Tengo la costumbre de ir, no con mucha frecuencia, a un sauna en el centro de la ciudad. Aunque el tiempo no perdona y no tengo el mismo cuerpo de antes, trato de conservarlo y aún me siento orgulloso de él y me gusta sentirme observado.
Esa tarde, estaba bien arrecho, con ganas de un buen orgasmo y con todos los juguetes. Entre al lugar y como siempre la cordialidad de las personas que allí laboraban. Me desnudé, guardé mi ropa y me envolví en la toalla, y como es mi costumbre miré los casilleros para hacerme una idea de que tantas personas habían allí y noté que podrían haber unas 12 o 15, esto me auguraba una buena tarde.
Optimista me dirigí inicialmente a la salita de TV porno, habían dos muchachos de aproximadamente 22 a 25 años, sentados uno al lado del otro mirando la película y al otro lado un hombre como de mi edad. Me senté un momento y al ver que nada sucedía, me fui para el sauna y allí habían dos hombres, sentados, diagonalmente, cada uno en un rincón, uno de ellos con la cabeza ligeramente echada hacia atrás y con las piernas algo abiertas, el otro lo miraba insistentemente. Opté por sentarme en el otro rincón dándole el frente a “mirón” quien miró mi entrepierna, pero no pudo ver nada. Es de anotar que mantengo mi zona íntima perfectamente rasurada y así me gustan las demás. Pues bien, el “mirón”, al que llamaré Carlos, un hombre de unos 45 o 50 años, blanco, algo velludo, pero no mucho y algo barrigón y ya empezando a caérsele el cabello; y al otro José: blanco, lampiño un poco más acuerpado que Carlos y con unos muslos gruesos. Me recosté contra el muro frente a Carlos, con mis piernas extendidas y cruzadas, pero no podía ver nada aún. José salió del sauna, Carlos, no despegaba su mirada de la pequeña ventana de cristal que había en la puerta y al momento regresó todo mojado, pues se había dado una ducha. Yo también salí y sabiéndome observado, me despojé de mi toalla y completamente desnudo sentí la mirada de Carlos sobre mi cuerpo, lo tomé con calma y entre al sauna secando mi cuerpo con la toalla. Carlos quería comerme con sus ojos lo que hizo que me excitara un poco y sentí mi verga crecer. A José no lo había visto y cuando me percaté, se estaba dando un festín visual con mis nalgas. Volví a cubrirme con la toalla y retorné a mi lugar, pero en esta ocasión, la toalla estaba un poco más suelta, lo que me permitió abrir las piernas un poco más y Carlos lo notó de inmediato. Como el calor estaba algo fuerte para mí, salí por un rato, me fumé un cigarrillo y volví. Al abrir la puerta, ¡Qué veo! : José parado en uno de los escalones del sauna, completamente desnudo y Carlos agachado, con su cara pegada a la pelvis de José. Al sentirme entrar, se sobresaltaron y dejaron lo que estaban haciendo por un momento. Volví a mi lugar y me despojé de la toalla, Carlos me miró por un momento y luego miro a su compañero, que no había atinado a cubrirse, así pude ver esa belleza de verga: completamente rasurada, erguida y de tamaño normal y unas grandes bolas. Carlos continuaba cubierto con la toalla. José tomo con sus manos la cabeza de su compañero, y mientras me miraba maliciosamente, la llevó a su pelvis. Carlos tomo con su mano esa hermosa verga y la volvió a meter en su boca, yo mientras esto sucedía, me acariciaba mi dura verga. José me invitó a su lado con una mirada, a la que acudí presuroso. Carlos, notó mi presencia y de inmediato tomo mi verga y la metió en su boca. ¡Qué delicia! El tipo sabía lo que estaba haciendo. José se bajó al piso y con su vega en la mano, miraba el espectáculo, le quitó la toalla a Carlos, le acarició las nalgas y luego pegó su pelvis, ante esto, el se enderezó y se volvió hacia él. Yo me bajé también y entre los dos comenzaron a acariciarme, uno se pego de mis tetillas y el otro de mi verga, ¡Qué sensación tan maravillosa! José acariciaba mis bolas, mientras las manos de Carlos acariciaban mis nalgas, buscando con sus dedos mi culito, luego metió su cara entre mis nalgas, buscándolo ya con su lengua, a lo que yo, abrí más mis piernas para darle cabida y proyecté mis nalgas hacia atrás para facilitarle su labor, lo que dificultó un poco la labor de José. Abandonó mi verga y se paró frente a mí, puso esa hermosa verga ante mis ojos. La tentación era muy fuerte