Han sido raras las ocasiones en que, en mi vida cotidiana, haya tenido un contacto homo erótico, ya que normalmente todo lo hago de forma virtual.
Esta, es una de esas raras ocasiones.
Desde el 2011 me sometí a un tratamiento para mejorar mi dentadura, y pasé por varios ortodoncistas porque no me gustaba como hacían su trabajo. En serio. Era sólo por como hacían su trabajo, no porque no me parecieran lindos o porque estuviera a la caza por alguien de ese campo. No soy así, ni me matan esa clase de fetiches.
Al fin encontré la persona ideal, me gustó como hizo su trabajo y desde ese momento seguí asistiendo al tratamiento con él. Coincidencialmente tiene el mismo nombre que yo. Mi doctor es un poco más bajito que yo, 1.80 cm de estatura, cuerpo grande, gordito proporcional, una cara muy simpática, y el resto da igual. Desde el primer momento que nos vimos, hubo una química tácita, algo ahí, sin nombre, una sensación extraña hacia él, algo que no quería aceptar, porque a pesar de las locas fantasías que uno puede llegara a tener, no quería contemplar la idea de ponerme en serio a coquetear, y que luego al salir algo mal, mi tratamiento se viera afectado. Siempre he pensado que cuando uno se involucra con personas que están haciendo algo por uno, luego la confianza se transforma en mediocridad, y eso es para problemas.
Así que nunca dije nada. Pero lo que siempre me sorprendía, eran los comentarios y el tono de mi doctor, siempre me molestaba porque me decía que yo si era mal geniado, que quien me tenía así...etc. A veces cuando me examinaba la boca se quedaba mirándome, no precisamente la boca, pero yo lo evitaba.
Sé que a veces se sobrepasaba, porque a veces, mientras estaba recostado en la silla, él me hacia cosquillas, y yo me hacia el bobo jeje, me sentía como el concentido de él. A veces se me acercaba demasiado. Siempre que iba a cita con él, veía que mientras a otros pacientes de él los mandaba a llamar la auxiliar, cuando era mi turno, él salía y me llamaba personalmente. Siempre el saludo era súper serio y formal.
Yo siempre sentí que él era gay. Cómo, no sé, no se puede explicar con total precisión por qué un hombre detecta que otro hombre es gay, simplemente uno lo sabe. Por más adornos que otros hombres se pongan para despistar (novias de pantalla, esposas, hijos, etc). Por su parte, siempre supe que era separado, y que tenía un hijo mayor que yo, y nunca le vi problema a eso. Ya que, como les digo, hasta ese momento, no pasaba más allá de coqueteos a veces un poco bobos por parte de él. Sé que durante un tiempo, él se cansó de que yo no le parara bolas, y él era serio y tosco, y a mí no me importaba, porque yo era peor, y entonces sólo me enfocaba en ser exigente con mi tratamiento y ser cansón y que él cumpliera con las órdenes que le daba. Jajaja Por lo visto nunca le molestó, y creo que le gustó el hecho de que no fuera como muchos, que se derriten ante figuras de autoridad, que son intensos, lanzados, insistentes y fastidiosos que sólo buscan que se los coman y Chao, porque eso es lo que normalmente sucede. Ciertas personas para evitar que las sigan fastidiando, les hacen la vuelta y luego si te vi, no me acuerdo.
En esos tres años yo tuve una relación, que prosperó al punto de llegar al compromiso de matrimonio, y yo usaba una espectacular banda en oro blanco de 10 k de la joyería Michael Hill, que aunque fuera algo simple, a mi me parecía hermosa por lo que significaba. Por eso en parte, siempre me negué a hacer cualquier cosa con mi doctor, y por eso lo evitaba. Mi doctor notó el anillo, y me decía que muy bonito, que felicitaciones.
Y creo que desde ese momento me tomó más en serio, que yo no era un tipejo cualquiera al que se lo pueden comer y chao. Mi compromiso no prosperó por diferentes motivos que no me interesa relatar en este espacio. El hecho es que había quedado soltero de nuevo.
