Desperté al sentir a Claudia que se acostaba a mi lado, y me extrañó el no tener a mi Moni a mi izquierda. Sin abrir los ojos, besando a Claudia, bajé mi mano a su vientre, pero ella, sin retirarme, me dijo, “no, hoy es para ella”, y me dio un beso en la mejilla. Abrí al fin los ojos y me encontré con que mi amada mamaba a Ramón, en perrito entre sus piernas. Al darse cuenta que yo estaba despierto, me dijo riendo: “tu mujer nos va a dejar sin ánimos para nada todo el día, después te toca a ti”. Una mano de Moni se deslizó hacia mi sexo mientras ella hacia esfuerzos para entrar todo el pene de nuestro amigo, chupándolo al sacarlo, con sus mejillas que se hundían a causa del vacío que ella hacia en su boquita. El espectáculo me gustaba, y abrazando a Claudia, mi mano sobre sus nalguitas, me dispuse a esperar que mi amor termine con mi amigo y que luego me haga lo mismo. Éste último ya comenzaba a menear su cintura y a acariciar la cabeza de mi mujer, la cual aceleró sus movimientos, hasta que el ronquido de Ramón y la acción de tragar de la garganta de Moni nos evidenció que el “turno” de mi amigo terminaba con su satisfacción total. Después de eso, Claudia pasó por encima mío y besó tiernamente a su esposo, mientras que después de un “hola mi amor, buenos días”, mi linda me tomó en su boca también. Al cabo de unos minutos, muy pocos, Moni me abandonó un instante para “masajearse” la mandíbula que había estado en dura contribución. Al ver esto, con una sonrisa pícara, Claudia tomó mi cabeza entre sus brazos y me llevó a sus senos, para alternar besitos en su boca y chupadita de sus senos. La mano de Moni acariciaba la cuquita de Claudia, y para facilitarle la maniobra, la esposa de mi amigo se puso encima mío, frotando su cuquita contra mi estomago, cuando no levantaba sus nalguitas para recibir la caricia de mi mujer, y siempre sus senos en mi boca. Ramón se ofreció para ir a preparar el desayuno, puesto que “moría de hambre” y se fue a la ducha. Moni se levantó de la cama, diciéndonos que la esperásemos un instante, y regresó del baño con el juguetito de nuestra amiga. Al verlo Claudia cerró los ojos y comenzó a besarme con mucha pasión, guardando su culito levantado. Mi mujer dio una lamidita en el culito a Claudia, le introdujo suavecito el juguete con una mano mientras que con la otra le acariciaba el clítoris (una gota de lubricante cayó sobre mi vientre), el cual fue aceptado por un profundo suspiro de contento de la parte de la damita que lo recibía. Mi pene fue recuperado por mi mujer en su boca, mi boca estaba llena con los senos de nuestra amiga, y mis manos acariciaban los muslos de esta. Moni me tomó la mano derecha y me la llevó al juguetito que entraba en la vagina de Claudia, para concentrarse en la mamadita que me estaba suministrando. Para más comodidad pasé mi mano derecha entre mi cuerpo y el de la esposa de Ramón, y me di el gusto de entrar su juguete hasta el fondo, sacándole un “siiii” del fondo del alma. Con la mano izquierda fui en búsqueda del ano de esta linda damita, quien moviendo sus nalguitas suavemente hacia arriba, hizo entrar uno de mis dedos tanto como la posición lo permitía. Con ese régimen, imaginará el lector, mi orgasmo no se hizo tardar, solo lo suficiente para que Claudia también llegara al suyo. Moni me recibió en su boquita, con tanto gusto como había manifestado para recibir el semen de Ramón. Claudia se apoyó contra el juguete y sentí con mi lengua la aceleración de su pulso, en su seno izquierdo que yo lamía en ese momento, al tener ella su orgasmo. Nos reímos los tres y con una damita a cada uno de mis lados, traté de dormir un poco, sin resultado, por los besitos que las damas se daban encima de mi cara y que me daban a mi también. De todas formas, Ramón llegó con el “tinto pa’ todosss” y tocó sentarse para tomarlo. Lo más agradable de esta situación era la ternura discreta con la que Claudia se sentaba en mis piernas para alcanzar su café o los panecillos que Ramón había traído al igual que la forma como mi mujer apretaba uno de sus senos contra el brazo de Ramón cada vez que la situación se lo permitía, más que se lo exigía. Nos sentíamos formar un grupo sólido, como cuando Claudia se sentó en mis piernas, apoyando bien sus nalguitas contra mi vientre, para poner la mantequilla en la arepa que Ramón se iba a comer. El movimiento de su culito me acariciaba y la atención para su amado lo acariciaba a él. Pasamos el día, luego de ducharnos, desnudos y charlando, los cuatro preparando el almuerzo, los cuatro cenando, como lo hacemos a menudo con nuestra pareja única. Lo especial fue el cariño que cada dama vaciaba hacia su cónyuge, que le correspondimos desde luego. La situación era, aparte el hecho de estar completamente desnudos, igual a la de dos parejas, muy enamorados, que se encuentran. Sí había notado yo que al presentar uno de nosotros alguna erección, su mujer pasaba a caricias tan tiernas como las