Una noche de tantas que he pasado con mi amada Gaby, le comenté una fantasía que me venía dando vueltas por mi mente desde hace varios días, y como yo no me guardo nada con mi pareja, hablamos del asunto. Digamos que mi Gaby esta más salidita del closet, yo en cambio he preferido quedarme encerrado allí, pues de por medio están aspectos como el social, laboral y familiar, y eso es algo que no he querido arriesgar.
Sin embargo esa noche le dije a mi amada Gaby que quería salir con ella, si con ella (les recuerdo que en realidad ella es Gabriel, un joven y hermoso transformista de quien les hablé en un relato anterior) pues todas las salidas juntos las he hecho con él sin transformarse en mujer, como dos simples conocidos y la transformación había sido sólo para nuestra intimidad. Gaby se quedó mirándome muy sorprendida y sencillamente no lo podía creer, tanto que hasta se estaba enojando con migo.
“No juegues así mi amor, sabes que ese es un sueño mío pero tú no te atreverías, eres muy cobarde para eso, así que no te atrevas a ilusionarme”.
En verdad, ella siempre quiso salir con migo transformada en lo que es: una hermosa mujercita, tomarnos algunos coctelitos, bailar, besarnos y abrazarnos como cualquier otra pareja, todo esto en un sitio público normal, pero honestamente el miedo a ser descubierto nunca me dejaba, hasta esa noche que no sé qué bicho raro me picó y deseaba infinitamente darle ese gustico al amor de mi vida, además se lo merecía por todo el incondicional amor que me demuestra de todas las maneras posibles. Estaba decidido, saldríamos esa noche fría de mi Manizales del alma.
Gaby se vistió y se maquilló de una manera sencilla, elegante y discreta, nada de atuendos llamativos o estrafalariamente sexys; peinó su cabello semilargo y natural hacia un lado y cogido con una hebilla blanca en forma de corazón, casi nada de base en su fino rostro, sombras rosadas opacas, un poquito de pestañina, labial rosado discreto, aretes, pulseras, blusa de manga larga blanca semitransparente, brasier blanco con senos postizos de látex para que se le notara algo en el pecho, saco negro estilo sastre, blue jean levanta-colas algo ajustado, zapatos negros cerrados de tacón no muy alto, y una bufanda para tapar su manzanita de adán que además le serviría de excusa para no hablar, como si estuviera afectada la garganta, pues aunque su voz es mas bien tierna y suave, se alcanza a notar que es fingida.
Aparentando estar armado de valor, salí con ella y caminamos por la avenida Santander cogidos de la mano hacia un bar de música romántica de los 80’s en la zona rosa de Manizales conocida como el cable. Yo sudaba petróleo y temblaba de los nervios mientras que Gaby me miraba y me retaba a seguir adelante. Me fui motivando un poco a medida que notaba que la gente pasaba y no reparaba, o mas bien parecía que no sospechaban nada en mi “mujer” pues para mi fortuna, Gaby tiene facciones muy delicadas y femeninas, pasando fácilmente por una mujer. Pero aun así yo seguía con algo de miedo.
Entramos a un bar retro (no era un bar gay, sino un bar normal con parejas y grupos heterosexuales, ese era precisamente el plan). Había cierta cantidad de gente y estaba a media luz, tomamos cocteles suaves, charlábamos, reíamos, eso si todo en voz muy baja para no delatarnos, nos besábamos, le dediqué varias canciones, en especial la que nos sube al cielo y más nos gusta escuchar juntos (cóncavo y convexo de Roberto Carlos) incluso salimos a bailar las pocas canciones de baile que sonaron en medio de las baladas, y más fue mi tranquilidad al observar que la gente a nuestro alrededor no se percataba de nada, salvo un señor que al menor descuido de la que yo creo era su esposa, le mandaba miradas a mi amada Gaby, eso al principio me incomodó y me llenó de celos, pero luego lo tomé como algo natural, al fin de cuentas, mi Gaby estaba sencillamente hermosa y radiante esa noche.
Terminada la música y llegada la hora de cerrar los establecimientos, Gaby me dijo “amor, vamos a casa”. Pagué lo que debía y salimos caminando hacia el parqueadero que quedaba a pocas calles, y en el trayecto paré tres veces para darle cada vez un abrazo bien amacizado y un apasionado y largo beso en la boca,en plena calle, tal y como era su fantasía, bajo la mirada de todos los que salían de los bares y discotecas del sector, nuevamente no noté nada, nadie hiso gestos de sospecha, nadie miró raro, nadie dudó de mi “mujer”.
