UNA HISTORIA DE VIEJA DATA
Rebeca
Voy a tratar de evocar lo que fue mi primera experiencia sexual.Aunque es algo que uno no olvida, si hay detalles que se escapan; entonces, trataré de ser lo más preciso posible.Todo esto ocurrió en mi Cali querida.
Cuando tuve mi primera experiencia, tenía 14 años.Desde los 11 trabajaba temprano en las mañanas distribuyendo prensa entre un selecto grupo de clientes que tenía en los barrios más 'pudientes' de la ciudad.A las 8 iba al colegio durante todo el día y a las 4 de la tarde cuando salíaregresaba a casa por entre las tiendas: comía pasteles, avena, empanadas, frutas y toda clase de maricadas que mi estómago y mi antojo pedían.
A una cuadra de mi casa, empecé a encontrarme una chica de unos 23 años, cuyo nombre era Rebeca. Ella cuidaba a un niño vecino. Era uno de esos oficios que para muchos son de poca monta: “niñera”. Poco a poco fui empezando a amistarme con ella.Empecé por llevarle empanadas, dulces y cositas que compraba en la calle. Con el pasar de los días y cuando ya había perdido la timidez y el miedo, y ya éramos más en confianza, la invité para que un sábado, cuando ella saliera, fuéramos a cine y a tomar alguito.A mi edad, yo parecía tener ya 20 años: era acuerpado, alto y con algo de pelos en la cara, así como un porte de persona 'seria'.A esta invitación acepto y quedamos 'cazos' para el siguiente sábado.
El día de autos, le dije a mi mama, que si podía ir a leer cuentos donde Rafael y me dijo que sí.Mi amigo, vivía en el Barrio Saavedra Galindo, ella conocía y sabia que si yo iba por allá me quedaba bastante rato o hasta el otro día.
Me encontré con Rebeca a las 2 de la tarde a unas dos cuadras de la casa.Nos fuimos buscando donde ella pudiera almorzar, porque la vieja de la casa, era de muy mala ‘leche’, los sábados que tenía salida, no le daba de comer porque no iba a trabajar todo el día.Que se buscara la comida en la calle, le decía.Después que sació su hambre, buscamos el teatro Cervantes y allí nos metimos a ver un doblete de películas mexicanas: una de Angélica María y otra que se llamaba 'Canuto Cañete, conscripto del Siete'.Como todas las películas mejicanas, malas.Aun me acuerdo.Tocadita de mano, caricias simples por aquí, etc. etc., pero nada más.Inocente el chico y más aun la chica, eso pensaba.
Al salir del teatro ya eran casi las 6 de la tarde, ella me dijo que la acompañara al lugar donde se quedaba con todas sus amigas. Era una casa en el Barrio San Nicolás.Al llegar, la sorpresa fue mayúscula.Hoy no había ido ninguna y la piecita estaba con llave.Y lo mejor, es que el dueño del inquilinato, no sabía el porqué.Entonces, Rebequita se preocupó porque dónde se iba a quedar!Nos sentamos en una esquina del parque a comer paletas y pensar sobre qué hacía ella, pero la noche ya se cerraba sobre nosotros.
Por último le dije, bueno, lo que queda por hacer es que me quedo con vos para acompañarte en un hotel.No le cayó muy bien la idea, pero la aceptó.Entonces, nos fuimos a una Residencia, de esas que ahora diríamos que es un ‘hueco’, pero que en esa época, era de lo mejorcito: tenia baño….. Luego de pagar 10 pesos, por la amanecida, nos dieron un cuarto con una cama sencillamente pequeña para dos, almohadas con forros almidonados, el famoso baño pero sin puerta y un jabón 'chiquito'.
Primera vez en mi vida que entraba a un sitio 'non sanctus' de esos con la finalidad de ‘amanecer’.No tenía ventanas.La ventilación llegaba por unos calados que rodeaban toda la pieza.Y hacia donde daba?, 'niensesabe pelaíto'.Entramos, encendimos la luz y ella de su cartera, con gran habilidad, sacó su cepillo de dientes, se metió en el baño, sentí que orinó, se cepilló y salió.Venía en enaguas y brasier.El vestido quedó colgado en un gancho, para que 'no se arrugue'.
