Una Pareja De Amigos II
Relato de comunidad Intercambiosschedule 7 min de lectura calendar_today Junio de 2009

Una Pareja De Amigos II

Desperté con la resaca un poco viva y me di cuenta que habí­a dormido de lado, abrazando a Claudia y con mi mano cogiéndole uno de sus senos, mientras que ésta me daba la espalda, con sus nalguitas pegadas a mis genitales y que una de sus manos se apoyaba sobre uno de los senos de mi mujer.....

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Desperté con la resaca un poco viva y me di cuenta que habí­a dormido de lado, abrazando a Claudia y con mi mano cogiéndole uno de sus senos, mientras que ésta me daba la espalda, con sus nalguitas pegadas a mis genitales y que una de sus manos se apoyaba sobre uno de los senos de mi mujer. Esta estaba de espaldas, con las piernas un poco abiertas, una de las manos de Ramón entre ellas. Mi mujer tenia una de sus manos sobre los muslos de Claudia y con la otra mano cubrí­a los genitales de Ramón como si cuidara que no se le fueran a escapar. Cerré los ojos de nuevo y me moví­ para que mi pene reconociera el trasero delicioso de Claudia y me dormí­ de nuevo. Más tarde sentí­ ciertas ondulaciones de las nalgas de Claudia y escuché como ella y Moni se daban besitos y cuchicheaban algo que no comprendí­. Mi pene reacciono a esas nalguitas redonditas que lo frotaban y una mano dulce vino a ampararse de él y a acariciarlo con suavidad. Para gozar mejor de esta caricia me puse de espaldas y sentí­ a Claudia voltearse contra mi y poner su cabeza junto a la mí­a y susurrarme un “¿Qué locura hicimos?”. La atraje sobre mí­ y luego de darle un besito le contesté que la locura habí­a sido esperar tanto tiempo. Ella me sonrió y se aplastó sobre mi cuerpo mientras suspiraba y me respondí­a con una voz un poco ronca un “¡Es verdad!”. Oí­ a mi lado a mi mujer despertar a Ramón con besitos y repitiendo su nombre. Éste se despertó y le dijo un “hola, buenos dí­as linda” dándole al mismo tiempo un beso que no sé cuando terminó. No podí­a escuchar lo que se hací­an mi mujer y Ramón porque Claudia habí­a comenzado a darme besitos sobre las tetillas y a chuparlas de vez en cuando, lo que me excitaba mucho. Con sus muslos Claudia sentí­a el efecto de sus caricias y subió para darme un beso en la boca, momento que aproveché para llevarla mas arriba y meterme sus senos en mi boca mientras me cabalgaba sobre el pecho con sus piernas a mis costados y sus bellos púbicos se enredaban con los mí­os. Luego Claudia bajó un poco, me dio un beso y siguió bajando, liberando de esta forma mi campo de visión y descubrí­ a Moni con el pene de Ramón en su boca mientras este le acariciaba su cabellera. No tardó mucho Claudia en imitar a mi mujer y sentí­ como sus labios encerraban la punta de mi pene mientras su lengua lo acariciaba en cí­rculos. Me entregué a mi placer sin ponerle cuidado a nada más que a esa caricia deliciosa, sobre todo cuando mi amiga me llevaba hasta su garganta y sentí­a su laringe dilatarse para permitirle el paso. Luego ella se retiraba para respirar y regresaba a la carga una y otra vez. En un momento oí­ a Ramón dar “su” gruñido mientras entregaba su semen al paladar de mi mujer y esto fue la señal para que Claudia acelere el vaivén de su cabeza, lo que me llevó rápido a inundar su boquita con mi semen. Al sentir que yo venia, ella puso la punta de mi pene en su boca y aspiraba en un movimiento de succión que aceleró mi eyaculación y me recibió en su boca mientras su manito se enroscó en mi anatomí­a haciendo un movimiento de masturbación delicioso. Con mi pene aun en su boca sentí­ su lengua y su paladar saborearme y como se tragaba mi liquido de vida para luego limpiarme como una gata que lame uno de sus gatitos. Las damas se levantaron con risitas de complicidad y desnudas se dirigieron hacia la cocina. Ramón y yo tratábamos de recuperar un ritmo respiratorio normal cuando oí­mos a Moni llamar a la recepción para pedir pandebonos con su acento lindo en un “miraa vee, ¿me podés mandar unos 12 pandebonosss?” Sonreí­ y miré a Ramón