Los compañeros de Universidad me advirtieron no hacer trampa en en los exámenes de ese profe, que tenía fama de estricto, con su metro ochenta, su barba canosa bien cuidada, sus manos grandes. Pero iba perdiendo la materia y era el último parcial. Tenía que jugármelas todas.
Me habían contado como a otro estudiante lo obligó a voltear los bolsillos de su pantalón y así encontró la trampa, así que se me ocurrió la idea de guardar el papel en el cierre de mi pantalón. Era un jean con botones en vez de cremallera, si debaja un par desapuntados, no se notaba nada.
Funcionó bien un par de veces, pero en la tercera ocasión, me concentré mucho tratando de leer una fórmula escrita en letras minúsculas, cuando sentí que todo se oscureció y una enorme mano se apoyó en mi hombro.
el exámen le queda anulado. dijo, mientras me quitaba la hoja.
el profe me tuvo varios días persiguiéndolo por los pasillos, esperándolo a la salida de las otras clases, pidiéndole una oportunidad. Al final, me dijo que pasara a las 5 de la tarde por su oficina. era el último día para subir notas al sistema.
Cuando llegué, el profe estaba en su sillón de cuero fumándose un cigarrillo. Me hizo pasar y cerrar la puerta con seguro. En el tablero, había un ejercicio muy difícil.
soluciónelo y le arreglo la nota. me dijo.
tomé un marcador y me dirigí al tablero.
No. dijo él. como puedo estar seguro que no tiene más trampas?
quiere que me voltée los bolsillos? pregunté.
La otra vez no la tenía en los bolsillos. Mejor quítese el pantalón, solo puede dejarse la camiseta y las medias.
pensé que era una broma. pero no tenía cara de estar bromeando. lentamente, me quité el pantalón.
dije: solo camiseta y medias. no entendió?
estaba muy nervioso, no pensaba bien... pero me quité los boxer y me dirigí al tablero.
el sol del atardecer me calentaba las nalgas mientras yo me esforzaba con la ecuación. pero era imposible. volteé a mirar al profe, con ojos lastimeros, pidendo ayuda, pero el seguía con su mirada de piedra, solo que con una mano se sobaba el pantalón.
cada pista que le dé tiene penitencia. se le mide? preguntó.
Asentí con la cabeza.
me hizo señas de apoyarme en su escritorio, y sin avisar, me dió un par de fuertes nalgazos y me indicó el siguiente paso de la ecuación.
dolió mucho, pero me produjo una erección.
avancé muy poco con la fórmula antes de volver a necesitar ayuda. me acerqué al escritorio y me agaché, esperando los nalgazos, pero esta vez sentí una mano abriéndo las nalgas y la otra metiendo un marcador untado de saliva.
tuve que volver al tablero con el marcador saliendo de mi ano. temblaba muchísimo, no pude resolver el ejercicio..
eres mejor para la prostitución que para las mateḿaticas. me dijo, cuando vió que no podría terminar.
quítate la camiseta.
se acercó a mi, con el pantalón desabrochado, y me empujó de frente contra el tablero. la tinta de la ecuación untándose por mi tronco, mientras me decía: a ver si así le entra la fórmula. me sacó el otro marcador del ano, y sentí su verga caliente y enorme entrando con urgencia. fue suave, hasta cariñoso, en un momento me besó el cuello mientras me jalaba el cabello y se hundía en mí hasta el fondo.
Sentí un enorme chorro de leche caliente en mi interior.
se quedó fumando y mirando por la ventana mientras yo me vestía y salí sin decir nada. varios días despúes, me apareció la materia en cinco.
No puedo esperar a que inicie el siguiente semestre para matricular más materias con él.







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