GANÍMEDES Y ZEUS
Relato de comunidad Gayschedule 4 min de lectura calendar_today Julio de 2012

GANÍMEDES Y ZEUS

De negativas contundentes, pasé a ignorar sus correos electrónicos llenos de una carga erótica interesante, con detalles de lo que le gustaría hacerme y que yo le hiciera; y en especial estimulantes cuando estos iban acompañados de fotos de su torso marcado, sus abdominales planos y duros, en....

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De negativas contundentes, pasé a ignorar sus correos electrónicos llenos de una carga erótica interesante, con detalles de lo que le gustaría hacerme y que yo le hiciera; y en especial estimulantes cuando estos iban acompañados de fotos de su torso marcado, sus abdominales planos y duros, en bóxers o biquinis St. Even que le quedaban excelentemente al talle.

Está bien, confieso, ya sé lo que están pensando: para uno con algo más de 30 años, con todo tipo de experiencia en el sexo de mente abierta; un mocoso lujurioso, tiernito, marcadito, inexperto con ganas de aprender, de piel suave y con las hormonas alborotadas; es un plato tentador muy difícil de resistir. ¿A quién no le gusta mandarse a la muela a tan atractivo Ganimedes ganoso de amancebarse con un Zeus en decadencia? ¡A muchos!

Sin embargo, tan seductora oferta tenía no obstante un punto a considerar: era el hijo mayor de mi jefe. ¡Maldito el día en que me lo encontré en ese bar gay! De otro modo nunca se hubiera dado cuenta de nuestra condición compartida.

La cosa pasó de castaño a rojo el día en que casi muero de susto cuando Andrés se metió al baño público del piso de oficinas donde trabajo, justo cuando yo terminaba de orinar. Lo vi y se me enfrió todo. Yo, un tipo de 31 años con mucho mundo por delante, acorralado por un escuincle arrechito.

Se me tiró y me besó. Intenté retirarlo pero quedé sucumbido ante el olor de su colonia suave y el sabor delicioso de su boca. Su lengua fue discreta y su mano suave al pasearse por mi paquete afortunadamente bien guardado que empezaba a endurecerse conforme las respiraciones azoradas se dejaban oír.

Al fin lo separé y lo miré a los ojos para decirle que no siguiéramos pero sus ojos miel y las facciones masculinas de su cara me atraparon. “échele llave a la puerta” le dije, cuando regresó de hacerlo, yo ya tenía mi tranca fuera del sierre: dura, erecta y lista para ser mamada. Se tiró al suelo de rodillas agarrándose de mis pantalones y mirándome a los ojos introdujo mi pene en su boca.

Nada mal. El pelao la mamó con ganas y no me lastimó con sus dientes. Desabroché mi camisa dejando q la corbata colgara por mi pecho y abdomen desnudo, semivelludo y duro. A él le encantó. Mientras mamaba acariciaba con su mano mi torso.

En mi mente solo estaba el mancillar a Andrés follándomelo con violencia para que dejara de perseguirme, algo así como castigarlo, dándole con creces lo que buscaba. Así que lo agarré duro del cabello y empujé su cabeza a mi pelvis fuertemente hasta sentir que mi verga llegaba a lo más profundo de su garganta. Me follé su boca con violencia mientras le lagrimaban los ojos y empapaba mi porra con baba. Tosió y trató de sacársela pero no se lo permití. Estaba extasiado y yo quería más de su boca. Se la saqué por un momento y lo cacheteé suave mientras me miraba con susto. Luego lo golpeé con mi verga en las mejillas y volví a enterrarle mi hombría en su garganta.

Después de un rato lo levanté y lo miré a los ojos. Me sentí mal, así que lo besé suave como consolándolo. El sentimiento duró poco, y le mordí el labio. No muy duro, pero que lo sintiera.

“Quítate la ropa” le dije. Obedeció y rápido. Verlo desnudo me desarmó completamente. Buena verga, buen culo, buenas piernas… que pecho. Quise chupársela pero me contuve. Le ordené colocarse en cuatro y cuando lo hizo pude tener a mi disposición su ojete rosadito, apretadito y lampiño. Lo escupí y se lo chupé por un momento. Gimió y se sobó su verga.

Entonces me coloqué de pié y flexionando un poco mis rodillas sin dejar que estas llegaran al suelo, lo penetré sin aviso. Intentó gritar pero tapé su boca con mi mano. “Cállate o nos descubren” le dije sin piedad. Y acto seguido me lo follé tan fuerte como hacía tiempo no lo hacía. Una y otra vez, mis huevas chocaban su culo y mi falo se abría paso sin piedad por su orto apretado.

Me vine dentro y lo llené de leche.

Me abroché la camisa, organicé mi corbata, me subí el cierre y lo dejé ahí tirado en el suelo: desnudo, culiado y saciado. Me miraba y se sonreía el zurrón.

Me devolví, abrí la puerta y le dije: “Si no te vas a vestir ya, échale llave a la puerta o te pillan”. Me picó el ojo, soltó una carcajada espontánea y con gesto casi infantil se llevó su mano a la frente echando su cabeza hacia atrás y dejando que el resto de su cuerpo siguiera la trayectoria hasta quedar acostado en el suelo. Todo esto sin quitar esa enorme sonrisa en su boca.

— camilo

11 de julio de 2012

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