para no caer en ella, así que la tomé con mi mano, la acaricié suavemente por unos instantes, la metí en mi boca, mientras que sentía la lengua de Carlos, lamer y tratar de entrar en mi apretado culito. Como un impulso incontrolable, mi boca se dirigió a la cabeza de esa rica verga que tenía en mi mano y pude sentir la delicada suavidad de su piel. Estaba dura, deliciosa. Ahora sentía como Carlos, sin abandonar su deliciosa labor oral, acariciaba mis bolas y luego sacudía mi dura verga con movimientos masturbatorios. De repente, el caos: sentimos que alguien abrió la puerta y nos sorprendió. Cada uno de nosotros nos retiramos a nuestros puestos y el HP entrometido se sentó y se acomodó, como queriendo ver el show. Miré a mis compañeros y los dos tenían cara de disgusto, así como yo. Uno a uno fuimos saliendo del pequeño salón. Me dirigí al bar y una vez allí me tome una cerveza y me fume un cigarrillo, cuando ya estaba terminando, apareció José, se me acercó y comentamos lo mal que había terminado nuestro encuentro. Pedimos otra cerveza y ahora el que llego fue Carlos y los tres nos pusimos a charlar agradablemente por un rato. Alguien sugirió que deberíamos ir a uno de los cuartos, pero a mí la idea no me gustó, tendremos otra oportunidad. Fuimos un momento al turco, donde reinaba una oscuridad absoluta, no veíamos nada, solo escuchamos los gemidos de alguien que en ese momento estaba sufriendo el dulce tormento de un orgasmo. Alguien pasó frente a nosotros y salió del turco. Carlos también salió y los dos los seguimos. Afuera, en la ducha había un muchacho de unos 20 a 22 años, bañándose completamente desnudo y con una hermosa, larga y rasurada verga enrojecida, nos miramos y los tres hicimos un gesto de aprobación. Volvimos al sauna, estaban allí dos muchachos, jóvenes, uno blanco y el otro un poco mas moreno, acuerpado; el primero sentado acariciándole la espalda al otro que yacía boca-abajo, mirando a la pared. No le dieron importancia a nuestra presencia y siguieron como si no existiéramos. Los tres nos sentamos juntos, yo en el medio, y retirados de los muchachos. Carlos, más osado, comenzó a acariciarme los muslos por la parte interna, mi verga comenzaba a crecer y la sentía un poco incómoda por la toalla, así que me desanudé la toalla, claro, mi verga a medio parar quedó expuesta, oportunidad que no perdió el muchacho para observarla detenidamente, se pasó la lengua por los labios mientras me miraba. Volví la toalla a su lugar, aunque el nudo quedo muy flojo. Abrí un poco más mis piernas para darle facilidad a Carlos de continuar con sus caricias. Descaradamente Carlos me despojo de mi toalla, tomó mi verga y la sacudió, enseñándosela al muchacho que no quitaba sus ojos de nosotros. Pude ver como, con un leve empujón, llamaba la atención de su compañero y este reaccionó y también comenzó a mirarnos. Me tomó la pierna y la puso sobre sus muslos, a lo que, todas mis partes íntimas quedaron al descubierto. Comenzó a acariciarme desde mi culito, luego mis bolas y mi verga, la que tomo por la base y comenzó a sacudirla violentamente de un lado a otro de una forma deliciosa. Los muchachos me miraban o, más bien miraban mi entrepierna, José tomo mi otra pierna y quedé abierto de par en par y Carlos comenzó a masturbarme, pero solo lo hizo por unos breves instantes, pues cerró mis piernas y me cubrió nuevamente con la toalla, como queriendo decirle a los muchachos: “ahora les toca a ustedes”. El moreno, que era el que estaba acostado, se incorporó, invitó a su amigo a ponerse de pie y lo desnudó por completo, tomo su verga dura, nos la enseñó y se la metió a la boca, el muchacho nos miraba con deleite. Puso a su compañero exactamente dándonos la espalda y también le quitó la toalla. ¡Que belleza de nalgas! Sin dejar de mamar, abrió las piernas y pudimos ver claramente sus huevas colgando, entonces con sus manos se abrió los cachetes de sus nalgas para enseñarnos, impúdicamente su lindo y tierno culito. José ya estaba desnudo, acariciándose su dura verga, mientras disfrutaba del espectáculo, lo mismo que Carlos. Era la primera vez que yo veía su verga, no era la maravilla, empezando por que no la tenía rasurada. Carlos se adelantó y trató de tocar las nalgas del muchacho, pero fue rechazado