La mayoría de quienes lean este relato conocerán o habrán oído hablar de un lugar en el centro de Medellin ( Por Maracaibo) donde el acceso a internet se hace en cabinas mas o menos privadas (Quizá puedo escribir el nombre, pero no sé las políticas que rigen la pagina sobre este asunto, asi que confio que la simple descripción del sitio sea suficiente para ser reconocido). Lo importante de este sitio es que su orientación es claramente gay y la mayoría de quienes asisten allí van en busca de encuentros, que incluso pueden presentarse ahí mismo (Mamadas y masturbaciones principalmente)
Luego de haber alimentado por un rato mis fantasias y en busca de un lugar donde ver porno tranquilo ( Mi casa no era siempre el mejor lugar) entré a este sitio. La primera vez, pedi un ficho y me asignaron un PC en la sala común, que sirve para la consulta de clientes comunes que van en busca de consultar información en la web. Me sentí decepcionado pero no dije nada, me daba pena decir que iba en busca de porno. Me senté y luego de 10 minutos (revisé mi correo para pasar el tiempo) salí de allí.
Dias después volví. Esta vez con la clara intención de entrar a una cabina y no a la sala común. Pedí un ficho nuevamente y al ofrecerme el de la sala común pregunte: “Que hay en aquellas salas?” – Señalando una puerta entre abiertas. “Son cabinas privadas” – Me dijo la niña que atendía. – “Cuesta lo mismo?” – Pregunté. “Si, claro. Quiere una?” – Me preguntó. – “Si” –Dije. Me condujeron a una cabina que tenia una pequeña cortina que era el símbolo de privacidad. El lugar tiene una sala de chat propia. Ingresé en ella y lo que me encontré me aceleró el corazón. Mensajes como: “Quien mama en cabinas” eran los mas comunes en la sala. No me interesaron pues no buscaba mamar sino lo contrario. Sin embargo tampoco escribi el mensaje. Me dedique a ver porno y a chatear. Al final, encendí la cámara, saqué la verga y la mostré a un desconocido del otro lado de la cam. Podia observar al hombre de la cabina de enfrente (es totalmente posible verlos) mientras sacaba su verga y se masturbaba. Era la primera vez que veía en vivo una verga y a un man pajeandose, pero eso no me emocionó tanto: él estaba sentado y se veía incomodo mientras se pajeaba. A pesar de estar muy arrecho, no me masturbé en la cabina. Seguia sintiendo el temor de que alguien me viera. Me paré, fui al baño, me encerré en el espacio destinado para las necesidades mayores y me hice una paja. Sali del baño y me fui.
De todas mis incursiones en estas cabinas recuerdo 3 momentos especiales que los diré en su cronología: El primero de ellos ocurrió en una ocasión luego de salir del baño. Bajando las escaleras, un hombre gordo y de mas o menos 40 años se me acercó: “Uy, como volean paja ahí adentro, cierto?” – Me dijo. Mientras caminábamos hacia la salida le respondi: “Pero bastante!”. Imaginé que él, al igual que yo, iba ya pajeado. Luego de una risa me dijo: “Vos que, sos de ambiente?”. A decir verdad, no entendía la expresión, pero respondí: “Si, claro”. La risa se repitió por parte del señor y dijo: “Que, nos vamos para alguna parte”. “No, gracias” – Le dije y tome un camino diferente a el de él al salir. Mientras me dirigía al Metro pensé en la situación y cai en cuenta de que realmente, me habían invitado a culiar. No me lamenté: El señor no llenaba mis expectativas.
La segunda fue mas parecido a un encuentro. Me encontraba en una cabina chateando con varias personas. Una de ellas me preguntó en que cabina estaba. Nunca lo decía. Pero esa vez dije el numero. Me dijo: “Estoy en la de al lado.” Fue un pequeño shock. No me esperaba eso. Vi como mi compañero de al lado corria un poco la silla para atrás y apartaba la cortina. Era la primera vez que ocurria algo asi. Me miró. Lo miré. Era un hombre joven vestido como para ir a la oficina, con camisa y corbata. Escribió en el chat: “Sacalo y te masturbo”. Escribi: “Listo”. Me solté la correa, desabotoné el pantalón, bajé la cremallera y saque la verga. El hombre de al lado tomó mi pene con su mano y empezó a hacerme una paja. Pensé que la sensación iba a ser mejor, pero fue bastante normal. Luego, pensando en eso, llegué a la conclusión que se debió a tres factores: lo inesperado de la situación, el temor de ser visto y que mi pene no estaba completamente erecto pues no hubo ningún tipo de excitación. “El placer debe construirse y la próxima vez, va a ser diferente” – Pensé. En ese momento comprendí que en las cabinas no encontraría lo que estaba buscando. Que debía probar otros espacios y ya en mi mente estaba el deseo de ir a un video y ese seguiría el siguiente paso en mi búsqueda del cumplimiento al deseo de estar con un hombre. Y eso fue lo que hice en mi cronología. Pero para cerrar el tema de las visitas a las cabinas, debo contar lo ocurrido la ultima vez que estuve ahí. Que fue, precisamente, el dia que estuve en un motel con otro hombre.
Tenia mas que nunca deseos de estar con un hombre y probar de una vez por todas las experiencias. Habia salido temprano del trabajo y estaba cerca de las cabinas. Hacia mucho tiempo que no iba por allá, pero sabia que era el lugar donde podía, con tranquilidad, buscar un encuentro por chat con alguien. Ingresé y me dieron una cabina justo en la esquina mas oculta de la sala. Me pareció excelente el lugar, pues mas privacidad era imposible en ese lugar. Abri todos los chat que pude: el de guía cereza, el de esas cabinas y busqué anuncios de prepago. Mientras me encontraba en mi búsqueda vi que el compañero de enfrente se paraba. Alguien llegaba. Se saludaron. Se notaba en el tono y en las preguntas que no se conocían. Yo seguía mirando. De un momento a otro mi compañero de enfrente se saca la verga y el otro hombre se la acaricia. “Wow” pensé – “Me va a tocar ver un show”. Segui mirándolos sin que ellos lo notaran mientras se me aceleraba el corazón y seguía en mi búsqueda de un prepago. Miré como el hombre que había llegado bajaba y se metia la verga de mi compañero de enfrente en la boca. Le dio un par de chupadas y se levantó. Continuaron hablando: A que te dedicas, qué estudias, y ese tipo de preguntas se hacían como manera de disimular lo que no se podía disimular. Observé como mi compañero de frente tomaba la cintura del hombre y lo apretaba fuerte y le restregaba su verga contra el pantalón del otro. La calentura se les notaba a ambos. El hombre que había llegado nuevamente bajo y le dio otro mamada, esta vez un poco mas larga que la anterior. Mientras tanto, yo había encontrado al prepago y había acordado un encuentro en el Motel Prado Verde o algo asi. Me levanté y vi la cara de sorpresa de ambos personajes al notar que había alguien en la cabina del frente. Sali de allí rumbo a mi encuentro con un masajista hombre para, por fin, cumplir mi fantasia.







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1 comentario
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login Entrar¡Muy buen relato!Me gusta la estructura que le pones y la forma de narrarla, ¡excelente!Y bueno, qué paso luego...?