Nos encontramos a las 7 de la noche en un barcito, la idea era compartir tiempo y terminar algunas conversaciones pendientes, mientras hablabas yo miraba atentamente el movimiento de tus labios, la textura de la piel de tu cuello, la manera tan sexy como movías tu pelo dejando que se desprendiera ese olor a peinado de peluquería, te hablé de mis falsos dotes de bailarín y nos fuimos a una discoteca a comprobar la veracidad de mis palabras.Al ritmo de la música nuestros cuerpos se convirtieron en un solo movimiento, mi boca buscó tu boca y cuando estaba lo suficientemente cerca, aspiré tu aire caliente y me alejé para ver como tus ojos suplicaban un beso, entendiste que el juego era hacer que el otro buscara su beso con hambre, refregaste tu sexo contra el mío, acariciabas mi nuca mientras sentías como endurecías mis ganas de ti, mis manos acariciaban tu trasero y lo empujaban hacia mí para que supieras la magnitud de mis ansias, tenía sed de tu saliva, pero tu boca esquivó mi intento por perder el juego, dejaste tu cuello desnudo a la merced de mis vampíricas caricias.Mis labios recorrieron tu cuello, mis palabras no llegaron a tus oídos, solo mi lengua, me diste la espalda, te besé en la nuca y recostaste afanosamente tu trasero contra mí para hacerme ver la fuerza de tu deseo, mandé mis manos hacia tu pecho, te pedí que abrieras un poco las piernas y obedeciste sin vacilar, sin un mínimo de delicadeza apreté tu sexo con mis manos, tan solo fueron unos segundos, mi intención era comprobar que estabas dispuesta a entregarme tu cuerpo, te diste vuelta y nuevamente tus labios no me permitieron perder, tú aceptaste con tu cuerpo que caías en mis redes de pasión, pero tu boca no se resignaba a perder, tu boca quería hacer de esta una victoria contundente.Nos sentamos, acariciaba tus piernas, poco a poco me internaba en ese paraíso cubierto por tu vestido corto, las llamas de mis dedos sentían ese calor al rosar tu panty blanco humedecido tal vez por el sudor, tal vez por algo más. Mis ojos te miraban con hambre suplicando un beso, tu sonreías por el placer de mis caricias y el de tu triunfo, tomaste un sorbo de cerveza, yo no dejaba de mirarte, me advertiste que mi cerveza se calentaría si no la probaba, te dije que era de tu boca y de tu esencia que me quería embriagar, tus ojos caídos mostraron que estaba cerca el final de mi sed, tomaste otro sorbo y me diste un beso helado, sentí como mi garganta se refrescó con el flujo de cerveza y la suavidad de tus labios, un solo trago fue suficiente para estremecer toda mi humanidad.Miré la emoción en tus ojos, miraste el deseo y las ansias en los míos, acariciaste mi rostro, mis labios, lamí la palma de tu mano, saboreé cada uno de tus dedos, de tu brazo, mis ganas de besarte se hacían más fuertes, más desesperadas, por eso decidimos irnos a un lugar donde pudiéramos dar rienda suelta a nuestros deseos de hacer de nuestros cuerpos el mejor instrumento para expresarnos.
Le indicamos al taxista a donde iríamos, nuestras bocas no pudieron evitar comerse mutuamente con los ojos cerrados, como dos ciegos que no querían ver, solo sentir. Llegamos a aquel motel en donde finalizaría esta historia, o tal vez donde comenzaría nuestra historia… Me tomó tiempo acostumbrar mis ojos a las luces ya que lo único que había visto en 10 minutos eran los recuerdos de tu rostro, raro recordarte teniéndote de frente.
En aquella habitación nos sentimos cómodos, tranquilos, nos dimos un abrazo para celebrar que la suerte estaba echada y que no podríamos escapar de nuestro lujurioso destino, de un abrazo nos fuimos a un beso, mientras te besaba subía tu vestido, me ayudaste a quitártelo, intentaste desabrochar tu brazier, pero te detuve para hacerlo yo mismo y de esa forma abrir la prisión de encajes y telas suaves que mantenían a tus senos retenidos contra su voluntad, como un caballo loco aprovecharon su libertad para que tus pezones se dirigieran rápidamente hacia mi boca, los lamí como un niño que necesita con urgencia ser amamantado, tus gemidos se convirtieron en la melodía que estimulaba mis sentidos.
