¿Y si tú fueras el invitado?
Relato de comunidad Fantasíasschedule 8 min de lectura calendar_today Septiembre de 2026

¿Y si tú fueras el invitado?

Male viaja a una cabaña con su pareja y un invitado para un trío: usan juguetes y ambos la penetran simultáneamente provocándole múltiples orgasmos; al día siguiente triple penetración con arnés la deja insaciable.

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

La carretera serpenteaba entre pinos altísimos mientras el GPS anunciaba que faltaban apenas diez minutos para llegar. A mi lado, en el asiento del copiloto, Male iba inquieta. Vestía una falda corta de lino blanco y una blusa transparente que dejaba entrever el sostén negro de encaje debajo. Sus muslos se rozaban constantemente, sus manos temblaban ligeramente sobre su regazo.

"¿Nerviosa?" pregunté, poniendo mi mano sobre su pierna desnuda, subiendo hasta encontrar humedad en la entrepierna.

"Excitada," corrigió, mordiéndose el labio. "Llevo tres días sin venirme pensando en esto. Quiero estar lista."

En el espejo retrovisor vi al invitado sonreír desde el asiento trasero. Llevaba una bolsa de lona negra sobre sus rodillas. Dentro estaban los juguetes que habíamos seleccionado cuidadosamente: consoladores de diferentes tamaños, lubricantes de sabores, un plug anal con vibración, esposas de piel suave, y un arnés especial que habíamos encargado para la ocasión.

La cabaña apareció entre los árboles. Era perfecta: madera oscura, ventanales enormes con vista a las montañas neblinosas, una chimenea central, y lo más importante —una cama king-size en el dormitorio principal y un sillón orejero enorme en la sala que ya imaginaba cubierto de cojines y cuerpos desnudos.

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**Primer Día: La Iniciación**

Dejamos las maletas sin deshacer. Male se paró frente a la chimenea, el sol de la tarde entrando por los ventanales iluminando su silueta. Se quitó la blusa lentamente, luego la falda. Quedó en ropa interior negra, sus senos grandes presionando contra el encaje del sostén, sus caderas anchas marcando la delicia de su feminidad.

"Vengan," ordenó con una voz que apenas reconocí, grave, autoritaria, hambrienta.

El invitado y yo nos miramos. Nos habíamos puesto de acuerdo: durante estos dos días, ella mandaba. Nosotros éramos sus instrumentos de placer.

Nos acercamos desde ambos lados. Ella tomó nuestras manos y las guio hasta sus senos, haciéndonos apretar, masajear, sentir el peso de aquella carne que ambos deseábamos. Luego soltó un sostén, luego el otro, dejando que sus pezones oscuros quedaran expuestos, erectos, pidiendo boca.

El invitado tomó el izquierdo. Yo el derecho. Chupamos simultáneamente y Male echó la cabeza hacia atrás, un gemido largo saliendo de su garganta. Sus manos buscaron nuestras entrepiernas, encontrando la dureza que ambos llevábamos horas construyendo.

"Quiero sentirlos," dijo, y cayó de rodillas sobre la alfombra de lana.

Nos desabrochó a ambos. Nuestros sexos saltaron libres, palpitantes, casi tocándose en su frente. Male tomó uno en cada mano, comparando, pesando, acariciando. Era un espectáculo erótico indescriptible: esta mujer de ojos miel, boca carnosa, arrodillada frente a dos hombres erectos, decidiendo cuál probar primero.

Metió mi glande en su boca primero, porque éramos amantes, porque éramos costumbre. Su lengua caliente giró alrededor, succionó fuerte, haciendo que mis rodillas temblaran. Luego giró hacia el invitado, dándole el mismo tratamiento, escuchando su gemido gutural. Alternaba entre nosotros, una y otra vez, su saliva brillando en nuestros sexos, sus manos masturbándonos cuando su boca ocupaba al otro.

"Arriba," ordenó finalmente, levantándose.