Ya en el carro de vuelta a casa le propuse a mi amada Gaby un plan distinto: un motelazo, y Gaby no me dejó ni terminar la propuesta para hacerme una contrapropuesta: “mi amor, ya que esta noche es de fantasías hechas realidad, por qué mejor no me cumples otra; quiero hacer el amor sobre el capó del carro en una carretera, mejor dicho al aire libre”. Yo pensé que mi Gaby se había chiflado del todo, pero se me ocurrió que la idea estaba buenísima y sin pensarlo mucho la llevé hacia un sector llamado el cerro de oro, un lugar donde la gente va a rematar la rumba tomando y escuchando música en el carro y las parejas se adentran un poco más para hacer de las suyas en las partes oscuras.
Buscamos un sitio solito para los dos, y aún dentro del carro empezamos a besarnos apasionadamente en un tren de lengua que parecía que nos fuéramos a devorar vivos, y mientras nos besábamos aprovechábamos para manosearnos por todas partes, mientras que lentamente nos fuimos desabrochando algunas de nuestras prendas. Le desabroché la camisa a Gaby sin quitársela por completo, pues no quería dejar de verla con su sensual brasier y sus tetas que aunque postizas se le veían muy bien, además, esa pinta la hace ver muy sexy. Salí del carro y le dije que me esperara en su puesto, ella no entendió lo que yo quería hacer hasta que le abrí la puerta, la saqué cargada en mis brazos y la puse en el aún caliente capó del carro, sentada y bien abierta de piernas para recibirme en el medio y fundirnos en otro apasionado beso. Luego la recosté de espaldas y le quité los zapatos para facilitar la tarea de quitarle los jeans, lo cual hice rápidamente pues mi Gaby se quejó porque el capó del carro aún estaba algo caliente, aunque con la excitación y el frio de la noche la temperatura del capó ya era soportable. Le volví a poner sus tacones para verla mas provocativa y tiré los jeans al panorámico del carro (ella los enrolló y los puso de almohada para estar más cómoda).
Estábamos en nuestro abejorreo de calentamiento cuando en esas y sin darnos cuenta, apareció una patrulla de la policía (por el sector hay algunos condominios y los habitantes se quejan de la bulla de los carros y porque en ocasiones se han presentadopeleas de borrachos)mi Gaby y yo entramos en pánico ante semejante pillada, y la verdad, a mí se me vino el mundo abajo al pensar en que decir cuando se dieran cuenta quien era en verdad mi pareja. Como dicen en las películas: este es el fin. Yo me tiré encima de Gaby para tapar con mi cuerpo el “secretito” que mi “mujer” tiene entre las piernas y paralizado por el miedo me quedé mirando de reojo la patrulla.
Los policías nos alumbraron con una luz lateral de la sirena y nos miraron por un instante pero afortunadamente y para mi alivio, estos me salieron medio-decentes y no se detuvieron sino que dieron un giro rápido pues esa es una de las pocas partes anchas de la carretera, y sin mirar atrás se fueron. Uuuffff que descanso y que surte tan grande que no les dio por molestar.
Pasado el pequeño incidente de los policías, Mi amada Gaby y yo decidimos seguir cumpliendo nuestra fantasía, reincorporándome de nuevo inclinado frente a ella y entre sus piernas sosteniéndola con mis manos en sus nalgas, bajé desde su pecho dándole besitos hasta que llegué hasta su hermosa y deliciosa verga, la empecé a mamar a un ritmo suave y continuo, mientras ella se prendió de donde pudo con una mano, y con la otra me cogió la cabeza para dirigir la mamada a su antojo, noté que poco a poco me fue presionado para ir aumentando la velocidad. Para cambiar la dejé deslizar un poco hacia mí, hasta que sus muslos quedaron apoyados en mis hombros y así quedé con las manos libres para alternar la mamada con una rica y rítmica paja que la puso a gemir como una gata en celo, lo que aumentaba más mi excitación, variando con muchos pases de mi lengua alrededor de la cabeza de su dura y deliciosa verga. Así lo hice hasta que ya mi boca no daba más del cansancio, y al intentar parar Gaby me regaño y me cogió fuertemente del pelo metiéndome de nuevo la verga a mi adolorida boca “no se te ocurra despegarte preciso ahora que estoy que me vengo, mas bien alístate porque te voy a derramar toda mi leche. Sí, sí, sí, papi más, máaaaaaas máaaaaaas bebé aaaaahhhh” y fue ahí cuando sentí la venida caliente y por cierto muy abundante de su leche en mi boca. Toda, absolutamente toda su derramada, hasta la última gota quedó en mi boca, la que abrí mostrándole a mi amada Gaby toda su lechita ahí dentro, mientras yo la saboreaba y la repartía en toda mi cavidad bucal con la lengua para terminar tragándomela por completo. No se desperdició ni una gotica.
