De Chico A Chica. Mi Mama Me Enseña A Ser Sumisa Y Obediente
Relato de comunidad Transexualesschedule 8 min de lectura calendar_today Abril de 2018

De Chico A Chica. Mi Mama Me Enseña A Ser Sumisa Y Obediente

Yo aún no empezaba mi cambio de niño a niña y tenía 14 años. El viaje a la ciudad lo hice en flota, al lado de mi hermosa mamá. Ella, mujer coqueta, empezando sus treinta, iba bien maquillada y con un mini vestido tan ajustado que cuando estaba sentada al hacer algún movimiento....

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Yo aún no empezaba mi cambio de niño a niña y tenía 14 años.

El viaje a la ciudad lo hice en flota, al lado de mi hermosa mamá. Ella, mujer coqueta, empezando sus treinta, iba bien maquillada y con un mini vestido tan ajustado que cuando estaba sentada al hacer algún movimiento repentino, dejaba ver entre los muslos que llevaba puestos unos pantis verdes medio transparentes, por lo que fue objeto de toda clase de insinuaciones de muchos hombres a lo largo del recorrido. Mamá los ignoraba sin antipatía, ayudada por la costumbre. En cambio yo disfrutaba y los aprobaba con una sonrisa cómplice, pues sentía que toda esa atención hacía que el viaje aunque largo, no fuera aburrido.

Apenas nos bajamos de la flota mamá cogió un taxi y llegamos a una zona muy comercial, ya caía la noche, pero aún todo permanecía abierto. Yo disfruté al ver las vitrinas llenas de ropa femenina. La que más me emocionaba era la expuesta en maniquís con formas de mujer perfecta.

Después de hacer una llamada, nos recogió un hombre, Fanur. Y nos llevó a una casa vieja a unas cuadras de donde estábamos, caminamos por el pasillo y entramos a una pieza con una sola cama grande.

Fanur nos dijo que nos acostáramos. Mamá se quitó el vestido y se acostó en pantis en el medio de la cama, yo me acosté en calzoncillos pegado a la pared y él se acomodó a la otra orilla de la cama, sólo se había quitado los zapatos.

Ya casi me dormía cuando empezaron los ruidos. Aunque el bombillo de la pieza estaba apagado, entraba suficiente luz del pasillo por la ventana para poder ver todo con claridad. Fanur se había desnudado y tenía el pene erecto que muy bien recuerdo, pues la cabeza era pequeña, pero luego se iba engordando hasta quedar bien popochito, parecido a un cono.

Fanur se arrodilló sobre la cara de mi mamá y le ordenó que abriera la boca. Ella sin vacilar, hizo caso. Y él le metió el pene despacio hasta el fondo y se lo dejó así enterrado. Como lo tenía largo, mi mami comenzó a ahogarse. Entonces él lo sacó para empezar a metérselo y sacarlo de forma atropellada apoyado de la pared, mientras mi mami con las dos manos lo agarraba del pecho como queriendo apartarlo para no atragantarse, pero sin hacer el mayor esfuerzo, y simplemente se dejaba hacer todo, bien sumisa y obediente.

Luego Fanur le quitó la cobija que la arropaba y de paso me desarropó a mi también. Yo me acurruqué en posición fetal para no molestar, entonces vi como él le quitaba los pantis verdes que fueron a parar a un rincón de la pieza, dejando a mi mami totalmente desnuda. Le acomodó la cara entre los muslos bien abiertos para sumergirse entre los pelos abultados de la chocha ya dispuesta y empezó a chupar. Yo por primera vez fui testigo del placer que le da a un hombre el degustar de la parte mejor guardada de una mujer hermosa, y empecé a disfrutar también, pero de los ruidos que hacia con cada lamido y chupido, tal como si se estuviera saboreando el postre más delicioso. Entonces, por curiosidad voltee a mirar a mamá, ella tenía la cabeza apoyada contra la cabecera de la cama, observando todo desde ese lugar privilegiado, con los ojos entrecerrados y chupándose los labios. Entendí que también estaba gozando y me sentí feliz. Cuando volví a mirar a Fanur, él ahora le recorría con una enorme lengua todo el largo de la raja cada vez más abierta y rojiza, y luego se detenía en el extremo superior de la chocha, dando rápidos sorbidos, como no queriendo que se desperdiciara ninguna gota de cualquier líquido que saliera de ahí.

Así pasó un tiempo prolongado y emocional para los tres. Hasta cuando Fanur se paró, y se acomodó otra vez de rodillas, pero esta vez entre las piernas abiertas de mi mamá. La agarró con fuerza de los muslos y la jaló bruscamente hacia él, alejándola de donde estábamos, quedando ella en el medio de la cama. Empezaron los empujones, penetrándola, y la pieza se llenó de ruidos. La respiración de mamá empezó a hacerse cada vez más fuerte, como si con cada embestida la obligaran a botar aire por la boca. Al contrario de lo que sucedía con Fanur, que con cada embestida tragaba aire para golpear con más fuerza. Y también estaba el ruido ocasionado por el golpe de la carne de los poderosos muslos de Fanur contra la carne de las nalgas anchas y expuestas de mamá, similar al sonido de una fuerte cachetada que se repite una y otra vez.

Pero luego los ruidos se fueron apagando, porque el momento empezó a volverse tosco y desordenado. Fanur aferrándose incómodo de los muslos de mamá, trataba con dificultad de clavarle el pene entero, mientras ella lo agarraba de las muñecas con muestras de que algo no estaba bien. Yo me puse nervioso en espera de que ella dijera algo, pero siguió calladita, y pude ver como poco a poco, mi mami se fue acomodando a los intentos fallidos de penetración, relajando el cuerpo y dejándolo totalmente dispuesto. Así fue como finalmente Fanur encontró el ritmo, y ahora si, la clavada fue hasta el fondo y cada vez más violenta.