cortésmente. Ante esto, se paró frente a mi comenzó a mamármela deliciosamente, vi como proyectaba sus nalgas para que el muchacho también pudiera verle su culo, ocasión que aprovechó José para parase detrás de él y acariciarle las nalgas y luego el culo, y no supe cuando ni de dónde se puso un condón. Tomó su chimbo y lo deslizo suavemente por la mitad de las nalgas de Carlos, como pidiendo permiso para entrar, y al notar que no oponía ningún tipo de resistencia, más bien aceptación, pues proyectó un poco más sus nalgas, suavemente lo fue introduciendo, muy lentamente, a lo que Carlos respondió con un ahogado gemido instante en el que sentí que comenzó a mamar con más vehemencia. Los muchachos se habían sentado a observarnos: el blanco en todo el rincón y el moreno a su lado, ambos con sus vergas en la mano, masturbándose. Luego el moreno al ver la verga de su amigo, completamente dura, le indicó que se recostara un poco más, se paró dándonos el frente, abrió las piernas y puso una a sobre el escaño en el que estaba recostado su compañero. Por la posición que tenían, pude ver claramente como la verga del muchacho se introducía lenta y suavemente por el lindo culito del morenito, al cual, la verga ya se le había caído un poco. Lo miré, y con un gesto me invitó a mamárselo, invitación imposible de rechazar. Me retiré de mi rico mamador, fui y tomé su preciosa verga con una mano, la acaricié un poco y luego me la metí en mi boca, algo flácida comencé a lamérsela y a chupársela, mientras con mis manos le acariciaba las bolas, sintiendo como la verga de su amigo entraba y salía de su culito. Escuchaba los gemidos de José y Carlos y esto me excitaba aún más, mi verga seguía dura. Hasta que no sentí la verga del morenito completamente dura, no me retiré. Pero ¿ahora qué haré? Carlos ensartado por José, y los otros dos en la misma situación, quedaba yo solo. Opté por sentarme en un rincón desde donde podía tener una buena panorámica y dedicarme a observar. Estaba tan cargada la atmósfera de sexo, que no pude resistir la tentación de masturbarme, abrí mis piernas cuanto pude, para que mis amigos también disfrutaran de mi show y lentamente comencé mis movimientos, suspendiéndolos de vez en cuando y retirando mis manos para que ellos pudieran ver mi verga en todo su esplendor. Ya estaba a punto de coronar mi orgasmo, cuando Carlos me llamo y me insinuó que me la quería mamar, acepté. Me senté en uno de los escaños cerca de él, donde le quedara cómodo, debido a su posición. Le ofrecí mi verga y de inmediato comenzó a mamármela. Escuche los gemidos del muchacho, como se venía dentro de su compañero, vi su cara como adquiría una mueca de sumo placer, su cuerpo se tensionó completamente, adelantó su pelvis, metiendo su verga hasta lo más profundo del culo de su compañero “¡Uy, que chimbaaaaah, me vengoooo!” gritaba. El morenito sintió los ríos de semen que corrían en el interior de su culo y soportó con placer el orgasmo de su compañero, aunque su verga yacía un poco flácida. José, estaba en las mismas, este gimió más quedo, pero su rostro se transformó en un gesto de infinito placer. Sólo faltaba el mío, la boca de Carlos en mi verga, hacía maravillas, de pronto sentí como mi orgasmo llegaba y trate de retirar mi verga, para que no le cayera en la boca, pero él me tomó por las nalgas y me lo impidió. Mi orgasmo vino. Sentí corrientazos que me recorrían todo el cuerpo, mi cuerpo se puso rígido y de mi verga salían chorros de leche que caían directamente a la boca de Carlos. Cuando el orgasmo llegó a su fin, Carlos puso sus labios en toda la puntita de mi verga y sorbió hasta la última gota de mi preciosa lechita.
Los muchachos salieron del sauna seguidos por Carlos, que aún conservaba mi semen en su boca. Supongo que fue a deshacerse de el en un baño. José se quedó un momento conmigo, ambos desfallecidos, y me dijo que tenía que hablar conmigo, pero sin Carlos.
Éste volvió y se despidió muy amablemente, agradeciéndonos por el rato.
José y yo fuimos al bar, me invitó una cerveza y me dijo que tenía una amiga que quería verlo con otro hombre, le dije que me encantaría pero que a mí no me gustaba que me penetraran, lo que él aceptó. Los dos salimos del sauna.







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