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Relato de comunidad Transexualesschedule 8 min de lectura calendar_today Mayo de 2016

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Desde siempre he sentido que algo raro había en mí. Ahora, a mis 32 años soy quien realmente siempre he querido ser. Soy Eva; pero no siempre fuí Eva. Hubo un tiempo en el que fuí Iván. Me gustaba el carnaval porque podía vestirme como quería, hasta maquillarme incluso, cosa que, a mis 15....

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Desde siempre he sentido que algo raro había en mí. Ahora, a mis 32 años soy quien realmente siempre he querido ser. Soy Eva; pero no siempre fuí Eva. Hubo un tiempo en el que fuí Iván. Me gustaba el carnaval porque podía vestirme como quería, hasta maquillarme incluso, cosa que, a mis 15 años me hacía mucha ilusión.

Fue ese carnaval cuando tuve mi primer contacto con el sexo. No fue un día caluroso, pero aún así, me disfracé de prostituta. Me hice de una minifalda en un rastrillo, también de unas medias de malla y de una camiseta de mangas muy cortas. Compré una peluca de color verde. Los zapatos y el maquillaje me los dejó mi madre; y de mi ropero cogí una chaqueta. Así que, con esa facha salí de casa ese día. Zapatos, medias y chaqueta negros, minifalda roja, camiseta negra y peluca verde. Al salir de casa mi madre me dió un bolso para que pudiera llevar la cartera y las llaves. El complemento perfecto. Quedamos los amigos del barrio en el patio a eso de las seis de la tarde. Unos iban vestidos de obreros de la construcción, otros de pirata. Había tres amigas que iban disfrazadas de la palabra LOL. Nos morimos de la risa cuando aparecieron. Todos éramos amigos del barrio, pero ese año vino el primo de David, que se llamaba Juan, y que tenía por aquel entonces 18 años. Nos pareció muy mayor, aunque no todos los del barrio teníamos la misma edad, alguien con 18 años, cuando tienes 15, te parece mayor. Su disfraz de mejicano, con una manta y un gorro bien grande quedó eclipsado cuando David nos dijo que tenía coche. Yo no sé qué pasó, pero me sentí bastante atraído por Juan. Pensé que sería por el hecho de ser mayor. Tampoco le di mucha importancia.

Empezamos la tarde yendo a la zona de copas. Aunque ahora pienso que éramos unos críos, en aquel entonces nos creíamos lo bastante mayores para ir a bares y beber cerveza. Incluso hasta para fumar algún cigarrillo si caía en nuestras manos. Jugábamos a diversos juegos de dados para hacerlo más ameno. Podíamos vasos grandes para que nos saliera la borrachera más barata. Al ser un día especial, me dejaron llegar hasta tarde, aunque no me especificaron la hora. Así que, no me preocupé por si me emborrachaba mucho o no. Habría tiempo de volver a casa y despejarse por el camino. No todos mis amigos tuvieron la misma suerte, y a eso de las doce de la noche ya solo quedamos David, Juan, Mónica y yo. No sé cómo ocurrió ni cuándo, pero, de repente, David y Mónica desaparecieron. Días después me enteré de que se habían encontrado con compañeros de clase y se habían marchado con ellos, dejándonos a Juan y a mi solos. Tampoco me importó, Juan me cayó muy bien y seguimos bebiendo. Debía de estar muy borracho, porque cuando iba al baño andaba yo toda sexy por el bar y lanzando besos a Juan.

Estando ya en el enésimo bar, al levantarme de la silla en la mesa en la que estábamos me caí al suelo y casi me rompo un tobillo. Por suerte no pasó nada, pero me empezó a doler. Juan decidió que era el momento de volver a casa. Así que, a regañadientes partimos a casa. Apenas podía andar, así que, íbamos abrazados. Era más alto que yo, casi una cabeza me sacaba, y era bastante más fuerte que yo, por lo que me llevaba prácticamente él en volandas. Yo me agarraba a su cintura y acercaba mi cabeza a su brazo. La verdad que, aunque estaba borracho, todavía sabía lo que hacía, y lo que hacía era deslizar hacia abajo mi mano para tocar ese culito duro. No pensaba en lo que estaba haciendo realmente. Simplemente lo hacía. Juan no oponía resistencia, es más. En un par de veces que casi me caigo me agarró de la cintura y también se deleitó con mis nalgas, lo que me provocó una erección. En ese momento no pensé en que se diera cuenta, pero luego me dijo que sí lo notó.

Seguimos andando hasta llegar al barrio. Fue allí cuando me dijo que había bebido mucho y que lo mejor sería que no subiera a casa con lo que decidió dejarme en un banco e ir a por su coche y darnos una vuelta para ver si me despejaba un poco.

Realmente no sé lo que tardó, ya que me desperté cuando me estaba cogiendo en brazos para meterme en el coche. Me senté como pude, con la peluca de medio lado y la minifalda subida tanto que tenía la parte superior a la altura del pecho y se me veía los calzoncillos. Juan entró al coche y me miró. Me colocó la peluca e inesperadamente me besó en los labios mientras que con su mano izquierda me acarició la entrepierna. Luego, me bajó la minifalda y me dijo que me pusiera el cinturón de seguridad.