Con cada embestida mi mami subía a la altura de donde yo me encontraba en la cabecera de la cama, y con cada jalón volvía al centro. Cuando subía, yo aprovechaba para verle el rostro, con sus ojos brillantes semi cerrados, la nariz buscando aire afanada y la boca entre abierta con los dientes apretados. Se veía hermosa, disfrutando de su complacencia. Yo quería que ella también me viera, me sintiera, pero entonces lo entendí, en ese momento ella estaba siendo sometida, esa era su razón de ser y nada más.

Luego Fanur hizo otro movimiento brusco y se le abalanzó encima, doblándola de tal forma que las piernas abiertas y estiradas, le quedaron a lado y lado de la cabeza, y empezó a penetrarla, esta vez dejando caer todo el peso de su cuerpo sobre la chocha plenamente expuesta. Mamá hizo lo único que sabía hacer, buscar acomodarse para seguir su sometimiento, entonces soltó una de sus manos de los muslos de su amante, y yo aproveché para agarrarla, ella me volteó a mirar sorprendida, y así nos quedamos, observándonos en silencio, con los dedos fuertemente entrelazados y las respiraciones alteradas. Yo estaba emocionado, podía sentir en el frio que me recorría en mi vientre, que se me había despertado otra vez el deseo sexual, lo que me hacia sentir enfermo, pero esta vez al mismo tiempo estaba lleno de dicha, porque podía ver en los ojos de mi mami que ella también estaba emocionada, que estaba gozando y era feliz. Por eso quería que ese mágico momento con mamá nunca acabara.

Pero entonces Fanur se tumbó otra vez sobre ella, arrebatándola de mi. Mamá liberó las piernas, y con el oficio de una buena amante, lo arropó entre ellas, entrecruzándole los pies sobre la espalda. Ahora Fanur la penetraba con rapidez, mientras comenzó a soltar quejidos roncos, al mismo tiempo que mi mami gemía ante cada embestida. Fanur le enredó los dedos entre el cabello, y lo jalaba con brusquedad mientras la penetraba, como tratando de aumentar la fuerza de la embestida. Ella, metida en su rol, ni se quejaba, sino que le abrazaba el cuello con ternura, y para ayudar aún más a su amante que estaba sufriendo ante la inminente llegada del orgasmo, empezó a mover las caderas, encorvando la espalda ligeramente y adoptando el ritmo de entrada y salida del pene. Así permanecieron sumidos en un movimiento armónico y vigoroso, hasta cuando Fanur soltó el último quejido largo y gutural, al mismo tiempo que daba lentamente las tres últimas y potentes embestidas, que lo dejaron clavado, presionando con fuerza sobre el espléndido cuerpo de mi mami, para finalmente rendirse agotado. Entonces, llegó la quietud, el silencio y la calma. Cómo si ya no necesitara nada más, Fanur simplemente se separó, sacándose el pene todavía erecto y chorreante de entre la chocha inundada y se acomodó en la orilla de la cama, dándonos la espalda.

Mamá permaneció tendida, serena, aún con las piernas abiertas. Me acerqué para recostarme sobre los senos desnudos, y ella empezó a acariciarme el cabello, mientras pude contemplar con total calma, la enorme chocha que había quedado, enrojecida, húmeda y sobre todo, abandonada, tal como los comensales abandonan la mesa desordenada después del exquisito banquete. Por fin cerré los ojos, y por primera vez puede sentir el olor a sudor y sexo, que hoy tanto me encanta.

Al siguiente día cuando me levanté, mamá estaba sola acabando de arreglarse. Se había puesto otro de esos mini vestidos tan apretados y cortos, que así como estaba sentada maquillándose, le alcanzaba a ver que llevaba puestos unos pantis amarillos. Yo la miraba, tan hermosa y dispuesta, entonces recordé a todos esos hombres que le dijeron cosas casi obscenas durante el viaje a la ciudad. Y pensaba en cómo sería la vida, si cada uno de ellos pudiera gozar del cuerpo de la mujer que les despertó la lujuria.

Cómo mi mamá no podía llevarme con ella, me dejó viviendo con una tía y con mi prima Milena, de 14 años, pero 7 meses mayor a mi. Ellas vivían de forma muy humilde en un barrio al sur de la ciudad, en una pieza arrendada que habían dividido con una lámina de triplex para que quedaran dos cuartos, el de mi tía y el de mi prima, que de ahí en adelante compartiría conmigo. Mamá se despidió dejando dinero para mi estadía, y no fue sino hasta pasados tres meses que regresó a verme.

De Fanur sólo puedo decir que lo volví a ver dos años después, cuando me buscó para contarme la triste noticia del accidente en el que mi mamá perdió la vida. El se sorprendió al encontrarme hecha toda una hembrita, hermosa y coqueta, además de hormonada, como lo estaba para ese entonces. Y cómo era de esperarse de un hombre que coge lo que quiere, sin importarle el impacto emocional que me causó la noticia, no tuvo ningún reparo en llevarme a su pieza y meterme a la cama y yo, tal como mi mami lo habría hecho, me deje hacer todo, sumisa y obediente.

Los detalles de esa historia los contaré en un próximo relato.

— danipasivoxxx

1 de abril de 2018

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danipasivoxxx

Escrito por

9 seguidores ·Soy transexual, transito por el género

Comentarios

3 comentarios

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  • garciaheather206
    garciaheather206 · 24 de may de 2018

    continúa plis

  • jimmy1974
    jimmy1974 · 21 de abr de 2018

    Super relato, pronto la continuacion

  • e-boi
    e-boi · 2 de abr de 2018

    Muy buen relato, genial las descripciones, esperaré más.

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