Yo sólo me quité los zapatos y la camisa.Ella se acostó a mi lado, frente a mí. Me abrazó y se pegó a mí. Apagamos la bombilla, pero la habitación de todas maneras recibía mucha luz a través de las ventanas. Después de un buen rato de una conversación simple, me extendió su boca y la pegó a la mía.Yo hice lo propio y un momento después, me dijo riéndose: Hola! vos no sabés besar!.Decime, vos has estado con una mujer?Tal vez me puse colorado, tal vez me notó los nervios, no sé.Y dijo: Que rico, creo que voy a estrenar esta noche, verdad? Yo no sabía que responder.
Entonces agregó: te voy a enseñar!.Vas a ver lo rico que lo pasamos. Si me dejas hacerlo a mi manera, te voy a mostrar lo rico que es! Se puso de pie, se quitó el brasier, las enaguas y los calzones 'matapasiones'.No eran las tanguitas de hoy sino unos verdaderos castillos en tela, que detendrían el avance de cualquier guerrero erecto que pensara que podía penetrar ese baluarte fácilmente.
No era la primera vez que veía una hembra desnuda, puesto que ya había visto a las niñas compañeras de juego, pero sí una mujer hecha y derecha. Describámosla un poco: Rebeca era del Cauca, de piel trigueña ni muy oscura ni muy clara, cabello negro y largo, gruesas cejas, ojos cafés muy oscuros, boca delgada, un cuello largo, acuerpada y dura. Sus pechos eran abultados, generosos, firmes, duros, terminados en un par de pezones que parecían los cuernos de un toro miura; no tenía estomago, unas caderas grandes y unas nalgas bien formadas, con buena curvatura, lo que daba inicio además para una pierna bien torneada, un bosque bien ralito, pareciera un jardín recién podado, pero muy extendido ya que le llegaba casi hasta el ombligo y por los muslos bajaban algunos rastros.Olía bien.Se subió encima de mí y me quitó la camisilla, me bajó los pantalones y cuando me quitó los calzoncillos, un enorme resorte saltó y quedó mayestático cual torre petrolera recién hincada.Hummm! Estás bien equipado!!!!.Dijo
Entonces me empezó a besar, a tocarme por todo el cuerpo y a cogerme los huevos y la torre petrolera apretándolos con suavidad.En la punta, asomó un pequeño esbozo de blanquecina leche.Me dijo entonces, 'no te vas a botar todavía;Aguántate'!.Luego puso su cara contra mi vientre y empezó a pasarme la lengua hacia abajo hasta que su boca llegó a la torre.La alcanzó y se la llevó a la boca.
Yo no sabía qué hacer.Nunca me imaginé que le pudieran hacer eso a uno. A estas alturas de mi vida, aun no había visto las revistas suecas, PlayBoy se vendía al escondido Al principio me asuste, pero luego la dejé.Me hizo un masaje increíble, hasta que no aguanté más y sentí que el mundo se iba a acabar.La luz se hizo más difusa, puntos amarillos aparecieron frente a mí y la cabeza me daba vueltas.Una sensación de placer indescriptible sentía en mi bajo vientre y quería moverme rítmicamente por los espasmos.Pero ella me sostenía con su peso. Cuando pasó todo, me sentí empalagado de algo y Rebeca cogió un poco de aire y escupió duramente botando una enorme bocarada de todo el material que no había querido tomarse.
Se incorporó, se fue al baño, la sentí que hizo buches y gárgaras. Una vez más, se cepillo y volvió a la cama y se recostó a mi lado.Con un poco de papel higiénico, le hizo limpieza a mi verguita, que aún seguía bien pero bien paradita.Entonces, me dijo: 'la próxima vez me avisás que te vas a venir, me oíste????'Le respondí que sí. 'Te la perdono, porque no sabías.Pero la próxima, te mato'!
Se acostó totalmente y cogió mi mano llevándola a su pubis.Sentí la suavidad de esa piel y de los vellitos.Así mismo sentí que esa parte del cuerpo estaba más caliente que el resto.Suavemente guió mi mano hacia la parte inferior y pude sentir que estaba muy mojada.Me dijo: pasala suavemente de arriba a abajo e intenta meter un dedo por la ranura.Pero ojo, sin la uña.Con la yema de los dedos!.Para indicarme mejor, cogió mi mano y la fue llevando por toda su vulva, una y otra vez, hasta que sentí que esa carne temblaba.Luego, la llevó hasta su pubis y cogió dos dedos y los llevó hasta su clítoris.Yo no sabía que era, pero suave el contacto, me hizo sentir fuertes vibraciones en mis dedos y peor aún, en ella.Mientras con su mano me guiaba y hacía presión sobre su 'gallo', sentí que empezaba a moverse más rápidamente y arquear su cuerpo.Corrientazos recorrían su cuerpo y luego otro, más y otro más.