Me quitaste la camisa y nos fuimos a la cama, allí olí tu pelo, besé tu frente, tus mejillas, tu barbilla, deslicé mi lengua por tu cuello hasta llegar al medio de esas dos montañas de placer, me detuve un rato a morder suavemente los picos de esas cumbres, luego me quedé entre las dos y continué mi camino, bajé hasta tu vientre y sentí tu estómago retorcerse con mis húmedas caricias, bajé hasta la blancura de tu panty, lo besé con cariño, acaricié tus muslos con mis manos, mi boca mi lengua, fui bajando lentamente hasta llegar a tus pies, quise hacerte una reverencia, tratarte como toda una princesa, te di un beso en el empeine, luego pase mi lengua por la planta de tus pies, te reías y te retorcías, sentías una mescla de cosquillas y placer lamí cada uno de tus dedos y luego subí lentamente por tus pernas hasta llegar nuevamente a tu panty lo miré fijamente, retiré con suavidad, pude ver ese hilo que se desprendía desde lo más profundo de ti, desesperadamente lo devoré, extraje para mi garganta tus preciosos jugos de pasión, repasé con mi lengua todo tu sexo, presioné tu botón te placer y sentí como la melodía que emitías subió de tono, con tus manos atrapaste mi cabeza, hiciste que se quedara enterrada entre tus piernas, estaba tan pegada a ti que me costaba respirar, solo respiraba tu aroma natural, por un momento intentaste retirar mi cabeza, pero ese aroma de hembra me transformó en un perro rabioso que no quería soltar de su boca esa presa tan dulce, te enloqueció verme tan loco, tus manos convirtieron a mi cabeza en un instrumento que movías a tu antojo para provocarte placer.
Te levantaste y me diste un beso que te supo a tu esencia, esa esencia que tenia regada por toda mi cara, me empujaste contra la almohada, te posaste sobre mí, besaste mi pecho, bajaste mis pantalones y abrazaste con tu boca mi fálico amigo, supongo que sabía a chocolate no solo por su color sino porque lo succionabas como una comedora compulsiva de dulces, cerrabas los ojos y te concentrabas, lo agarrabas como a un micrófono y movías tu cabeza de un lado a otro, como si estuvieras cantando tu canción favorita y necesitaras tragártelo para que tu voz se escuchara más fuerte.
Te quedaste quieta por unos segundos, me mirabas fijamente, te veías divina con tu boca llena, por eso seguías suavemente, sin quitarme los ojos de encima, yo estaba embelesado con tu belleza, tu lo notaste, por eso trepaste mi cuerpo como una gata hasta llegar a mi boca y bendecirme con un poco de tu preciada saliva, refregabas tu vagina contra mi pene desnudo, me besabas con pasión mientras yo acariciaba tu espalda.
Pude sentir la suavidad de tu vagina embocada en la cabeza de mi pene, tus besos en mi cuello coincidieron con ese instante en el que hiciste que se hundiera todo en ti, sentí tu calor y tu humedad, me cabalgaste hasta que el calor se hacía más fuerte dentro de ti, acompañado de tus gemidos y un baño de tu agua bendita, te di una vuelta y eras tú quien tenía la cabeza en la almohada, te penetré fuerte, se escuchaba el golpe de nuestros cuerpos, la expresión de tu rostro mostraba tu placer, ese placer que quisiste retener abrazando mi cuerpo con tus piernas, llevándome a derramar mi esencia dentro de ti, minutos después me liberaste, yo me acosté a tu lado y me dediqué a saborear los dedos de tu mano como aquel postre que queda después de un banquete.
Repasando la historia me doy cuenta que todo el deseo empezó con el juego del beso y terminó en el postre de dedos.








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