Esto no ha pasado es mera fantasía aunque quiero que sea realidad,
Es un viernes, tengo una cita con él, llevamos semanas hablando, parece que hay química - hasta aca totalmente real, Entro al sitio entro al vestier y quedo solo en tanga tipo hilo, lubrico mi asterisco con bastante crema KY y me pongo el plug anal entre suave lubricado, m,e prepara para la posible acción que pueda haber. El vapor se pegaba a la piel como una segunda capa, espeso y cargado del olor a eucalipto y cloro. Yo hombre de 55 años, entre al turco me recuestó contra la pared sudada, dejando que el calor ablandara sus músculos. Llevaba puesta solo una tanga masculina de un naranja intenso, un hilo dental que se pierde entre las firmes y carnosas nalgas de años de gimnasio, lo que más me miran. Aun soy un hombre grande, de hombros anchos y pecho peludo, y mi presencia en el sauna aún no pasaba desapercibida, aunque prefiero observar.
Fue entonces cuando la puerta corrediza de cristal se abre y entra él. Más joven, de cuarenta y tantos, pero igualmente imponente. Robusto, con una barriga cervecera que hablaba de una vida de placeres y no de dietas, y una espalda ancha que prometía fuerza. Lo envuelve una toalla blanca anudada a la cintura, y el vapor parece arremolinarse a su alrededor como si fuera un rey entrando en su salón. Sentí una punzada, una descarga eléctrica recorriendo su columna vertebral. Ambos Libra. Él, 18 y 13. La coincidencia me pareció una broma del destino, una señal interesante para dos personas en un lugar clandestino con deseos reprimidos.
Se sentó en el banco de enfrente, no demasiado cerca, pero lo suficiente para que nuestras miradas pudieran encontrarse en el vapor. La toalla se abrió ligeramente tal vez con o sin intensión cuando se cruzó de piernas, revelando un muslo velludo y poderoso. El aire denso del sauna se siente ahora cargado de algo más que calor. Es una tensión palpable, un campo de fuerza generado por dos cuerpos que se reconocían como presa y depredador, Yo queriendo ser devorado, se ve más rico, comestible que en las fotos. Mi cuerpo responde, un hormigueo en la base de su columna, un endurecimiento en el pezón que asomaba entre los pelos de su pecho. Soy víctima de una atracción que no necesitaba palabras, será que el esta igual.
Sin decir nada, como si siguieramos un guion invisible, ambos nos levantamos casi al mismo tiempo. El silencio solo se rompió por el sonido de la piel despegandose de la loza mojada y el suave golpeteo de los pies descalzos sobre el suelo húmedo. Salimos del turco y caminamos por el pasillo hacia la única puerta que no tenía letrero, el cuarto oscuro.
Entramos y una ola de aire más fresco pero mucho más cargado nos golpeó. La oscuridad era casi total, los ojos se nos adaptaron. El sonido era un coro de placeres guturales: un jadeo ahogado, el chapoteo rítmico de los cuerpos, un gemido agudo. Había tres parejas, o más bien tres cópulas, diseminadas por la habitación. A la izquierda, una figura arrodillada devoraba a otra que estaba de pie, los sonidos húmedos de una felación inconfundibles. Al fondo, sobre un banco, un hombre montaba a otro con lentitud, cada embestida acompañada de un gruñido profundo. Y cerca de ellos, dos cuerpos se frotaban, sus manos explorando, iniciando una danza que pronto se volvería más frenética.
El ambiente no ayudaba. Era un catalizador. Yo dejo que sus mis ojos se acostumbraran a la penumbra, mientras con disimulo me quitaba el plug. Sentí la presencia del mi amigo a mi espalda, no lo vi pero sabia que era él o quería que lo fuera. No hubo tacto, solo una alteración en el aire, el calor de otro cuerpo a centímetros del mio. Luego, sintí. Su roce. Un contacto firme, deliberado, del paquete del éj, aún envuelto en la toalla, presionando contra el hueco de mis nalgas. Contuve la respiración. El tejido áspero de la toalla y la dureza inconfundible que había debajo se grabaron en mi memoria.
Se movió ligeramente, como por accidente, y el contacto se repitió, esta vez más prolongado. La toalla ya no estaba. No sintí el roce del tejido, sino el calor directo y la textura de la piel erecta contra la delgada tira licrada entre mis nalgas. La verga del él, ya liberada, se deslizaba entre mis nalgas, buscando, insinuando. Era un miembro grande, pesado, y sentía su pulsación a través de la tela fina que amenazaba con romperse de la presión. Sentia que el quería romper ese bañador, adentrarse en la caverna de placer que yo sabía que le podía ofrecer, le guste el contacto estaba hecho..
