Mi nombre es Iván, debido a mi trabajo en algunas épocas del año debo salir con frecuencia de la ciudad a dictar capacitaciones y atender diversos proyectos, esta historia que hoy les relataré se presentó sin haberlo planeado, durante el tiempo de uno de aquellos viajes, tres días que jamás olvidaré pues la experiencia vivida solo puede compararse con haberse tirado de un avión con un paracaídas armado por un total desconocido. Como es apenas lógico, el nombre de nuestro amigo ha sido cambiado pero el resto de la historia es totalmente verdadero. Siendo las 9 de la mañana de un jueves de una semana cualquiera, recibí la llamada de mi esposa, me encontraba de viaje fuera de la ciudad, mi bella Diana, aparte de expresarme su amor, me comentaba que había llamado a nuestro amigo Ian para disculparse, pues el día anterior, ella había sido muy grosera con él ya que estaba estresada por el trabajo que venía realizando, Ian le había dicho que tranquila, que no había problema, pero que por favor le aceptara una salida. Era de esperarse, a Ian lo conocimos 10 días antes y habíamos salido con él a tomar algo, un hombre afable, alegre, tranquilo, bien parecido, de edad similar a la nuestra, que de hecho nos cayo supremamente bien y en nuestras húmedas fantasías, de los días siguientes, imaginábamos que Ian era el tercero que hace tanto tiempo estábamos esperando. Para quienes no nos conocen, a la fecha de esta deliciosa y brutal experiencia, llevamos más de un año y medio sin realizar ningún tipo de encuentro ni intercambio, así que podrán imaginar el deseo y la lívido que nos acompaña permanentemente. En nuestro primer encuentro, al calor de un húmedo y delicioso whisky planeamos encontrarnos ese fin de semana para salir los tres y disfrutar de un delicioso encuentro, sin embargo, por cosas del destino, Ian no pudo asistir y el plan tan anhelado, para el cual nos habíamos preparado, pues Diana se había vestido de una forma sugerente y hermosa, sensual y deliciosa, se había ido al traste. Volviendo al jueves en la mañana, mi respuesta para Diana fue, mi amor, tienes todo mi permiso para salir con Ian, disfruta, baila, calienta, vístete hermosa, disfruta mi amor, es lo que yo más deseo; no puedo negar que estando fuera de la ciudad, una punzada de celos atacó mi corazón, sin embargo debo aclarar que dichos celos no son de rabia, sino de sentimiento de no estar allí para ver a la dueña de mis sueños alegrarse, reírse, ver sus ojos hermosos brillar de alegría y picardía. Diana posterior a nuestra charla llamó a Ian y le dijo que le aceptaba la invitación, Ian sugirió invitarla a almorzar el día viernes, Diana le contestó que no podía a esa hora pues debía ocuparse de unos asuntos que no daban espera, por lo tanto quedaron que hablaban el viernes pues Ian no sabía aún si podía o no en otras horas. Ese jueves en la tarde Diana tuvo muchas complicaciones con su trabajo y se dañó una información que estaba preparando, su estrés era tal que no pensaba en nada más que en su trabajo perdido. Me llamó en las horas de la tarde para que yo tratara, en la distancia de colaborarle con su problema, en ese momento me fue imposible pues me encontraba dando una capacitación. No alcanzó a imaginarme el estado de ánimo que podía tener, ofuscada, malgenida, preocupada y quizás a punto de soltar algunas lágrimas por la impotencia que sentía al no poder solucionar el inconveniente. Hacía las 7 de la noche pude hablar de nuevo con ella y luego de muchos esfuerzos, incrementados por la distancia y tratar de hacer las cosas a control remoto, logramos salvar la información, y de paso, varios días de trabajo. Diana