Boca pagadeudas
Relato de comunidad Sexo oralschedule 5 min de lectura calendar_today Octubre de 2026

Boca pagadeudas

Siempre quise sentirme usada de verdad. No el juego suave de “tráteme mal un rato”

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Siempre quise sentirme usada de verdad.  

No el juego suave de “tráteme mal un rato”. Usada. Como si le debiera plata a alguien y esa persona tuviera todo el derecho de cobrarse conmigo.

Se lo dije a Andrés una noche, después de unos tragos.

—Si yo te debiera, ¿me usarías para cobrarte?

Él me miró en silencio un segundo y después sonrió de lado.

—Te usaría sin culpa. Te prestaría a otros, cobraría y te daría tu parte para que no digas que soy hijo de puta. Solo boca, si quieres. O todo. Tú decides.

—Solo boca —contesté—. La boca de perra. Y que se sienta que estoy pagando una deuda.

Quedamos así.

Dos semanas después me escribió:

“Ya tengo cinco para el sábado. Apartamento de un amigo. Llega a las 3:40. No preguntes nombres. Yo cobro en la puerta. Tú solo abres la boca.”

Me preparé con calma. Me apliqué una crema anestésica suave por dentro de las mejillas y en los labios, de esas que quitan un poco la sensibilidad sin dejar la boca muerta. En la cartera llevé un anillo de silicona para mantener la boca abierta. No quería que la mandíbula me fallara a la mitad.

Cuando llegué, Andrés ya estaba. El apartamento era sencillo, cortinas cerradas, una silla en el centro de la sala y una toalla doblada en el piso.

—Arrodíllate —dijo.

Obedecí. Me acomodó el anillo entre los dientes, me sujetó el pelo en una coleta alta y me miró desde arriba.

—Hoy no hablas con ellos. No los miras a los ojos si no es necesario. Eres un agujero que debe plata. ¿Entendiste?

Asentí lo mejor que pude con la boca abierta.

El primero llegó puntual. Andrés abrió, habló bajo con él y le cobró. Escuché el ruido de billetes. Después el hombre entró. Era común, de unos cuarenta, nervioso. Se paró frente a mí, se bajó el cierre y sacó una verga ya medio dura.

—Qué puta tan obediente tienes —le dijo a Andrés.

—Úsala y cállate. El tiempo corre.

El tipo me agarró de la coleta y se metió. Al principio fue torpe, después encontró el ritmo y empezó a follarme la boca de verdad. Cada vez que tocaba el fondo de la garganta yo hacía un sonido ahogado y él apretaba más. Se corrió en menos de cinco minutos, directo en la lengua. Me obligó a tragarlo todo antes de salir. Andrés lo acompañó a la puerta, contó el dinero otra vez y cerró con llave.

Me limpió la comisura de los labios con el pulgar.

—Bien. Siguiente en diez minutos. ¿Aguantas?

Volví a asentir.

El segundo era más joven y más hijo de puta. Entró sonriendo, se bajó los pantalones y me dio una cachetada suave en la mejilla.

—Abre más, perra.

Me folló la cara con ganas, sujetándome la cabeza con las dos manos. Hablaba mientras empujaba:

—Así… traga… míreme cuando le lleno la boca…

Se vino con un gemido largo y me dejó la lengua cubierta. Un hilo de semen se me escapó por la barbilla. Andrés, desde la puerta, solo dijo:

—LíEstas bien? el tipo dice que duplica la paga por verte lamer lo que cayo al piso

- Andres, coma mierda - sin rodeos-. Usted tambien se le ocurren unas maricadas.

-pero que le digo

  • Mk pues digale que no.

Andres salió y regreso corriendo

- que paga el trip´le

  • Manes hijueputas, si no fuera porque cargan verghha... que entre

El tipo se rió, me limpió con el dedo y me lo metió en la boca para que lo chupara. Luego me vio lamiendo el piso "por que soy una perrita obediente". No lo disfrute, me vio tragar todo... Después se fue.

Entre el segundo y el tercero me dolía un poco la mandíbula aunque la crema estuviera haciendo efecto. Andrés se acercó, me quitó el anillo un momento, me dio agua y me volvió a colocarlo.

—Tres más. No te suavices ahora.

El tercero fue el más lento y el más pesado. Se quedó un rato solo rozándome los labios con la punta, obligándome a mantener la boca abierta y la lengua afuera. Después empujó de golpe hasta el fondo y se quedó ahí, sintiendo cómo me atragantaba. Me sujetó el cuello con una mano y con la otra me apretaba la nariz de vez en cuando para que me costara más respirar. Cuando se corrió, lo hizo tan profundo que me ardió la garganta. Tuve que tragar varias veces.

Andrés lo despachó y volvió conmigo. Me secó la cara con la toalla.

—Vas bien. Se te nota en los ojos que te gusta estar así.

El cuarto y el quinto llegaron con pocos minutos de diferencia. El cuarto me usó rápido y se vino en la cara, no solo en la boca. El semen me cayó en un ojo, en la mejilla y en el pelo. El quinto esperó de pie, tocándose, mirando cómo me dejaban. Cuando le tocó, me agarró con más fuerza que todos los anteriores. Me habló bajo, casi al oído:

—Tu novio dijo que debías plata. Yo vine a cobrar mi parte.

Me folló la boca sin ninguna piedad. Cada embestida me hacía lagrimear. Se corrió con un gruñido largo y me sostuvo la cabeza hasta que terminó de vaciarse. Cuando se salió, un hilo grueso conectaba todavía su verga con mi lengua.

Andrés cerró la puerta detrás del último, contó los billetes delante de mí y separó mi mitad. Me la puso en la mano. Después me quitó el anillo con cuidado. La mandíbula me crujió al cerrarse.

—¿Cómo te sientes? —preguntó.

Me toqué los labios hinchados. Tenía la voz ronca.

—Usada —contesté—. Exactamente como quería, pero la expectativa cambia...

Él asintió, me pasó otra toalla limpia y se sentó en el sofá mientras yo me limpiaba la cara.

—Cuando quieras volver a deberme, avisas.

Me quedé arrodillada un rato más, con el sabor de cinco tipos distintos todavía en la boca, la crema anestésica ya casi gastada y el dinero apretado en la mano.

Había sido una tarde de deuda.  

De boca prestada.  

De perra cobrada.

Y yo, con la garganta destrozada y la mitad del pago en el bolsillo, supe que iba a volver a pedirlo. Aunque se que Andrés me dejo más plata de la que debia ganarme.

No importa. Fue interesante sentirme sometida, algo medio doloroso si, pero la experiencia queda.

— lorenalorica

14 de octubre de 2026

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