Después de colegio me fui a casa de Laura. No le avisé, simplemente salí a visitarla y cuando llegué, su mamá me abrió la puerta. - ¡Pasa! Laura no está. Pero sigue- me dijo y entré. –Saliste derecho del cole para acá, ¿cierto?-, -Si Silvia– aunque mayor que yo, nunca la traté con títulos de señora o algo por el estilo y a ella no le chocaba-, -vinederecho. Laura no sabía que venía para acá, tomé la decisión cuando iba para mi casa- le dije mientras la seguía, terminábamos de subir las escalas y llegábamos a la sala. –Ok, siéntate y descansa mientras te traigo una gaseosa ¿Con hielo o sin hielo?-, -Con hielo, ¡Gracias!-. En ese tiempo yo tenía 17 años y Laura 16 recién cumplidos. Ella y la mamá vivían solas, Silvia era divorciada y su esposo vivía en otra ciudad, ya tenía otra familia. Laura era única hija. Era una nena con curvas, un poquito entrada en kilos, no mucho, trataba de cuidarse. Tenía unos ojos cafés claros grandes y expresivos y unas pecas en sus mejillas que la hacían ver toda inocente, pelo castaño oscuro y corto, a los hombros. No éramos novios, solo salíamos y nos caímos bien. Silvia, era de ojos cafés oscuros, su piel ligeramente trigueña (canelita Hollywood) con cabello negro largo y brillante, era ligeramente más alta que yo, no mucho. Tenía muchas más curvas que Laura; su trasero era redondo y levantado, sus pechos voluminosos y todavía erguidos, y, ¡38 muy bien cumplidos!
-Pipe, me voy a duchar, ¿No te da pereza quedarte un rato solo?-, -¡Para nada! Fresca, que de aquí no me muevo- y vi cómo se alejaba por el corredor hacia la zona de habitaciones, al fondo. Se le tambaleaba ese trasero como un péndulo. Tenía puesta una falda ceñida negra, sobre la rodilla, con unas piernas firmes cubiertas por medias veladas oscuras. La blusa blanca de manga larga –la cual se había recogido para el momento en el que llegué- y el cabello suelto. Entró a la habitación y cerró la puerta…
Me quedé sólo en la sala, alcancé la gaseosa que tenía a mano en la mesa contigua, luego escuché el sonido de la ducha, solté la gaseosa y recogí mi mochila, saqué mi walkman y puse One de Metallica mientras buscaba el libro de Garfield y lo ojeaba por centésima vez. Ahí estaba sentado en la sala, riéndome solo como una güeva. Al rato se dejó de escuchar la ducha, me di cuenta porque estaba cambiando el cassette de lado en ese momento, seguí en lo mío, pues aunque Silvia estaba muy buena, no la veía como la mujer con la que uno quisiera acostarse sino como la mamá de mi amiga, así que, en ese momento no fantaseé.
Por fin se abrió la puerta de la habitación y salió Silvia. Vestía la salida de baño blanca y unas sandalias. Me dijo -¿Cómo vas, muy aburrido?-, -No, para nada. Escuchando música y riéndome sólo- le contesté mientras la veía cruzar la sala, luego el comedor y entrar a la cocina. Se oyeron ruidos y al momento salió con un vaso de agua para ella y otro de gaseosa para mí –la mía se había acabado, pero el vaso seguía a mi lado-. –Pues de sed si no te vas a morir, eso sí te lo aseguro ¡ja, ja, ja, ja!- rio y me entregó el vaso… ¡Esa fue la primera campanada! Se inclinó para poner el vaso en la mesa y la bata reveló el contorno de uno de sus pechos, mi corazón latió con más fuerza y sentí mi pene empezar a calentarse, a endurecerse y a sentir pequeño el jean ¡Mis ojos saltaron de sus órbitas como si nunca hubiesen visto la insinuación de una teta! ¡Claro, eso no pasó desapercibido por ella!, se dio cuenta que la miré con morbo, como no lo había hecho antes, me percibía el brillo en los ojos.