agradecida, saltó de felicidad - !!! Te amo mi amor !!. - fueron sus palabras - te mereces todo, haré o que tu quieras !!!. Al son de esas palabras mi respuesta fue, acepta la propuesta de Ian, sal con él, con la mente abierta que puede pasar cualquier cosa, y que lo vas disfrutar. En mi interior, el deseo, la angustia de no estar allí para acompañar a mi deliciosa esposa, los celos ocasionados por la impotencia que da la distancia y la ausencia, luchaban por controlar mis sentimientos. Es una sensación realmente tenaz saber que el ser que mas amas en el mundo, que es la razón de tu vida está siendo cortejada y coqueteada por un hombre, que bien sabes que no le es indiferente. Es una sensación muy diferente a compartir tu esposa en un encuentro, sea trío o intercambio, la diferencia fundamental radica en el hecho elementar DE NO ESTAR ALLI. Ese jueves en la noche, mi mente voló, la musa de la fantasía acorraló mis pensamientos e imaginé como sería aquel encuentro, como iría vestida mi hermosa princesa, como se daría el momento para que ella, quien desde hace 15 años siempre ha estado conmigo presente cuando hacemos nuestros encuentros, se fuera soltando para vivir con mi permiso esa aventura prohibida. Somos swingers hace más de 7 años, y hasta la fecha en todas nuestras aventuras siempre hemos estado juntos, lo que sucedería en esta semana rompía toda nuestra experiencia previa. Llegó el día viernes, hablamos como siempre llenos de amor, y flotando en el ambiente, se percibía el nerviosismo de aquel encuentro que estaba por presentarse. El viernes en la tarde, hablamos de nuevo y se acordó que ella saldría hacia las 9 de la noche, en nuestro carro, pues era apenas lógico que Ian no podría recogerla en casa, las malas lenguas, nuestros hijos y muchos otros factores no harían eso posible. Le dije a Diana como debía ir vestida: La malla negra que hacía pocos días habíamos comprado, una hermosa malla enteriza, con huecos de aproximadamente 7 milímetros y que se fundía en su cuerpo como una segunda piel, haciéndola ver como una gata sensual y lujuriosa, a través de los diminutos huecos, sus pezones pujaban por salir y mostrarse al mundo, su hermoso estómago de mujer de cuatro décadas quedaba atrapado en la deliciosa malla y llegando a su ombligo, esta simula un liguero dejando libre su deliciosas caderas, su hermoso trasero y a la vista del afortunado, tu delicioso monte de Venus candente y deseoso. Sobre su malla negra, debía llevar uno de sus deliciosos jeans que hacían ver sus piernas grandes y sus caderas enormes, cadenciosas y exquisitamente ardientes. Una hermosa y sexy blusa blanca, en contraste con su atuendo interior, debía coronar su vestir. Finalmente debía lucir radiante, su maquillaje debía ser salvaje e inocente a la vez, mostrar su madurez pero al mismo tiempo su picardía y exuberancia. Llegó la hora acordada, Diana salió de casa, se encontrarián en un lugar de Bogotá (del cual no hablaré por privacidad) y lentamente, supongo yo, se dio inicio al cortejo. Un licor cálido, quizás un delicioso brandy debía estar sirviendo para dejar de lado los nervios de ambos. Una charla picante (para las cuales Diana es una experta), debía estar calentando el ambiente y ocasionando que lentamente una erupción de pasión fuera fraguándose en el interior de cada uno de ellos. Una pasión que no se imaginaban comenzó a brotar. Un baile cadencioso y erótico, como le fascina a Diana estaría sirviendo para ocultar los nervios y para que, al roce de los cuerpos, las sensaciones se multiplicaran. Hacia las 10:30 recibí una llamada de Ian, la pregunta fue - “Hasta donde va el permiso”, - yo me hice el