quien también sonreí­a a mi lado y me dijo este que “no sabia si sobrevivirí­a a esta “cosa” tan rica, pero que morirí­a contento”, lo que me hizo reí­r. Moni regresó corriendo para ponerse una batona cuando timbraron a la puerta y luego, como yo lo habí­a pensado, regresó a colocar la batona en el baño y quedarse completamente desnuda. Poco tiempo después, mientras los dos, victimas de la mamadita anterior, dormí­amos a medias, vino Claudia a decirnos que el desayuno estaba servido y darle un beso a su maridito. Nos levantamos y Ramón puso una mano en una de las nalgas de su mujer y como yo me alejaba hacia el comedor, Claudia me dijo que tenia dos nalgas, por lo tanto una para mi mano también. Ramón rió y me dijo que si él poní­a las dos manos sobre el trasero de su mujer, tendrí­a que caminar hacia atrás, lo que nos hizo reí­r de nuevo. Nos dirigimos pues hacia el comedor, los tres abrazados y cada una de las nalguitas de mi amiga acariciada por la mano de cada uno de nosotros. En el comedor nos esperaba el desayuno con huevos a la cacerola, chocolate, los pandebonos y los buñuelos junto a una tasa de café. Me pareció muy delicado de la parte de estas damas el que hayan puesto las toallas sobre el asiento de las sillas del comedor. Moni salio de la cocina, desnudita como lo estábamos todos y me dio un beso en la mejilla con un “buenos dí­as mi amor”, una sonrisa de dicha y con sus ojitos brillantes. Desayunamos, nos duchamos, nos vestimos y nos despedimos prometiéndonos hablarnos cuando el guayabo se haya ausentado de nuestro cerebro. Sigo con la impresión que el beso que Claudia me dio, con su cuerpo entero apretado contra mí­ fue más intenso que lo que la circunstancia, por excepcional que fuera, necesitaba. De la misma forma se despidió de mi mujer, quien ya habí­a despedido cariñosamente a Ramón. Cuando estos se fueron abrí­ mis brazos y recibí­ a mi mujercita quien me repitió la frase codificada del “que rico”, con la que confirmaba siempre su acuerdo con alguna situación que pudiese interesarle. Le contesté tan solo “si, que rico”. Los comentarios sobre la tarde se limitaron a que los dos nos extasiáramos sobre el cuerpo de Claudia y lo rico que lo habí­amos disfrutado. Al dí­a siguiente llamamos a estos amigos y nos dimos cita para ir a cenar por la noche, lo que hicimos sin ninguna referencia a la noche de orgí­a que habí­amos tenido, salvo por la forma como a veces cogí­amos la mano de la esposa del otro para decirle algo. Se notaba que los cuerpos de nuestras damas nos eran conocidos, que no seriamos rechazados, pero que no era el momento para el sexo. La única excepción fue cuando Ramón nos dijo que no querí­a encontrar otras parejas y que deberí­amos hacernos exámenes sanguí­neos para descartar toda venérea antes de regresar a nuestra ciudad. Éramos de nuevo dos parejas distintas y que nos querí­amos mucho con mucha más complicidad y ternura que otras parejas de amigos. En todo caso estábamos más cerca los cuatro que pocos dí­as antes. Nos hemos reunido muchas veces más después de esa y no siempre para hacer el amor, pero desde luego, con toda la complicidad que tal experiencia da. En cierta forma cada uno de nosotros tiene dos mujeres y las nuestras, cada una tiene dos maridos y una amante. Todo respetando los momentos, las largas semanas, en que dejamos a cada pareja el tiempo de construirse. Los momentos en que nos vemos “sin sexo” nos permiten construirnos a nosotros también como esta nueva forma de grupo que va más allá de la familia tradicional completándola. La búsqueda de los limites de la pasión la continuamos aun, pero estas otras veladas serán objeto de otro relato. Espero que les haya gustado y que mis amigos, si me leen, no se sientan ofendidos por regalarles a todos los lectores momentos tan lindos. Que disculpe igualmente si me siento dulce y tierno cuando estoy en compañí­a de su esposa y que sepa que me agrada mucho cuando lo veo tratar a la mí­a con tanto cariño.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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