Terminado esto me pare de nuevo, la abracé y le di un besopara que alcanzara a sentir algo del sabor de su semen, nos susurramos palabras de amor al oído y Gaby me pidió que me quitara los pantalones y por supuesto yo obedecí encantado, eso sí, me puse de nuevo los tenis para mayor comodidad. En ese punto yo ya estaba a mil, mi verga estaba tan dura como las piedras del camino y mi Gaby mirándome a los ojos me dijo “no aguanto más, clávame mi amor, no me hagas esperar que ya estoy desesperada, clávame ya”. De inmediato tomé sus piernas y las abrí,y con una mano llevé mi verga hasta su apretadito y ansioso culo, clavándola hasta el fondo, y de un empujón tan fuerte que Gaby se estremeció del dolor (además no lo había lubricado) pero con la arrechera que teníamos no había otro remedio que seguir adelante en un mete y saca pausado y por ratos acelerado, mientras ella seguía retorciéndose, gimiendo y pidiéndome más y más. Yo de vez en cuando me agachaba para darle besitos y decirle “mamacita hermosa te amo, te adoro, eres el amor de mi vida” y para complementar, le besuqueaba y le lamia la parte interna de las piernas.
Estábamos en ese ajetreo cuando de repente sentimos que venía otro carro, aaahhh no puede ser, de nuevo el miedo de los dos, así que intenté detenerme pero que va, ya estábamos muy impulsados, así que entonces nos importó un rábano que nos pillaran, de todas maneras antes de pasar por nuestro lado la pareja del carro encontró un buen sitio para orillarse y empezar su propia faena, así que me tranquilicé más y seguí con mi tarea de clavar sin compasión al amor de mi vida, una y otra vez, sin parar de sentir el placer que me daba ese apretadito culo. A pesar del frio de la noche yo ya estaba empezando a sudar con tanto voleo, y eso excitaba mas a mi Gaby que no paraba de gemir, apretaba los dientes, se acariciaba por todas partes, se chupaba los dedos, luego pasaba la lengua por sus labios y hacía gestos de placer que me emocionaban cada vez más, tanto, que no pude contenerme más, llegando a un monumental y electrizante orgasmo que por poco me hace flaquear las piernas, viniéndome por completo dentro de su culito, uuuffff, que placer, que éxtasis tan infinito, las sensaciones que recorrieron todo mi cuerpo en ese momento eran indescriptibles y me dejaron totalmente exhausto. Gaby al ver mi cansancio se bajó del carro, se paró frente a mí abrazándome muy fuerte, llenándome de pequeños besitos en la boca, el cuello y las tetillas, luego me susurraba dulces palabras de amor al oído “te amo bebé, mi hombre, mi vida, mi cielo, eres mi todo, papacito” mientras yo le correspondía con frases del mismo estilo y le acariciaba la espalda y las nalgas. En esos instantes se nos olvidó que el mundo existía, se nos olvidó que alguien podría llegary vernosahí parados, abrazados y desnudos a campo abierto como si nada y con la ropa tirada sobre el panorámico del carro. Después de un rato nos vestimos y nos fuimos a dormir a mi apartamento, extenuados, más enamorados que al principio de la noche, y con la promesa de repetir esas salidas con más frecuencia.








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login EntrarHolaa. Me encanto ese relato y me puso a milll, y he tenido la fantasia de salir con otra vestidita de nena o las dos vestiditas de nenas o por el contrario que sea yo la que se vista de nena y me hagan disfrutar con ternura, cariño y amor como se lo hicieron a Gaby. Besossss