Una mano firme se posó en su hombro y lo empujó suavemente hacia adelante, obligándolo a dar un par de pasos hasta que sus rodillas chocaron contra el borde de un banco bajo. La presión aumentó, ya no era una insinuación, sino una orden. "Arrodíllate", una voz ronca y grave susurró a mi oído, no una pregunta, sino un mandato. obedecí, mis rodillas hundiéndose en el suelo de goma. Mire y en la tenue luz roja pude ver la silueta del hombre de pie sobre mi, su mano rodeando su propia erección, apuntándola directamente a mi boca.
La cabeza de la verga rozó mis labios. Era lisa, caliente y ya estaba humedecida. Un líquido cristalino, viscoso, brotó de la punta y lo probé con la punta de la lengua. Un sabor almendroso, delicioso, que activó mis papilas gustativas y me hizo anhelar más. Abrí la boca para recibirla, pero la mano de él se enredó en mi pelo, agarrándolo con fuerza. No me permitió controlar el ritmo. Con un movimiento de caderas, introdujo su verga hasta el fondo. sintí cómo el glande golpeaba el fondo de mi garganta, cómo se abría paso, llenándome por completo. Cupo. Sabía que podía con toda, que con mi boca podía sacarle toda la leche que mi amigo guarda, y lo queero todo. Lo anhelo.
Pero él tiene otros planes. Justo cuando yo empezo a encontrar un ritmo, a usar mi lengua y mi garganta para complacer, lo retiró bruscamente. La verga sale de mi boca con un chasquido húmedo, dejándome con la boca abierta y jadeante. "Levántate", volvió a ordenar la voz. me puse de pie, sintiéndome mareado por la falta de aire y la intensidad del momento. El me gira bruscamente, dejándome la espalda de nuevo hacia él. "Apóyate en el banco".
Me inclinó, apoyando las manos en el banco frío y húmedo. Siento el calor de la verga de él deslizándose de nuevo entre mis nalgas, mete su mano y saca la tira de tanga de entre mis nalgas esta vez sin ninguna barrera de tela. Sobaba su miembro allí, arriba y abajo, lubricándose con el sudor y el preseminal que aún manaba de su punta. La tanga se vuleve a meter, el problema de un culo redondo, una mano descendió por mi espalda, metiéndose bajo el hilo de mi tanga. Con un movimiento rápido, tiró de la tira de tela que se perdía nuevamente entre mis nalgas, sacándola y dejando mi ano completamente expuesto y vulnerable. Un dedo, luego dos, humedecidos en su propia boca, comenzaron a masajear mi entrada, presionando, preparándome. El anillo de músculo se me contrae y luego cede, permitiendo la entrada. El dolor se mezcla con un placer agudo.
Los dedos se retiraron y fueron reemplazados por algo mucho más grande y caliente. Sintió la cabeza de la verga presionando mi entrada, insistiendo. No hay delicadeza. Con una embestida lenta pero implacable, él se introdujo hasta los huevos. gritó, ahogando el sonido en mi propia mano. Es una plenitud abrumadora, una sensación de ser llenado, poseído. El se queda quieto un instante, dejando que Yo me acostumbrara a su tamaño. Luego, comenzó a moverse. Un ritmo lento al principio, profundo, que sacudía todo mi cuerpo.
Las manos de hombre se aferran a mis caderas, con una fuerza que dejaran marcas. Se inclinó sobre mi, su aliento caliente en el cuello. Y entonces, susurra con una delicadeza que contrasta con su brusquedad: "Te voy a enseñar a respetar mi verga". Se impone con presencia y trato, no con violencia abierta, pero en el fondo, Yo ansio esa violencia. Querer sentir sus ansias, su deseo desenfrenado, sus ganas de romperme el ano. No había condón. No había tiempo para preguntas o dudas. Solo dos machos que se desean, y esto no va a parar hasta que él deje su delicioso elixir de vida dentro de mi.
"Perra deliciosa, estás muy rica", gruñó el a mi oído, muchos miran aumenta la velocidad de sus embestidas. Cambia el ritmo, a veces rápido y superficial, otras lento y profundo, busca el ángulo perfecto. Se reacomoda, separando más mis piernas, y la siguiente embestida es tan profunda que siento cómo me llega al alma. Me toma firmemente de las caderas y aumenta la intensidad, las embestidas se vuelven golpes secos y potentes, el sonido de sus cuerpos chocando se mezclan con los gemidos de las otras parejas en la habitación. Siento cómo el control se escapaba, cómo su propio cuerpo se preparaba para el clímax. Y entonces, con un gemido largo y animal que parece sacarle las entrañas, siento cómo el miembro de él se endurece al máximo dentro de mi y una explosión de calor me inundaba. Todo su semen blanco y cremoso, vertido sin control o mi ano muy adentro,
marcándome como suyo, no agunato me corro gotas de semen salen del frente de mi tanga, me erizo, tiemblo y me contorsiono. Estamos exhaustos, el vacio yo lleno. complementados pero felices.
Amigo mió algún día lo haremos suerte








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