En aquella noche, luego de unos pocos tragos de licor con mis compañeros y de una agotadora jornada laboral en la semana, me marchaba hacia mi apartamento para descansar.
Cerca había un bar donde se reunían muchos estudiantes y aquel viernes no era la excepción.
De paso, me provocó entrar y ante tanta concurrencia, sólo encontré un asiento con una mesa, cerca de un rincón y debajo de unas escalas.
Pedí una cerveza y mientras la tomaba, alcancé a ver a una esplendorosa y despampanante rubia, extrañamente sola tomando un trago de ron. No cesaba de mirarme y entonces también me concentré en observarla.
Pedí a la niña que atendía que por favor llevara media botella de ron a la niña en mención y misteriosamente me sonrió, pero atendió mi pedido.
Una vez la rubia, fue atendida, la mesera se arrimó a mí y me dio la razón de agradecimiento y que si podía acompañarla que estaba sola.
Inmediatamente me senté a su lado y comenzamos a departir.
De nuestras ocupaciones, de los hobbies y gustos, pasamos a temas algo más íntimos y los traguitos fueron liberando aquellas prevenciones que flotan durante un primer y fortuito encuentro.
Terminamos tomándonos d la mano, y brindándonos unos furtivos pero cálidos besos.
Para no alargar más la historia, ya avanzada la madrugada, decidimos ir comprar otra botella de ron y nos dirigimos a mi apartamento.
Colocamos música suave y en la habitación dispuse de un suave juego de iluminación de luces giratorias que daban un toque de intimidad sensual.
Los besos continuaron cada vez más cálidos y apasionados, con estrechos abrazos y tocadas por todos nuestros cuerpos.
Ella, Selene era su nombre, me desnudó y bajó con su boca, recorriendo todo mi cuerpo con ricas lamidas, hasta llegar a mi verga, caliente y dura, con una incipiente humedad en el glande de tanta excitación que tenía.
Me lo mamó tan rico como nunca me lo habían hecho.
Comencé a desnudarla también y me encontré con unos pechos jamás vistos, unos pezones duritos y hermosos, bajé lentamente por su cuerpo a medida que iba quitando las prendas.
Pero no me permitía quitarle el panty, una seductora y diminuta prenda.
Ante mi reclamo, me sugirió que apagáramos la luz y que ella quería que la penetrara desde atrás, estando en la posición de “perrito”.
Accedí y al tratar de penetrarla, me sugirió que le comiera el culito, lo cual me excitó más aún y al tratar de ajustarla más a mi cuerpo, al tomarla de la cadera para atraerla hacia mí, mi mano alcanzó a palpar un enorme bulto entre sus piernas.
Ya no había qué hacer. Normalicé la iluminación, ella se recostó boca arriba y sin tapujos, dejó ver una descomunal verga.
Era una travesti. Hermosa, provocativa… preciosa!
Me deslumbró su sensualidad y no por efectos del licor si no por iniciativa y gusto propio, me apoderé de esa verga hermosa, la tomé a dos manos y comencé con un rítmico masaje de sube y baja por todo ese maravilloso tronco.
Entonces me atrajo hacia sí y me acomodó sobre ella, de tal manera que estábamos en la posición del 69.
Una deliciosa mamada mutua, con paja incluida, deliciosa, con lamidas y besos y chupadas… deliciosas e irresistibles.
Los gemidos aumentaron, el ritmo se aceleró, haciéndose más violento cada vez, hasta quedar simultáneamente rígidos nuestros cuerpos y nuestras bocas llenas de semen.
Sencillamente espectacular y maravilloso. Nunca había sentido tanto placer.
Nos besamos intensamente en la boca, nos tomamos de la mano y fuimos a la cocina a preparar algo de comida antes de dormir hasta el otro día, que inició con otro maravilloso regalo del sexo que luego, si les gustó este relato, les comentaré.







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login EntrarDale interesante sorpresa, continúa.