Escondido detrás de la puerta entreabierta, apenas respirando, con el corazón golpeándome el pecho. Desde el primer segundo en que te vi de rodillas frente a él, ya la tenía dura. Te miraba chuparle la verga con una mezcla de ansiedad y deseo que me tenía temblando. Tus labios se abrían alrededor de su miembro, babando, subiendo y bajando con ganas, mientras él te agarraba el pelo y te guiaba. Yo me bajé el pantalón en silencio y me agarré la verga. Estaba caliente, pesada, y empezó a latir en cuanto te vi tragarlo más profundo. Sentía nervios, sí. El miedo de que se dieran cuenta. Pero más fuerte que el miedo era la excitación. Una excitación sucia, espesa, que me recorría desde la entrepierna hasta la garganta. Me masturbaba despacio, con la mano húmeda de precum, sin poder dejar de mirarte. Cada vez que hacías un ruidito al chuparlo, se me endurecía más. era lo que exactamente deseaba. Verte así, entregada, con la boca llena de otra verga, con la saliva cayéndote por la comisura de los labios… me volvía loco. Seguía pajeándome mientras él te levantaba y te tiraba sobre la cama. Te puso de cuatro, te bajó lo que te quedaba de ropa y se te metió de un solo empujón. Escuché tu gemido ahogado y se me doblaron un poco las rodillas. Ahí fue cuando deseé no estar escondido. Quise abrir del todo la puerta, quedarme a la vista y mirarlos sin ocultarme. Verte cómo te embestía, cómo tu culo rebotaba contra su pelvis, cómo te agarraba las caderas con fuerza. Quise que me vieran. Quise que supieras que estaba ahí, tocándome, corriendo mientras te follaban. Pero me quedé callado. Seguía moviendo la mano más rápido, apretando la base, sintiendo cómo se me acumulaba el semen. El sonido de los golpes húmedos, tus gemidos cada vez más altos, el olor a sexo que llegaba hasta la puerta… todo me estaba empujando al límite. Me corrí en silencio. Me mordí el labio hasta casi sangrar para no soltar ni un gemido. El semen me salió caliente, a pulsos, ensuciándome los dedos y el piso mientras seguía mirándote. Él todavía te estaba follando fuerte, y yo, con la verga latiendo y la respiración agitada, no podía dejar de mirar.
Solo esa excitación profunda, sucia y adictiva de verte ser usada…
y de saber que yo estaba ahí, escondido, corriéndome por ti.







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