Fuimos a las afueras de la ciudad, a un parque de las afueras. No había nadie, debían de ser las dos de la madrugada. Me preguntó qué tal me encontraba. Para entonces ya estaba mucho mejor. Me dijo que en los asientos traseros estaríamos más cómodos, así que, me puse detrás. Pasé por el hueco que hay entre los dos asientos. Juan me ayudó poniendo su mano en mi trasero para que no me cayese. Después pasó él y se dejó caer a mi lado. Me rodeó con su brazo derecho y yo puse mi mano derecha sobre su pecho mientras me dejaba querer.

Sin mediar palabra metió su mano debajo de mi camiseta. Al notar sus dedos acariciando mis pezones se pusieron duros como piedras, lo que me hizo sentir un placer que desconocía. Algún gemido se me escapaba entre beso y beso. Juan empezó a lamerme la oreja mientras dibujaba círculos alrededor de mis pezones. Yo estaba a cien y como pude alcancé la polla de Juan. La tenía bien dura. Era más grande que la mía y notaba las pulsaciones de su corazón mientras la agarraba con la mano.

Empezó a bajar su cabeza hacia abajo. Yo estaba a cien. Y más me puse cuando me subió la minifalda, apartó mis calzoncillos y quedó al aire mi polla, que para entonces ya la tenía bien tiesa. Suavemente empezó a lamerla, para entonces yo estaba jugando con mis pezones. Acababa de descubrir que los tenía muy sensibles y lo que estaba haciendo me era muy placentero. Juan siguió chupándomela durante un rato, estuve a punto de correrme, pero aparté su cabeza de mi y fue cuando hice lo propio con la suya. Empecé poco a poco, lamiendola, tal y como lo había hecho él. Cuando me cansé, la metí en mi boca y empecé arriba abajo. Alternando entre despacio y deprisa, pero sin pausa. No había probado una polla jamás, pero me encantó su sabor y su olor. Al rato noté un pequeño liquidillo en mi boca, me gustó su sabor, no era semen, pero algo de sabor tenía. Eran unas gotitas. Me las tragué todas, Juan estaba recostado, desnudo de cintura para abajo. Yo solo llevaba encima las medias y la peluca. Dejé de chupar y quise sentir la lengua de Juan en mi boca y lo besé. Después, me puse a cuatro pagas, con el culo bien alto. No me fue fácil. No había mucho sitio en el coche, pero lo conseguí. Tenía la polla muy dura. Le dije a Juan que quería sentirlo dentro de mí, mientras intentaba relajar mi culo todo lo que podía. Eso lo había leído en internet. Relajarse para no sentir dolor, o sentir lo menos posible. Juan se me acercó y me cogió de la cintura. Se metió un par de dedos en la boca para lubricarlos y empezó a masajearme mi agujero. La sensación era placentera. Empezó metiendo uno de los dedos, poco a poco, tuvo que lubricarlos un par de veces más hasta conseguir que mi culo se dilatara. Me dijo que era para no hacerme daño. Cuando consiguió meter dos dedos sin problemas acercó la punta de su polla, y ayudándose de mi cintura empezó a meterla. Al principio sentí un poco de dolor, pero al poco rato ya estaba gozando como una loca mientras sentía como Juan entraba y salía de mí. Estuvimos en esa posición un rato. Después, me di la vuelta y me puse con las piernas hacia arriba y seguimos. De vez en cuando nos besábamos, y al rato Juan empezó a masturbarme. No había sentido tanto placer jamás. No aguanté mucho más y terminé por eyacular sobre mi pecho y en la su mano. Juan me preguntó si había probado alguna vez la leche de otro hombre. Le respondí que no, pero que me gustaría. Estaba fuera de mi de tanto placer. Juan sacó su polla de mi culo y me la metió en la boca. Se la empecé a chupar, a la espera del regalo que me aguardaba. No tardó mucho, en menos de un minuto un chorro inundó mi boca. Casi me ahogo entre su polla dentro de mi boca y su leche saliendo a borbotones. No pude tragarla toda y terminamos manchando parte de los asientos. Aún así, probé la que quise y le limpié la polla a Juan. Él hizo lo mismo conmigo. Después, estuvimos un rato tumbados , yo encima suyo, prácticamente. Debió de pasar media hora o así. Eran ya las cuatro de la madrugada y decidimos marchar a casa. No había rastros ya de ninguna borrachera. Eso sí, antes de volver a casa y aprovechando el momento, le hice otra mamada a Juan. Esta vez disfruté de toda su leche que acabó esparcida por todo su abdomen y su pecho.

Ese fue uno de mis mejores carnavales.

— heterocantabria

8 de mayo de 2016

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heterocantabria

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • colando
    colando · 12 de may de 2016

    Me encanto tu relato, lo disfrute mucho, ya que uso hilitos, tanguitas y algunas otras prendtas.  m e fascina besar, acariciar y el 69.  Besos.

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