La llevamos a la cama. Papo y yo nos desvestimos completamente mientras ella se quitaba la ropa interior, quedando desnuda, piel cremosa, sexo húmedo ya brillando entre sus muslos. Tomó la bolsa de juguetes y vació el contenido sobre las sábanas.

"Empiecen con esto," dijo, tomando el plug anal vibratorio. "Quiero estar preparada. Quiero sentiros a los dos. Pero primero... primero quiero venirme muchas veces."

El invitado tomó el juguete. Yo tomé el lubricante. Nos posicionamos entre sus piernas abiertas. El invitado encendió el plug, el zumbido llenando la habitación, y comenzó a acariciar su entrada trasera con la punta vibratoria mientras yo sumergía dos dedos en su vagina, encontrando ese punto rugoso que la volvía loca.

Male se retorció. "¡Ay, Dios, sí!"

Trabajamos en equipo. El invitado presionaba suavemente, relajando su esfínter, introduciendo el plug centímetro a centímetro mientras yo masajeaba su punto G con dedos curvados, mi otra mano jugando con su clítoris hinchado. Cuando el plug quedó completamente dentro, ella gritó, un orgasmio repentino tomándola, sus músculos contrayéndose alrededor de mis dedos, su espalda arqueándose fuera del colchón.

"Uno," conté en voz baja.

No paramos. El invitado tomó uno de los consoladores grandes, negro, realista, y lo introdujo en su vagina mientras yo mantenía el plug en su lugar con una mano y frotaba su clítoris con la otra. El doble llenado la hizo gritar mi nombre, luego el de Papo, luego palabras sin sentido. Vino otra vez, más fuerte, más largo, sus manos agarrando las sábanas con fuerza.

"Dos," contó el invitado, sonriendo.

Así continuamos durante horas. La llenábamos con juguetes, con dedos, con lenguas. El invitado se tendió boca arriba y ella se montó en su cara, su lengua entrando en ella mientras yo, desde atrás, introducía un consolador en su vagina, moviéndolo en sincronía con los lametones de el invitado. Ella se corrió tres veces seguidas, sin descanso, un orgasmio tras otro, su cuerpo temblando sin control, sus pechos rebotando con cada convulsión.

Para cuando el sol se ocultó detrás de las montañas, llevaba seis orgasmos contados. Estaba roja, sudada, hermosa, insaciable.

"Quiero más," suplicó, mirándonos con esos ojos vidriosos. "Quiero lo real. Quiero a los dos."

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**La Doble Penetración**

Nos duchamos juntos en la enorme ducha de la cabaña. El agua caliente caía sobre nosotros mientras Male nos lavaba a ambos, sus manos jabonosas acariciando nuestros pechos, nuestros abdomenes, nuestros sexos que nunca se habían ablandado del todo, mantenidos erectos por la excitación constante.

La secamos con toallas suaves, la acostamos sobre la cama con almohadas bajo su vientre, elevando sus caderas. El invitado se posicionó debajo de ella. Yo me arrodillé detrás.

"¿Estás lista, amor?" pregunté, acariciando su espalda.

"Estoy lista. Por favor, entren los dos. Lléname, amor. Lléname, invitado."

El invitado guió su sexo a la entrada de su vagina. Yo lubriqué abundantemente mi glande y su esfínter, ya preparado por el plug. Entramos simultáneamente, un empuje lento, coordinado, sintiendo cómo nuestros sexos se rozaban a través de la delgada pared que nos separaba dentro de ella.

Male gritó. No de dolor —el plug la había preparado bien— sino de plenitud absoluta. Estaba llena como nunca antes, dos hombres adultos, duros, calientes, ocupando cada centímetro de su interior.

"¡Muevanse! ¡Por Dios, muevanse!"

Comenzamos. El invitado empujaba desde abajo, yo desde atrás. Encontramos un ritmo perfecto: cuando él entraba, yo salía, nuestros glandes rozándose dentro de ella, creando una fricción que nos volvía locos a los tres. Male gemía sin control, sus manos agarrando las sábanas, su cabeza echada hacia atrás, el cuello expuesto, los senos colgando pesados moviéndose con cada embestida.

