Estoy sentado en mi auto; el sol calienta la tarde y mi cuerpo tiembla de emoción. Por fin los conozco.
De pronto, el teléfono suena con una llamada que dice: 'Estamos en la puerta tres'.
Los miro ahí parados. Son ellos, los únicos que están.
Se ven tan sencillos, tan humildes. Conocí a Pedro por coincidencia, por unas gestiones de campo sobre ganado. De ahí empezamos a hablar. Poco a poco, las conversaciones se volvieron más íntimas. Él me contaba de su familia, de lo que él quisiera; yo le contaba mis cosas.
Y hubo una vez que la charla se fue tan profunda que empezamos a hablar de asuntos sexuales. Él me decía que su esposa era maravillosa, pero que quería compartirla, y eso es lo que se cumple hoy..
Continuará...








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