Como les conté en mi relato anterior después de nuestra primera vez con mi novia de esa época, quedamos con la duda de haber hecho el amor bien, pues ella no sangró y yo todavía tenía mi prepucio en perfecto estado, quedamos con la duda del mito del dolor, pues ninguno lo sintió como lo todo el mundo lo decía.
Pues nos pusimos a la tarea de organizar varios encuentros para hacer el amor y culminar esa primera vez, pero al igual que la primera no fue posible, seguíamos igual. Varias semanas después ella tenía control con su médico, le dije que aprovechara y le preguntara si era normal.
Llegó el día de la cita, no la pude acompañar porque me encontraba estudiando, en la noche me dijo que le había preguntado al doctor y que él le contesto: “eso es normal, lo que pasa es que tienes la telita más gruesa de lo normal y un poco más adentro, lo único que tiene que hacer tu novio en hacerlo más fuerte pero con cuidado de no lastimarte”.
Hablamos del tema y quedamos en que esa misma semana estaríamos otra vez.
Así fue, se dio el día, estábamos solo y con suficiente tiempo, ya que su mamá llegaría hasta la noche al igual que su padrastro. Entramos en acción, apenas entramos y ella cerró la puerta le cogí ese culito, que tenia bien paradito pero blandito, como siempre le mandé la mano debajo de la jardinera del colegio y le comencé a acariciar su vagina, me gustaba primero sobarla para que lubricara, luego meterle los dedos y calentarla muy bien.
Después le bajé la cremallera de la jardinera y la dejamos caer, le desabotoné su blusa y se la quité, desabroché su brasier, luego la besé apasionadamente y al tiempo la empuja hacia atrás y yo caminaba en trente de ella aun besándola, la llevé hasta el lavadero, la subí, me bajé el pantalón hasta las rodillas y se lo metí, estuvimos ahí un buen rato, ella con las manos apoyadas hacia atrás y yo dándole muy suave pero sin parar.
Ella me pidió que fuéramos a su cama, por que el lavadero estaba muy frio y ya no aguantaba más, así que nos fuimos a su alcoba, ya en ella, mi novia se quitó los zapatos del colegio y sus medias blancas, yo me desvestí totalmente y nos metimos en las cobijas.
Apenas me hice encima de ella y se lo metí sentí ese culito todo frio (tenía razón estaba muy frio ese lavadero), no sé que tenía ese culo frio pero me fascinaba darle y sentir esa cola fría estrellándose en mis piernas, ella gemía de placer y yo con ella, pero en mi mente seguía que tenía que desvirgarla como fuera, seguí y seguí hasta que me canse.
Cambiamos de posición, ella arriba de mí, ella se movía como ninfa, yo por mi parte estaba muy excitado, miraba sus senos, blancos con una aureola rosadita, y esa cucuta bien mojada, luego de varios minutos empezamos un poco más fuerte, pero nada, ya estábamos cansados, tome un nuevo aire y le lo más fuerte que pude, hasta que no aguante más y me vine dentro de ella, oh!!, fue maravilloso, que orgasmo tan fenomenal.
Ella como era muy aseadita, se fue al baño y de duchó, yo me quede en la cama de ella, pensando en si por fin ese virguito era mío, y como prevención pensé en que si decía que nada, lo haríamos otra vez, entonces me comencé a masturbar bien fuerte hasta que se me puso nuevamente duro, ya mi pene listo para la acción lo masajeaba suave, para no perder el impulso.
Ella salió del baño sin ropa y lo primero que me dijo fue: NADA.
Entonces le dije que se metiera en las cobijas que estaba haciendo frio, ella se acercó y se acostó, la comencé a tocar y a besar ella notó que estaba arrecho otra vez y se dejó llevar, aclaró que antes de ese día solo hacíamos el amor una vez, pero desde ese momento todo cambió.
Ya caliente los dos le metí mi verga, sin compasión, ella solo se dedicó a disfrutar, a cerrar los ojos, a gemir y a apretar las sabanas, yo me dispuse a hacerla sentir lo que más pudiera, sin dejar de pensar en lo que había dicho el doctor, cada vez le daba más duro, hasta me dolió, pero no importaba, para ella era importante que yo la rompiera, aguanté un par de minutos más y nuevamente me vine.
Ella nuevamente se levanto al baño y apenas salió de la cama me dijo: “ese si me dolió”.
Esa frase no la olvidare, ella fue al baño se duchó nuevamente y regreso a su alcoba. Me miró y me dijo: “parece que sí, me salió un poco de sangre y me duele allá adentro”.
Yo ya no aguantaba otro más y menos ella porque le dolía, pero ya estaba confirmado, ya no era virgen.
Nos abrazamos, nos besamos, yo me vestí, me despedí de ella y me fui a mi casa a descansar.
Espero, les haya gustado.







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1 comentario
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login EntrarAmigo, felicitaciones, esa experiencia es superdeliciosa con una nena virgen, y saber q uno es el primero lo hace aun mejor........