“Como cuando la vida te sorprende, te hace parar de repente y te das cuenta que tal vez, no eres lo que habías creído.”
Antes de leer y si quiere entender lea el primer relato (suave y "poético") y después el segundo relato (fuerte y carnal).
Subía las escaleras con dificultad por el peso del equipo, sintiendo un olor suave de pintura y pensando la coincidencia y lo curioso de la situación.
Abrí la puerta con dificultad, buscamos unas mesas, las organizamos para quedar viendo en la misma dirección y después de una conversación vaga empezó la explicación. Entre comentarios de dos colegas que se entienden, de repente la miré directamente, sentí algo extraño y lejano, baje la mirada un poco y una ganas inmensas de besarla me inundaron. Lo imagine por un momento imperceptible y la reunión continuó sin mayores altercados morales.
Finalizó la reunión, recorrimos nuevamente el camino de llegada y al bajar las escaleras, un temblor pequeño me hizo recordar que al parecer era cierto aquello que había pensado hace casi 4 años, ese primer día en el trabajo
- Me gusta.
Con la certeza de saber que si alguien te gusta no significa nada más que eso, seguí bajando, realmente ya estoy muy viejo y cansado para estos dilemas morales – en realidad para casi todo - y no le di mayor importancia. El temblor llego de nuevo, esta vez todo se puso oscuro, abrí los ojos y de pronto me di cuenta que estaba sonando el teléfono.
Me levante de la cama pensando quien sería a esa hora. El celador un tanto molesto – tal vez lo habían despertado – me dice que hay alguien que me está buscando, me dice el nombre, pregunto su apellido y le pido que pase.
– es extraño, ¿Qué habrá pasado?, ¿Qué hace aquí?
Tocan la puerta suavemente, doy dos pasos cortos, miro quien es y ahí está. Abro la puerta con cara de sueño, me da una alegría extraña al verla, la abrazo y le pregunto:
- ¿Qué pasó?
- No tengo más a donde ir
Ambos sabíamos que mentía, sin embargo, note algo triste en su mirada y decidí no indagar más allá. Hace meses no hablábamos, a duras penas el saludo de un encuentro casual. Le pregunte por su vida, por su soledad y por algunas cosas de oficina. Era tarde, en realidad tenía sueño, le pregunte si quería acostarse y acepto. Solo tenía el sofá para ofrecerle, así que la acosté y me fui a dormir.
Pasaron unos minutos y empecé a escuchar ruidos, al parecer no podía dormir y se movía como si estuviera incomoda, salí, la vi y le pregunte si quería dormir en mi cama, yo dormiría en el sofá para que estuviera tranquila. Realmente fue a regañadientes esperando a que no aceptara, pero para mí desgracia acepto inmediatamente, se paró, me dio un beso en la mejilla y sin mediar más palabras se acostó.
Me acosté en el sofá, pasaron los minutos y me di cuenta que ya no podía dormir, busqué mi celular para leer algo y no estaba.
- Carajo, está en el cuarto.
Abrí la puerta despacio, no la quería despertar, vi una silueta extraña pero familiar, se movía, quede pasmado. Era ella con la cabeza perdida en el costado más lejano de la cama, sus piernas mirando hacia mí, sus manos moviendo la oscuridad y su sexo siendo atacado por los dedos más inquietos que haya visto.
Pasaron unos segundos, o minutos, empezó a gemir suavemente, levanto la cabeza y me vio. Un tanto desconcertada al verse descubierta, paro, puso sus manos en sus tetas, las apretó y abrió las piernas un poco más. Caminé lentamente, me cogí el cabello, quite mi camisa, me arrodille y empecé a chupar como si no lo hubiera hecho en años.
- Hace rato quería hacerlo
- ¿Desde cuándo?
No respondí. Esta salado, húmedo y después de unos minutos inundado. Siempre lo había querido en mi boca. Se retuerce un segundo, se sienta, me baja la pantaloneta de un solo movimiento, lo coge con fuerza y se lo mete hasta el fondo.
- Espera.
Saco un condón, lo pongo como puedo y se lo vuelvo a meter, cierro sus piernas y las pongo en mi hombro. Lo saco y la veo.
- Me encanta.
Se lo vuelvo a meter, lo saco, lo agarro y le empiezo a dar golpes, al comienzo suave, después fuerte y cuando menos se lo espera la atravieso lo más fuerte que puedo. Me gusta verla sufrir un poco, tiene muchas ganas, es como si quisiera desquitarse pero la hago esperar. Me gusta metérselo sin remordimientos, me gusta su cara y su boca cuando se lo meto. Otra vez me moja, la volteo, se arrodilla, se agacha, tomo sus muñecas y las pongo en su espalda, las sujeto con una mano y con la otra tomo su cadera, juego con ella y otra vez, cuando menos se lo espera, se lo meto con ganas, con fuerza, como si fuera la última vez.
Pasan unos minutos, se voltea, me acuesta en la cama y se empieza a clavar, se agacha y me susurra al oído.
- Tenía ganas de comerte. ¿ y tú ?
- Desde el primer día.
- ¿te gusto cogerme?
- Si, me encanta metértelo
Un sonido nos hace perder la conversación.
- es el celular
- La va a despertar!!!
Me paro rápido, entro al cuarto, ella está tratando de apagarlo y pienso -definitivamente esta hermosa-.
- Lo siento, se me olvido sacarlo.
Me lo entrega y al salir susurro.
- Definitivamente tengo que dejar de soñar despierto…
- Feliz noche.








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