La Segunda Vez Con La Pareja De Amigos, Claudia Y Ramón
Relato de comunidad Intercambiosschedule 8 min de lectura calendar_today Junio de 2009

La Segunda Vez Con La Pareja De Amigos, Claudia Y Ramón

Ya hacia 3 meses de nuestra primera experiencia cuando Claudia me llamó por teléfono y me dijo de entrada que ella deseaba que nos encontrásemos los 4 una vez más “como la última vez” y querí­a saber si Moni estarí­a de acuerdo, en el caso que lo estuviese yo también. Un poco en broma....

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Ya hacia 3 meses de nuestra primera experiencia cuando Claudia me llamó por teléfono y me dijo de entrada que ella deseaba que nos encontrásemos los 4 una vez más “como la última vez” y querí­a saber si Moni estarí­a de acuerdo, en el caso que lo estuviese yo también. Un poco en broma le pregunté si me llamaba a mí­ porque me preferí­a, de lo contrario porqué no llamarí­a directamente a mi esposa. Ella rió y me contesto que se recordaba mucho de los dos, realmente se recordaba todo. Esto último lo dijo bajando la voz y poniéndola ronca como cada vez que confiesa sus deseos profundos. Reí­ un poco de la forma como me lo dijo y sabiendo que Moni se habí­a ya extrañado que Ramón y Claudia no hací­an ninguna referencia a lo pasado en todas las veces que nos habí­amos encontrado. Le dije que llamara a Moni y que mi memoria aun sentí­a el perfume de su piel y las formas de su cuerpo. Ella me dijo que lo iba a arreglar todo entonces. Pocas horas después me llamó Ramón y me dijo que deberí­amos hacernos todos los 4 un examen ginecológico para garantizarnos no haber agarrado nada. Terminó la charla diciendo que todo es mejor sin preservativo. Llamé a Moni a su trabajo y me contó que tení­amos cita para el dí­a siguiente en un laboratorio de la ciudad, que tendrí­amos que ir en ayunas. Ella siempre organiza todo sin pedirme permiso, pero nunca se equivoca en lo que organiza, entonces ya tengo la costumbre de delegarle esa autoridad. También me contó, como consecuencia lógica, que irí­amos el fin de semana al lago Calima, que me explicarí­a todo en casa. El viernes salimos pues para el lago Calima, con el certificado médico de estar limpios de toda venérea en un sobre en la maleta. Al llegar nos recibieron Ramón y Claudia, él me saludo de abrazo, como lo hacemos desde hace 10 años, y un inocente beso en la mejilla entre los otros tres. Si me di cuenta, sin embargo, de las miradas de picardí­a de las damas al besar a los otros. Llevamos la maleta al chalet arrendado y cuando llegamos me gustó ver que en lugar de las camas en diferentes habitaciones, ellos ya habí­an preparado una enorme cama con cuatro camas puestas lado a lado. Dije solo que la pista de baile me parecí­a excelente. Charlamos como siempre, como para marcar que el sexo entre nosotros no alteraba la amistad que ya sentí­amos antes, que no habí­a cambiado nada. Salimos a almorzar y luego decidimos ir a la piscina. Nos cambiamos en el chalet, sin ocultar nuestros cuerpos, pero sin referencia alguna a la desnudez de los otros. Estando en la piscina jugamos un poco y Claudia, jugando, se subió en mis hombros y eso fue todo, creí­a yo. Sin embargo, estando en la piscina se me acerco y aprovechando la discreción que permite el agua me acaricio el pene por encima de la pantaloneta y luego por dentro directamente sobre mi pene. Al mismo tiempo yo aproveché para acariciar sus nalguitas y cuando un dedo se insinuó entre su ano, me dijo que esta noche entrarí­a por ahí­ lo que ella tenia en la mano. Moni nos llamó para algo al borde de la piscina y Claudia le contestó que no podí­a salir porque no estaba decente. No habí­a nadie en la piscina, pero esto dio la tonalidad al fin de semana. Moni se acostó sobre el borde donde estábamos y metió la mano para verificar por ella misma el estado en que me habí­a puesto nuestra amiga. Mi mujer se sonrió y se levantó diciendo simplemente que si me poní­an en ese estado no se podí­a hacer nada. Después de la cena nos fuimos a tomar el digestivo en el chalet, en donde habí­amos preparado un poco de música. Camino al chalet Claudia me tomó la mano y Moni hizo lo mismo con Ramón. Ya nos habí­amos dado varios besos apasionados cuando por fin llegamos al apartamento y después de entrar comenzamos a desnudarnos mutuamente. Las damas honoraron el pene del esposo de la otra con sus boquitas y tomándose ellas de la mano pasaron a la cama. Las seguimos para verlas acomodarse en un 69 de lado y de las nalgas de cada una sobresalí­a la cabeza de la otra ocupada en lamer sus agujeros fuente de tanto placer para todos. Esta vez cada uno de nosotros, los esposos, pasamos por la espalda de nuestras legitimas para besarles la nuca y la espalda, buscando los puntos sensibles que ya conocí­amos. Pacientemente las dejamos llegar al orgasmo y cuando los temblores de sus caderas y sus quejidos se calmaron, Moni estiro una mano buscando el sexo de Ramón imitada rápidamente por Claudia quien me atrajo también hacia ella. Luego de chuparme un poco me llevó Claudia al sexo de mi mujer, la cual ya habí­a mimado el sexo de nuestro amigo y lo habí­a introducido en la vagina de la otra chica. Fue delicioso penetrar a mi mujer mientras esta lamí­a la parte de la vagina de nuestra amiga que quedaba libre del sexo de su marido que la penetraba. Ramón me miró y me preguntó si querí­a que cambiásemos de puesto, a lo que accedí­. Al salir del sexo caliente de mi esposa la boca de Claudia me acogió como para despedirme. Mónica me recibió en su boca cuando llegué a ella y la vi como cerró los ojos al ser penetrada por Ramón. Acto seguido me guió al sexo de Claudia y se concentró en lamer el clí­toris que tenia a su alcance y a gozar del pene que la penetraba y de la lengua que la acaricia también. Las damas apreciaron mucho esta situación, con nuestras manos que se agitaban entre las nalgas de la una y los pechos de la otra, acariciando esos cuerpos que no solo eran deseables, sino que también querí­amos. Después de llegar al orgasmo las dos, a pocos minutos de intervalo, Claudia sacó el pene de su marido del sexo de mi mujer y subió la cabeza para lamerle su ano, mientras mantení­a el pene de Ramón en la mano. Moni la imitó y rápido me lubricó el pene con saliva, cuando se estremeció al sentir el pene de mi amigo que le entraba por el ano. Con unas pocas muecas de dolor terminó por aceptarlo todo y llevarme a la entrada del ano de Claudia quien se habí­a adelantado las nalguitas como para invitarme. Entré en ella con mucha facilidad, esperando siempre que ella me indique cuando ir más adentro. Comencé a ir y venir en su interior cuando ella estuvo bien dilatada y sentí­a contra mis testí­culos la cabeza de Moni que lamí­a su vagina con mucha dedicación. Estando en estas Ramón se acostó a lo largo de la espalda de Moni, pasando la mano por su estomago y llevándola sobre él. Yo hice lo mismo, Claudia voltio la cabeza y me recibió con un beso y una vez sobre mi se sentó y volteó la cabeza para mirarme con mucha picardí­a. Ver sus glúteos empalados en mi pene me encantó. Luego, sin sacarme de ella se volteó despacio, hasta quedar mirándome. Arqueando su espalda se agachó y me dio un beso apasionado con su lengua enrollada en la mí­a. Miré a mi mujer que se quejaba y daba griticos de excitación y la vi acostada sobre Ramón, las piernas abiertas y recibiéndolo a él por detrás y una mano de Ramón que acariciaba su clí­toris. Con ese tratamiento mi mujer no tardó a tener otro orgasmo y al poco tiempo sacó a nuestro amigo de su recto emitiendo un quejido por el dolor que la excitación no la habí­a dejado sentir. Se deslizo mi mujer hacia un lado y se puso a mirarme en medio del sopor que tanto placer le produjo. Ramón aprovechó para ir al baño lavar su verga que se habí­a paseado por los intestinos de mi mujer. Claudia me cabalgaba, echada hacia atrás y apoyando sus manos en mis piernas, mientras yo le acariciaba su vagina que esta posición dejaba evidente al frente mí­o. Paró ella un momento y se giró de nuevo hasta darme la espalda y se recostó sobre mi pecho. Luego de unos pocos balanceos de sus nalgas, ella llamó a su marido quien se acerco “lanza en ristre” puesto que no habí­a eyaculado en Moni. Se acomodó éste entre nuestras piernas y llevó su pene a la entrada de la vagina de su mujer y sentí­ yo también como le dábamos una doble penetración a su mujer. Claudia lo recibió con mucha pasión y comenzó a moverse tanto como la posición se lo permití­a. Yo la abrazaba con mis manos en sus senos para sostenerla y permitirle sentir mejor todos los placeres que le dábamos. Debo confesar que el pene de su marido en su vagina era muy aparente para el mí­o que entraba en su ano, pero la sensación, santificada por esas entrañas de mujer, no era desagradable. Cuando sentimos que venia su orgasmo, Ramón y yo nos permitimos relajarnos por fin y tuvimos el orgasmo los tres casi al mismo tiempo. Luego Ramón se levantó y acostándose al lado de Moni, atrajo su cabeza sobre su pecho y le comenzó a dar besitos muy tiernos. Claudia me sacó de su ano y se volteó sobre mi cuerpo y me lleno de besitos tiernos mientras yo sentí­a sus pechos contra el mí­o y mis manos acariciaban sus nalguitas. Todo el fin de semana se pasó con cesiones de este tipo, salvo la vez que Claudia y yo nos encontramos solos, Ramón y Moni se habí­an despertado antes y vestido para ir a comprar la “parva” para el desayuno. No sé que fue más agradable, si hacer el amor solo con Claudia mostrando mucho cariño, o saber que su marido y mi mujer entraban y no sentir ni temor ni sorpresa. Al vernos ellos comprendieron, pues se limitaron a decirnos que cuando estuviese servido nos llamaban. Tanto Ramón como Moni apreciaron los globos de las nalgas de Claudia que se penetraba a caballo sobre mi mientras nos dábamos besitos. Ella volteó su cabeza hacia atrás y respondió que ya llegábamos con una voz entre cortada que corroboraba el hecho que ella ya venia. Fue delicioso, en una palabra.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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