"¡Más rápido! ¡Más duro!"

Aceleramos. La cama crujía. El sonido de nuestras caderas golpeando su carne llenaba la habitación. Male comenzó a temblar, su séptimo orgasmio construyéndose, más intenso que los anteriores.

"¡Se viene! ¡Se viene fuerte!" gritó ella misma, avisándonos.

Sus músculos internos se contrajeron violentamente, masajeando nuestros sexos con fuerza brutal. La sensación fue demasiado. El invitado gruñó y se soltó dentro de ella, llenando su vagina. Yo seguí unos segundos más, embistiendo su trasero profundamente, hasta que no pude más y me vacié en ella, profundo, caliente, marcándola por dentro.

Colapsamos los tres, jadeando, sudando, conectados.

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**Segundo Día: La Multiplicación**

Amanecimos enredados. Male estaba entre nosotros, mi mano en su pecho, la de Papo en su cadera. Se despertó sonriendo, fresca, renovada, con más hambre que el día anterior.

"Hoy quiero más," anunció, tomando nuestros sexos ya erectos por la mañana. "Quiero ver cuántos puedo tener. Quiero que me rompan, que me reconstruyan, que me vuelvan a romper."

Desayunamos desnudos en la terraza, el aire fresco de la montaña rozando nuestra piel desnuda. Male se sentó en el regazo de el invitado, su sexo entrando en ella mientras comía fruta, mientras yo observaba, masturbándome lentamente, disfrutando del espectáculo de mi amante siendo usada con tanta naturalidad.

Luego fue mi turno. La tomé sobre la mesa de madera, entre los platos del desayuno, penetrándola profundamente mientras el invitado se paró al lado y ella lo chupaba, alternando entre gemir alrededor de su sexo y gritar cuando yo la embestía con fuerza.

Se vino dos veces antes del mediodía.

Por la tarde, usamos el arnés. Se lo pusimos a el invitado, un consolador negro y grueso saliendo de su entrepierna, junto a su propio pene erecto. Male lo montó, tomando ambos —el real y el de silicona— en su vagina primero, gritando ante la sensación de doble grosor, doble longitud. Yo me posicioné detrás, y cuando ella estaba lista, entré en su trasero.

Esta vez fueron tres penetraciones. Ella perdió la cabeza, viniéndose una y otra vez, sin parar, un orgasmio larguísimo que parecía múltiples fusionados, su cuerpo convulsionando, su boca abierta en gritos silenciosos de éxtasis absoluto.

Perdimos la cuenta después del duodécimo orgasmo. Male estaba en trance, un estado de placer continuo, flotando entre nosotros, sus pezones hipersensibles, su sexo hinchado y brillante, su mente en blanco.

Para la noche, la acostamos entre nosotros en la bañera de hidromasaje. El agua burbujeante masajeaba nuestros cuerros agotados mientras nos masturbábamos mutuamente, suavemente, sin prisa.

"Gracias," susurró Male, besando primero a el invitado, luego a mí. "Gracias por darme esto. Por entenderme. Por complacerme."

"Esto es solo el comienzo," respondí, acariciando su rostro. "Cuando quieras, volveremos. Cuando quieras, añadiremos más. Tu placer es infinito, Male. Y nosotros estamos aquí para explorarlo contigo."

El invitado asintió, su mano encontrando la de Male bajo el agua. "Dos días no serán suficientes," dijo. "Necesitaremos una semana la próxima vez."

Male sonrió con esa sonrisa traviesa que me había enamorado, sus ojos color miel brillando con promesas de más, de más profundo, de más intenso.

"Una semana," acordó. "Con más juguetes. Y quizás... quizás Naty también querría unirse."

Intercambié una mirada con el invitado. Dos días, tres personas, docenas de orgasmos. Y aún quería más.

Esa era mi Male. Insaciable. Transparente. Infinita.

— maleja.eros

19 de septiembre de 2026

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