Después de un largo día de trabajo el reloj ya marcaba las diez de la noche, ¡Por fin!, era momento de salir y tomar rumbo a casa. Realmente no habían planes diferentes a ese: Ir a casa, comer, ver tv un rato y dormir, por fin poder descansar.
Al salir me encuentro con un clima no muy amistoso, bastante lluvia, bastante frío, igual tenía que salir, estaba agotado.
Desde mi trabajo hasta la parada de bus donde habitualmente esperaba habían poco más de 15 minutos, me fui tranquilo, sin prisa, pensando en todo y a la vez en nada, solo divagaba. Llego a la parada y veo que no hay gente esperando bus, estoy solo en medio de la oscuridad, la niebla y la lluvia, lluvia que incrementó en el preciso momento en que llegué.
Probablemente por cosas del clima no había mucho flujo vehicular, en ese momento entendí que mi espera tomaría tiempo, sería mejor relajarme y ser paciente. Afortunadamente no pasó mucho tiempo para que apareciera él; frente a mí se detiene un taxi que al tomarme desprevenido y en medio de esa soledad logró asustarme, discretamente me pregunta para donde voy, le respondo titubeando a lo que él responde: 'Súbase yo lo llevo, que se va a quedar ahí mojándose', no lo pensé dos veces porque claramente el conductor me había encantado! Aunque no lo manifesté, siempre fui muy prudente.
¿Que cómo era él? Un hombre grande, de cabello negro, brazos fuertes que se marcaban con su camisa ajustada, una sonrisa bastante coqueta y una picardía al hablar que seducía al instante.
En el camino las preguntas que llevaron todo a otro nivel no se hicieron esperar: ¿Y tenés novia? Mi respuesta claramente fue un no con una sonrisa en la cara, a esa respuesta la siguió otra pregunta: ¿Y por qué un man tan pinta como vos no tiene novia? (Ahí supe para donde iba la cosa y como buen morboso y coqueto que soy no iba a dejar pasar así el momento) Le respondí: No, es mejor estar solito para poder disfrutar y curiosear. Eso lo llevó a contarme que a él también le gustaba curiosear, lo que me despertó todas las negras intenciones. Aclaro que para ese momento ya tenía una erección lo suficientemente fuerte y que la humedad en mi entrepierna podía sentirse.
Cuidadosamente puso su mano en mi muslo, mis manos inquietas no pudieron quedarse quietas y buscaron el suyo, yendo un poco más arriba. Llegué a su pene, lo tenía duro como una piedra y sin dudarlo me lo ofreció; abrí el jean que llevaba puesto, bajé su cremallera y ¡Oh sorpresa! un trozo de carne grueso y de unos 22cm apareció ante mí. No pude contenerme! Sentí una necesidad de admirarlo, de acariciarlo, incluso de besarlo y lamerlo.
El señor taxista ya bastante excitado por como mis manos lo tocaban me miró con deseo y me dijo susurrando: 'Es suyo, hágale lo que quiera', decidí no contenerme más, me puse cómodo y lo llevé a mi boca. Pude sentir como de su pene duro fluía un líquido espeso y caliente, pude sentir el palpitar de su corazón a través de sus venas, pude sentir su calor, mi saliva mezclada con su líquido pre seminal hacían una combinación perfecta; fue un momento de mucha humedad. Sentía como gemía cada vez que mi lengua subía y bajaba por su pene, utilicé todas mis armas para proporcionarle el mejor sexo oral de su vida. Me tomaba por el cuello y entre gemidos me pedía que no me detuviera, que le diera más... Así paso el tiempo hasta que una ola de semen se depositó en mi boca: Caliente, espeso, pude sentir incluso lo dulce que era, con mi lengua recogí hasta la última gota que quedara, me levanté y lo miré, me tomó del cuello y me besó tan apasionadamente que no le importó llevarse rastros de su propio semen. Me agradeció diciéndome que nunca le habían hecho algo similar, nunca una boca le había dado tanto placer, estaba extasiado, definitivamente ambos queríamos más.
Tuvimos un momento de tanta gloria, nos perdimos tanto en la excitación del momento que no importó hasta donde llegamos en su carro, porque él jamás dejó de manejar. Retomamos el camino porque él quería llevarme a mi casa y en el trayecto me pidió el número, encantado se lo daría, yo quería repetir la experiencia! (...Y así fue, pero esa será la historia de otro relato).
Finalmente llegamos a mi destino, curiosamente ya no llovía, el clima había mejorado considerablemente. Así fue como una noche cualquiera, una noche que parecía no ser distinta al resto se convirtió en una noche de lujuria, una noche de placer con un completo desconocido, pero que se convertiría en una de las mejores experiencias de mi vida.







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1 comentario
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login EntrarMuy bacano el relato, me arrechó mucho, rico tomar ese taxi