Dulzura, ¿amor Entre Todos?
Relato de comunidad Intercambiosschedule 11 min de lectura calendar_today Junio de 2009

Dulzura, ¿amor Entre Todos?

Al amanecer, Claudia estaba apretadita contra mi, su pierna sobre mis genitales y su bracito sobre mi pecho. Le di unos besitos para despertarla, a los que ella correspondió, con dulzura, como siempre nos hemos tratado. Estábamos haciendo pereza, así­, apachurrados el uno contra el otro cuando....

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Al amanecer, Claudia estaba apretadita contra mi, su pierna sobre mis genitales y su bracito sobre mi pecho. Le di unos besitos para despertarla, a los que ella correspondió, con dulzura, como siempre nos hemos tratado. Estábamos haciendo pereza, así­, apachurrados el uno contra el otro cuando golpearon a la puerta y era Ramón anunciándonos que iba a preparar tinto y desayuno. Con un esfuerzo de voluntad nos levantamos y nos duchamos juntos, momento de mil caricias y besitos, desde luego. En una de las enjabonadas mutuas la damita me dijo que cuando me habí­a dicho que me querí­a, habí­a sido verdad. Su mirada un poco tí­mida exigí­a una respuesta de mi parte y yo, con toda la sinceridad, la abracé, le di un beso en la boca y le dije que yo también. Casi al uní­sono comenzamos la misma frase, ella para decirme : “pero amo a Ramón” y yo para decirle “pero amo a Mónica”. Nos abrazamos riendo y planificamos que cada uno empujarí­a a su conyugue a ser muy tierno con el del otro. Como dijo ella “para que nos queramos todos”. Que luego, en algún momento í­ntimo, confesarí­amos cada dí­a un poco más, a nuestro conyugue, nuestros sentimientos por los otros en su caso, por ella en mi caso. Al mismo tiempo tratarí­amos de obtener la misma confesión, para que de esa forma progresiva nos lleváramos los cuatro a vivir libremente sentimientos lindos. Salimos de la ducha desnudos, con la toalla al brazo para encontrarnos con mi mujer y Ramón igualmente desvestidos. Claudia dio un beso apasionado a los dos, yo a mi mujer y un apretón de manos a mi amigo. Nos sentamos a desayunar y Moni me dijo, delante de todos, que lo habí­a pasado más que rico, que lo habí­a pasado “muy lindo”. Le di un beso dulce, explicándole que de eso se trataba y Claudia comentó que a ella también la habí­an tratado muy bien. Ramón preguntó con una sonrisa cómplice si la ducha tan larga habí­a sido para quitarnos la miel de la noche, a lo que su mujer respondió, abrazándolo y besándolo con un “siiiiiii” que más parecí­a un suspiro que una frase. Moni me miró con un poco de timidez para decirme que se habí­an dado muchos besitos dulces y cogiéndole la mano le dije que nosotros también. La miré con todo mi amor hasta que su mirada mutó de cierto temor a la complicidad que siempre hemos tenido. Ese dí­a salimos a pasear un poco y mi mujer fue especialmente dulce conmigo al igual que Claudia lo fue con Ramón. Nos fuimos a almorzar al restaurante de comida de Buenaventura mas cotizado de Cali, en donde la comida es deliciosa, fresca y muy tí­pica, los precios altos y todo muy sencillo por no decir humilde. Comiendo el pescado, Claudia dijo que nos alimentáramos bien, que era “necesario”. La sonrisa de complicidad entre esta y yo pasó desapercibida porqué mi mujer le dijo a Ramón que tampoco lo habí­a desgastado tanto. Nuestra amiga le preguntó a su marido si “lo habí­an tratado bien” y ante la sonrisa de satisfacción de este y su “muy bien”, Claudia apretó la mano de mi mujer, por encima de la mesa, ya que estaban frente a frente, y le dio un “gracias linda” lleno de mensajes implí­citos. El resto de la tarde la pasamos haciendo que la pareja de cada uno sea muy tierna con la del otro. Haciendo unas compras, mientras Moni se ensayaba ropa interior, Claudia le dio una muda a Ramón para que éste se la llevara a Moni y viera como