Cambio obligado de transporte
A minutos de mi viaje de Bogotá a Popayán -para participar en un taller sobre sistemas multimedia en el ambiente educativo- corría velozmente por el aeropuerto esperando llegar a tiempo al sitio de embarque.
Ubiqué con cierta facilidad el sitio y corrí hasta allí para comprobar que era tarde, mi vuelo estaba ya en pista y no había nada que hacer.
Me senté en el piso jadeante mientras en mi mente daban vuelta posibles soluciones al percance.
Luego de un instante me di cuenta que podría hacer el viaje por tierra. Era mucho mas demorado pero era la solución a mano, de manera que salí a la calle y busqué un taxi, saludé al conductor y le dije que iba para el terminal de transporte.
Yo sabía que como no era temporada alta, tendría gran posibilidad de conseguir pasaje.
Al llegar me dirigí a un oficial de policía y le pedí orientación. El me envió al módulo amarillo que corresponde a los buses que viajan al sur del país. Allí pedí orientación de nuevo a otro oficial de policía quien me señaló el sitio donde conseguiría mi pasaje.
Comprobé que habían pasajes disponibles y que además disfrutaría del viaje en uno de los llamados AeroBus, unos buses inmensos con pocos asientos, sistema de televisión y video, y cocina, mucho mas de lo que ofrece el sistema convencional.
Como mi transporte partía en breve, entregué mi maleta, compré algunos alimentos y me subí al bus.
Era realmente increíble, al nivel de un avión, pocas sillas, puertas separadoras, cortinas y zona de comedor entre muchas otras comodidades.
Busqué mi silla al final del vehículo, ubiqué mi equipaje de mano y me recosté sonriendo luego de tremenda odisea.
Prendí el sistema de video y televisión y escogí entre algunas películas que me ofrecían y me recosté mientras se llenaban los demás asientos.
Las personas que llegaban saludaban amablemente y hacían comentarios agradables.
En breve el bus inició su recorrido de 646 kilómetros, mismo que le tomaría algo así como 15 horas.
A mi lado, un grupo de amigos, gente muy amable que me brindaban comidas y bebidas a montón.
Dormí el primer trayecto y al despertar el bus estaba a oscuras y casi todo era silencio, de no ser por unos jadeos sutiles que pronto pude ubicar. Provenían de una silla en la que dos hombres se besaban apasionadamente. Observé durante un buen rato al principio extrañado y luego algo emocionado ante ese espectáculo. Yo nunca había tenido nada que ver con el mundo gay y aunque estaba recién divorciado no lo había pensado siquiera. Los besos se transformaron pronto en caricias, algunas prendas de ropa al piso y en un momento uno de los hombres sacaba de los interiores del otro un pene de buen tamaño y lo introducía en su boca. Yo estaba excitado en ese punto pero trataba de no evidenciarlo porque no era mi costumbre.
En un momento comencé a ver que otro hombre cerraba algunas puertas corredizas de manera que quedamos dentro de un pequeño saloncito algunas pocas personas junto con la pareja que seguía en lo suyo como si nada.
Yo me puse de pie junto a un joven y busqué la salida, pero un señor algo gordo puso su mano en nuestros hombros y nos habló con suavidad invitándonos a quedarnos. A el se unieron otros que nos abrazaban y nos sonreían mientras se despojaban algunos de sus camisas y otros de sus pantalones. El jovencito fue fácilmente doblegado y en breve estaba desnudo. Yo solo atiné a sentarme de nuevo, pues no veía posibilidad de salir de eso que sucedía.
Mi curiosidad aumentaba y poco a poco me sentía a gusto. No lo entendía en realidad porque hasta hace poco estaba casado y disfrutaba del placer con mi esposa.
El jovencito ahora se besaba con otro hombre mientras otro le chupaba el ano con la lengua.
