Nueva Aventura Dorada….
Relato de comunidad Fetichismoschedule 6 min de lectura calendar_today Julio de 2013

Nueva Aventura Dorada….

Fui de visita a casa de unos amigos fuera de Medellín, tenía que hacer vueltas de visa en Bogotá y coordiné con un antiguo colega para quedarme en su casa. Él era casado y tenía hijos pero tenía buena forma y su casa era excelente aparte de la oportunidad de hablar.Llegué pues a su casa, me....

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Fui de visita a casa de unos amigos fuera de Medellín, tenía que hacer vueltas de visa en Bogotá y coordiné con un antiguo colega para quedarme en su casa. Él era casado y tenía hijos pero tenía buena forma y su casa era excelente aparte de la oportunidad de hablar.

Llegué pues a su casa, me instalé como Dios manda y salí a mis gestiones. Volví en la tarde y me esperaban dos noticias, mi amigo no estaba pues había tenido que viajar pero su esposa e hijos sí. No les tenía mucha confianza pero ya estaba ahí. La esposa era una mujer normal y corriente, ya con sus años. Para mi sorpresa la hija tenía como 19 ó 20 años y ya había vuelto de la Universidad esa tarde. Comí con ellos, con una conversación apagada. La chica (pongamos que se llamaba) Adriana se la pasó con su celular y apenas miraba de vez en cuando y siempre con cara de fastidio. Por supuesto, aunque fuera muy disimuladamente, la recorrí de pies a cabeza con la mirada, me detuve en cada parte de su cuerpo… estaba muy bien, con unas teticas pequeñas y paradas, demasiado maquillaje pero un rostro bello y delgada. Tenía esa actitud de querer aplastar a todo el mundo con la mirada y por el momento yo estaba de visita así que me dejé aplastar provisionalmente.

Me tocó el cuarto del chico, que se fue a dormir al sofá. Protesté, pero no hubo caso. Total me puse a ver tele y a matar un poco de tiempo antes de dormir. Como a las 11PM o algo así salí al pasillo para ir al baño social y al abrir allí estaba Adriana… estaba orinando, con sus panties en los tobillos, diminutos, rosaditos, posados suavemente en sus pies. Tenía las piernas semiabiertas y se me quedó mirando con cara de susto, sorpresa, miedo, rabia y disgusto todo junto. La miré y me quedé yo también medio paralizado, había casi entrado al baño pues pensé que no había nadie. Sentí cómo había parado de orinar en el instante. Me recuperé en un segundo, me disculpé y salí no sin antes tomar una foto mental de toda la situación. Esperé unos minutos a que saliera y desapareciera antes de volver al baño.

Al siguiente día madrugué a hacer otra gestión. Fui por mi visa que no estaba lista y me informaron que me tocaba esperar otro día. Le avisé a mi amigo que dijo que tranquilo.

Esa noche llegué a la casa y la rutina fue casi la misma. Excepto porque decidí hacer un café ya entrada la noche. Estaba poniendo la cafetera cuando entró Adriana a la cocina, me miró como si no existiera y se puso buscar un jugo o algo así. La vi agacharse y de nuevo, esa vista de todo su cuerpo era una bendición. Se debió dar cuenta pero antes de que me volviera a mirar feo decidí hablarle… le dije que me disculpara por lo de la noche anterior y puse cara de santo.

Fresco, fue lo que contestó, no pasa nada — Tomó su jugo y lo sirvió en un vaso.

Me alegra saber eso, le dije, y puse cara de idiota.

Me da curiosidad, agregué, sin procesar lo que estaba diciendo.

Qué cosa? Me preguntó secamente.

Haberte visto anoche, me da curiosidad.

Puso cara de que no entendía y dijo,

Ver qué? si no vio nada.

Pero escuché… eso me da curiosidad, mucha.

Escucharme orinar? preguntó bajando la voz y poniendo cara de desconcierto.

Sí… me excita.

Se quedó callada y por sus gestos empecé a pensar a dónde me tocaría ir a amanecer esa noche, la disculpa para mi amigo, etc. etc. Al final solo dijo

Umm! Y se fue con una botella de agua en las manos.