pendejo, el que no había escuchado – Ian preguntó de nuevo, una sensación de extraña impotencia se apoderó de mi cuerpo y recorrió mi espina dorsal, sin contestarle nada pedí que me pasara a Diana al teléfono. - Hola amor como estas ? – pregunté. - Bien cariño, estoy bien, algo nerviosa pero bien. Yo sentí el deseo en su hablar, - Que pasa amor? - El me está preguntando que hasta dónde va el permiso, - Amor, el permiso es total - le contesté - hasta donde tú quieras y desees llegar, hasta allí va el permiso. Ella guardó un poco de silencio, que me pareció una eternidad, imaginé su sonrisa, su picardía, su cuerpo abrazado por ese cuerpo todavía extraño, pero cálido y agradable, y ella sinuosa, apretando su trasero en su entrepierna, y luego me dijo - Me quiere llevar a un motel, quiere hacer el amor conmigo, está muy excitado Un escalofrió delicioso y mortal recorrió mi cuerpo, pregunte… - y tu? … lo deseas? Silencio - Si. - Por favor pásame a Ian Ian, supongo yo, tomó el teléfono y - Contame hermano - Cuidámela mucho – susurré con mi voz entrecortada y nerviosa - vale mucho para mí, trátala como una gema preciosa, como una gema de especie única. - Claro que si, - respondió Ian - no es necesario que me lo recuerdes. Colgamos. Mi mente se llenó de lujuria y un morbo tenaz, no podría explicar la sensación que atrapo mi pensamiento y maldije para mis adentros. Sabía que mi esposa deseaba ese momento y que la sensación de hacer algo prohibido con mi consentimiento, la había llevado al borde del deseo. Supongan ustedes que después de 15 años, deliciosos todos, y poco convencionales, pero siempre en mi compañía, se le presenta la oportunidad de volver a su pubertad, a su época de mujer soltera, a la adolescencia e inicio de su madurez, periodo en el cual Diana disfruto de la soltería al máximo, caracterizándose siempre por ser una mujer pícara y ardiente, deseosa y sensual, lo que normalmente llamamos “calienta huevos”. Pues en estos momentos revivía aquella época. Pobre Ian pensé, ha caído en las garras de una de las mujeres más sensuales que hay sobre la faz de la tierra, una mujer que sabe lo que tiene, que sabe lo que hace y que sabe lo que le gusta. Pasaron cerca de 30 minutos, eran como las 11:00 pm cuando mi celular sonó de nuevo, era mi hermosa Diana - Hola amor, como estas - Bien mi princesa, trabajando aún, pero ya vamos de salida – me encontraba agotado, no solo por la larga jornada que había tenido sino porque mi mente no paraba de trabajar, de imaginar y mi cuerpo, agazapado entre mi ropa, no dejaba de sentir. - Amor, estamos en un cajero automático sacando algo de dinero, me va a llevar a un motel, tengo muchos deseos y nervios al mismo tiempo Mis palabras brotaron en forma natural, quería tranquilizarla, decirle que estaba bien, pero era apenas lógico suponer el nerviosismo que la acompañaba. - Deseo que lo disfrutes, que dejes los nervios a un lado y te sueltes, quiero que ames, como solo tú sabes amar. – Desafortunadamente ya habían llegado a recogerme para llevarme al hotel y entonces - Amor debo colgar, ya me recogieron para llevarme al hotel, te amo. - Te amo - fueron sus palabras. Subí al carro, me acomodé, me saludaron pero creo que ni respondí, mi mente no estaba allí, no sé cómo pero estaba a 1300 kilómetros de distancia, viendo a mi esposa sentada en aquel carro, con sus piernas largas y deliciosas recogidas por el frio y la ansiedad, temblando de nervios, pensando en su interior si estaba o no haciendo lo correcto, con el dilema del amor, de la pasión, del deseo, del sentimiento de fidelidad e infidelidad abrazando con su manto toda su existencia. Los siguiente 45 