La aplicada de la oficina se pone de rodillas y lo quiere todo
Relato de comunidad Fantasíasschedule 4 min de lectura calendar_today Julio de 2026

La aplicada de la oficina se pone de rodillas y lo quiere todo

En la oficina soy la aplicada, la formal, la muchacha de casa que todos respetan. Llego temprano, hablo poco y nadie se imagina otra cosa. De noche me arrodillo, me dejo usar, le pido que me destroce y después subo las fotos…...

TamyPeach

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Un jueves hace unas semanas salí de la oficina como siempre. En el trabajo soy una de las más juiciosas. Blusa formal y pantalón bien puesto. Llego temprano, entrego todo a tiempo, no chismeo y no me meto en nada. La gente me mira como un ejemplo a seguir.

Tengo novio. Él no trabaja conmigo. Me ve como su novia de casa, la aplicada, la que se porta bien. Lo que no sabe es que hay otra parte de mí.

Después de salir del trabajo y cuando llegué a al apto él estaba en el sofá viendo el celular. Me dio un beso corto y me preguntó cómo me había ido. Le dije que bien, que cansada, que el día se me había hecho largo. Dejé el bolso en una silla y me fui a quitar la ropa de la oficina.

Cuando volví él ya estaba en la cama, en pantaloneta, con la luz baja.

Me subí encima sin decir mucho. Empecé a besarlo más lento al principio, después más intenso. Le mordí el labio inferior y me froté despacio contra su verga por encima de la tela. Sentí cómo se le iba poniendo dura. Le hablé bajito, casi en el oído:

—Hoy quiero que me uses… que me la metas toda y no me tengas piedad.

Él se rio bajito y me agarró de la cintura. Me ayudó a quitarme todo. Me puse de rodillas entre sus piernas, le bajé la pantaloneta y le saqué la verga. Ya estaba gruesa y caliente. Me la metí en la boca de una,. Pasé la lengua bien lento por la cabeza, chupé solo la punta un rato mientras lo miraba a los ojos. Después me la fui metiendo más profundo, babándome, dejando que se me escapara la saliva hasta las tetas.

Él me agarró el pelo con las dos manos y empezó a empujar más fuerte. Yo abrí la garganta y dejé que me la embocara completa, aunque me atragantara y se me salieran las lágrimas. Gemía con la boca llena, le acariciaba los huevos y de vez en cuando la sacaba para escupirle encima, pasar la lengua por debajo y volver a metérmela hasta el fondo. Me gusta sentirme así: de rodillas, usada.

Me subí encima, me la acomodé y empecé a cabalgarlo. Al principio despacio, sintiéndola entrar completa. Después más fuerte, subiendo casi hasta sacármela y bajando de un solo golpe, apretándolo adentro. Él me agarraba las tetas con las dos manos, me las apretaba y me las chupaba mientras yo le pedía que me cogiera más duro. Me volteó de un jalón, me puso a cuatro y me la metió de un solo empujón bien profundo. Empezó a embestirme con ganas, agarrándome de la cintura y dándome nalgadas fuertes que me ardiam. Yo le pedía más, le decía que me tratara como a una puta, que me la metiera toda, que no parara.

Empujaba hacia atrás para sentirlo más hondo, gemía sin control y me tocaba el clítoris con dos dedos mientras él me destrozaba. Siguió metiéndomela duro, más rápido, más profundo, hasta que cuando ya estaba por venirse la sacó y se corrió encima de mis nalgas. Sentí la leche caliente y espesa cayéndome y escurriéndome entre ellas, bajándome lento por el las piernas. Me quedé a cuatro un momento, respirando pesado, con su leche esparciéndose por la cola.

Me limpié las nalgas y las piernas con una toalla y me puse una tanga. Entonces él agarró el celular y me empezó a tomar fotos ahí mismo, en la cama. Me acomodó de espaldas, con la tanga marcada. Me tomó varias. Luego de eso le pedí que me las pasara, y me preguntó que para qué, le dije que para tenerlas, para ver como habían quedado. Me las pasó al celular sin decir nada y se acostó.

Yo me acosté al lado de él. Se nos hizo tarde. Me dormí todavía sintiendo el ardor en la piel.

Al día siguiente me desperté super tarde. El celular marcaba casi las ocho. No había alistado nada la noche anterior. Me levanté de afán, me puse el primer pantalón que encontré, un sweater cómodo y me peiné rapido con el secador a toda potencia. No tuve tiempo de cambiarme la tanga. Me fui con la misma de la noche anterior. Nunca había hecho algo así. Llegué a la oficina con el corazón un poco acelerado, saludé como siempre y me senté en mi puesto.

Más tarde, cuando pude, entré a un cubículo del baño, cerré la puerta con seguro y abrí el celular. Revisé las fotos de la noche anterior. Escogí una donde estaba de espaldas, mostrando todo el culo con la tanga marcada y metida. La subí a un perfil que tengo. Puse una descripción cortica y la publiqué. Guardé el celular, me acomodé el pantalón y salí como si nada.

Un rato después volví al mismo baño. Entré otra vez al cubículo, cerré la puerta y abrí la aplicación. La publicación estaba a reventar de mensajes privados y buena cantidad de likes.

Mientras él trabaja o me escribe mensajes tiernos, yo estoy en la oficina mirando cómo la publicación se llena de likes, de mensajes sucios, de tipos que sí saben exactamente cómo me pongo cuando me arrodillo.

— TamyPeach

31 de julio de 2026

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