Semana Santa - Parte 3
Relato de comunidad Fantasíasschedule 4 min de lectura calendar_today Noviembre de 2026

Semana Santa - Parte 3

Aprovechando la renovación de la página subimos una fantasía basada un poco en la realidad de un paseo a Santander que hicimos en semana santa de 2026. Esta es la tercera parte. Lean las otras 2 no se arrepentirán. Espero que...

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Desde la habitación de nuestros nuevos amigos alcanzaba a oír los gemidos ahogados de Sara. Supuse que le estaba haciendo oral a José (después comprobé que así fue). Los ruidos y el saber en lo que estaba mi querida esposa me tenía a mil, y si sumamos la belleza de mujer que estaba besando y manoseando; no sabía cuánto iba a aguantar. 

  • ¡Hazme oral de nuevo!, me dijo María. Quiero sentir de nuevo tu lengua y tus dedos en mí.

Sin pensarlo dos veces bajé hasta su vagina y comencé a juguetear con sus labios mayores. Hasta que se hincharon y estaban listos para ser penetrados por mis dedos y mi lengua. Comencé lentamente a hacer círculos en sus labios menores, lamiendolos y mordiéndolos de vez en cuando. Sentí que María comenzó a excitarse aún más porque comenzó a mover la cadera al ritmo de mis caricias. Aumenté el ritmo con mi lengua pasando de vez en cuando a su clítoris y escuché sus suaves gemidos con cada roce. Aumenté el ritmo y cada vez me detenía más en su punto de placer; combinando con penetración con 2 dedos intentando tocar su punto G y combinándolo con manoseo de sus tetas (que no me podía faltar). María subía el ritmo y volumen de sus gemidos mientras se comenzaban a fusionar con los gemidos de mi esposa en el otro cuarto. Yo estaba a mil. 

  • Así, dame más. ¡más rápido! ¡QUÉ RICO!. Nos llegaba desde el otro lado del hotel.

Esto nos subió la excitación e hizo que aumentara la velocidad de mi oral

  • ¡SIIIIIIIIIÍ! ¡ASIIIIIIIIIÍ! ¡MÁS RÁPIDO!. Gritaba María

María no aguantó más y se vino, con squirt incluído, en mi boca. Al terminar me acosté en su vientre y ella me dijo -Me gustó lo que vi en la piscina, quiero que me des en cuatro como José a Sara-. -Tus deseos son órdenes- Le respondí, mientras la tomaba por la cintura para acomodarla de perrito.  

Enfrente de la cama había un espejo de cuerpo entero e iba a ver en primer plano como se le movían las tetas mientras la penetraba. Yo estaba listo para entrar, teniendo en cuenta el orgasmo que acababa de tener María y de los gemidos que habíamos escuchado en la otra habitación. Esto no parecía real.

Comencé a penetrar suavemente a María por la vagina mientras ella misma movía su cuerpo hacía atrás para que lo hiciera más profundo. Nos sincronizamos al instante y esto ayudó a que pudiera aumentar la velocidad. En el espejo veía la cara de placer de María y como sus tetas se movían sin control y se chocaban la una con la otra. 

  • No aguanto más ¡me vengo!- Escuchamos a José.

Intenté sacar mi pene porque el grito me aceleró la venida pero María lo impidió y dijo: -No, no, no. Lo quiero todo adentro.- Nuevamente, seguí la orden y aceleré la penetración y la profundidad (no sé cómo) y comencé a tener los espasmos que indican el final feliz. María comenzó a apretar su vagina para que yo sintiera mi venida aún más.

  • ¡WOW! Eso que hiciste al final fue de lujo.
  • ¡Gracias! Eso le encanta a José, sabía que te iba a gustar.

María se acomodó nuevamente encima mío. -¿Aguantas otra cabalgada?. Yo le dije que estaba un poco difícil pero ella dijo: voy a ayudarme con un juguete y espero que mientras te de tiempo para estar listo. Quiero que te vengas dentro mío de nuevo mientras tengo un orgasmo con mi juguete. 

Yo sabía exactamente qué era lo que quería porque a Sara le encantaba de esta forma. Muchas veces mientras yo la penetraba, sin importar la posición, ella se venía jugando con su juguete en el clítoris. 

Efectivamente María sacó un succionador y se puso manos a la obra. Con una mano sostenía el juguete mientras que con la otra se tocaba los senos. Me miraba seductoramente y este juego hizo que yo estuviera listo en tiempo record.

María se subió encima mío, metió toda mi verga dentro y acomodó su juguete para seguir masturbandose. Yo le mordía los pezones y le cogía las tetas con fuerza. Los gemidos no se hicieron esperar (esta vez de los dos) y llegamos juntos al orgasmo casi al mismo tiempo.

Ella cayó encima mío agotada. Ya no llevaba la cuenta de cuántos orgasmos habíamos tenido en la piscina y ahora en el cuarto. Yo le acariciaba la espalda sin sacar mi pene, ya flácido, de nuevo, de su vagina.

Nos levantamos, nos acomodamos un poco el pelo. Besé a María de despedida y salí por la puerta a encontrarme con mi adorada esposa para saber, con pelos y señales, lo que había pasado en nuestro cuarto.

— johanna-y-javier

5 de noviembre de 2026

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