Se sentó en el sillón diagonal a mi puesto, cruzó sus piernas exponiéndolas mientras estiraba su brazo para dejar el vaso de agua al lado de la lámpara en la mesa. –Por fin voy a ser la anfitriona tuya- me dijo mientras me miraba, -siempre la que está contigo es la niña (como le decía a Laura)-, -ya iba siendo hora…- le contesté mientras me reía y ella aprobaba el comentario correspondiéndolo con más risa. Empezamos a hablar de banalidades del colegio, como me iba en las materias, si era buen estudiante y hacía mis deberes, que hacíamos Laura y yo en el cole cuando salíamos a descanso… En fin, todo un interrogatorio exhaustivo sobre actividades académicas. –¡Ve! ¡Mirá la hora y yo todavía en salida de baño!- exclamó. –A mí no me choca- le contesté por reflejo, luego caí en cuenta y sentí que la cara se me iba poniendo roja al mismo tiempo que la sentía caliente. –Bueno, sí vos no tenés problema, yo tampoco- me contestó mientras me miraba fijamente y esbozaba una sonrisa tenebrosa, casi macabra, pero que a su vez, me tranquilizaba. Acto seguido, se levantó del sillón y se sentó a mi lado en el sofá de 3 puestos y se inclinó sobre mí. Sus ojos grandes me miraban desafiantes y con voz calmada, me dijo “Feli, te voy a hacer una pregunta que, sí querés me la contestás, si no, no. Eso sí, te agradeceré que no sólo me la contestés sino que seas honesto en la respuesta-… Tragué saliva, sabía que estaba tomando un tinte de clara a oscura esa conversación. –Ok, haz la pregunta- le dije valientemente, y la hizo: -Felipe, ¿Laura y tú ya han tenido relaciones? Volví a tragar saliva. Tomé impulso para contestarle sin apartar la vista de esos ojos grandes e intimidantes, ni siquiera había caído en cuenta de la abertura de la bata que dejaba asomar sus piernas hasta entrado el muslo. –No Silvia, no hemos tenido…- hice una pausa y continué –de hecho, todavía no he estado con ninguna mujer…- vi cómo se le agrandaron los ojos que no disimularon la sorpresa y su cabeza se fue hacia atrás mientras se llevaba la mano a la boca con un respiro ahogado -¡No!- dijo ella -¿¡Vos sos virgen!?-. Me sentí mal en ese momento, me sentí juzgado, culpable por no haber hecho algo que debía haber hecho hacía tiempo, y recordaba a mi compañeros que contaban sus aventuras desde los 14 y 15 años, que con la prima, la empleada del servicio, una puta, la recepcionista de la oficina del papá… -Perdóname Feli por la reacción, pero siempre había creído que ya estabas iniciado en la vida sexual…- me dijo mientras se incorporaba de nuevo y recobraba su postura, se acicaló y arregló el pliegue de la bata que se le había abierto de nuevo en el escote –Pues, es que te veo como tan maduro para tu edad, siempre interesante y atento, que, sinceramente creí que tu…- y en ese momento la que se sintió achantada fue ella. Vi los colores en su cara y como se iba sintiendo visiblemente incómoda mientras le subía la temperatura, así que, me acerqué hacia ella y puse mi mano sobre la de ella, en su muslo, con la otra mano en su barbilla le levanté la cara que se había caído después de su explicación. Reaccionó mirando hacia otro lado, así que, insistí de nuevo, pero esta vez tiré su rostro hacia adelante y la besé…
Me correspondió el beso mientras bajaba una lágrima por su mejilla que sentí cuando cayó en los labios, se fue abalanzándome sobre mí, acorralándome contra el sofá, no dejaba de besarme mientras su mano se fue deslizando sobre mi muslo. Sentía mi pene caliente, duro, a punto de reventar y ella lo notó, así que, sin dejar de besarme, su mano se fue abriendo paso primero a mi correa, luego al botón y después al cierre… lo bajó y sentí su mano sobre la tela de mi bóxer. ¡Mi corazón estaba a toda! ¡Se quería salir del pecho! Luego sentí su mano en mi pene. Lo agarró con firmeza y gentileza. Era la primera vez que alguien distinto a mí me agarraba el pene. Sentí su mano suave acariciándolo, jugando con él y sin dejar de hacerlo, de un momento a otro dejó de besarme y se dispuso a