Quedé medio lelo del atrevimiento pero recuperé algo de la calma y me fui al cuarto. Al rato sentí a alguien en el pasillo y como para asegurarse de que supiera quién era, echó un madrazo. La mamá preguntó qué pasaba y ella solo dijo,

Nada má! me tropecé!

Todo volvió al silencio de las 11pm. Decidí ver qué deparaba la suerte y abrí mi puerta. La puerta del baño estaba apenas ajustada, no cerrada y pude sentir su chorro suave correr. Me empecé a excitar… todavía más cuando al ver que yo había asomado, abrió un poco más la puerta y me dejó verla sentada, con sus panties en la mano, el cuerpo un poco hacia atrás, las piernas entre abiertas y orinando de a poquitos.

Creo que de un salto estuve en la puerta. Me miró sin expresión y se inclinó más hacia atrás, abrió un poco más sus piernas y pude verla mejor. Me iba a inclinar y me dijo en un susurro,

Espera, en un ratico, mientras me empujaba hacia fuera y ajustaba la puerta.

Me quedé afuera como sin saber qué hacer. Ella salió y sin decir nada se fue a la cocina y al pasar de regreso me enseñó dos botellas de agua. Me entré al cuarto y esperé sin poder pensar en nada concreto. Como media hora después un golpecito en la puerta y mi brinco debió mover las bases del edificio.

Ven, me dijo muy pasito – me llevó a la pieza del servicio que quedaba lejos de todo.

Prendió la luz del pequeño baño y me dijo,

¿quieres ver?

Ni le contesté. Tenía una erección que hablaba por mi y la piyama no disimulaba nada. Se bajó el pantaloncito de su piyama y se pasó la mano por su sexo como con pereza, tuve que contenerme. Quería penetrarla allí mismo, pero el plan era otro. Se quitó la blusa y quedó desnuda, el cuartico de baño con su bombillito de pronto se calentó en 10 grados, se nos olvidó el frío de Bogotá. Me desnudé como un relámpago y me pasé al pequeño espacio de la ducha. Allí se metió Adriana también y me puso la mano en la cabeza empujando hacia abajo; me arrodillé frente a ella y puse mi boca en el sexo más delicioso que he probado en mi vida. Lo tenía mojado y su clítoris lo sentía vibrar con cada pasada de mi lengua. Me montó una pierna encima de los hombros mientras con las manos me pegaba la cara a su delicioso chocho que me quería comer, beber, chupar, acariciar y penetrar sin compasión. Entonces lo sentí. Era un hilito como de agua tibia, ella me despegó la cara para ver mi reacción. Eran solo unas goticas de lluvia dorada que caían sobre mi pecho en ese instante.

Me volvió a pegar la cara a su sexo pero esta vez soltó un chorro un poco más potente que paró en mi cara antes de detenerse, la seguí chupando como si bebiera agua después de 15 días en el desierto. Ese líquido no tenía sabor, el agua lo había diluido, pero era de una tibieza extraordinaria y verlo salir de su chimbita prodigiosa, mojada y brillante, sentir como ese chorrito ganaba fuerza antes de darme de lleno… me la ponía a reventar. Se vino cuando justo acababa de terminar de soltar su última reserva. No lo pensé ni medio segundo y me paré, le di media vuelta y se la clavé tan duro como pude. No había mucho preámbulo que hacer y después de darle fuerte un rato me vine encima de sus nalgas blancas y perfectas.

Salimos, me fui al cuarto secándome con una toalla que vi por ahí. Entré a la ducha, me di un baño de afán y dormí como jamás había dormido. Al otro día me fui y no la vi por ningún lado. Tampoco pregunté nada, hay regalos que se aceptan sin más.

— buscalluvias

2 de julio de 2013

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buscalluvias

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

2 comentarios

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  • melendi
    melendi · 13 de may de 2017

    muy bueno

  • sexoralrico
    sexoralrico · 2 de jul de 2013

    la lluvia dorada es el mejor pago que una mujer la da a un macho por complacerla 

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