y decidimos comprarlas porque no estábamos en la tónica de la rumba gay, donde apenas llega uno, todos lo miran, o quieren que uno los mire a ellos al estilo “mírame, mírame, pero no me toques porque me parto”, donde a uno ni le dan la hora, y donde todas se creen regias, y así se devuelven solitas a la casa. A no ser que bien borrachas (o en su defecto drogadas), consigan a un cualquiera que les abra las piernas. Siempre terminan en alguna de las dos anteriores alternativas.
Pero Juan y yo íbamos a un lugar distinto que aún no conocíamos, el aire nocturno nos decía que la noche sería genial. Mientras íbamos en el taxi, le dije; Juan, tenemos levantar lo que sea, al menos alguien que nos devuelva a la casa. Nos reímos, y seguimos adelantando cuaderno porque hacía rato no nos veíamos.
Llegamos a una calle empinada, y el taxista no estaba seguro a dónde íbamos. Mientras tanto yo veía algunas parejas que se dirigían hacia un lugar que no podía ver. Le dije al taxista que parara, y nos bajamos. Sigamos a la parejita, le dije a Juan. Cuando llegamos a la cima de la calle empinada, bien al fondo, luces, música, y unos carros entraban por un portón de una casa campestre.
Me entró cierta emoción, quería bailar, pasarla bien, en un ambiente diferente al del bar gay, tan aburrido, tan predecible, tan insatisfactorio y a veces frustrante.
La primera impresión que tuve del lugar, era ver después de la entrada y el amplio parqueadero, una casa grande de tres niveles, estilo Hollywood, abierta, de ventanas gigantes que eran a la vez puertas, la casa era completamente blanca. Algunos cuadros en las paredes, como si fuera la casa que alguien usara para eventos como este. Logré ver un baño amplio con una luz rosada, con una especie de tina, en la puerta una señal de una muñeca, obviamente, el baño de mujeres. El baño de hombres por el contrario era deprimente, un pequeño orinal, un pequeño inodoro y un lavamanos que advertía que el agua no era segura para el consumo humano. En realidad no era un baño, era el cuartico de las mamadas, seguramente de las penetradas flash (no sé quién estaría satisfecho con una penetrada flash, tal vez sólo los precoces, o los que no aguantan el “pre” hasta llegar al motel) y por supuesto, el baño de las trabadas. Tan bueno era el ambiente y la actitud de la gente, que no me importaba lo que hicieran.
Les parecerá ridículo, pero la gente a uno lo saludaba, y a mí eso me pareció increíble, al menos alguien me preguntó; “¿vendes cositas?”. Una hipster un poco loca, tal vez borracha, de la nada me empezó a hablar de que en el extranjero eran injustos con los colombianos, que ella era fotógrafa, etc etc, la verdad yo sólo buscaba la forma de irme de ahí, donde me senté por equivocación a tomar una cerveza mientras Juan fumaba un cigarrillo al estilo que él llama, de la usurpadora.
Una mujer morena flaca con el típico minidress negro, de pelo crespo rojizo, cuando me vio en una de las salas, se acercó a bailarme y a preguntarme de donde era, que parecía de otro país, y con eso fue suficiente para que la adorara, hablamos de sus tacones, una especie de colash de colores que nunca había visto, y le dije que se veía divina en ellos, cosa que a veces no hacen los tipos con las mujeres, y es decirles que están bellas, que se ven bonitas, o lo que sea para que ellas entiendan, que el tiempo que se demoraron en vestirse y arreglarse para salir, valió la pena. Un cumplido sincero es lo único que algunas mujeres necesitan a veces. Aunque para algunos tipos es mucho pedir, y un insulto les suena más bonito que esos piropos tan fuera de lugar.
Mientras caminaba con Juan por la casa, veíamos una cantidad de personajes que estaban allá para disfrutar, para bailar, para fumar, para jalar, o lo que fuera, pero no estaban allá para pretender, para llamar la atención, ni para desfilar. Ver a un tipo armar un porro en el suelo, con todo e indumentaria me pareció de lo más interesante y curioso. Decidimos salir al amplio balcón, nos recostamos en las barandas, y se podía ver el bosque oscuro que nos rodeaba. A lo lejos, la ciudad vibraba por el fin de semana.
Como gay, a veces me es inevitable escanear el lugar, hacer casting, inocentemente, claro está, siempre sin esperar nada, porque cuando uno más busca, menos encuentra y creo que ya todos hemos pasado por lo mismo.
