Sorprendido, la madura de cabinas me pilla y sonríe.
Tendría yo unos 27 años por ese entonces, estaba muy interesado en el exhibicionismo y había tenido ya dos intentos de regular satisfacción.
Me entere de la existencia de Las Cabinas del centro de Medellín, y no dude en conocerlas, un poco nervioso la primera ves por la novedad, al llegar me sorprendió la mini cortina para cubrir el cubículo en la espalda, y me desanime un poco pues tenia planeado disfrutar una pajita en un sitio público y tranquilo, con el tiempo entendí la dinámica y también que es un lugar principalmente gay, por lo que mis expectativas bajaron bastante, aún así visité en varias ocasiones el sitio, y fue entonces cuando ocurrió en ves de ser yo quien sorprendía termine gratamente sorprendido.
Era ya de madrugada, había pasado allí la noche y el sitio estaba muy tranquilo y con pocas personas, así que aproveche para hacerme una pajita con mayor comodidad, y baje mis pantalones más de lo normal, de pronto note movimiento cerca y me apresure a cubrirme, era una de las empleadas del lugar, una mujer madura de unos 48 años, estaba limpiando las cabinas vacías y creo que noto mi movimiento y supo que estaba haciendo, no dijo nada, limpió un poco y se fue.
Volví a concentrarme en la pajita y esta ves no me di cuenta en que momento llegó la mujer, sentí un toque en el hombro y voltee asustado, un escalofrío bajo por todo mi cuerpo al ver a esta mujer que corría un poco la mini cortina y me observaba con una cara serena.
Reaccione torpemente cubriéndome como pude al tiempo que me quitaba los audífonos, solo atine a decir –Ay! Que pena – creí que la mujer me reprocharía lo que yo hacía, pero para mi sorpresa simplemente sonrió y pude notar como su mirada se dirigía a mi entrepierna que apenas logré medio cubrir, era totalmente evidente mis pantalones a medio bajar. – Ya se acabó el tiempo que pidió, ¿quiere reservar más tiempo? Ya en ese momento la mujer había soltado la cortina pero continuaba parada tras de mi y miraba por el pequeño espacio que dejaba la cortina y la cabina, pero ya a mi cara. Le dije que reservaría más tiempo mientras intentaba sacar el dinero de mi bolsillo sin destaparme mucho, la mujer noto mi situación y nuevamente dejo escapar una leve risa entre burlona y picara, esto me tranquilizo un poco pues por lo menos no se sintió ofendida y por otro lado actuaba con total naturalidad y sin apuros, como si disfrutara la situación. Le entregue el dinero y esperaba que se fuera, pero continuó de pie tras la cortina, conto el dinero y me pregunto si quería tomar algo de la cafetería, le pedí café y le di las gracias, ella se retiro.
Sorprendido por la reacción de esta mujer, que vale la pena mencionarlo, había llamado mi atención pues tenia una tetas de muy buen tamaño y en ocasiones lucia unas camisetas un poquito escotadas, la sorpesa había logrado excitarme bastante, llevaba días intentando exhibirme a una mujer aparentando una situación accidental sin éxito y por fin acababa de ocurrir sin que yo lo planeara, tenía ganas de dejar mis pantalones a medio bajar para cuando ella volviera y exponerme abiertamente actuando con total naturalidad, pero pudo más el pudor, tan pronto sentí sus pasos acercarse volví a cubrirme aunque dejando ver que seguía con la pajita anteriormente interrumpida.
La mujer se quedo nuevamente tras la cortina mirando por el lado de la cortina y solo me habló para entregarme la devuelta y que en un momento traería el café, esto me dio ánimos para mi exhibición. Al parecer la mujer pretendía tener que hacer más visitas a mi cabina y más excusas para observar, pensé, así que me arme de valor, me relajé un poco, deje a medio bajar mis pantalones y me puse los audífonos bajando el volumen, cuando ella llegara con el café me haría el que no escucha y le daré más tiempo para que observe. Y así fue, escuché cuando la mujer llegó, estaba muy emocionado y un frio recorría mi cuerpo, ser consiente de que la mujer podía observarme plenamente más la aceptación de la situación que al parecer había por ambas partes me excitaba muchísimo, escuchaba como en varias ocasiones la mujer me llamaba, muchacho…, oiga…, joven… ella se tomaba su tiempo entre llamado y llamado, esperé unos cinco llamados y luego atendí sin cubrirme, de la manera más natural posible le recibí el café, y miraba su rostro para poder ver su reacción, esta ves no sonreía, pero si desviaba su mirada a mi pene en repetidas ocasiones, le agradecí sonriente y ella se fue, al rato note que había vuelto a sus labores de aseo y que continuaba limpiando cerca de mi cubículo, no lo podía creer, así que continué con mi exhibición esperando que cuando pasara pudiera ver todo lo que quisiera, ella limpió unos minutos más y se fue definitivamente.
Espero les guste, es algo sencillo pero con el picante de el relato real, tengo otras anecdotas sobre maduras, voyerismo y exhibicionismo con más acción, espero compartirlas pronto. Les agradezco comentarios o críticas.







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1 comentario
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login EntrarBien por voz, esa sensacion de que te miran es muy agradable, y por donde son esas cabina???