minutos fueron eternos para mi, llegué al hotel, no me hallaba, caminaba porque mis pies en un acto de inconsciencia seguían adelante, abrí la puerta de mi cuarto, como había subido hasta e 4to piso?, no sé. Descargué mi maleta, me recosté en la cama y esas cuatro paredes de 5 x 5 metros eran peor que un ataúd, que sensación por dios, estaba excitado, angustiado, nervioso, pero al mismo tiempo feliz, vivía la felicidad y las sensaciones que mi deliciosa esposa estaba viviendo, como si 15 años de historia hubieran logrado conectarnos de tal forma que su alegría, deseo y pasión fueran míos. De pronto sonó el teléfono - Hola - Hola amor, como estas?, donde estas?, pregunté inquieto - Bien amor, estamos en el motel, y a que no sabes que me está haciendo Ian - No se amor dime - Esta chupándome el clítoris, me está acariciando rico, lo tengo muy salido y caliente Sentí n la voz de Diana su deseo, sentí que los nervios ya no eran problema y que el morbo de esa llamada, en la cual me contaba que estaba pasando, la excitaban aún más. - Que rico amor, y tú que estás haciendo? Ella respondió - Se lo estoy mamando, esta duro y muy mojado, es grueso, más grueso que el tuyo, aunque no tan largo, está rico, ummmm, me está acariciando el culito, lo está abriendo, !!! estoy muyyy excitada !!!. Sus gemidos resonaron en mi mente como un balazo que recorrió la distancia a la velocidad de la luz, el morbo y la sensación de impotencia se hizo más grande, mi pene se levantó y la excitación se apoderó de mí. Comencé a acariciarme y como una película nítida y en tres dimensiones, las imágenes se proyectaron frente a mí, el cuerpo de Diana acostada en la cama, su malla excitante, sus piernas abiertas, sus pezones saliendo por los pequeños huecos, el pene de Ian en su boca, húmedo, duro, grueso, su lengua recorriendo esos espacios que hacen morir a cualquier hombre, sintiendo su calor, su aroma, su sabor, y en gotas, el placer saliendo del cuerpo de Diana y regándose lentamente por su entrepierna hasta estallar en la cama. - Delicioso mi amor, siéntelo mi vida, TE AMO, haz el amor como solo tu lo sabes hacer. Intercambiamos palabras, gemidos, frases sórdidas y morbosas por cerca de 15 minutos, colgamos. Los siguientes 30 minutos fueron realmente eternos, que estaría pasando?, estaría Diana gritando?, lo estaba mamando?, él la estaría besando?, estaría acariciando sus senos?, luego en posición de potranca Diana le ofrecería su cuerpo para que él estacara en su interior esa tenaz arma deseosa de salvaje pasión? O quizás ella sentada sobre él lo cabalgaría y pegaría su cuerpo a Ian para que profundamente su pene encontrara el fondo de su deseo?, claro que sí, todo ello y mucho más de lo que mi mente anestesiada por la angustia podría imaginarse. El teléfono repicó de nuevo, una sola vez, mi corazón se paralizó por un eterno instante, devolví la llamada. Al contestar lo primero que escuche fue un largo gemido - ¡aggg!, ¡ummmm!, ¡rico!, me está clavando, me está golpeando duro, estoy muy caliente y excitada, me está haciendo venir y me está secando, ¡por dios lo hace muy rico!. - Uyyy amor, atine a decir, que rico, disfrútalo, gózalo, te amo. – Me imagine acurrucado a su lado, tocándola, consintiendo su cabecita, acomodando su cabello, hablándole al oído mientras ella con sus ojos entrecerrados recibía con gusto los empellones de Ian, quien entraba y salía de su cuerpo, pistoneando con más fuerza a cada gemido que Diana exhalaba. - ¡si!, ¡siii!, ¡así!, ¡más!, no lo saques, húndelo, que morbo siento, me estoy viniendooooo – Diana llega a uno de sus tantos orgasmos, cuantos más habría tenido? Gritaba Diana, y a lo