Así siguió por un rato, hasta que la vi blanquear los ojos, jadear profundo y gritar cual gata en celo, muy duro.Un momento después, caía sobre la cama y quedó totalmente desmadejada.Decía que muy rico, que delicioso, que maravilloso.Estaba en trance.Me dio besos, me pasó la lengua por la cara, las orejas, el cuello.
Pensé que ahí acababa todo.Pero no, se sentó de nuevo y empezó a acariciarme la verga, la cual se puso en un instante en forma.Se paró ligeramente y acuclillándose, se la zampó toda por esa abertura rosada y cubierta de pelillos negros.Mi sensación fue deliciosa pero algo dolorosa.No tenía forma de ser relatado.Es difícil para explicarlo. Sentìa un calor intenso, una humedad especial, una fricciòn exquisita. Pero lo más y ademas es que un leve gemido me hizo producir, porque ardor y dolor sentí.Me dijo: te quité el ‘sombrero’, te está doliendo, verdad?, tienes sangre? verdad? Yo no sabía que responder. 'Y agregóEse ‘sombrero’ es mío y tu serás mío por el resto de la vida.Empezó a moverse y el dolor iba 'in crescendo'.Era una sensación ardorosa como de algo que se ha desgarrado, pero en otro punto se sentía algo super.Pero no por eso mi amigo se asustó, sino que siguió erecto.
Ella siguió moviéndose rápido y más rápido cada vez, hasta que empezó a convulsionar.Pero siguió ahí moviéndose y fue cuando sentí de nuevo aquella sensación de unos minutos antes: las luces brillantes, la sensación de que el mundo se abría, la detención del tiempo y que, otra vez, una enorme llave se había abierto.Sentí que salían cantidad de cosas por mi uretra, mientras ella gritaba de pasión, estaba sintiendo el raudal de leche caliente, que salía de mi verga inundarle toda su cavidad vaginal y salir por los pliegues de su vagina, mojándole todo el exterior. Cuanto duró? no sé.Pero no fue mucho tiempo.Ella se quedó sobre mi cuerpo derrumbada totalmente.Se incorporó y saltó al piso y me llamó: Ven, vamos a bañarnos.
Unas gotas de líquido blanquecino cayeron al piso marcando la senda por ella recorrida.Unos chorritos adicionales se sintieron caer en el inodoro.Se incorporó, abrió la llave de la ducha y se metió.Me agarró de un brazo y me atrajo.Me empezó a enjabonar y a sobar y aquello también me gustó. Al momento tenía mi verga de nuevo tiesa y esta vez parecía una guadua de retén.
Cerró la llave, me secó y me volvió a llevar para la cama. Estaba toda revolcada.Nos acostamos y me dijo que le parecía rico enseñar a un hombre a pichar.Que faltaba algo pero que sería para más adelante.Que ahora nos durmiéramos un rato.Me puso un brazo y una pierna por encima y al ratico estaba fundida.Yo me fui quedando poco a poco.
Para cuando me desperté, el sol ya entraba por los calados.Se oía un gallo cantar y algunas gallinas revolotear.Tenía ganas de ir a orinar y me levanté.Eso la desacomodó y por supuesto que la despertó.Oriné con dificultad, porque tenía mi verga muy, pero muy tiesa.Fue por chorritos cortos, pero al fin logré vaciar la vejiga.Al salir del baño, ella ya venía también a lo mismo.
Cuando nos acostamos, ella me dijo: Papi, súbete encima de mí.Así lo hice, ella tenía abiertas las piernas y con muy poco esfuerzo, me cogió la pija y la condujo por el camino del placer.Esa cuevita seguía caliente y húmeda, toda babosita. Un olorcillo almizclero algo conocido de mis pajazos, me decía que ahora ella olía a mi. Mi verga se resintió porque estaba maltratada de las horas anteriores, ahora me dolía un poco más.Entonces, me dijo, muévete así, conmigo y verás que rico.Le fui cogiendo el paso y en menos de lo que cantaba el gallo vecino, aprendí la lección para toda la vida.Otra vez la sensación de placer en la cabeza de mi verga.Ella se movía como una culebra, yo la seguía y volví a sentir la sensación que me venía.Rebeca lo percibió también y empezó a moverse más rápidamente.Así hasta que nos vinimos los dos en un solo espasmo de placer.El mundo se nos acabó a los dos. Gritos, jadeos, murmullos, etc.Un barrilado de semen cayó de nuevo en su vagina.Y mi verga seguía tiesa. No la quiso sacar.Se quedó quieta un momento y de nuevo empezó a moverse.Sentía la peladura cada vez más intensa.Pero no dije nada.
