Era una tarde fría en el sur de Antioquia. Me encontraba con mi novio debajo de las cobijas alrededor de las 5:00 p.m., acabábamos de darnos una ducha y estábamos desnudos.
Él comenzó a acariciarme la espalda suavemente con las yemas de los dedos mientras amarraba mis piernas con las suyas. Yo cerré los ojos y jugué a reconocerlo por su olor, su manera de besarme el cuello, su manera peculiar de acariciarme el cuerpo.
Me susurró al oído que quería que me pusiera la lencería que había comprado, que le gustaba mucho verme con ella. Me volteé, le besé la boca y me fui para el baño con la ropa interior. Mirándome en el espejo me sentía un poco rara con ese atuendo por varias razones, por un lado era negro y de encaje y por otro… no sé, el sólo hecho de ponerme liguero ya me hacía sentir diferente, pero me gustaba. Me gustaba verme provocativa, sexy, relajada, segura de que afuera del baño había un hombre que disfrutaba cada centímetro de mi cuerpo como nadie.
Salí del baño, él ya se había entretenido un poco con su celular… pero al sentir la puerta, se volteó para mirarme. Dejó el celular a un lado y me sonrió.
Caminé despacio hacia la cama. Me paré frente a él que ya se había arrodillado en la cama para recibirme. Me tomó de las manos y me miró de arriba abajo, sin dejar de sonreír. Él estaba completamente desnudo, después de repasar una y otra vez mi cuerpo de arriba abajo, me besó en la boca con gran deseo. Sus manos me acariciaban la espalda suavemente y bajaba las manos lentamente hacia mis nalgas (que estaban bastante frías).
Me haló un poco hacia adelante para acostarme en la cama. Me acosté boca abajo y me comenzó a besar la espalda. Siempre me han dado muchas cosquillas sus besos en la espalda, cuello y pies, pero las disfruto igual.
En ese momento, tomó su cámara y me tomó una foto, y otra y otra. De espaldas, acostada, mirando para arriba, para abajo, sentada, etc. Yo le dije que me gustaría que apareciéramos los dos… e intenté tomar una desde el escritorio con temporizador, pero a pesar de que salió bien, yo quería más fotos de los dos, tomadas de diferentes posiciones y que salieran en una calidad alta.
En ese momento, recordé que caminando por el pueblo, habíamos visto un aviso en un local pequeño de fotografía que ofrecía, entre otros servicios regulares de fotografía para diferentes eventos sociales, fotografías privadas de pareja.
Le propuse a mi novio que si no le parecía incómodo y me dijo que de ninguna manera, que si eso era lo que yo quería, que estaba bien.
Nos vestimos, yo simplemente me puse un vestido encima y él se acomodó en unos jeans y camiseta y salimos en su búsqueda.
Era un pueblo bastante pequeño, no tardamos mucho en encontrarlo. Entramos al local y le preguntamos al joven que estaba allí, cómo eran las fotografías privadas que él ofrecía. Me miró, miró a mi novio y nos pidió que lo esperáramos un momento. Cerró la puerta del local, abrió una puerta trasera y nos invitó a seguir.
Detrás del local había un set de fotografía con una cama con sábanas blancas, la pared del fondo roja y el resto blancas y un set de luces y telones plateados alrededor. Pensé varias cosas en ese momento, entre ellas, que estaba muy bien equipado el lugar para estar en un pueblo, seguramente algunas parejas que iban a pasear al pueblo utilizaban ese servicio, por otro lado, sentí pena, ya no iba a ser capaz de quitarme la ropa para tomarme fotos semi-desnuda con un desconocido.
Nos dijo que un set de 20 fotos tenía un valor de $50.000 y un set de 30 fotos $70.000. Luego que nos pusiéramos cómodos, y me mostró dónde estaba el maquillaje por si quería “retocarme” un poco.
Él entró como a otra parte de la casa y yo me quedé con mi novio. Le dije que si estaba seguro y me dio un beso y me dijo que todo iba a estar bien, pero que si me sentía insegura, no lo teníamos que hacer. (Me gusta cuando me da la libertad de tomar las decisiones).
Me quité el vestido, mi novio se comenzó a desvestir también. Dejamos la ropa en un perchero cerca del maquillaje.
Yo le dije que si nos acostábamos debajo de las sábanas mientras el dueño volvía.
Él aceptó, aunque me lanzó una mirada chistosa.
El tipo apareció de nuevo y nos preguntó:
- ¿Qué decidieron?
A lo que mi novio respondió:
- Yo creo que el set de 20 estaría bien.
- Ok, entonces ¿comenzamos?
No pude evitar mirar al tipo a los ojos. Tenía una cara agradable, tenía el cabello castaño claro, los ojos color miel y la piel canela. Traía una mirada inocente, que me daba confianza, pero a la vez tenía presente que si tenía un negocio de fotografías privadas, no era tan inocente como parecía.
