Una De las fantasías mas frecuentes que los seres humanos hemos tenido en materia sexual, ha sido hacer el amor al aire libre. Precisamente eso era algo que quería hacer con mi novia Gaby (ya en un relato anterior les había contado que mi novia Gaby en realidad es un hermoso chico transformista) y la oportunidad se nos dio en un campamento que programamos a un lugar cercano a mi Manizales del alma llamando el kilómetro 41, en la vía que conduce a Medellín.
Salimos un viernes y la idea era estar todo el fin de semana a la orilla de un rio afluente al cauca, un lugar realmente paradisiaco. Llegamos a eso de las 5 de la tarde y empezamos a armar la carpa y a cuadrar lo del fogón y la comida. Como a las 9 de la noche ya todo estaba listo, así que nos dedicamos a charlar sentados frente a la leña prendida que quedó del fogón a manera de fogata. Yo estaba sentado en el suelo y Gaby se sentó entre mis piernas como en trencito, posición bastante cómoda y propicia para abrazar y manosear por todas las partes que uno desee, y claro eso fue precisamente lo que me dediqué a hacer por un buen rato. Como era de esperarse, las cosas se fueron calentando (esa era mi intención) así que Gaby en su posición volteo la cabeza y nos fundimos en un apasionado y largo beso, uno de esos besos que más parecen un intento por devorarse a la otra persona, y sin la mínima intención de detenernos en nuestro beso, nos empezamos a manosear por todas partes: la cara, el pecho, las piernas y por supuesto las vergas, que sobra decirlo ya en ese punto estaban tan duras como el acero más templado. Pasados tan sólo unos minutos de ese calentamiento, era la hora del plato fuerte; la culiada que por tanto tiempo había deseado. Le quite la poquita ropita que tenía, casi que se la arranque como si yo fuera el más salvaje de los violadores y mi hermosa Gaby mi pobre víctima, notando que esto en realidad lo estaba excitando mas de la cuenta, y aclarando que mi novio(a) no se quedó atrás, pues en un desespero por ser poseída rápidamente se apuró a desnudarme también. Ya desnudos y arrechos a más no poder, nos unimos en un fuerte abrazo restregándonos las vergas una contra la otra como si se trataran de aplastar mutuamente, mientras no dejábamos de besarnos. De ahí pasamos a hacer un delicioso 69 que llevamos hasta el cansancio, con besos, pasadas de lengua y algo que me excita mucho hacer, acariciaba mi cara con su verga, todo esto hasta que nuestras bocas quedaron bien cansadas de mamar. Una vez listos, Gaby se tiró boca arriba sobre un poncho, y yo me ubiqué en medio de sus piernas buscando su delicado y apretado culito para clavarle mi dura verga hasta el fondo, con cierta delicadeza pues no estábamos usando lubricante, lo que provocó en mi Gaby un gemido entre placer y dolor que me excito aún más de lo que estaba, empezando mis embestidas a un ritmo lento pero constante. Luego pasamos a hacerlo a lo perrito; Gaby en cuatro y yo de rodillas por detrás dándole sin parar. Después yo me acosté en el suelo y Gaby se sentó en mi verga clavándosela hasta la base y haciendo cuclillas que me hacían sentir en la gloria, mirándome con una cara de lujuria que demostraba el placer por el que estaba pasando en ese momento, agachándose de vez en cuando para darnos apasionados besos en la boca y decirnos unas cuantas morbosidades y mientras hacíamos todo esto, mi Gaby se hacía un apasionado pajazo al que cada vez le ponía más velocidad. Después de tanto ajetreo inevitablemente me vine, y lo hice dentro del culito de Gaby derramándole hasta la última gota. Mientras yo sentía los últimos espasmos de mi venida, Gaby continuo con su pajazo hasta venirse sobre mí, retorciendo sus ojitos de placer, quedando exhaustos y extasiados como queríamos los dos, sin alientos de nada mas, Gaby acostado sobre mi respirando fuerte y suspirando de placer y yo súper relajado como consecuencia del fuerte orgasmo que tuve. Después de unos minutos tirados en la hierba mirando las estrellas y obsequiándonos caricias y besitos uno a otro, ya solo nos quedaba irnos a la carpa y acostarnos haciendo cucharita, y expresándonos al oído todo el amor que nos tenemos el uno al otro hasta quedarnos dormidos.








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