Hasta hace un tiempo me consideraba 100% heterosexual, modestia aparte me ha ido muy bien con las mujeres, en lo sentimental y en lo sexual, pero debo confesar que desde hace unos años me había entrado mucha curiosidad por saber que se siente estar con otro hombre. A veces miraba hombres como si estuviera mirando mujeres y me di cuenta que me gustaban los afeminados y entre más afeminados mejor, (como dicen por ahí, entre más plumas más almohadas), la verdad no me atrevía a dar ese paso, contactar a alguien y experimentar, pero la vida te pone en el camino las oportunidades y tú decides si las aprovechas o las dejas pasar.
Fue así como una tarde mientras disfrutaba de un cafecito en un centro comercial, miraba como pasaba la gente, empecé a mirar o más bien a analizar de manera morbosa a los estudiantes universitarios que abundan en el sector de "el cable" en mi Manizales del alma, y en ese ir y venir de la gente, vi llegar a la zona de juegos un muchacho que me dejó flechado. Era un joven rubio, como de 1.70 de estatura, delgado, blanco, ojos color miel, de carita delicada, bien vestido, se notaba su autocuidado, sencillamente hermoso y para acabar de rematar, dejaba ver cierto amaneramiento, mejor dicho, ni mandado a hacer.
Por desgracia yo no contaba con experiencia alguna en relaciones gay, y la verdad el miedo a tomar alguna iniciativa con ese bombón que el destino me atravesó ese día, me impidieron dar inicio o lanzarme a algo, salvo una o dos miradas inquietas, que la verdad sea dicha me intimidaron, pues noté que el joven se dio cuenta que lo estaba mirando.
Así pasaron unos meses, yo frecuentaba el centro comercial con la esperanza de volver a ver a aquel muchacho reprochándome no haber sido mas atrevido el día que lo ví, pero nada, me resignaba a recordar aquel día, y pensaba (que carajos, debe ser como entrarle a una hembra, si algún día lo vuelvo a ver me le tiro al ruedo y listo, a ver que pasa). Pues la suerte estaba de mi lado. Unos días después lo volví a ver en compañía de una jovencita. Al principio llegué a creer que podría ser su novia, pero la verdad no noté nada cariñoso entre ellos y eso me animó muchísimo, yo estaba decidido a no dejar pasar esa oportunidad, por eso no dejaba de mirarlo y estaba tan absorto en eso, que no me di cuenta que él también tenía clavada su mirada en mí. Después de unos minutos de compartir con su acompañante, la muchacha se levantó y se despidió. Mi bomboncito estaba sólo y con su mirada puesta en mí, yo no podía creerlo, tome aire y con mis labios le di un “hola” y él me respondió de igual manera, así las cosas esto ya no tenía reversa, me dirigí a su mesa y me senté junto a él, lo saludé de mano y nos presentamos, él se llama Gabriel, tiene 21 añitos y de aquí en adelante le llamaré Gaby (así le digo realmente), charlamos un rato de los dos y le lancé la bomba “oye desde que te vi me pareciste un chico muy simpático y quiero saber si te puedo llamar a tu cel., me darías tu número? O te incomoda”y la respuesta de él era algo que yo estaba esperando “claro encantado”.
En pocos días nos confesamos nuestra atracción mutua, y salimos a disfrutar de unos pocos encuentros, y en una de esas salidas nos dimos nuestro primer beso, fue sublime increíble, tan excitante que jamás creí que un simple beso pudiera producir tantas emociones (me reprochaba por qué perdí tantos años, por qué no hice esto antes) fue un beso largo intenso, apasionado, como si nos quisiéramos devorar el uno al otro y por supuesto la excitación era tanta, que sentía que mi verga se iba a reventar, tanto que cuando en medio del beso nos abrazamos y él sintió de inmediato mi erección; “oye, se te notan mucho las ganas” no tuve más remedio que ser sincero y decirle que sí, que las ganas eran muchas y siendo un poco mas lanzado le propuse que nos fuéramos a un lugar donde estuvieramos los dos absolutamente sólos, y ooohhhh dicha la mía, mi bombón aceptó de inmediato. Mi primera experiencia homosexual, mi fantasía haciéndose realidad, no lo podía creer.