Luego nos sentamos en unos muebles blancos, cerca al balcón, y desde ahí, podíamos ver a una pareja de hombres, cada uno con su respectiva acompañante femenina. Pero había algo extraño en este cuartero, algo que sólo un gay puede notar. Una energía inusual emanaba de uno de los hombres. Tenía un polo naranja y jean desteñido. Alto, blanco, de pelo negro peinado hacia atrás, cuerpo grande, y el otro, un hombre rubio, blanco con un bronceado rojizo, que me daba a entender que había estado recientemente bronceándose sin estar muy bien preparado para el sol de la ciudad. Un polo blanco que abrazaba sus músculos, un jean suelto pero donde le sobresalía un trasero redondo y delicioso. Aquel hombre se mostraba callado, o de pocas palabras, y con risa tímida. La conversación a las otras mujeres parecía hacerla el otro de camisa naranja.
Juan se sintió atraído por el primer tipo, y dijo que quería ir a hablar con él. Nos hicimos un poco más cerca, y Juan le hizo algunas señales con los ojos, no sé cómo, pero Juan es un profesional, porque el tipo le respondió con un saludo casual. Yo tomé un poco de distancia, pero oír a Juan hablar con su falso acento inglés me dio mucha risa, mientras el tipo confundido le preguntaba de qué país era, yo concentraba mi mirada en el tipo de polo blanco. Muy bello, pero muy aburrido. No era para mí.
Los dejé hablando, y mientras veía a Juan entrar en personaje de telenovela y ver al tipo riendo y coqueteándole, pensé que mi tarea ya la había cumplido, aunque no había tenido suerte, él sí, y para mí eso era suficiente. Mientras disfrutaba de una budweiser, perdí a Juan de vista por un momento, y decidí disfrutar un poco de la música. Cuando veo a Juan devolverse con risa malévola, le pregunté ¿qué pasó?, y él simplemente me dijo ¿tienes ahí condones? Ya con eso fue suficiente para saber que le había ido bien. Saqué de mi chaqueta un condón y se lo di. Mucha suerte la de Juan, pensé. Apenas llegó, levantó.
Un poco lejos de donde yo estaba, había un hombre joven como de 27-28, delgado pero gruesito (no musculoso), blanco, casi de mi altura, cabello liso corto, barba de tres días, gafas, camisa marga corta de cuadros, jeans comunes y tenis. Muy simpático, en mi concepto. Extrañamente lo vi sólo, sostenía una cerveza y miraba al bosque oscuro. Inmediatamente llamó mi atención, y me aceleró un poco el ritmo cardiaco, despertando mi morbo. Lo observé por un rato esperando que alguien llegara, pero no fue así.
Cuando mi mirada estaba perdida en admirar a ese hombre sólo y tan simpático, vi a Juan devolverse, esta vez con una cara de queja. ¿Qué pasó, usted no estaba con el tipo? Le pregunté. Quería mamármelo, y a mí eso no me gusta, y no quería que yo se lo mamara, me dijo. Me devolvió el condón. Un poco exigente Juan, pensé, pero olvidamos el tema, y le dije, Juan, mira al muchacho que está allá, está sólo, nadie ha hablado con él, está lindo, me gusta, y quisiera hablarle, pero la verdad me da pena.
Vamos a hablarle, dijo Juan. ¡Nooo! Lo detuve, me da pena, qué tal que no le guste. ¡Asshh! vamos, dijo. Juan se levantó y se dirigió hacia él. Yo lo seguí porque no me iba a quedar sentado como un bobo. Nos hicimos al lado de él y Juan como si nada le dijo Hola. El tipo salió del trance en el que estaba, nos miró y saludó. Santiago se llamaba, y parecía no tener ningún plan. Cuando Juan se aburrió de él, me dijo que iba a ir un rato a bailar. Santiago se quedó conmigo hablando en el balcón.
En ese momento, no sabía si el tipo era gay, si simplemente seguía la conversación por cortesía, no sabía ni siquiera si le agradaba. Honestamente, no quería perder tiempo y cambié de posición, me volteé y apoyé mi espalda contra la baranda, y Santiago me imitó después. Moví un poco mi mano, calculándola cerca a la de él, pero dudando en tocarla. La toqué con mis dedos, él no se movió. La toqué un poco más, y él no se movió. Me miraba y sonreía. Cero palabras. El jueguito inocente de tocar los dedos había funcionado. Santiago se me acercó al oído, y me dijo “aquí no S*****, mejor en otro lado”. Cuando me dijo eso, inmediatamente se me paró, y sentí esos nervios excitantes cuando uno comprueba que por más que el otro no diga nada, también quiere.
