Martes, un día como cualquier otro… pasaba la tarde… 2:30 pm. ciudad caliente… oficina caliente… me dije, ¿por que no refrescarme con una cerveza?. Salí de la oficina… se me ocurrió una idea: ¿porque no ir al sitio que a veces voy de noche en fin de semana?. Al punto donde dejo fluir mi libido. Al burdel de la carrera segunda, a cinco cuadras de la oficina. Funciona a toda hora.
Me dirigí allá…. Al lado de las ventas ambulantes… donde se ofrecen desde cachivaches hasta frutas y hortalizas para hacer un buen mercado de fin de semana, queda el burdel. Esta en un segundo piso y paradójicamente, en el primer piso queda una librería. “El conocimiento y las buenas costumbres mezclado con el desfogue de los instintos sexuales, en un mismo punto”.
Subo al segundo piso por una larga escalera que hace rato no se limpia… unas chicas de "la vida alegre", sentadas en los escalones y una muy ágil, apresuradamente por encima del pantalón manda la mano a mi miembro apretándolo. Yo solo sonrío y sigo mi trayecto.
Música ranchera y vallenato de fondo, mezclado con un juego de luces que bien podría ser mas efectivos en la noche y ventiladores que soplan un viento caliente en la paredes: es el ambiente del burdel diurno. Sentadas hay unas cinco chicas de "la vida alegre", no muy bellas, pero que de noche pasarían por unas modelos. La luz natural delata su realidad. Me siento en una mesa, soy el único cliente del burdel. Las cinco chicas no me miran siquiera, es como si no existiera un “potencial cliente” en ese momento. Igual, a mi no me importa esa situación. Han pasado veinte minutos, pido la segunda cerveza. De repente veo a una mujer que se sienta junto a las chicas… llamo al mesero y le pido el favor de transmitirle mi mensaje de invitarla a un trago en mi mesa. Ella hace eco del llamado. La invito al trago acordado y me dice que mejor una gaseosa, no quiere nada de licor.
Al instante algo me atrajo de esa mujer. Sus ademanes, su mirada, su sonrisa, su físico, no eran propios de una chica de "la vida alegre". Algo me decía que era una mujer trabajadora y hasta estudiosa que había caído en desgracia.
Comenzamos con el dialogo de siempre… el como estas, su nombre ficticio… como es el negocio de día… un dialogo como los de siempre. Victoria se llamaba. Por sus palabras y su lenguaje en el dialogo, constato que no era una chica propia de "la vida alegre"; ella no encajaba en el ambiente del burdel. Quise preguntarle el porque se encontraba allí, pero no lo creía en el momento conveniente.
Llegamos al punto que no quería y no era inicialmente mi interés llegar, pero la libido y ese tipo de mujer me dominaron. Acordamos el precio por el rato de placer carnal. Subimos al tercer piso del edificio, donde quedan las habitaciones, aquellas donde fluye el placer y se desinhiben los instintos sexuales. Huele a sexo. Entramos a una pequeña habitación, solo cama, un espejo, una mesa de noche y un bife.
Comienza la faena, me desnudo y sin ella desnudarse, me coge el miembro y me hace sexo oral. Muy buena por cierto, se notaba la experiencia. Se desnuda y la penetro, una y otra vez… le pido algo que me gusta pero no accede: sexo anal. Me dice insistentemente que no, elevo el precio económico inicialmente acordado a ver si era útil para lograr mi objetivo… definitivamente me rindo. La vuelvo a penetrar… hicimos varias poses, y llega el tan anhelado y en esas situaciones el desdichado orgasmo, por que indica el final del encuentro.
Yo quería indagar por su vida, el porque se encontraba allí…. No me aguanto las ganas, le pido su número de celular, para fijar una cita, en otro sitio (y alli despejar mis dudas). Me da su número. Para constatar que efectivamente era, en el instante le timbro, constatando que lo era.
Salí de la pequeña habitación. Me despido de ella, diciéndole que pronto la llamaría para fijar la cita acordada. Han pasado los días, llamo a Victoria y no contesta mis llamadas, voy al burdel y no esta, pregunto al mesero por ella y me dice que ya no trabaja allí. Me quede con la incógnita por saber más de esa mujer.
A raíz de esa fugaz aventura, me di cuenta de algo: “Si vas o deseas hacer algo, simplemente hazlo, no importa las consecuencias, no vaya a ser que te quedes con la intriga” como me paso con Victoria.








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