Nos salimos de las sábanas. Y mi novio le preguntó que qué nos recomendaba que hiciéramos, que cómo salían mejor las fotos, o que qué hacían las parejas normalmente allí.
Él nos dijo que hiciéramos de cuenta que él no estaba allí, que no nos preocupáramos por el tiempo, los colores, los matices, nada de eso. Que actuáramos tan natural como fuera posible, que así saldrían mejor las fotos. (Yo le pedí que tomara algunas en blanco y negro).
Mi novio y yo comenzamos a besarnos, nos fuimos acomodando de manera tal que él se sentó en la cama y yo me senté al frente de él, dándole la espalda, como en trencito. Miré hacia atrás y lo comencé a besar, mientras le agarraba la cabeza con la mano derecha. Él me comenzó a tocar los senos, yo lo besaba apasionadamente con mi lengua, luego le besaba los oídos, él comenzó a tocarme más abajo… hasta llegar a mi vagina. Corrió la tanga un poco y me comenzó a tocar. Yo no tenía mucho vello, así que estaba fácil de llegar al clítoris que estaba bien firme. Poco a poco comencé a perder la pena que sentía de saber que estaba siendo vista y fotografiada. Cerré los ojos para disfrutar cómo mi novio me masturbaba de la manera más deliciosa posible. Me tocaba el clítoris y me tocaba los senos, luego llevaba sus dedos a mi boca, yo los lamía con gusto. Luego él se paró, me dejó donde yo estaba, sentada y con fuerza me cogió las piernas, me lanzó hacia atrás y me comenzó a hacer sexo oral, yo estaba bastante excitada, no me estaba preocupando por qué tan bien o mal salieran las fotos, sólo quería que mi novio no parara nunca de hacer lo que estaba haciendo.
Yo estaba bastante caliente, quería hacerle lo mismo a mi novio. Cuando me senté, para que él se acostara, miré al camarógrafo, él me estaba mirando también, y por encima de la sudadera se le notaba la tremenda erección que tenía. Yo me sonreí, hice como si no viera nada, le dije “que no se me vea mucho la barriga” me volteé, me senté en las piernas de mi novio y comencé a besarle el pene y a ayudarme con las manos a masturbarlo. El pene de mi novio es delicioso, suavecito, bien cuidado… estaba duro como piedra, me lo quería comer todo, él se movía para arriba y para abajo queriendo penetrarme hasta la garganta. A mí no me importaba. Luego de un rato, él ya estaba a punto de terminar y me dijo que lo dejara penetrarme, yo estaba más que dispuesta.
Él me quitó la parte de abajo del traje, pero me quedé con los ligueros, le puse un condón, y me senté en él. El camarógrafo acercó la cara de mi novio cuando me senté en él.. Y la mía también. Estábamos tan mojados, que el pene resbalaba perfecto. Yo estaba arrodillada y mi novio me cogía las caderas y me las movía hacia arriba y hacia abajo, él gemía de placer, yo de placer mezclado con dolor. Yo me salí para mamarle el pene y él me volteó para que hiciéramos un 69. El camarógrafo en este caso se acercó más a mí para grabar mi boca mamándosela y como jugaba con su verga en mi cara. Luego bajó para captar cómo mi novio jugaba con su lengua en mi clítoris y vagina. Él se echó saliva en el dedo y comenzó a meterme dos dedos a la vagina mientras me seguía haciendo sexo oral. Yo le abría las nalgas para rozarle el ano. A él le encanta que yo le pase la lengua por el ano y que le meta un dedo mientras le hago sexo oral.
Luego me puse boca abajo y mi novio me comenzó a penetrar y comenzó a tocarme el clítoris, usando mi saliva y la de él, luego se acercó a besarme los senos, él sabe cuánto me gusta, yo me agarraba de la cama y mordía las almohadas para no gritar muy fuerte del placer que estaba sintiendo, el camarógrafo se acercó a mi cara y me dijo que nunca había tenido una clienta tan ardiente en su cama. Mi novio lo miró, pero siguió hasta darme uno de los orgasmos más ricos que me ha dado en la vida.
En ese momento el camarógrafo sacó una chupetica verde, la destapó y me la metió a la boca y me dijo: “una sonrisa para la cámara”. Yo sonreí. Y me volteé para ponerme en cuatro. Le tocaba el turno a mi novio.
No había mucha necesidad de cambiar de posición la verdad, él estaba bastante excitado, pero sé cuánto le gusta tener mi nalga en frente y martillarla. Me penetró, yo estaba con las piernas un poco abiertas, y él me tocaba los senos mientras me penetraba, yo lo miraba, y el fotógrafo, atento y excitado, tomaba fotos.
Mi novio terminó, el camarógrafo captó el momento perfecto. Me soltó, se acostó a mi lado, nos abrazamos.
El camarógrafo se acercó y preguntó:
- Caballero, déjeme participar en su próximo encuentro, y no le cobro las fotografías.
Él me miró, yo lo miré, nos sonreímos.
Fin?







Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar