Un encuentro clandestino en un café, el aire estaba inundado de nerviosismo, ansiedad y a la vez de una lujuria incontrolable. Era una chica especial, muy especial, sus ojos atravesaban mi mirada, su voz era tan sensual......
Ella tomo mis manos entre las suyas porque se dio cuenta que temblaban, en ese momento el corazón se me quiso salir, mis manos comenzaron a sudar y sus caricias fueron como un bálsamo que me comenzó a tranquilizar. Nuevamente su mirada me desnudó y fue entonces cuando las dos sentimos esa conexión que hizo que yo dijera que sí, tomamos un taxi que nos dirigió a donde podíamos tener la intimidad que siempre habíamos esperado.
Entramos al sitio algo desubicadas hasta que un dependiente nos dirigió y quedamos luego solas ardiendo de pasión, las caricias y los besos nos inundaron, hubiera querido desnudarla lentamente pero nuestro erotismo nos lo impidió, solo sé que en menos de nada ella estaba dándome un placer inexplicable, mis orgasmos comenzaron a inundar aquel cuarto cómplice que hizo realidad un sueño.
..... Nos despedimos, aquel maravilloso sueño tenía que terminar abruptamente, cada una tenía que volver al mundo real, a su mundo, con la piel aun hirviendo de placer nos abrazamos sin querer irnos, viéndonos fijamente a los ojos y diciéndonos de todo con la mirada.
Un abrazo de despedida para sentir por un instante más la cercanía de nuestros cuerpos, prolongando por segundos aquel adios que ninguna quería decir, pero con la convicción de un querer un encuentro nuevamente.







Comentarios
2 comentarios
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login EntrarQué delicia. ¿Me dejan ser cómplice?
Wow, en tan poco recordé tanto de ese corto, pero rico encuentro que tuvimos. Mua!