lejos, se sentían los jadeos de Ian. El vaivén de esa cama de pecado y delicioso deseo se sentía en suave chillidos. En murmullos y con algunas frases de ánimo, yo desde ese auricular, animaba a Diana a que siguiera sintiendo, a que desbocara su calor y su deseo. Sabía que ese morbo la tenía a 1000, que el estar pegada al teléfono y saber que yo la escuchaba aumentaba más su deseo. De pronto - ¡no lo saques!, ¡se está viniendo! y el hijueputa lo sacó para venirse por fuera de mi, mételo Ian, mételo por favor – jadeaba Diana. Exclamaba Diana en el último aliento de ese su último y gran orgasmo. Atrás de su voz y sus gemidos escuchaba yo los gemidos de Ian - lo metió de nuevo, lo siguió moviendo, ummm, que rico, me siguió golpeando, aggg, ummmm, ummmm siiiii Y mi hermosa Princesa, en un último suspiro descargo los restos del deseo que le quedaban en un largo y hermoso aggggggg que se fue desvaneciendo lentamente, hasta que el silencio de dos cuerpos exhaustos, lo llenó todo. - Estas bien princesa?, rico? - Si amor, muy rico, hace el amor delicioso, pero el Hipueputa lo sacó al final Para Diana, cuando está en su orgasmo final es una verdadera ofensa que le saquen el pene de su interior, ello ocasiona que su orgasmo se acelere, sabiendo que ella desea en ese momento que dure eternamente. Sin embargo, era apenas lógico que hubiese sucedido, Ian no lo sabía. Finalmente, Ian pasó y - Es una mujer deliciosa hermano, sabe exquisito, huele a verdadera mujer, gracias. Palabras que ya se, conozco a mi esposa, se lo que puede hacer y lograr - La traté muy bien, como realmente se merece una diosa – mascullo agitado aún por la deliciosa faena. - Gracias – dije - no esperaba menos. Colgamos, mi pensamiento imaginó de inmediato a mi hermosa hembra, acostada al lado de Ian, fumando un cigarro, agazapada entre sus brazos, su cuerpo tembloroso, lleno de deseos cumplidos y no cumplidos, ansiando calor para calmar sus sensaciones y su temblor. Transcurrió una hora y sonó mi celular nuevamente, era mi amada - Hola amor, ya estoy en casa - Llegaste bien? - Si amor, muy bien, - Me alegro princesa, tienes algo que decirme? - Si – un par de segundos de silencio que se volvieron eternos - gracias - Lo mereces todo - Hasta mañana - Te amo, y hasta mañana. Colgamos de nuevo. Eran las dos de la madrugada, ella cansadita, se daría un delicioso baño, acostaría su cuerpo desnudo en la cama, sintiendo la suavidad fría y deliciosa de la seda y como una mujer que ha cumplido sus sueños, fumará un cigarrillo, dejando escapar en cada bocanada, el recuerdo de cada hermoso segundo vivido. Las consecuencia de esa extraña, peligrosa y deliciosa noche, se las contaré luego, en otro relato, sin embargo como dije al principio de este, viví unos días en los cuales la sensación solo es comparable con lanzarse de un avión con un paracaídas armado por un desconocido. Iván

Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 14 min de lectura calendar_today Octubre de 2008
Permiso Para Una Aventura Prohibida
Mi nombre es Iván, debido a mi trabajo en algunas épocas del año debo salir con frecuencia de la ciudad a dictar capacitaciones y atender diversos proyectos, esta historia que hoy les relataré se presentó sin haberlo planeado, durante el tiempo de uno de aquellos viajes, tres días que jamás....
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login Entrarivan,diana si son reales tienen un gran potencial como narradores.bien ilvanado,concreto sin muchas pajas en el contexto del cuento.los felicito,sigan creando relatos creibles,si la vaina es ficcion.si no sigan gozando.mi correo es 📧. posdata.gracias por la paja que me hice.