le quedaba, iniciando de inmediato una frase conmigo de tal forma que su marido tuvo que ir solo. De la misma manera, al comprar helados, yo pedí­ unos de limón, que Moni no apetece casi y dejamos que Ramón y Moni se hicieran probar los helados del otro. En realidad nuestros esfuerzos fueron superfluos, puesto que de toda evidencia, la amistad era solo uno de los sentimientos que existí­an entre mi mujer y el marido de Claudia. Después de cenar nos dirigimos a la casa, y por juego, Claudia me llevaba de la mano, exigiendo que su marido y mi mujer hicieran igual. Durante todo el camino, búsqueda del taxi y viaje, Claudia y yo nos comportamos como una pareja muy enamorada, al igual que Ramón y Moni lo hací­an de su parte. Llegamos a casa y fui dulcemente agredido por Claudia, quien comenzó a besarme tiernamente, con mucha dulzura. Mi esposa y nuestro amigo nos imitaron y fue de esta forma que nos dirigimos todos a la cama de los anfitriones. Con todos estos besos dulces la temperatura no tardó a subir, sin embargo cuando traté de acariciar los senos de Claudia, esta, sin retirar mi mano, me susurró al oí­do que esperara. Ramón ya habí­a comenzado a desnudar a mi mujer, pero al ver que su esposa y yo no “avanzábamos” como ellos, nos miró con interrogación, por lo que Claudia, que desde luego conoce muy bien a su esposo, se alejó de mí­ para besar la nuca de Moni, al tiempo que la desnudaba. Con esta estimulación mi mujer no tardó a desnudar a nuestro amigo, y desde luego, al bajarle los pantalones, se amparó de su pene para chupárselo. En pocos instantes nos encontramos con mi mujer y nuestro amigo desnudos, mientras que Claudia y yo seguí­amos vestidos. Guiando a los dos, nuestra amiga hizo acostar a su marido, poniéndolo de costado y guió a Moni a la posición que permití­a que se hicieran un 69. Cuando la estimulación de los dos fue lo suficientemente grande, Claudia, en maestra de ceremonia, puso a su marido de espaldas, y con muchos besitos y caricias llevó a Moni a sentarse sobre él, penetrándola con el pene de su marido que esta nena guardaba firme en su mano. Yo aproveché para confirmar mi asentimiento con besitos tiernos en la boquita de mi mujer y caricias a sus senos. Una vez ya penetradita ésta última, Claudia le besó los senos, dio un besito dulce a su marido e hizo que mi Moni se acostara sobre él. Sin dejar de besarlos en la boca y en las mejillas, Claudia les habló bajito diciéndoles que “si estaban bravitos, que no se daban besitos”. De esta forma desencadenó tiernos ósculos entre ellos, dulces, abrazados, ella penetrada y él penetrándola y con sus brazos alrededor de su espalda. Cuando se dieron muchos besitos tiernos, Claudia los acarició con mayor ternura repitiendo un “¡que lindos cuando son dulces!” y yo me limité a acariciar a mi mujer, susurrándole al oí­do, yo también, un “¡que linda que te ves cuando das amor, mi nena!”. Estaban tan animados por nuestras palabras que se lanzaron en besitos y caricias llenas de amor, sobre todo cuando Claudia le preguntó a mi mujer si ella no querí­a a su Ramón, delante de su afirmativa, esta le preguntó “¿Y porqué no se lo dices?”. Fue de esta forma, con besitos y entre apasionados y muy sinceros “te quiero, te quiero” que mi mujer y mi amigo tuvieron un lindo orgasmo juntos, enmarcado por un beso que duró mucho después de haber calmado sus instintos. Al terminar nuestros conyugues su acto sexual, que de toda evidencia fue “hacer el amor”, Claudia de nuevo puso la mano sobre las nalguitas de mi mujer, para impedirle que esta abandonara el pene de Ramón y les pidió que se siguieran dando besitos sin cambiar de posición, lo que de toda evidencia aceptaron con gusto. Fue solo en este momento que Claudia se dirigió hacia mí­ y besándonos comenzamos a desnudarnos. Poco a poco pasamos de besos dulces a más sensuales, al