Hola chicas y parejas, es la primera vez que escribo y me animé por fin.
Con mi esposo llevamos 8 años casados. Esto que les cuento no es de ahora, empezó hace 3 años cuando decidimos contarnos todo sin filtros.
Yo hace mucho tiempo, antes de casarme, trabajé como mesera en un bar swinger de Santander. Vi de todo, pero nunca había participado estando casada. Mi esposo siempre fue más tímido, más inexperto, pero con muchas ganas de explorar conmigo y yo con él.
Un sábado a las 6 de la tarde nos fuimos a tomar unos tragos a un lugar lindo acá en Santander. Hablamos de la relación, de lo que nos faltaba probar. Yo siempre le dije que mi debilidad eran las mujeres con busto grande, me parecen súper femeninas y me dan mucha curiosidad. Y a él las mujeres con nalgas grandes y redondas.
Esa noche habíamos contactado a una chica. Llegó puntual al apartamento. Era tal cual la habíamos imaginado: voluptuosa, con un pecho grande y muy bonitos que se le notaba en la blusa y unas nalgas grande, dura y muy sensual. Muy arreglada, con un perfume dulce que dejó todo el apartamento oliendo rico.
Pusimos luces bajas, unas velas aromáticas, música lenta y nos servimos whiskey. Para romper el hielo hablamos un rato los tres, nos reímos. Yo le propuse a mi esposo que nos dejara empezar a nosotras primero, quería cumplir mi parte con calma.
Él se sentó en la poltrona y nos dejó la cama a nosotras.
Yo me acerqué a ella, le empecé a soltar el cabello, a besarle el cuello. Ella me abrazó por la cintura y empezamos a besarnos. Yo estaba fascinada tocándole el busto por encima de la ropa, después por debajo, sintiendo lo suave y grande que era. Ella me acariciaba la espalda, me mordía los labios despacito. Fue un momento muy femenino, muy lento, solo nosotras dos conociéndonos.
Después de un rato la cosa se puso más salvaje. Ya no eran solo besitos. Nos empezamos a besar con más ganas, nos quitamos la ropa entre nosotras, nos apretábamos fuerte, yo le jalaba el cabello suave, ella me decía cosas al oído que me prendían muchísimo. Hubo un momento en que las dos estábamos encima de la otra, sudando, gimiendo, sin pena de nada. Fue un descontrol rico, salvaje, como si se nos hubiera olvidado que había alguien más mirando.
Ahí fue cuando miré a mi esposo y le dije "ven".
Él se quitó la ropa y se metió a la cama con nosotras. Nos abrazó a las dos al tiempo. Yo estaba en la mitad. Él me besaba a mí y la besaba a ella. Se notaba que estaba feliz cumpliendo su fetiche, pasando mucho tiempo acariciándole las nalgas grandes a nuestra invitada, apretándolas, besándolas.
Yo no la soltaba, seguía pegada a su pecho, que era mi fantasía. Los tres nos movíamos juntos, cambiando de posiciones, a veces yo arriba, a veces ella, a veces mi esposo nos abrazaba por detrás a las dos. Fue una mezcla de ternura y de sexo bien salvaje, de esos que te dejan sin aliento, con la música un poco más alta para no pensar en los vecinos.
Al terminar nos quedamos los tres abrazados, riéndonos, tomando agua, hablando de lo intenso que había sido. Para nosotros como matrimonio fue otro nivel de confianza.
Desde esa primera vez en Santander, hace 3 años, lo seguimos haciendo, siempre cuidando primero nuestra relación.








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