Actualmente estoy viviendo en un apartamento pequeño, segundo piso que está unido a otros por paredes medianeras fabricadas en ladrillo del tipo ‘farol’, con lo cual se hacen muy sensibles a los ruidos y a otros eventos, uno de los cuales relataré a continuación y que es real.
El dueño y constructor del apartamento, por alguna razón, no terminó un espacio colindante con el patio vecino, y que se convirtió en una bodega de materiales de construcción.
Pues bien, enseguida también hay otros apartamentos y en uno de ellos, reside una vecina, de unos 30 años, de mediana estatura, tez trigueña, cabello largo, color miel y muy bien dotada. Pechos turgentes, cintura delgada y una hermosa y redonda cola que termina en unos muslos y piernas bien torneadas. La noté unos días después que se mudó pero siempre la veía bien vestida, muy compuesta en su auto de marca. Y siempre ha estado sola.
Un domingo, que estaba dedicado a lavar la ropa, sentí ruidos en el patiecito vecino y me asomé por encima del muro y la vi….. Estaba en ‘pantaloncitos bien calientes’ y con un topcito que dejaba ver sus hermosas pechugas. Ella no notó mi presencia y seguía revoloteando por el espacio, también dedicada a lo mismo… lavar su ropita y en especial su colección de tanguitas y brasieres. Debido a la posición incómoda en que me encontraba, tuve que dejar de observar. Y sólo lo hacía de manera esporádica. Y le veía la hermosa cola con los pantaloncitos bien metiditos entre ese hermoso valle de lágrimas… Solo en una ocasión pude apreciar la parte frontal, donde comenzaba el ya deseado valle.
Ya entré en una especie de desespero por mirar aquella hembra y empecé a mirar opciones. Vi el cuartucho y el desorden. Me abrí paso entre los tarros, latas y demás y encontré que la pared estaba llena de huecos que daban al patio de mi observada. Empecé a buscar el mejor orificio y encontré uno que me permitía observar perfectamente y allí, acomodé una caneca y me senté a mirar. El lugar preciso para un voyeurista.
Iba y venía. La veía perfectamente. Y podía deleitarme mirando su hermoso culo y su abultado frontis. Pero como la dicha es efímera, su labor estaba terminando y a poco recogió todo y cerró la puerta del patio. Eso significaba que ya no volvería por ahora allí.
Empecé a hacerle cacería, especialmente en horas de la noche, los fines de semana para observarla pero era un poco complejo, coincidir por mis ocupaciones.
Hasta un domingo; sentí ruidos en el sitio, fui a asomarme y allí estaba. Solo tenía un triángulo diminuto: apenas cubría la rayita y dejaba a la vista los gruesos pliegues vulvares, desapareciendo entre sus piernas para aparecer al otro lado convertido en un delgadísimo hilito. Que espectáculo. Se agachaba a recoger la ropa para meter en la lavadora y perfectamente se le veía el oscuro asterisco y unos labios carnosos, perfectamente depilados, de un color café claro en perfecto contraste con su piel.
Terminó de meter una tanda de ropa en la lavadora, le echó el jabón y echó la máquina a andar, acto seguido trajo cigarrillos y encendió uno. Miraba distraídamente hacia el exterior. Entonces, empezó a acariciarse suavemente los pechos…. Y, luego direccionó una de sus manos hacia abajo, llegando a su abultado monte donde empezó a acariciar sus partes.
Pareciera saber que alguien la observaba, porque miraba hacia el exterior y a todos lados. Luego, fue al interior de su apartamento y se trajo un dildo descomunal. Lo encendió y empezó a sobarlo por su entrepierna. Mientras yo sobaba y sobaba a mi amigo que ya se había puesto bastante emocionado por lo que su amo veía.
Se quitó el hilo quedando completamente desnuda y poco a poco fue excitándose mas con el dildo. Le echó un escupitajo y empezó a introducirlo suavemente. El noble aparato despareció dentro de sus entrañas, mientras su cuerpo se sacudía suavemente de emoción y su cara se iba transformando. Poco a poco fue colocándose en cuclillas hasta que quedó sentada encima del enorme aparato que entraba y salía despacio de la carnosa gruta. Unos fluídos blancos empezaron a deslizarse por el aparatejo y cada vez se la veía más descompuesta, mientras yo iba acelerando también.
Y entonces: jueeeeputaaaaaa!!!!!!! Jueeeeeputaaaaaaaaaa!!!! Jueeeeeeeeeeeeeeeeeeputtaaaaaaaaaaaaaaa arghhhhhhhh……. Arghhhh………….. hombres mal paridos no sirven ni pa’ mierdaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!! Jueeeeeputaaaaaaaaaa!!!! Jueeeeeeeeeeeeeeeeeeputtaaaaaaaaaaaaaaa arghhhhhhhh……. Arghhhh… Y se sentó sobre el dildo acezando como si terminara una maraton de 60 kms en montaña….. Su respiración agitada, profunda, sudaba profusamente, una cantidad enorme de fluidos vaginales brotaban de su vulva, desmadejada, deslizándose por el grueso tronco de látex; trataba e intentaba incorporarse…. Un chorro de líquido blancuzco alcanzó la pared frente a mi…. También junto a ella eyaculé, sólo que nos dividía un tabique de ladrillo y cemento.
Unos minutos después, se incorporó, sacándose el dildo de las entrañas, salió de nuevo… Yo pensé que ya habría terminado la función, pero no… Ya estaba recogiendo, cuando volvió a entrar y esta vez traía una chupa, otro dildo más pequeño, un tubito como de pasta de dientes y unas bolas chinas.
Del tubito, exprimió el producto, supongo que sería lubricante aplicándolo a las bolas chinas y a su ano, empezó a meterlas dentro de su ano…. Despacio, lentamente. Luego, mojó la chupa y la pegó a la pared cerámica del lavadero en un punto muy preciso, insertó el dildo que se acababa de meter lubricándolo bien. Se aplicó más lubricante en el culito hermoso y se insertó el dildo delgado. Allí lo tuvo un buen rato hasta que lo retiró, lo lavó con gel antibacterial y se colocó de espaldas contra el lavadero, de costado a mí y pude ver como guiaba el grueso dildo culo adentro!!!!
Empezó a moverse lentamente, levemente inclinada hacia adelante y luego, tomó el dildo delgado y empezó a restregarlo contra su clítoris.. de nuevo su cara empezó a transformarse…. Se veía que estaba pasándola bien, que se sentía muy bien. El movimiento empezó lento, suave, pero fue cogiendo rapidez. Así hasta daba la impresión de un martinete rompiéndole el culo. Se sobaba el dildo pequeño por los labios vaginales… sus labios parecían estar diciendo una oración o hablando con alguien, aunque desde mi posición no podía escucharla.
Poco a poco, su trigueña piel fue tomando un color rosáceo. Parecía que iba a explotar. Mi amigo, estaba sufriendo las consecuencias de este espectáculo. Me olvidé de echarle aunque fuera saliva y estaba en carne viva de la sobandija que le estaba dando…
Su cara, entonces, se transformó, la belleza se convirtió en un rictus de placer, sus delgados labios se volvieron gruesos y un gutural sonido salió de lo profundo de su garganta, mientras con sus nalgas, le daba duro al muro! Ella se las arreglaba para que la palmotearan… Y de nuevo su queja: Arghhhh………….. hombres mal paridos no sirven ni pa’ mierdaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!! Terminó su pajazo desenganchándose del dildo y sentándose en el piso. Aquí estuvo como dos minutos, con la cabeza entre las rodillas, acariciándose el cabello y recuperando su respiración. Tiró del cordón y retiró suave y firmemente las bolas chinas.
Mientras, iba terminando ya mi tercera paja y por un movimiento involuntario, un sonoro ruido de latas, hizo que ella se diera cuenta que la estaban espiando. Miró hacia el sitio donde estaban los agujeros. Se incorporó y se dirigió sonriente hacia el sitio y acercándose a los agujeros, puso su pubis casi al frente de mis ojos mientras decía: ‘te faltan huevos para hablarme y pedírmelo!!! Todos los hombres son iguales! No sirven ni pa’mierda. Solo bla bla bla!!!!







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