Cuando finalizaba el 2013, mi tratamiento también ya estaba finalizando. Y en enero de 2014, mi doctor me estaba haciendo los últimos detalles.
El último día de mi tratamiento, el día que revelaría mi nueva sonrisa. Iba a ser un día en el que las cosas iban a cambiar. Pero no de la forma que me imaginé.
Quise darle las gracias a mi doctor por todo lo que había hecho, un cambio del cielo a la tierra en mi sonrisa. Así fue la pequeña conversación de aquel día. Mientras él estaba de espaldas firmando mi historia clínica, yo me encontraba detrás de él, sentado en la silla reclinable, calculando mis palabras:
- Doctor, quería darle las gracias por todo, por hacerme sonreír de nuevo con confianza.
El se voltea, me mira y me dice: - Nada más? Eso es todo?
Cuando me dijo eso, se me atragantó la garganta. No sabía que decir...
- Eh pues..no sé..no sabía...no quería...eh.. La verdad no quería decir nada por respeto, porque no quería problemas por...
- Una invitación a tomar algo basta, unos chocolates, que se yo...interrumpió él.
Yo estaba en shock ¿mi doctor, mi doctor, me estaba diciendo que lo invitara a salir?
Yo me compuse y le dije - perfecto, me parece buena idea, no había pensado en eso porque me imaginé que no tendría tiempo y estaría ocupado para salir conmigo.
- No tranquilo. Dijo él. - Déme su número y estamos hablando para ver cuando podemos salir.
Intercambiamos teléfonos, y mientras estábamos en eso, llegó una auxiliar, y mi doctor inmediatamente cambió el tema, lo cual me confirmó que él realmente estaba nervioso, que lo que había pasado era inusual, que era nuestro secreto.
Al otro día le di su chocolate, pero no hablamos de nada más. Días después, iba caminando por la calle mientras salía de mi trabajo, y vi cómo una camioneta empezaba a andar despacio a mi lado, y yo me asusté, y vi que un hombre miraba hacia mí desde la oscuridad de su carro, y yo me molesté, como llevaba mis audífonos, no escuché nada, y sólo lo miré horrible y seguí caminando. Sorpresivamente el tipo de la camioneta insistió, hasta que oí que gritaba mi nombre. Me quité los audífonos y miré de nuevo al hombre que estaba dentro de la camioneta. Cuando reconocí esa sonrisa picara, sentí pena. Era el doctor.
- Doctor!! Como le va!! Que pena no lo reconocí. No me quise acercar mucho al carro porque no quería pensar que me le quería montar, como muchos tipos gasolineros se mueren porque los paseen en camionetas. Cuando el doctor vio que yo no tenía intención de nada, me dijo, venga subase por favor, va para su casa? Y yo si, y él..ah bueno, yo vivo cerca, si quiere acompáñeme le muestro donde vivo. Me decía que yo era malo, que por qué era así con él, que por qué no lo había vuelto a llamar. Yo simplemente le dije que me daba pena. Que la verdad no sabía que decirle.
Fue una coincidencia de esas bonitas. Cuando llegamos a su apartamento, él detuvo la camioneta y hablamos un rato, no había sido un muy buen día para mí. Él me habló y me dio ánimos, y yo me sentí mejor. Me sentía como en las nubes. Me tocaba la pierna, y a mi de una vez se me tensaron los pantalones y yo veía que los de él también. Estaba muy sorprendido de todo lo que estaba pasando, y no me aguante, y le pregunté:
- Doctor, ¿usted hace lo mismo con otros tipos...que..le gustan?
- ¿cómo así?
- Sí, salir..hablar así como estamos hablando
- No, la verdad no. O sea, trato con ellos en el consultorio, pero por fuera del consultorio no, hace rato que no lo hacía con alguien, sólo con usted.
Cuando se iba a despedir, me dijo que le diera un abrazo, se lo di, y el muy tramposo corrió su cabeza y raspó su barba contra la mía y me dio un besito en la mejilla en un segundo. Yo me reía como un niño chiquito, y él me dijo: - queda pendiente la salida....
