mi entrepierna, huele mi pantalón y acaricia con tu cara mi verga - Ella obedece, sus manos siguen pegadas a sus nalgas.

Él hace un gesto con sus cejas y pasa por encima de su cabeza el cinturón, que acaba de entregarle tu esposa. Ata sus manos.

  • Abre tu boca - La orden es atendida sin espera.

Sus manos desatan una verga gruesa, carnosa... ella saborea su aroma. Está en éxtasis. Siente de inmediato su sabor con la punta de su lengua, luego siente como su tronco recorre sus labios. Está hambrienta, la quiere tragar.

  • Saca tu lengua - Ordena el severo jefe.

Siente cómo una de sus manos toma fuertemente su pelo, mientras la otra fija como una tenaza su mollera. Está a su merced.

La verga de su jefe ingresa lentamente, mientras tu esposa succiona con ávida voracidad. Las manos de tu jefe fijan un compás exacto, un poco brusco, que desencaja su mandíbula.

  • ¿Quieres decir algo? - inquiere.
  • No.
  • Así me gusta.

El tronco duro de su jefe penetra a tu esposa, quien se ahoga con su verga. Una vez él permite que tome aliento, ella arremete con un salvaje escupitajo que acierta su glande, hinchado por la felación. Sin mediar palabra, vuelve a sentir esa verga en su garganta. Sus ojos se ponen llorosos, sus atadas manos estimulan sus nalgas, tratando de abrirlas.

Súbitamente, la mano que toma su mollera acierta un golpe suave sobre la mano que toma el pelo: es un ariete tratando de partir el cráneo de tu esposa, quien está a merced de su severo jefe.

  • Quiero que sepas que tus opiniones son muy acertadas. Es tu tono lo que debes trabajar.
  • No tendrá que llamarme de nuevo la atención - Responde ella.

La verga de su jefe acelera su movimiento... tu esposa se libera por completo, deja que él tome el control absoluto...

En tu oficina terminó la jornada. Conduces tu auto a casa. Paras de ida, le compras el té que más le gusta, para dárselo como aliento por la segura paliza que le dio su jefe. Ingresas a casa, te quitas el saco y la corbata.

  • ¡Amoooor! - Llamas.
  • Hola, amor - Responde.
  • ¿Qué tal te fue? - Preguntas, extendiendo el té, el que toma ella y sonríe amablemente.
  • Bien, amor, resulta que el jefe esta vez sólo quería decirme un par de detalles sobre una estrategia que se viene. Un cliente grande aterriza en Bogotá y trabajaremos mucho. Posiblemente debamos preparar propuestas muy largas - Su rostro tiene una mezcla de decisión y picardía. Está lista para seguir recibiendo las severas órdenes sin decir ninguna palabra.
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