Fue tu pequeñez y tu delgado cuerpo, los que estimularon mi imaginación, pensé que tal vez al penetrarte se ancharían tus caderas, tal vez tu vientre cambiaría de forma al ritmo de mis envestidas. La verdad es que al conocerte no me gustaste, no sentí que tuvieramos algo en común, mi corazón no palpitó, eso creo que lo notaste de entrada, fue algo así como: falta de química a primera vista, sin embargo mi curiosidad y mi morbo fueron tan fuertes que no quise desaprovechar esa oportunidad con nombre propio y acceder a tus carnitas así sea comiéndote a mentiras.
Soy muy mal mentiroso, bueno, eso me lo dicen las mujeres con quienes he tenido una relación que se dan cuenta fácilmente de todas mis falacias, ellas saben muy bien que si me miran directamente a los ojos sin espabilar y me dicen: dime la verdad, quedo petrificado, y tan solo puede brotar de mi boca un manantial de sinceridad.
Ese día me comentaste que te la pasas conectada a las redes sociales, la verdad es que no me interesa tenerte entre mis contactos, no te pedí tu número de celular aunque me contaste de tus planes para el fin de semana, insinuándome que estuviera allí, contigo. Al día siguiente caí en cuenta que para que esas intenciones tan negras como mi piel llegaran a feliz término, debía tener algún tipo de contacto contigo, le pedí a tu amiga tu cel, no fui capaz de llamarte porque quizá notarías la ironía, el sarcasmo, el tonito mentiroso en el que te hablaría, preferí ser más impersonal y mandarte mensajes de texto.
Mis mensajes de texto eran falsos, tan falsos como los lemas, apretones de manos y sonrisas de políticos en campaña; mensajes editados, mensajes que en el pasado le había enviado a otras que si me interesaban; mis mensajes hacían alusión a tus ojos, al olor de tu pelo, al color acanelado de tu piel, a tu sonrisa. No me respondiste ninguno, sin embargo, yo por deporte seguí rencauchando mensajes y llenando tu bandeja de entrada de ilusiones, siempre con la esperanza de que me creyeras, con la esperanza de tenerte desnuda en mi cama, con la esperanza de saciar mis ansias, mis antojos.
Ese día nos volvimos a ver, se sentía en tu pelo el olor de los productos de peluquería, se notaba que a pocas horas habías sometido tu cabellera a secadores, planchas, manos de peluqueras y demás artefactos, dejaste descubierta la piel de tu torso, esta lucia suave y fresca, se sentía un leve aroma a canela, tus labios estaban rojos, tu vestido te hacía ver más linda de lo que recordaba, el maquillaje resaltaba tus ojos, ellos apuntaban a lugares alejados de mi rostro, como si quisieras evitar mi mirada, tal vez para que no me diera cuenta que mis mensajes habían sido letales, quizá para no sentir de frente mi mirada asesina, lujuriosa, depredadora.
Bailamos un poco, tu cuerpo estaba lejos del mío, yo apreté tu cintura y te empujé contra mí para sentirte, tus manos se ubicaron en mi cuello, nuestras frentes estaban muy cerca, sentía tu respiración, por momentos inhalaba el aire que tu expirabas, nuestros labios se rozaron tanto que se juntaron en un beso que pasó de tímido a mojado.
En la mesa me dediqué a sentir esos labios y esas caricias que estaban poseídas por los conjuros de mentiras que recibiste en tu celular, palabras que nunca oíste de mi boca porque teniéndote de frente no fui capaz de ser tan falso, ahora que recuerdo, muy poco hablamos, antes del beso, cuando llegaste, solo te saludé, y minutos después te hablé para invitarte a bailar, el resto del tiempo éramos dos mudos que solo conocían un lenguaje de besos, quizá en tu lenguaje me decías que me querías, en mi lenguaje te decía que te deseaba.
No estábamos solos, notábamos la presencia de las demás personas en la mesa cada vez que nos brindaban un trago, cada vez que tocaba pagar para que pusieran una nueva botella, al final nos sentimos tan solos que nos fuimos a un lugar en el que verdaderamente estuviéramos solos, solos para hacer todo eso que nos dijimos con besos, yo te dije que quería devorar tu cuerpo, quizá tu entendiste que quería hacer el amor contigo y entregarme a ti como tuyo.
En el taxi tan nos agarramos las manos tímidamente, no hubieron besos, no palabras, no nos miramos, tan solo esperamos hasta llegar a aquella habitación, al cerrar la puerta te aferraste a mi cuello, nos besamos apasionadamente, con hambre, yo levantaba afanosamente tu vestido ya te quería desnuda pronto, tu desabotonabas mi camisa, luego la correa hasta bajar mi pantalón y mi bóxer, me señalaste el borde de la cama con tu boca, allí me besaste, fuiste bajando por mi cuello y mi pecho, hasta ubicar ese espacio que queda entre tus cejas en mi ombligo, de tal forma que las mismas guardaban simetría, tu boca estaba en el lugar perfecto, la usaste muy bien dejando mi falo con un hermoso barniz de tu saliva, nuevamente recibí tu abrazo, tu beso, tus manos nuevamente en mi cuello, tu cuerpo ya desnudo se sentó sobre mí, te acomodaste hasta dejar que un pedazo de mi carne se hundiera en tus adentros, me levanté de la cama, te aferraste con más fuerza a mi cuello, tus piernas se aferraban a mi cintura, mientras yo te tomaba de la tuya y movía tu cuerpo hacia afuera y hacia mí, tu también te movías, hasta hacer derramar mi lujuria en el fondo de tu humanidad llena de sentimientos.
Habíamos caminado todo el cuarto, nos habíamos recostado a la pared, era el momento de ir a la cama. En la cama me acosté a medio lado, tu pierna sobre mi cintura, tus manos sobre mi espalda, es como si fuera un mueble, un mueble que cobró vida minutos después para nuevamente inundarte de mi esencia.
En todos estos días, las únicas verdades fueron cada uno de los besos lujuriosos en aquel motel, cada gemido de placer, cada caricia, cada venida, quisiera comerte con verdades, por eso es la última vez que te escribo, en adelante te diré las cosas mirándote a los ojos, de frente, sin vacilaciones, sin temblar, esperando que en lugar de creer en mis palabras, creas en el alma que se puede apreciar totalmente desnuda a través de la ventana de mis ojos dominados por tu mirada, en adelante, quiero comerte a verdades.








Comentarios
1 comentario
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login Entrar<p>Hasta que la curiosidad ganó y entré a leerte..... mm...has cambiado tu redacción y un poco tu estilo..... aunque sigues siendo tu...sin duda.....</p>