Un hombre de rostro muy tranquilo, se me acercó y me hizo una seña pidiendo aprobación, yo asentí y el se acercó, me quitó de un solo movimiento la camiseta y jaló hacia abajo mi pantalón deportivo, me empuj;o suavemente hasta que quedé sentado, se arrodilló y apartó mis interiores para dar salida a mi pene que de lo excitado saltó como un resorte a su boca. Cerré los ojos para no pensar si eso que sucedía era o no correcto y me concentré en esa increíble sensación. Mi esposa me había hecho sexo oral en muchas ocasiones, pero este hombre era algo increíble, una mezcla de sutileza e inmenso placer. Su mano buscaba entre la silla y mi trasero algo, de manera que yo me levanté un poco de la silla para que siguiera su camino que no era otro que mi ano donde con suavidad fue introduciendo la punta de su dedo.
Su boca hacía el trabajo en mi pene mientras su dedo entraba y salía en pequeños y excitantes recorridos que me tenían al extremo del placer.
Al fondo el jovencito estaba sentado sobre otro hombre y veía con claridad como era penetrado una y otra vez al vaivén de sus subidas y bajadas.
Un hombre se me acercó, sonrió un momento y tomó camino a mis labios para darme el que era (como todo lo demás) mi primer beso.
Luego de besarme me levantó de la silla y me puso sobre el piso entapetado en posición de perrito.
Acercó su cara a mi ano y con su lengua me lamió de manera increíble dejando espacio durante algunos segundos a uno de sus dedos que entraba y salía cada vez con mas ánimo.
Pidió a otro hombre un ungüento que aplicó con cuidado en mi ano, dentro y fuera, una y otra vez.
Sabía lo que iba a suceder, mi ano sería desvirgado en al mas extraña de las situaciones imaginables.
El me decía cosas linas que me encantaron.
El contacto de su pene fue igualmente increíble, sentía su presión mientras este buscaba ubicarse a la entrada del ano donde pronto estuvo dando sus primeras y suaves embestidas. Luego de un momento sentí que mi ano había dado paso a su pene. Sentí dolor y jadeé, el se detuvo un momento al cabo de cual comenzó de nuevo con cortas y suaves arremetidas al cabo de las cuales su pene logró otra meta. Allí se detuvo mientras me pasaba el dolor. Acariciaba mi espalda y me decía cosas bonitas mientras iniciaba de nuevo sus movimientos que ahora ya no me causaban tanto dolor.
Comenzó a hacer recorridos mas largos entrando y saliendo de mi ano hasta que todo se volvió placer. El me preguntaba si quería mas y yo solo atinaba a decirle que no se detuviera.
En medio de tanto jadeo apareció un pene frente a mi boca y una mano que lo condujo dentro de ella. Yo que no deseaba hacer eso, sentí un contacto muy agradable. Un pene suave entrando en mi boca mientras otro hacía lo propio en mi ano. El hombre de rostro amable buscó mi pene y lo introdujo en su boca aumentando mi placer a límites nunca conocidos por mi.
Luego, se colocó boca abajo y buscó mi pene con su boca mientras yo seguía siendo penetrado.
En unos instantes me sentí convulsionando, fuera de mi, volteando mis ojos de manera descontrolada, y explotando por mi pene en la boca del hombre de rostro amable mientras el hombre tras de mi aceleraba sus penetraciones para terminar dentro mío en medio de gritos.
Allí quedé tendido en el piso jadeante, siendo acariciado suavemente por el hombre amable.
A mi alrededor aun la fiesta continuaba. Giré en el piso y vi al jovencito en medio de tres hombres que le ofrecían sus penes para que les hiciera sexo oral.
Al otro lado hombres desnudos penetrándose, chupándose, besándose, ….. pero, yo cansado, solo atiné a cerrar mis ojos y dormir mientras el hombre de cara amable me acariciaba tiernamente.








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1 comentario
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login Entrarsuper esta experiencia, seria bueno vivir una asi