Llegamos al motel y entré el carro a una suite, claro tenía que ser especial. Una vez dentro nos empezamos a besar muy apasionadamente, fundidos en un estrecho abrazo, nuestras manos eran bastante inquietas, nos acariciamos por todas partes (sí, todas) y era tanta la pasión del beso que ya mi mandíbula me empezaba a doler, pero no importaba, las ganas pueden más. Seguimos besándonos y decidí tomar iniciativa, empecé a bajar besándolo por el cuello y mientras desabrochaba su camisa, le daba picos en su pecho, lamia y besuqueaba sus rosadas y tiernas tetillas, besé su ombliguito y llegué hasta el botón de su jean desabrochándolo rápidamente, para empezar a bajárselo hasta los tobillos acompañado de muchos besos en sus piernas. Luego le quité los zapatos y las medias, y le quité definitivamente su jean. Al levantar mi mirada vi que Gaby estaba con sus ojos cerrados disfrutando de mis besos y caricias, y para acabar de completar mi excitación noté que su ropita interior era un rosado, femenino, semitransparente y sensual cachetero, con encajes, pero sensuales y todo, tenía que quitárselos, y lo hice como quería, con los dientes, hacia abajo y despacio como se quita una liga matrimonial. Al quitárselos por completo, siguiendo de rodillas ante Gaby, levanté mi cabeza y quedé de frente a su verga; era hermosa, rosada, larga (20 cm) de buen grosor, depiladita con bolas inclusive y con ese olor característico que inspira. Ante semejante monumento no pude resistirme, empecé a besárselo, a lamerlo, a meterme sus bolas a la boca chupándoselas sin pensar en que podrían dolerle, pero Gaby nunca se quejó de dolor, sólo gemía de placer y me pedía más, más y más, me decía: “mámamelo, chúpamelo te lo suplico no prolongues más mi espera”. Nunca se lo había mamado a otro hombre, pero pensé que sencillamente tenía que hacer lo que tantas veces le enseñé a las mujeres, y así lo hice, me lo metí a la boca como en cámara lenta, hasta el fondo, saboreándolo, acariciándolo con mi lengua alrededor de su deliciosa cabeza, me chupé su liquido pre-seminal, me parecía delicioso, un manjar de dioses. Se lo mamé por un largo rato, hasta que me dolían todos los músculos de mi cara, entonces Gaby me pidió que me acostara boca arriba en la cama, y cuando lo hice él se abalanzó sobre mí, me besó por todas partes hasta los pies y regresó hasta mi verga, empezó a darle pequeños picos en la cabeza a rodearla con su lengua mientras lo cogía suavemente con su mano, se levantó por un instante y me preguntó “te gusta bebé” yo solo pude hacer señas que si con mi cabeza y mi Gaby siguió con su deliciosa mamada. Era tan deliciosa su mamada, que no pude evitarlo, sentí que me venía y quise apartarme por miedo a que no le gustara un derrame en su boca, pero fue muy rápido y me vine, a chorros, en su cara, y algo cayó en su boca. Lo bueno del asunto es que noté que a Gaby le gustó lo que pasó, lo disfrutó, se le notaba con una sonrisa maliciosa que me regaló.
Mientras Gaby se limpiaba la cara yo me metí a la ducha y él me siguió, nos bañamos juntos, nos enjabonamos el uno al otro, nos secamos igual y nos recostamos en la cama, hablando de cosas de los dos muy cariñosamente, estábamos en posición de cucharita, yo detrás de él amacizándolo, con las piernas entrelazadas y mientras hablábamos, le daba pequeños besitos en su delicado cuello. Así pasamos unos pocos minutos hasta que empecé a recordar los instantes anteriores y me excité, mi verga se empezó a parar de nuevo y claro, en la posición tan estrecha en la que estábamos mi Gaby se dio cuenta y me dijo “bebé, quiero que me penetres así en esta posición, hazme el amor, te lo ruego por fa”. Empecé a tantear con mi verga y con mi mano la guié hasta encontrar el premio mayor, su rosado y estrecho culito, clavándolo lentamente para no producirle dolor, yendo suavemente hasta ir intensificando la velocidad y pasar a un ritmo casi salvaje. Pasamos a otras posiciones, en cuatro, sentado sobre mí, Gaby boca abajo y yo encima clavándolo una y otra vez mientras mi Gaby se hacia la paja hasta llegar al clímax, al momento cumbre del sexo: el orgasmo. Yo me vine primero, y lo hice sobre su culo y su espalda en un orgasmo intenso electrizante casi para desmayarme. Cuando terminé me tiré boca arriba y Gaby se seguía pajeando hasta que me preguntó “bebe, dónde quieres que me venga” y yo en medio de tanta pasión, sin dudarlo le pedí que se derramara en mi boca, poniéndome de rodillas con los pocos alientos que me quedaban, Gaby se paró y acerco su verga a mi cara mientras seguía pajeándose, yo lo detuve y se la cogí con mis dos manos, me la metí a la boca y empecé de nuevo a mamársela (aún con el cansancio de la mamada anterior) hasta que sentí su lechita caliente en mi boca, lo saque por un instante y su derrame siguió en mi cara hasta que no salió más, entonces se lo escurrí con chupaditas suaves hasta sacar la última gota.
Desde entonces mi amada Gaby y yo somos pareja, lo amo, lo adoro, estoy muy enamorado de él o mas bien de ella, porque se convierte en mujer para mí con lencería, vestidos sensuales y elegantes, zapatos de tacón alto, maquillaje, accesorios y todo lo que la haga ver como la hermosa mujercita que lleva en el alma, pero esas faenas serán relatos porteriores.








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1 comentario
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login EntrarQue caliente me dejaste con tu relato,espero con ansias el proximo