Al norte de Bogotá hay un centro comercial cuyos baños son amplios y de buena distribución.
Ahí, en los orinales crucé mirada con un chico de gafas, camisa negra ceñida a su cuerpo y sudadera gris.
Bastó con una simple mirada cómplice para saber que ambos estábamos en la misma disposición, por lo que procedimos a encerrarnos en un cubículo.
Así empezaron sus besos, con sus labios carnosos y gentiles seguidos de mis mordiscos en su labio inferior, mi lengua cada vez menos tímida y mis manos descubriendo a un fornido joven de nalgas firmes y redondas.
Le indiqué que se parara sobre el sanitario para evitar que vieran cuatro piernas por debajo. Obediente acató y yo procedí a bajar su sudadera. No dudé en segundo en besar su verga erecta, lamerla de tallo hacia arriba, tocar sus huevos gentilmente y lamerlos, besar su cabeza y succionarla. Al cabo de un rato quiso que cambiáramos, no sin antes darme más besos.
Luego de cambiar de posición procedió a mamar mi verga. Fue dulce, gentil y maravillosamente sensual. Así, para no venir en su boca me corrí, sin embargo al ver lo que ocurría el chico oportunamente volvió a meter mi verga en su boca para que yo terminara de venirme en él.
Ojalá algún día lo vuelva a ver....







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