besarlo ¡A besarlo! ¿¡Cuándo iba a imaginarlo yo!? Terminó de besarle la punta y se lo metió a la boca. ¡Puta la madre que la parió! Sentí su boca húmeda rodear el glande y su lengua presionar mi pene por todas partes. Le gustaba, lo saboreaba, lo disfrutaba. Ya no estaba en el sofá, ahora se encontraba arrodillada frente a mí. Empecé a respirar más rápido a sentir calor en el pene, a sentir como su lengua se deslizaba desde la base del pene hasta el glande. La miré y vi cómo se iba abriendo la bata con la mano derecha. Empezó a gemir y hacer ruidos con la boca mientras chupaba y alternaba con su mano. ¡De pronto se incorporó y pude ver sus tetas en todo su esplendor! ¡Eran gigantes, enormes y erguidas! ¡Tenía los pezones erectos sobre un par de areolas oscuras! Me agarró el jean por la pretina y lo halló junto con el bóxer dejándolos en mis tobillos, se puso en pie y terminó de quitarse la bata. ¡Desnuda, completamente desnuda! “¡Durante todo el tiempo estuvo desnuda, sólo tenía la bata puesta!” pensé en ese momento. –Felipe, ¡me aseguraré de que si vas a ser la primera vez de Laura, no se olvide de ti!- dijo mientras abría sus piernas y se colocaba encima de mí en el sillón. Su chimba estaba rasurada alrededor, pero los labios tenían una delgada línea de vellos cortos y pulidos. Se inclinó hacia adelante y soltó un sonido gutural cuando mi pene terminó de entrar en su vulva. Estaba húmeda, estrecha y caliente. Abrió los ojos con un “¡Augh!”, se inclinó hacia mí y me besó mientras movía su cadera rítmicamente hacia los lados y luego hacia arriba y abajo, -disfrútalo, no te aceleres…- me susurró en el oído. Mis manos ya estaban rodeándola, sentía su piel cada vez más húmeda por el sudor de los dos. Alcancé la gloria cuando toqué por primera vez sus tetas, ¡Me quería morir cuando las llevé a la boca, las lamí, las mordí, las amasé! Todo eso coordinado por ella, no se detenía. ¡Se detuvo! Y se tiró en el piso, sobre la alfombra, me agarró de la mano y halló –Es tu turno de gobernar. ¡Hazte arriba!-. Me pisé los tenis y los terminé de sacarlos sin usar las manos, solo los pies y con eso quedé libre para quitarme el jean. A prisa me quité la camisa y me posé frente a ella que estaba tendida con las piernas abiertas. Cogió mi pene con su mano y lo guio hasta su vulva, lo ponía afuera y no lo dejaba entrar, sólo dejaba que mi glande rosara sus labios mientras apretaba sus labios… -¡Mételo!- ordenó, y obedientemente, lo hice. Empecé a moverme de adelante hacia atrás, al ritmo que ella me decía -¡Rápido, rápido, para!- y de nuevo -¡Rápido, rápido, para!- empecé a sentir un hormigueo en las piernas, cerca de las pantorrillas, se hacía más intenso y apretaba mis dientes -¡Si, sí! ¡Así, no te detengas!- me gritaba. Sentí más humedad en su vulva, ¡Se había venido! ¡La emoción era mucha, era lo máximo para mí! Luego parpadié y sentí como mi pene se endurecía más y más… -¡Me voy a venir!- grité entre extasiado, emocionado y asustado, -¡Si, vente!- me gritó mientras eyaculaba, sentía que me estaba vaciando del todo, no paraba de eyacular, salía más y más de mí. Se me hizo eterno, perdí mis fuerzas y me tendí encima de ella, de sus enormes tetas, grandes y acolchonadas. Su mano empezó a jugar en mi pelo. -Ya estás listo. Oficialmente eres un hombre- me dijo mientras me seguía acariciando. -Me alegra saber que soy tu primera vez. Ojalá alguien como tú me hubiera tocado en mi primera vez…-me dijo con la voz entrecortada. –Vístete, Laura ya no demora en llegar, sólo iba a ir dónde mi hermana por unos libros-. Me incliné hacia ella, la miré a los ojos sin decir nada y la besé. Fue un beso tierno a comparación de los demás, era un beso de despedida, un beso de “esto no volverá a suceder” y de hecho, no sucedió. El año finalizó, las clases se terminaron, Laura cambió de ciudad y no volví a saber nada de ella ni de su madre. La mujer que se quedó con mi virginidad.








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login EntrarQue buen relato.