¿Y entonces a dónde vamos? Me preguntó. No sé, le dije, que ahora era yo el dudoso. Vamos a otro lado, me dijo. Vamos en mi carro y damos una vuelta. Cuando me dijo eso, me dio mucha risa, porque le había dicho a Juan horas atrás que al menos si encontrábamos a alguien que nos trajera a la casa, nos podíamos dar por bien servidos.
Voy a buscar a Juan para avisarle que me voy. Juan no estaba. Lo llamé, y me dijo que había cogido taxi para la casa porque ya estaba muy borracho. Me sentí un poco culpable, pero con eso resuelto, nos fuimos al carro de Santiago.
Nos quedamos en el carro unos minutos. Nos miramos. Santiago sacó una botella de ron, que estaba en mi lado debajo del asiento y mientras hacía eso, apoyó su mano en mi pierna. Brindemos, dijo. Y cuando nos tomamos esa primera copita de ron, nos dimos un beso con lengua, sin más ni más. Santiago miraba hacia atrás, pendiente de que nadie nos viera. Encendió el carro, y salimos de ahí.
Había llovido un poco durante la noche, y comenzaba a llover de nuevo. Era la 1:30 am, y recorríamos las calles en silencio. Santiago se detuvo en un parque. Tomó otro poco de ron, y yo también. La lluvia lavaba el carro y ofrecía una cortina, creo que los dos captamos la oportunidad, y mientras yo me pasaba al asiento trasero sin abrir la puerta, él si la abrió, y cuando entró su camisa estaba salpicada de lluvia. Su respiración agitada y sus risas me encantaban.
No perdimos el tiempo, y como animales hambrientos empezamos a besarnos, y el cuello, nos agarrábamos el cabello y tocábamos nuestros pechos, hábilmente desabotonando las camisas. Su pecho velludo y sus tetillas invitaban a ser saboreadas, y mientras daba pequeños mordiscos, él arqueaba su cabeza hacia atrás gimiendo suavemente de placer.
Santiago por su parte, estaba más interesado en mi pantalón, y me apretaba la verga por encima mientras nos besábamos con violencia. Quiero chupártela me dijo, yo no me iba a negar a su boca, y lo dejé que humedeciera mis boxers, luego con mis manos me los bajé y le regalé mi verga para que por fin pudiera probarla. La chupaba delicioso, y mi verga estaba muy dura. Excitado y nervioso, busqué su bulto, y lo acariciaba despacio hasta que lo sentí apretado, y tuve la necesidad de liberarlo, agacharme y probar su manjar. Su verga húmeda y salada la chupaba con ansias y él empujaba mi cabeza hacia abajo para que me la tragara toda. Cuando los dos terminamos de probar nuestras vergas, nos restregamos con la ropa desajustaba, yo encima de él, y sentía su cuerpo caliente, su aliento de ron me embriagaba. Las ventanas del carro se opacaron cuando la lluvia cesó, y no pude evitar pensar “he tenido mi momento titanic” sólo me faltaba poner la palma de mi mano en la ventana y deslizarla jajaja.
Lo que sucedió después, nada tenía que ver con el titanic. Mientras seguíamos en nuestro forcejeo pasional, vimos cómo una camioneta blanca se estacionaba justo al lado de nosotros. Cuando los dos la notamos, inmediatamente empezamos a vestirnos al ver que la camioneta tenía una franja verde oscura. Creo que jamás me había vestido tan rápido como en ese momento.
Tocaron la puerta. ¡Abran! ¡Abran! Santiago estaba a punto de abrir, cuando el policía abrió la puerta. ¿Qué están haciendo ahí? Y yo dije esto: Nada señor policía, sólo estábamos tomando, mire, y le muestro la botella de ron. Lo sorprendente fue que el policía dijo; Si claro, tomando ron con los pantalones abajo. Por favor retírense, dijo el policía. Santiago le dijo; si amigo, claro amigo, ya nos vamos, tranquilo amigo, y se pasó al puesto de adelante, seguido por mí. Aceleramos, y en el primer semáforo nos miramos. Nos toteamos de la risa. De la adrenalina por escaparnos de la vista de la policía no hablábamos, y luego cuando reaccionamos, lo primero fue reírnos.