Llegó el día que salimos en serio. No sé si ese día la luna había cambiado de posición, si los planetas estaban desordenados en el universo, si era viernes 13 o que, pero no fue un buen día. No para lo que yo tenía pensado.
La verdad, yo tenía pesando una noche donde iríamos a comer algo ligero, y luego por unos traguitos...y luego de eso, que pasara lo que tuviera que pasar. En cambio, esa noche tuve que esperarlo media hora donde habíamos acordado encontrarnos, para acompañarlo a lavar la camioneta, sentarnos en unas sillas viejas de un lavadero de carros, y verlo concentrado en una novela...él no decía mucho. Y de lo único interesante que hablamos, fue de dientes...Cuando la camioneta estuvo lista, nos montamos y él dijo que me iba a llevar a mi casa. Íbamos por una calle y me dijo, paremos acá un ratico.
- Déme un abrazo, me pidió. Yo sé lo di, y nos quedamos abrazados por rato. Yo me separé y lo miré. Entonces no nos aguantamos más y empezamos a besarnos. Pero la verdad, fue uno de los besos con lengua más incómodos de mi vida hasta ahora. La verdad no me gustó PARA NADA como me besaba, su lengua se sentía rara, era demasiado brusco al besar, y créanme, a mi me encantan los besos bruscos apasionados. Pero bien dados, en este caso, era como si me estuviera golpeando contra algo. Él entonces sacó la verga de su uniforme, una verga morena, gorda, de muy buena tamaño, más grande que la mía. Y la verdad automáticamente sentí ganas de probarla. Cualquier cosa menos tener que volver a besarlo.
Él me hablaba sucio, me decía, venga papi pruebela, que yo sé que usted la quiere, chupemela papi...Y mientras yo sé la chupaba hambriento (ya que no había comido nada hasta ese momento) él se retorcía y murmuraba Uff si papasito, oh si! hacia rato había esperado este momento, yo sé que usted también quería. Y yo sin poder hablar con su verga en mi boca, sólo seguía disfrutando de ese pedazote de macho.
Quería que estando en la camioneta, me montara encima de él para penetrarme. Supuse que él ya se estaba volviendo loco mientras me metía su dedo en mi culo mientras yo se la chupaba. Pero yo le dije que no. Él no me había dado la noche que yo tenía pensada, pues él tampoco la tendría.
A mi me encanta que se vengan en mi boca, me acelera al orgasmo la idea de estar chupandosela a alguien y que se vengan ya sea en mi boca o en toda mi barba, en mi quijada. Pero tampoco quise darle ese placer a él, pero lo peor era que él quería venirse en mi camisa, o que le diera una de mis medias para venirse. O sea, ¿que pensaba ese tipo? ¿Que iba a entrar como si nada a mi casa con un pegote de semen en mi camisa y que todos lo vieran? O ¿que untara de semen mi zapato al volverme a poner la media, o untar las cosas que llevaba en mi bolso sólo porque él no quería venirse en sus bóxers? Honestamente me pareció muy egoísta, mala clase esa idea. Tanto para que al final se chorreara en todo su estómago peludo. - ¿Guevon y ahora que hago? Me preguntaba - ¿que hago? - Pues camina rápido cuando llegue a su casa y se cambia de una, le dije. La verdad a ese punto me importaba un culo su problema.
Confieso que de vez en cuando me masturbo pensando en él. Porque el momento en el que yo se la chupé fue delicioso, verlo regarse con toda esa leche caliente encima de su estómago y escuchar a ese macho gemir es algo que aún retumba en mi cabeza.
Luego llamó días después a saludar, pero al ver que a mi no me interesaba, no volvió a llamar. Fue una fantasía que si bien hasta cierto punto coincidió con la realidad, muy a mi sorpresa, también, tomó un giro inesperado muy feo, que me dejó insatisfecho y descontento.
Pero bueno, así pasó...gracias por leerme.








Comentarios
1 comentario
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login Entrarque buen relato, ami me pasa algo asi con mi sicologo y la verdad es que me encanta pero no soy capaz de insinuarme ni nada de eso pero me encanto tu relato. no es tipico fue muy realista.