Gracias a los buenos comentarios que recibí con mi primera historia, tomé ánimos para contarles el resto de esa, nuestra primera sesión de amarre. Como les venía diciendo, me encanta ver mujeres amarradas desde que era muy niño, sentía como maripositas en el estómago cuando veía en Profesión Peligro alguna escena de la hermosa Jodie, no me olvido de una en que la ataron a un poste en un sensual traje de baño morado de dos piezas, y ella forcejeaba deliciosamente con sus pies descalsos hasta que pudo zafarse un poco y con sus sensuales piernas movió una mesa donde había unas tijeras para escaparse, aahhhhh... lo recuerdo como si fuera ayer!!
Bueno, después de que mi querida amiga estallara en placer en la regadera del motel, coloqué el directorio y la desaté para que descansara un poco, nos sentamos en la cama y le pregunté como se había sentido, si le había gustado, ella estaba muy complacida con nuestra primera cita y me pidió que aprovecharamos que aún quedaba la mitad del tiempo de las 4 horas que ya había pagado, y yo le dije que tristemente tenía que hacer una vuelta en el banco... mentiras!, me faltaron manos para tenerla otra vez amarradita a mi merced.
Ella se fué al baño a limpiarse un poco y a acomodarse los panties mientras yo desenrredaba las cuerdas. Aunque a muchos les gusta más la practicidad de las esposas y cadenas, a mi me envuelve la rugosidad de las cabuyas o las cuerdas de algodón que tengo, sus pelitos rozan atrevidamente la piel antes de atraparla, y la dejan con un calorcito que hasta la enrojece, y lo mejor es que a diferencia del frio metal, las cuerdas le dan una posibilidad de escape a la chica que fomenta sus movimientos y contorsiones, y en algunos casos funcionan.
Cuando ella regresó le conté que mi posición favorita era el hogtied, que si quería probarla, a lo que asintió diciendo que también era la suya, aunque hasta ahora solo la había visto en internet. Yo sabía que habíamos hecho un pacto de no penetración, pero igual le pregunté si quería colocarse algo más comodo (que en realidad significaba si quería quitarse la ropa ejjeje) y ella con toda confianza se quitó su blusa y sus jeans quedando únicamente en su brasier y panties tipo tanga. Se recostó boca abajo en la cama y colocó las manos atrás cerrando sus ojos, mientras yo tratando de acomodarme la verga para disimular la erección me arrodillé a su lado y le até las manos en la espalda haciendo algunas vueltas como bien había memorizado. Sus nalgas redondas eran montañas que invitaban a cabalgar así que me senté sobre ellas mirando sus largas piernas, y con otro trozo de cuerda até sus tobillos juntos un poco desconcentrado por la increible sensación de tener sus nalgas entre mis piernas. Me hice a un lado para contemplar tan esculturar imagen, percatandome de que faltaba un fino detalle, así que tomé una pañoleta y cuando ella abrió la boca la deslicé entre sus dientes y la até en su nuca tan fuerte que sus mejillas se contrajeron hasta las orejas. Para los que no saben esta mordaza no cumple para nada su propósito funcional, pero las hace ver tan lindas que es mi favorita!
Le pedí que probara sus ataduras y ella primero sacudió sus manos y luego sus pies, y al no poder soltarse giró sobre su cuerpo mostrandome su lindo abdomen y sus finos dientes por los que se colaban sensuales mmmmpppphhhh. La torturé por unos minutos haciendole cosquillas en los pies y el abdomen, con lo que pude corroborar la efectividad de mis nudos, por supuesto aún no había terminado, así que la giré sobre su ombligo, nuevamente me senté en sus glúteos y con un trozo de cuerda amarré sus codos hasta casi tocarsen, este estiramiento produjo que sus senos sobresalieran aún más y se vieran firmes y paraditos aplastandose contra el colchón, ufff que delicia. Me di la vuelta y amarré también sus rodillas, dejandolas también unidas, y completé la figura uniendo la cuerda de sus tobillos con la de sus muñecas y templandola con fuerza hasta que hice su cuerpo arquearse, para luego sentarme al lado a observar sus senos parados y escuchar sus gemidos ahogados mmmppphhhh, mmmpphhhh.
En este punto ya no podía ocultar mi emoción pues ella se quedó observando como me frotaba el bulto entre mis pantalones, y con una medio sonrisa entendí que quería que yo también me consintiera, así que me bajé los pantalones y comencé a masturbarme con fuerza, apretando la mano con cada gemido de placer que ella emitía, aunque ella era la dominada a esta nena la excitaba tenerme a su merced aguantandome las ganas de desatarle las piernas y mandarsela hasta el fondo, se complacía y hasta reía de verme sudoroso frotandome el pipi, hasta que ya no aguanté las ganas y exploté en un orgasmo extraordinario derramando toda mi leche sobre su culo y su espalda, mientras ella se arqueaba y gemía plácidamente cerrando los ojos para sentir el calor de las gotas bajando por su piel.
Hacía mucho tiempo no tenía un orgasmo tan fuerte, ni pajiandome ni con sexo normal, lo mio eran las ataduras, y aunque teníamos un pacto de no penetración, ella no se opuso al propio juguete que ella misma había llevado, así que lo conecté a la tomacorriente y con algo de dificultad lo mantuve en su sexo mientras ella se retorcia y giraba con la poca movilidad que da esta posición, hasta que al poco tiempo alcanzó también el climax y quedó rendida sobre la sabana chorriada de nuestros fluidos.
La desaté con suavidad y besé las marcas que las ataduras habian dejado en sus manos y pies, luego y aún sin palabras ella me agradeció con un fuerte abrazo que sellamos con un cálido beso antes de recoger los juguetes e irnos del lugar. A mi no me importó haberme tenido que aguantar las ganas, los dos gozamos y alcanzamos niveles de placer que no habíamos tenido de otra forma, y aunque ella tuviera su novio y yo mi novia, podríamos mantener una relación de top y bottom sin más compromiso que el placer mismo, yo solo quería seguir jugando con ella así fuera sin sexo, podía soportarlo, pero me había corrido sobre ella y no estaba seguro si le había gustado, aunque todo parecía indicar que sí, tal vez se sintiera ofendida y no quisiera volver a verme, debí haberle vendado los ojos para que no me viera pajearme, debí haberme contenido un poco más y halarmela solo en el baño, el miedo de no volver a verla me invadió, ese juego estaba formando un vínculo especial. Al salir del motel ella tomó mi mano y me besó, luego me dijo al oído "Gracias, te has ganado mi confianza, creo que para la próxima podremos pasar al siguiente nivel"...








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1 comentario
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login EntrarMuy buen relato y concuerdo contigo en que el uso de esposas en muñecas y tobillos es algo que resta elegancia y placer a la experiencia. El Bondage es lo mejor.