—¿Y este quién es? —pregunté sonriendo. —Un parcero nuevo —dijo Jota.
Después, ya con la verga adentro, me confesaron la verdad: lo conocieron esa misma tarde en el Transmilenio, hijos de puta. Se pusieron a hablar de tetas y de culos y de putas y el man dijo “yo estoy disponible”. Así de fácil.
No me enojé. Al contrario. Me puso más perra saber que habían reclutado a un desconocido solo para que me partieran entre los tres.
Empezamos en el carro. Yo atrás, entre Jota y el nuevo. Camilo manejando lento. Me bajaron el top y me sacaron las tetas. Cuatro manos apretando, tres bocas comiéndome el cuello. Me metieron dedos en el coño y en el culo al mismo tiempo, sin avisar. Ya estaba chorreando.
Llegamos a un motel de esos baratos que cobran por horas. Apenas cerramos la puerta me pusieron de rodillas. Tres vergas alrededor de mi cara. Gordas, venosas, diferentes. Me las mamé por turnos, hasta el fondo, babeando todo, mientras me cacheteaban suave y me decían “así, puta, así”.
Jota me levantó primero, me puso contra la pared y me metió la verga en el culo sin piedad. Seco casi. Grité rico. Camilo se metió debajo y me clavó el coño. Doble penetración desde el primer round. El nuevo me agarró el pelo y me folló la garganta al mismo ritmo.
Me cambiaron de posición como muñeca. Me pusieron en cuatro sobre la cama. Uno en el culo, otro en el coño, y el tercero en la boca. Rotaban. Cuando uno se venía cerca, cambiaba de hueco. Me tenían completamente llena, tapada, usada.
El nuevo era el más bruto. Me agarró del cuello, me puso boca abajo y me dio por el culo como si me odiara. Profundo, rápido, sin misericordia. Cada embestida me hacía llorar de gusto. Jota y Camilo me agarraban las manos, me abrían más las nalgas y me decían “recibe, perra, recibe todo”.
En un momento me tenían en el aire: dos sosteniéndome las piernas abiertas y el tercero follándome el culo parado. Mi cuerpo se sacudía como trapo. Gritaba, gemía, les pedía más fuerte.
—Quiero que me llenen el culo de leche —les rogué.
Primero fue Camilo. Me lo sacó del coño y me lo metió al culo y se corrió bien adentro. Después Jota, bombeando fuerte hasta dejarme chorreando. El nuevo me puso de rodillas otra vez, me folló la boca hasta que se vino y luego me hizo abrir el culo con las manos para correrme también adentro, mezclando todo.
Quedé tirada en la cama, culo rojo y abierto, semen escurriéndome por los muslos, tetas marcadas de mordidas y manos. Feliz. Destrozada. Satisfecha.
Mientras fumábamos uno, les dije riéndome: —Hijos de puta… ¿en el Transmilenio? Jota se encogió de hombros: —Dijiste que querías tres. Te trajimos tres.
Me bañé con los tres juntos. Me enjabonaron, me besaron, me metieron dedos otra vez porque “una vez no es suficiente”. Salí de ahí con el culo adolorido y una sonrisa que no se me borraba.
Otra noche más en la que no fui la novia de nadie, ni la esposa, ni la princesita. Fui la puta que quiso y que pidió que la partieran entre tres vergas desconocidas. Y volvería a pedirlo. Mil veces.








Comentarios
10 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login EntrarLo bueno fue que disfrutaron los 4
y sui, la verdad y siii
Falto un cuarto jajajaa pero rica cogida
TODO BIENVENIDO
Se ve que estabas muy feliz como prostituta, que rico y que envidia, si esos huecos estan ahi es para llenarlos
para que más cierto? ojala hubiera otro para meter otra vergha jajaja
Almenos tu tienes 3, yo envidio a las mujeres por eso, el grupal es demasiado sexy
Lo mejor de tu historia es que nunca es suficiente para ti. Que delicia debe ser tenerte de novia y que un día llegues como si nada y me digas: Me acaban de dejar llenita. Uffff inmediatamente darte lengua y verga por ese culo delicioso. Cómo me encantaria 🤤
abre la boca mi amor que te traigo sorpresas
Dame todo lo que me prometiste mi amor.... ummmm me encanta 🤤