ritmo que nuestras caricias se centraban ya sea sobre sus senos, ya sea sobre sus nalgas, mientras que ella me acariciaba suavemente el pene. Al estar desnudos los dos, ella me abrazó el pene, lo introdujo en su boca y lo llevó a su máximo con sus succiones y movimientos de lengua. Yo la separé, finalmente de mí­ y acostándola al lado de nuestros respectivos esposo y esposa, me coloqué sobre ella y la besé en su frente, en sus ojos, en su nariz, en su boca, en su cuello, en sus senos, en su ombligo, para terminar lamiendo su vagina. Nuestros esposos nos observaban y los movimientos de las caderas de mi mujer mostraban que el espectáculo no les era indiferente a ninguno de los dos, ya que el pene de Ramón habí­a adquirido, de nuevo, la rigidez necesaria para no escaparse delante de los movimientos de mi esposa. Cuando Moni quiso acariciar los senos de Claudia, esta abrió los ojos y le pidió que esperáramos, que me dejara solito darle tanta ternura. Le preguntó si no le molestaba y un “no mi amor, ustedes también se ven lindos queriéndose” respondió a todas nuestras expectativas. Luego de un buen momento tomando los jugos de la esposa de nuestro anfitrión, ella me puso de espaldas, al lado de su esposo y cabalgándome, mi pene al interior de su vagina, me beso tiernamente. En un momento se sentó y dirigiéndose a mi esposa le preguntó si no era lo máximo hacer el amor, en lugar del sexo. Mi Moni, que ya cabalgaba con í­mpetu nuestro amigo le respondió con un “siiiii” lleno de excitación. Con Claudia nos besamos, su cuerpito penetrado sobre el mí­o, mil caricias compartidas, hasta el momento que Claudia notó que nuestros conyugues nos miraban sin parar de hacer el amor. Ante esto, Claudia se sentó sobre mí­, se levantó y dándole un besito a mi mujer la trajo sobre mi cuerpo, me tomo el pene con su manito para introducirlo en la vagina de mi esposa. Luego se subió ella sobre su esposo y una vez penetrada se puso a besarlo con tanta ternura como lo hizo conmigo. Yo, viendo que ella sabia mejor que nadie como dirigir la situación, la imité y comencé también a hacer el amor con mucha ternura a mi mujer, la cual me correspondió también con mucho amor. Una vez que las dos mujercitas habí­an recibido suficientes pruebas de nuestro amor y de nuestra ternura, y que los dos matrimonios quedaban sin dudas sobre los sentimientos de su conyugue, Claudia se sentó y con un gesto discreto me pidió que hiciera sentar a Moni, y una vez ésta sentada, la llenó de besos, arqueándose para llegar a sus senos. Mi mujer, a este nivel debo especificar, mi esposa, se los correspondí­a con mucho ardor. Claudia le agradeció a mi esposa, entre todos los besitos que se daban, el cariño y la dulzura que habí­a dado a su esposo, agradecimientos que mi esposa le retornó. Acercándose las dos a otro orgasmo, abrasadas con un brazo alrededor de la nuca de la otra, con la mano libre acariciando los senos de la otra y recibiendo cada una caricias en su clí­toris con la mano del cuerpo cuyo pene penetraba su vagina, se dijeron apasionados “te quiero” que produjeron un delicioso orgasmo a las dos. Durante varios instantes nos quedamos así­, ellas recostadas la una a la otra, el pene de cada uno de los caballeros enfundado en la vagina de su esposa, mientras acariciábamos los muslos de la propia y el muslo de la esposa del otro que nos era accesible. Claudia, sin alejarse de la cara de mi mujer, miró a su esposo y le dijo, “Gracias mi amor, ¡te quiero tanto!”. Moni me miró y me dijo también “Mi amor, que suerte de tenerte a ti, eres mi vida”. Luego Claudia miró a mi Moni y le preguntó “¿No te molesta que ame a Gerardo?”