anteriores, aunque menos sensuales. De apoyar sus senos en su cuerpo pasaban a la cabeza sobre el hombro y esas cosas. Estoy seguro que habían planeado la noche desde temprano en la mañana, puesto que si uno de nosotros acariciaba el cuerpo de la mujer del otro, esta se alejaba de forma mal disimulada de él, y de inmediato era remplazada por la propia mujer, el todo sin olvidar las miradas de inteligencia entre ellas y sus risitas. Al llegar la noche, como ya casi era costumbre, nos fuimos a acostar cada pareja en su cuarto y Moni me preguntó si yo ya había pasado una noche solo con Claudia. Ante mi negativa me dijo “que lástima, porque a mí sí me gustaría hacer el amor con Ramón, los dos solitos, si a ti no te molesta”. La abracé y le dije que se arreglara con Claudia, que por mi parte solo le quería dar gusto. Estábamos abrazados mi mujer y yo, en un beso de confirmación de lo dicho, cuando tocaron a la puerta y entró Claudia. Preguntó tímida si molestaba y en coro le contestamos que nunca. Miró a mi mujer, que debió hacerle un signo invisible para mí, pues solo tenía la vista de la cabeza de mi mujer quien se había volteado al abrirse la puerta. Claudia la tomó por la mano y se la llevó. Ya acostumbrado a las sorpresas que estas dos damas nos daban, pensé que de nuevo se la iban a gozar mis amigos, pero tampoco me sorprendí al ver a Claudia regresar. Esta se acostó a mi lado y con una miradita de dulzura, sin picardía, bueno, sin mucha picardía, me miró y abrió sus bracitos para recibir un beso. Comenzamos a besarnos, la dama se puso sobre mí y seguimos besándonos en la boca. En un momento un “te quiero” salió de mis labios, y Claudia me apretó fuerte y me respondió un “yo también”. Nos besamos así, ella sobre mí, completamente aplastada sobre mi cuerpo, sus brazos alrededor de mi nuca, mis manos en sus nalguitas, durante largos minutos. Sin separar nuestros labios, la puse boca arriba, ella abrió sus piernas y yo me puse sobre ella. Nuestra amiga me rodeó la cintura con sus piernas y solita, apoyándose solo sobre mis muslos, moviendo sus caderas, me hizo entrar en su sexo. Una de mis manos acarició su seno y ella comenzó sus circulitos con su cuerpo. En un momento nos separamos de los labios y aferrándose a mí, de las piernas y de los brazos, me susurro repetidos “te quiero, te quiero..” que yo respondía sin palabras, pero con besitos dulces en su frente y en sus mejillas. Fue de esta forma que mi amiga me ofreció su primer orgasmo de la noche, que yo facilité con estocadas profundas de mi pene. Al terminar, sonriéndome me preguntó, de una forma que aun me impresiona, “mi amor, ¿me das por el chiquito, por favor?”. Me separé de ella, quien se puso boca abajo y abrió las piernas y separó sus nalguitas con las manos. La cabeza de lado, sobre la almohada, guardaba sus ojos cerrados y una sonrisa afloraba a sus labios. Lubriqué mi pene con sus jugos, lo llevé a la entrada de su ano y ella misma, arqueando su culito, comenzó a hacerlo entrar en sus intestinos. Cuando el dolor se manifestaba ella paraba y se mordía los labios inferiores. Yo me retiraba, movimiento que ella seguía con sus nalguitas como si le disgustara, me lubricaba un poco más y regresaba de nuevo a su intimidad. Al entrar completamente en ella me pidió que esperara un poquito y cuando ella misma comenzó a moverse, yo inicié mi va y viene. Lentamente, tomando mucho tiempo, dándonos besitos en la boca y yo en su nuquita también, con mis manos bajo ella, acariciando sus senos, mientras ella se chupaba un dedo o me chupaba alguno a mi, yo entraba y salía de ella. A veces le acariciaba las piernas, las nalguitas, estaba peor que un enamorado. Cuando mi amiga comenzó a levantar mucho las nalguitas, pasé mi mano bajo su cuerpo y encontré su clítoris erguido que esperaba mis caricias. Fue entre mil mimos, otros tantos besos, que tuvimos un orgasmo juntos, el cual fue largo y delicioso. Al terminar salí de esta mujer adorada con dulzura, me puse boca arriba y ella de nuevo sobre mí. Me dio un beso interrumpido por “gracias” repetidas y a las que yo hacía coro. En la charla que siguió decidimos de mostrar ternura delante de los otros dos, poco a poco para habituarlos y empujar cada uno a su conyugue a hacer lo mismo con el del otro. Terminamos con un “será rico poder ser dulces los unos con los otros” y dormimos de esa forma, hasta el día siguiente. Me dicen si mis relatos les gustan, para seguirles contando esos momentos.

Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 8 min de lectura calendar_today Junio de 2009
NORMAL, NADA ESPECIAL, SOLO TERNURA
Desperté al sentir a Claudia que se acostaba a mi lado, y me extrañó el no tener a mi Moni a mi izquierda. Sin abrir los ojos, besando a Claudia, bajé mi mano a su vientre, pero ella, sin retirarme, me dijo, “no, hoy es para ella”, y me dio un beso en la mejilla. Abrí al fin los ojos y....
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