La función siguió por largo rato. Y nos alternábamos con pequeños sueños.Creo que era mediodía porque ya tenía un hambre de todos los demonios.Le dije algo al respecto y me dijo que nos podíamos ir a media tarde, comíamos y luego cada uno para su casita.Nos quedamos haciéndole despacito hasta esa hora. Pero ya no echaba nada… Solo humo….. Cuando me fui a bañar, la cabecita estaba enrojecida, escoriada e irritada. Supersensible.Se la mostré y lo que hizo la muy sinvergüenza fue darle un fuerte mordisco y decirme, que eso no era nada y que si quería que me la desbarataba a punta de diente para que viera lo que era una verga bien comida.
Para evitar contratiempos me quedé callado.Me bañé, me arreglé y me acosté en la cama, mientras ella se echaba sus mejunjes.Me iba a incorporar cuando me dijo, espérate, te voy a dar un regalo.Me sacó el bulto y se lo llevó a la boca, chupándolo vigorosamente.En un momento, estaba a punto de venirme y le dije, y lo que hizo fue clavar su cabeza con fuerza estirando mi cabecita lo mas que podía y el dolor se agudizaba.Sentí que lo que arrojaba era nada, un dolor en la base de mi culo, me dijo que no abusara.Pero mi verga ahora si estaba bien escoriada.En la saliva de su boca había algunas trazas de sangre. No soportaba el calzoncillo ‘recogepulgas’ que tenía ese día…
Se incorporó, se pasó la lengua por los labios y me dijo, aprendiste no carajito?Pero esta vez sí se podía.Me pasó la lengua varias veces por la verguita, la limpió, la guardó y me dijo: vámonos!
Al salir, el mundo se veía diferente.Ya no tenía mi inocencia.Ya era un hombre.Rebeca me agarró del brazo y muy ufana atravesó conmigo toda la zona y nos metimos en un comedero cerca a la Plaza de Caycedo.Pedimos almuerzos bien abundantes.Eran ya casi las cinco de la tarde.Ya pronto ella tenía que ingresar al convento y yo a mi casa.Nos fuimos caminando.En el puente de Café Franco, me dijo: ahora eres mío, sólo mío.Y si te veo con alguna vieja, pobre de ti.Ya sabes.te la corto o te la dejo peor de lo que la tienes ahí y ahora.Pero papi, estuvimos rico, cierto?Te gustó?La próxima vez, te tomo la lección de hoy y te enseño algunas otras cositas.Antes de llegar a mi casa se despidió y tomó la ruta hacia la de ella.Y me preguntó algo más: ve y cuantos años es que vos tenés?Le dije 14 y me faltan 4 meses para cumplir los 15. No quiso creer que yo fuera tan niño.Tuve que mostrarle mi tarjeta de identidad.
Lo nuestro siguió por casi un año. Me enseñó a hacer ‘la mine’ (cunnilingus para los que no saben), intentamos sexo anal, pero siempre le dolìa, por las noches, en los antejardines, en los portones; de pie, sentado, acostado, arriba, abajo, de lado, en la piscina, en el monte, en fin, donde nos cogían las ganas. Hasta que le dijeron que no había más trabajo y la liquidaron.Después no pudo colocarse con facilidad y se tuvo que ir para su pueblo en el Cauca.No pude saber más de ella.Y, aunque he estado en esta casa por más de 40 años, ella se olvidó que en este lugar existe alguien que aun hoy la recuerda con mucho cariño, amor y respeto por todo lo que me enseñó.







Comentarios
1 comentario
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login EntrarJpablo buenos dias, muy buen relato muy buena metrica y descripcion, te felicito escribes muy bien y contaste fiel y detalladamente tu primera vez, que gusto haberte leido y espero poderte leer pronto, cuidate!!