"La Fantasía de Andrea"
---
No era la primera vez que me acostaba con Martín.
Pero esa tarde, mientras él me empujaba contra el colchón viejo, mientras sus manos recorrían mi espalda, yo no pensaba en él. Pensaba en otro.
En él.
En el vecino del supermercado.
Ese hombre siempre fue un misterio.
Cuarenta y tantos, barba recortada, voz baja. Serio, callado, de esos que no sonríen, pero que cuando te miran… sentís que te desnuda con los ojos. Siempre firme, recto, con los brazos cruzados cuando atendía. Con el delantal negro y esa forma de decir "¿algo más?" que a mí me hacía temblar entre las piernas.
Yo le ofrecí todo sin palabras.
Me inclinaba más de la cuenta al elegir las frutas.
Me relamía los labios al pagar.
Una vez hasta me desabotoné la blusa justo antes de entrar, solo para ver si sus ojos bajaban.
Nunca lo hicieron.
Siempre me dijo "señora Andrea", como si yo fuera invisible.
Pero ahí estaba yo… ahora, con Martín adentro, gimiendo, sudando… y fingiendo.
Porque cada vez que cerraba los ojos, me imaginaba que era él.
Imaginaba que era ese vecino que nunca me tocó, el que me hablaba poco pero me tenía atrapada. Me imaginaba con las piernas abiertas sobre su mostrador, sus manos grandes tomándome sin permiso, su voz seca diciéndome “callate, sabés que te gusta así”.
Martín me agarraba con fuerza, me apretaba las caderas… pero era su rostro lo que aparecía en mi cabeza. Yo lo montaba más fuerte, como si pudiera invocar esa fantasía, como si pudiera transformar el cuerpo de un hombre común en el de ese macho imposible.
—¿Te gusta así, Andrea? —me preguntó Martín, jadeando.
Yo no contesté. No podía.
Porque no era su voz la que quería oír. Era la del otro.
La del que nunca se dejó tocar, el que me rechazó sin palabras, el que nunca me miró como yo quería.
Y eso… eso me encendía más.
Me vine con fuerza. Me arqueé sobre Martín, con un gemido que arrastraba rabia, deseo y frustración. No por él. Por el otro. Por el que nunca me tuvo… pero al que le regalé mi orgasmo sin saberlo.
Después, mientras Martín se acomodaba en la cama y yo fumaba en silencio, pensé en ir al supermercado.
No para comprar nada.
Solo para mirarlo.
Y ver si, por fin, ese día, me devolvía la mirada.
---








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar