Desde todos los años en que hemos frecuentado a estos amigos, nunca pensamos que nos “descubriríamos” de forma tan agradable. Hace ya varios años, durante las fiestas de diciembre, viajamos a Cali, la ciudad de mi mujer, Moni, para no solo visitar a su familia, sino también ver a todos esos amigos que queremos mucho, entre los cuales se encuentra esta pareja. Me agrada mucho charlar con Ramón y siempre he pensado que su esposa Claudia es divina, como las caleñas saben serlo. Mezclan la elegancia, la sensualidad y la belleza a la simpatía y capacidad de charla que les es propia. Desde luego que solo había compartido con mi esposa la atracción que Claudia ejercía sobre mi y que ella encontraba también de su agrado. Cuando le pregunté sobre Ramón mi amada me respondió que no le era indiferente totalmente, pero que tal vez la ternura que la amistad provoca influía en su juicio hacia nuestro amigo. En resumen, no le desagradaría hacer el amor con él y sí le gustaría poseer el cuerpito de nuestra amiga común. Nunca habíamos charlado con Ramón y Claudia ni de nuestros gustos por la vida swinger ni de los deseos que ellos provocaban en nosotros. Esto quizás hizo que lo que les voy a relatar tuviese tanta carga sensual para nosotros, como espero lo tenga para ustedes. En una de las salidas a restaurante y discoteca con ellos, charlamos, como siempre, con mucho humor y cordialidad en el restaurante y luego nos fuimos a “echar paso”, como se dice en esa región entre las personas de nuestras edades. Nos sentamos, como de costumbre, en una mesa aislada para poder charlar y comenzamos a bailar cada uno con una de las chicas en alternancia, dejando una canción de por medio para charlar los cuatro. Luego de unas pocas bailadas, una organización se fue instalando en la mesa sobre los turnos de salsa. Solo salíamos a bailar una pareja a la vez, ya no se bailaba los cuatro sobre la pista como hacíamos antes. A la segunda vez que saqué a Claudia a bailar me sorprendí al sentir como se serraba ella contra mi y como sus pechitos frotaban mi pecho. Esperé el turno de sacar a mi mujer a bailar para contarle lo anterior y ella me dijo que Ramón la comenzaba a apretar a ella también. Cuando le pregunté que hacer me respondió susurrándome al oído nuestra frase clave: “que rico”. La apreté contra mi y le di un beso ardiente apretándola con pasión y sentí como recibió con gusto mi caricia. En el baile siguiente con Claudia ella se acercó como la vez anterior y cuando yo la apreté apoyó su cabeza contra mi pecho. Esperé un momento y le di un beso detrás de la oreja y sentí su mano sobre mi hombro que me acariciaba en signo de consentimiento. Envalentonado por ese gesto acaricié su espalda e insistí con mis besos que ella con una timidez bien fingida tardó en responder de forma cariñosa aunque muy recatada. Nos sentamos y Ramón sacó a Moni, mi esposa a bailar mientras que Claudia y yo charlábamos como si no se hubiese pasado nada durante el baile. Al cabo de poco tiempo Claudia fue al baño y regreso sonriendo y me dijo que mirara a la pista porque Ramón y Moni estaban “chupando trompa”. Siempre me ha agradado los saltos entre la elegancia y la jerga popular que los vallunos hacen con mucha gracia y buen gusto. Ponen justo el picante necesario para expresar ideas que no se resumen a sus palabras. Miré y Claudia tomó mi cabeza entre sus manos y acercó la suya a la mía para mostrarme donde se encontraban nuestros respectivos cónyuges. Era verdad, Moni y Ramón se encontraban dándose un beso apasionado y las manos de él acariciaban uno de los deliciosos senos de mi mujer. Sonreí y dije a Claudia que nos estaban cogiendo ventaja a lo que ella, quien tenia su brazo sobre mi hombro y la cabeza inclinada sobre mi, me contesto con un “siiii” y una risita picara. Cuando al fin mi mujer y Ramón se sentaron saqué a Claudia a bailar, cogiéndola de la mano desde la mesa y desde el comienzo del baile comenzamos a besarnos con pasión y casi que con demasiada prisa, mi mano derecha acariciaba su cuerpo, recorriendo tanto su seno disponible como sus lindas nalguitas. Solo después de este momento ella dejó su “juego” de timidez y sus piernas se insinuaron contra las mías mientras su vientre reconocía, frotándome, el efecto que me había causado. Cuando la música terminó ella me pidió que nos sentáramos y yo le pasé mi brazo por la cintura para llevarla hasta la mesa al tiempo que ella me acaricio las nalgas sonriéndome. Al acercarnos a la mesa Ramón se alejó un poco molesto de Moni, interrumpiendo de toda evidencia un beso. Moni tenia sus manos sobre las piernas de Ramón y nos recibió con una sonrisa y nos dijo que le había contado a Ramón que “éramos swinger”. Claudia preguntó lo que eso era y Ramón le contesto: “hacen lo que queremos hacer con ellos”. Claudia apretó uno de sus senos contra mi brazo y acercando su boca a mi oreja me preguntó “¿es verdad?”. Di vuelta a mi cabeza y le di un besito en su boca por toda respuesta. La risa de Ramón y de mi mujer Moni hizo marco a nuestro primer beso en presencia de su esposo. Después de esa “destapada”, Claudia dejo su manito sobre mi pierna y le preguntó a Moni si a ella le gustaban también las chicas y me serró la pierna y sonrió cuando mi mujer respondió positivamente a su pregunta. Entonces nos explicaron que para ellos sería la primera vez que compartirían su vida sexual con otras personas y que el estar con otra chica sería también la primera vez para Claudia, pero que la idea rondaba por su cabecita desde hacía mucho tiempo. Tranquilicé a Ramón sobre sus temores asegurándole que yo no era homosexual y reímos de nuevo cuando Claudia me dijo que yo si lo sentiría a él cuando la penetráramos al mismo tiempo, a lo que respondí que seria “por la buena causa, el placer de estas damas”, causando otra risa generalizada en la mesa. Después de esto decidimos irnos al apartamento que habíamos alquilado Moni y yo para concluir la noche. Con una sonrisa cómplice Ramón me dijo que tomáramos dos taxis para ir y que él iría con Moni para que ella le muestre el camino, a lo cual accedí con otra sonrisa. Claudia me tomó de la mano, como si fuéramos una pareja de enamorados y dijo a Ramón de tomar el primer taxi y que nosotros tomaríamos el siguiente. En el taxi ella y yo nos besamos y en esos besos se exprimió más que la pasión, la ternura y el cariño que sentíamos el uno por el otro y que nunca lo habíamos expresado de forma tan explicita. Fue una delicia besar sus labios sin tocar su cuerpo, sentir que toda la pasión sexual se expresaría dentro de pocos instantes y que ese momento privilegiado de ternura sería tal vez el único en mucho tiempo, pues nos sentíamos entrando en ese espacio que todo swinger conoce de forma instintiva como prohibido. Al llegar al apartamento Moni y Ramón ya habían preparado los tragos sobre la mesa y mi esposa nos recibió a los dos con un beso en la boca y un frote generoso de sus lindos pechos. Cuando Moni besó a Claudia, ésta respondió lanzando una mano que temblaba un poco a uno de sus senos. Luego Claudia besó a su esposo y nos sentamos. Mi esposa y yo nos sonreímos al ver la forma un poco apresurada en que nuestros amigos se tomaron su ron, que no tenia aun la coca cola que se acostumbra. Después, aprovechando la música, saqué a mi mujer a bailar y Ramón hizo lo mismo con la suya. Mientras bailábamos nos besamos muy apasionados y las manos de los caballeros acariciamos el cuerpo de nuestras mujeres. Nos sentamos para tomar otro trago y saqué a Claudia a bailar y Moni pidió a Ramón que hiciese lo mismo. Mientras yo acariciaba el cuerpo de Claudia ésta escondía su cara contra mi pecho al tiempo que Ramón evitaba mi mirada mientras recorría, imitándome, el cuerpo de su pareja de baile. Por el ritmo de la respiración de Claudia yo sentía que estaba tan nerviosa como excitada. Al sentarnos, después de tantas caricias y besos, para tranquilizar a nuestros amigos, felicité a Ramón por la belleza de su esposa a lo que él respondió halagando también a la mía. Este fue el momento que Moni aprovechó para darle un beso y decirle un “tan querido” que nos hizo sonreír a los cuatro. Al sacar a bailar a mi mujer, esta me pidió, entre varios besos, que le quitara la blusa y se quedó en sostenes después de poner la blusa sobre una mesa. Nuestros amigos se besaban y compartían, de toda evidencia, tanto la excitación como un pudor que dentro de poco no tendría razón de ser. Nos sentamos y seguimos tomando como si no fuéramos concientes de lo que nos esperaba y ninguno de los dos hizo un comentario sobre la parcial desnudez de mi mujer. De toda evidencia estaban aun muy nerviosos y llenos de timidez. Aproveché, cuando saqué a bailar a Claudia para decirle a Ramón que él me llevaba ventaja, puesto que mi mujer ya no tenía su blusa puesta, a lo que él me contestó que le quitara entonces la blusa a su esposa. Alejé un poco a Claudia, con la mano en el mentón le levanté la cara para mirarla a los ojos y le pedí permiso para quitarle la blusa. Ella se apretó contra mí y me dijo con una voz un poco alterada que “siii, por favor”. Le desabotoné la blusa de sus botones en la espalda y se la retiré para ponerla sobre la misma mesa donde mi mujer había dejado la suya. Fue en este momento en donde vi que Moni dijo algo al oído de Ramón y éste comenzó a desabotonar el sostén de mi esposa. Mientras él se ocupaba de desnudar a mi amada, yo besé a Claudia acariciando sus senos mientras ella, con los brazos cruzados sobre mi nuca, se frotaba ligeramente contra mi vientre y su lengua invadía mi boca. Al ver que mi mujer estaba con su pecho desnudo y acariciando con sus senos el pecho de Ramón, al ritmo de la música, Claudia me pidió, ella misma, que le quitara sus sostenes también. Lo hice y por la primera vez pude ver los senos de esta amiga. Fue delicioso. Nos sentamos, las damas con sus senos al aire, tomamos un poco y luego cada cual bailó con su propia esposa y por un tácito acuerdo no desnudamos a nuestras parejas, dejando que sea el amigo quien lo haga. Esta vez hicimos una pausa en los bailes y charlamos un poco, mientras yo me burlaba de los vallunos que hacen todo bailando. Era una sensación extraña que de estar sentados, nuestras damas con los senos al aire y nosotros vestidos. Cuando saqué a bailar de nuevo a Claudia, ésta tomó, por fin, la iniciativa y me quitó la camisa, imitada de inmediato por mi mujer que desnudó a Ramón de la cintura para arriba. Mi pareja y yo nos estremecimos un poco cuando sentí sus senos contra mi pecho desnudo. Al terminar la música, Moni y Ramón siguieron abrazados besándose y, desde luego Claudia y yo los imitamos. Como Ramón comenzaba a abrir la falda de mi mujer, yo quité el pantalón de Claudia y ella me quitó el mío. Ramón pidió permiso para ausentarse un instante y fue a la ducha, de donde regresó con toallas que colocó sobre los dos divanes. Esta vez nos sentamos juntos Claudia y yo y mi mujer directamente en las piernas de mi amigo que se había ya sentado en el otro diván. En medio de los besos yo traje a Claudia sobre mis piernas y después de besarla en la boca y acariciar sus pechos, bajé la boca para besarle sus senos, a lo que ella respondió con un suspiro, cerrando los ojos y apoyando su manito en mi nuca. Me encantó sentir su temblor en respuesta de mi lengua que azaraba la punta de sus pezones. A partir de este momento no bailamos más, los hombres quitamos los calzoncitos de la dama que estaba sobre nuestras piernas y seguimos acariciándolas en las piernas mientras subíamos a su sexito que estaba lubricado por la excitación. Cuando ya sentí a Claudia liberada de todo pudor incómodo, miré a Ramón y le hice señas de que Moni y Claudia deberían también hacerse cariñitos. El me sonrió y me di cuenta que incluso en este momento la complicidad que nos caracterizaba siempre seguía siendo válida, pues nos levantamos y tomé a Claudia en mis brazos y la llevé al sofá donde se encontraba Moni, en donde la senté y alterné los besos entre su boca y la de mi mujer. Puse mi mano en la nuca de las damas y las llevé a que se dieran un beso en la boca. Claudia beso a mi mujer con cierto recato, pero al cabo de pocos segundos la pasión la ganó y se entregó en un beso apasionado. Mi amigo Ramón y yo las dejamos tranquilas un rato, nos sentamos sobre las toallas en el otro sofá a saborear el ron y gozamos del espectáculo de nuestras damitas besándose, acariciándose y chupándose los senos. Cuando sentimos que las damas se repetían un poco, nos levantamos, cada uno tomó a su esposa y las llevamos a la cama mientras las besábamos y acariciábamos los senos. Al llegar a la cama acosté en ella a Moni y separé Claudia de su marido llevándola hacia mi mujer quien abrió los brazos para recibirla. Ellas siguieron acariciándose y los caballeros nos sentamos al pie de la cama, uno a cada lado, respetando ese momento que era de ellas. Claudia, que estaba sobre mi mujer, abandonó la boca que tantos besos le daban y comenzó a bajar besándole los senos que tomaba con las manos como el superviviente de un naufragio se aferra a un tronco de madera. Mientras tanto su cuerpito se removía imitando los movimientos de una serpiente y mi mujer le acariciaba la cabeza metiendo sus dedos entre su hermosa cabellera. Un poco después Claudia bajo más su cabeza, besó el estomago de mi esposa, se movió hacia los lados y besó con un poco de fuerza esos lados del vientre de Moni, quien tuvo espasmos de excitación en reacción a esta caricia. Mi mujer, al colmo de la excitación, empujo un poco la cabeza de Claudia, al mismo tiempo que abría las piernas para recibir la lengua de nuestra amiga en su sexo que, pudimos constatar todos, palpitaba de excitación. Claudia hundió su cara entre las piernas de mi esposa y comprobamos el efecto de su caricia por los gemidos que Moni producía y los movimientos espasmódicos de su cintura. Ramón tomó una de las piernas de su mujer y la empujó hacia mí, quien giró su cuerpo hacia mí, sin manifestar la más pequeña oposición, es decir con la evidente colaboración de su dueña, que seguía ocupada a dar placer a mi mujer con su lengüita y sus pulposos labios. Yo recibí las piernas de Claudia y la llevé poco a poco a hacer un 69 con Moni, quien se dio vuelta para ponerse de costado y lanzó sus brazos hacia las nalgas de nuestra amiga. Rápidamente las dos damas se concentraron en besar el sexo de la otra chica, espectáculo que se nos ofrecía a Ramón y a mí en su totalidad, puesto que cada una tenía una pierna abrazando y guiando la cabeza de la otra. Es así que veíamos la lengua de cada una lamer los labios de la vagina de la otra y por momentos succionar con los labios el clítoris que tenía delante de sí. Todo esto alternado con unos besitos muy tiernos que por momentos daban al jugoso sexo que las recibía. Es de esta forma que las damas llegaron, con muchos temblores y estremecimientos al primer orgasmo de la noche. Ellas siguieron besándose de esa forma un rato y luego se separaron y se arrastraron cada una hacia su marido y de pie al frente de cada uno, nos quitaron los pantalones y se sentaron sobre nosotros penetrándose con nuestros penes en la posición del loto, puesto que estábamos aun sentados los dos. Hicimos el amor de esta forma hasta que las damas llegaron otra vez al orgasmo y luego, con cierta letargia, las damas se levantaron y dando vuelta a la cama vinieron hacia ese amigo que las penetraria por la primera vez. Luego solo vi los ojos de Claudia que me miraban con mucha ternura y con una mano acaricié uno de sus senos mientras que la otra acariciaba sus nalgas. Ella agachó su cabeza, me dio un beso ininterrumpido mientras sus piernitas rodeaban mi cintura y con una mano guiaba mi pene en su sexo. Fue deliciosa esa forma de hacer el amor, penetrando a otra mujer, con las manos que recorrían nuestros cuerpos, mientras nos besabamos, por momentos de forma apasionada y por momentos con mucha dulzura. Al colmo de la exitación oí como Moni llegaba a otro orgasmo y pocos momentos después el gruñido de placer de Ramón. Claudia aceleraba los movimientos de su cadera, su respiración se aceleraba e interrumpió su beso para pedirme que le metiera un dedo por el ano. Me llevé el dedo a la boca para lubricarlo y cuando lo llevé entre las nalgas de mi amiga, esta curvó su cuerpo para recibirlo, al tiempo que con sus manos separaba sus nalgas y me habría el camino hacia su chiquito. Tan pronto introduje mi dedo en su ano ella comenzó un orgasmo largo, separándose de mi para aumentar mi penetración y cerrando los ojos puso en sus labios una sonrisa de felicidad. Yo aproveché esta posición para chupar sus senos y al ver que su orgasmo se calmaba me permití un orgasmo que me sacudió desde los riñones. Nos quedamos unos momentos inmóviles saboreando el placer que habíamos tenido y luego los cuatro abrazados nos fuimos a duchar. Nunca olvidaré la forma como nos untamos de jabón, Claudia me enjabonó, mientras que Moni lo hacia con Ramón y después ellas mismas se enjabonaron, insistiendo mucho entre las piernas y los pechos de la otra. Después de juagarnos y acariciar el cuerpo de estas damas que se acariciaban entre ellas, regresamos a la cama en donde nos acostamos desnudos con las damas entre nosotros. Charlamos un rato, acariciando ociosamente los pechos de cada una de las chicas y nos quedamos dormidos, cada uno abrazando a la mujer de su amigo, mientras ellas tenían una mano sobre el pene del caballero que les estaba al lado y la otra sobre el pubis de la otra damita. En otra ocasión les cuento como nos despertaron estas damas que adoramos.

Relato de comunidad Intercambiosschedule 15 min de lectura calendar_today Junio de 2009
Una Pareja De Amigos I
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