La verdad en el afán del momento, la adrenalina, lo caliente que estaba, lo inconsciente que estaba, lo mejor que pude hacer para ocultarle al policía que estábamos en semejante preámbulo fue decirle que estábamos tomando. Ignoré del todo algo tan básico como que nadie puede manejar mientras toma, pero también el policía pudo habernos sacado de ahí, multado, pero ni siquiera eso. Tal vez el tipo no quería arruinarse la noche y nos dejó en paz, para no arruinarlos la nuestra. Gracias señor policía, donde quiera que esté.
Después de ese susto, la verdad creí que la diversión se había acabado, y que Santiago iba a decirme que me llevaba a la casa. Pero no. Sorpresivamente me preguntó: ¿y ahora a dónde vamos? Con risa nerviosa, le dije, No sé. El guardó silencio y me dijo. Sigámosla en mi casa.
Llegamos al edificio, y en el ascensor nos manoseábamos. Al estar frente a la puerta del apartamento, me dijo al oído, no hagamos tanto ruido, que mis papás están durmiendo. Santiago me cogió de la mano y me guió por la sala hasta su cuarto. Cerró la puerta, y prendió la luz.
Empezamos a desvestirnos, ¿Quieres ver porno? Preguntó. Bueno, le dije. ¿De cuál te gusta? Cualquiera, no sé. (No me importaba, estaba ansioso por apretarme junto al cuerpo velludo de él y amarnos tranquilamente). Su cama era grande y alta, pero me sentía en el cuarto de un adolescente. Me sentía como un adolescente. Los nervios, la adrenalina, hablando bajito para que sus papás no se despertaran, en fin…
La luz tenue de la noche que caía en el cuarto oscuro, me hacía ver a Santiago como otro hombre. Se había quitado sus gafas, se había acostado en la cama, y yo me había arrodillado encima de él. Indefenso, aproveché para besarlo, para pasar fuertemente mis manos por su pecho, sentir toda su plenitud desnuda. Nos besamos, nos chupábamos la verga, nos metíamos el dedo en el culo, pero yo me estaba sintiendo cansado. Odiaba la idea de que después de todo esto no fuera a funcionar como es debido, y mientras Santiago me masturbaba fuertemente yo sentía mi cuerpo pesado y sin fuerzas. Santiago paró y nos quedamos en silencio un momento. En mi último esfuerzo por agradecerle su esfuerzo y su cordial invitación, tuve que hacer lo que sé hacer mejor; mamarla. Se la chupe hasta que se vino en mi boca, y me preguntó ¿sabía mucho a marihuana? Y se rio, yo no le respondí. Nos cambiamos y me dijo, ven te llevo a tu casa. Cuando llegamos eran las 4:30 am. Y de verdad entendí por qué a pesar de que en mi mente el tiempo parecía no correr, mi cuerpo ya casi no respondía.
Creí que no me iba a llamar nunca más. Es lo que siempre temo cuando no doy lo mejor de mí, es lo que todos temen. Porque nos ha pasado.
Dos semanas después, para el cierre de un evento de moda, había una fiesta electro en el mismo lugar donde nos habíamos conocido por primera vez. Esa noche me sorprendió su llamada. Me dijo que si yo pensaba ir, le dije que no sabía porque iba sólo, y él me dijo, yo también voy sólo, no hay problema. Entonces le dije que nos encontráramos allá. Cuando lo vi, me miró con esa risa de malos pensamientos, tomamos un rato y bailamos. No hicimos nada, porque a pesar del juego de luces en la oscuridad y la cantidad de gente, no queríamos ser tan evidentes, igual que no era un bar gay, entonces no sentíamos esa libertad. Esa noche sabíamos lo que queríamos hacer, por lo que fuimos al carro y salimos del lugar. En un callejón oscuro, cerca de donde habíamos ido, paramos, y empezamos a besarnos, con sabor a cerveza. Nos desabotonamos los pantalones, pero esta vez estábamos más sobrios, y tanto él como yo, nos dimos suficiente placer oral, al punto que no me aguanté y me vine en su boca, y luego él se vino en la mía. Lamimos el semen de nuestras bocas mientras seguíamos besándonos, y luego arrancamos.
A veces lo veo en otros eventos o fiestas, y nos saludamos como si nada hubiera pasado. En una ocasión me dijo que si me gustaría hacer un trio, pero no me atreví a decirle que sí.








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1 comentario
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login EntrarUn muy buen relato, me gusta que sea tan detallado, y los momentos con algo de humor! Espero leer mas de vos!