. Mi mujer le dio un beso en la boca y le dijo “nena, ya me he dado cuenta y porque lo amas te quiero demás”. Se dieron un beso prolongado y Claudia se retornó hacia su esposo, y le preguntó con cierta solemnidad, “¿Ramón, no te molesta que ame también a Gerardo?” Éste le sonrió y le dijo “si no lo amaras no te darí­a tanto gusto hacer el amor con él, mi amor”. Nuestra amiga se extendió sobre su marido para darle un beso tierno agradeciéndole su generosidad. Moni se extendió también sobre mi y mientras nos dábamos besitos dulces y yo le acariciaba sus nalguitas, le pregunté si no amaba a Ramón y apretándose mucho contra mi pecho me respondió con un “si mi vida, ¡lo quiero mucho, mucho!”. Al igual que Claudia yo llené de besitos a mi esposa en los que expresaba toda mi ternura. En estas, una risita de la esposa de Ramón nos hizo mirarla y ella dijo, “el único que no ha dicho a Mónica que la ama es Ramón” a lo que él contesto riendo, “hace tiempo que mis sentimientos no se limitaban a la estricta amistad, y ahora que se pueden confesar, les digo a los tres, amo también a Mónica”. Mi mujer, sin separarse de mi acerco su cabeza a la de Ramón y lo asfixió en un beso interminable. Como para terminar en un pacto delicioso, Claudia atrajo la cabeza de mi moni, le dio un beso también y liberando su vagina del pene de su esposo se fue, llevando a mi Moni, hacia el sexo de nuestro amigo. Entre las dos le suministraron una deliciosa mamadita, pasándose el pene de la una a la otra, interrumpiendo la caricia para darse besitos. Cuando Ramón eyaculó, estas damas se compartieron su semen, recibiéndolo directamente en sus boquitas y pasándose lo que cada una tenia en la boca en un beso en que las lenguas hicieron oficio de mensajeras. Cuando nuestro amigo mostró que ya no le quedaba ni una gota, las damitas pasaron a mi pene y repitieron su caricia conmigo, no sin antes haberse tragado todo el liquido de vida de Ramón. Fue de esta forma que sellamos los sentimientos que nos uní­an, las damas a cada uno de los miembros de nuestro grupo y los hombres a las dos damitas. Terminamos la quincena con mucha ternura y turnándonos, una vez los cuatro juntos, dos dí­as para que cada damita sola nos reciba a los dos hombres (comenzando por Claudia, desde luego, que no nos habí­a recibido aun a los dos en exclusividad) y por tácito acuerdo, dejamos para un futuro, el que un caballero del grupo haga el amor con una sola de las mujeres sin la presencia de los otros. Tampoco hicimos el amor cada uno con dos mujeres, en la ausencia del otro, porque no querí­amos ni lastimar la pareja anterior ni que Ramón pudiera sentirse, en ningún momento abandonado. Ya les contaré, si los lectores lo solicitan, en otro relato como fueron esos dí­as, esas noches, esos momentos.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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Somos pareja swinger

Comentarios

1 comentario

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  • ron-pal
    ron-pal · 7 de jul de 2008

    Gracias por continuar escribiendo. A propósito amigo, ¿te has dado cuenta de que tus relatos, como el buen vino, han ido madurando y mejorando con el tiempo? Yo en particular me doy cuenta, porque cuando leo, no me importa tanto que la redacción sea impecable o que la idea sea original o que no tenga tachas gramaticales. Lo que realmente me interesa y que me hace calificar positivamente un relato es lo que me hace sentir, sea que me agrade o no, pero que de principio a fin me mantenga como en una montaña rusa de emociones, y que al terminar, me deje una sonrisa y mi cabeza moviéndose afirmativamente. En cuanto a esta parte de tu autobiografía, reafirmo lo dicho: Llegaron a tal grado de madurez que fueron capaces de expresar abiertamente sus sentimientos. Qué envidia (de la buena) que hayas dado con unas damas tan excepcionales y con un amigo en perfecta sincronía neuronal. Te felicito. Los felicito y que sean felices para siempre.

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