Lilith Y Todos Nosotros Al Despertar
Relato de comunidad Intercambiosschedule 15 min de lectura calendar_today Junio de 2009

Lilith Y Todos Nosotros Al Despertar

Después de ese beso dado a su marido y a mi esposa, Lilith los tomó por la mano y llamándome con un balanceo de su cabeza, nos llevó a todos hacia la cama que estaba en una habitación vecina. Es de esta forma que nos fuimos los cuatro, tres siguiendo a la hermosa Lilith y esta delante....

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Después de ese beso dado a su marido y a mi esposa, Lilith los tomó por la mano y llamándome con un balanceo de su cabeza, nos llevó a todos hacia la cama que estaba en una habitación vecina. Es de esta forma que nos fuimos los cuatro, tres siguiendo a la hermosa Lilith y esta delante atrayéndonos con el bamboleo de sus nalgas. Mi mujer tomaba con una mano la mano que Lilith guardaba detrás de ella y con la otra abrazaba al esposo de la momentánea guí­a, quien igualmente la abrazaba a ella con una mano y con la otra tenia la mano libre de su esposa. Yo seguí­a detrás, viendo el movimiento de Mónica y el del cuerpito de esta amiga que encontrábamos por la primera vez. Ya la pasión se habí­a calmado un poco, y se trataba de realmente charlar para esperar que las energí­as y el erotismo regresen. Nos instalamos en el lecho y mi esposa me abrazó preguntándome al oí­do, en un susurro, si me encontraba bien. Me dijo que cuando terminaron de hacer el amor con Germán, se quedaron mirando como terminábamos Lilith y yo y que les pareció muy lindo. Nos besamos largo y luego se levanto para atender a nuestros amigos, trayéndonos a todos algo para comer y beber. Lilith nos pidió que nos acostáramos y se colocó entre nosotros dos, dejando libremente que su cuerpo se frotara contra el mí­o y contra el de su esposo. Mónica no tardó en regresar con las empanaditas y las cositas que habí­amos preparado para todos. Nos sentamos pues a comer y los dos caballeros acariciábamos los senos y los muslos de las damas entre dos bocados. Mi esposa comenzó a darnos bocaditos como los pajaritos, guardándolos en su boca, aprovechando de esta manera para besarnos a todos. Lilith no tardó en imitarla y las damas nos hicieron probar todas las cosas de esa forma. Con Lilith que apoyaba su cabeza alternadamente sobre el hombro de uno u otro de los caballeros y mi mujer que besaba, ¿con un poco de pasión aun?, respectivamente al caballero que tení­a el hombro libre, charlamos un poco así­ hasta el momento en que Lilith se levantó para llevarse las bandejas y Moni se dispuso a ayudarla. Con Germán nos quedamos mirando el cuerpo desnudo de nuestras damas mientras estas se alejaban charlando animadamente hacia la cocina. Una vez estas fuera de nuestra vista, nos disponí­amos a charlar cuando un ruido de besos y de suspiros llegaron a nuestros oí­dos. Nos miramos sonriendo y Germán me dijo que las “dejáramos iniciarse bien antes de ir a mirar” a lo que accedí­. Cuando los suspiros se hicieron insistentes, subiendo de volumen, de un común acuerdo, nos levantamos para mirarlas y vimos a Lilith en cuclillas, una pierna de Moni sobre su hombro, lamer dulcemente la vagina de mi amada. Germán las invitó a ponerse más cómodas en la cama. Sin dejar de besarse y de acariciarse, sonriéndose se dirigieron pues al lecho. Los hombres nos quedamos de pie para dejarles el campo libre y para gozar del espectáculo. Las damitas se acostaron sin dejar de besarse, Moni sobre Lilith, y luego mi esposa comenzó a bajar para apoderarse de los pechos de la otra, que besó, chupó y lamió con la fuerza de la pasión que la anterior atención recibida habí­a puesto al máximo. Cuando estuvo más debajo de su ombligo, Lilith abrió de sí­ misma sus piernas y mi amada hundió su cabeza hacia esos labios vaginales que brillaban de excitación, lamiendo, besando, chupando mientras sus manos acariciaban los senos de la dama que llenaba su boca de sus lí­quidos. Después de unos minutos homenajeando a Lilith, mi esposa subió la parte baja de su cuerpo para, en un 69, las dos de medio lado, poner también su sexo al alcance de la otra dama. Apoyando su cabeza en el muslo de la otra y con la mano libre recorriendo el cuerpo que se le entregaba, siguieron dándose sexo oral con un gusto enorme y no disimulado. Nosotros, los hombres, nos sentamos sobre la cama, Germán cerca de la cabeza de su esposa, del lado del cuerpo de la mí­a, apoyado en la cabecera del lecho, el codo sobre el colchón y su propia cabeza sobre su mano, mientras que yo, a la otra extremidad, cerca de la cabeza de la mí­a, del lado del cuerpo de nuestra Lilith, tomaba la misma posición. De esta forma tení­amos una vista total de la anatomí­a de la otra damita y acariciábamos cada uno la cabeza de nuestra propia esposa, o los muslos de la esposa del otro, viendo como la propia recorrí­a esos labios vulvares con su lengua, con sus besos, con toda su pasión. Esperamos pues los caballeros que nuestras damas llegaran mutuamente al clí­max y al acercarse este, cada uno se acostó en el sentido de la esposa del otro para besarle la nuca y la espalda al tiempo que mimábamos sus senos que se aplastaban contra el vientre de la otra damita. Los suspiros y quejidos de estas eran la aceptación de nuestra intervención discreta. Un espasmo las sacudió, casi al uní­sono y luego pudimos ver que cada una abandonaba el clí­toris de la otra para recorrer con sus labios y lengua el resto de la entrada de la caverna del placer femenino, introduciendo a veces la lengua en ese húmedo interior, a veces un dedo, con la maestrí­a que ser del mismo sexo les daba. La mano libre de Lilith se estiró para atraer el cuerpo de su esposo contra las nalgas de mi esposa y luego tomar, con su mano libre, su pene que se puso en la boca. Mónica no tardó en imitarla, mi pene pudo sentir sus dulces labios en esa caricia que no por ser la misma, dentro de sus variantes, desde hace años, deja de ser siempre una muy agradable sorpresa. Yo seguí­a acariciando los pechos de la damita y sentí­a que Germán hacia lo propio con el cuerpo de mi mujer amada. Moni la primera me sacó de su boca y me llevó a la vagina de nuestra amiga, la cual me recibió, al entrar en ella, con un suspiro. Su excitación era sostenida por mi Moni, cuya lengüita que yo sentí­a en la periferia de mi miembro, regresó al clí­toris de nuestra amiga. Lilith no tardó en comprender que si esto era algo agradable para ella, también era un pedido de mi esposa para que la imitase. Cuando Germán, siempre guiado por su esposa penetró la mí­a, la misma Lilith exhaló un nuevo suspiro al ver su maridito entrar en otra dama y sus nalguitas vinieron a apretarse contra mi vientre para sentirme más cerca y permitirme ir más profundo en ella. Salí­amos a veces de la dama que nos albergaba para entrar en la boca de nuestra respectiva esposa y regresar después de nuevo a esta también húmeda y caliente cavidad. Dejamos pasar varios minutos, para luego, yo empujado por Lilith y Germán por Mónica, quedar acostados boca arriba, los pies del uno en la dirección de la cabeza del otro. Lilith la primera se sentó sobre mí­, imitada por mi esposa sobre nuestro amigo. Penetrada cada una por su caballero sirviente, inclinándose ligeramente, se daban piquitos y se acariciaban entre ellas los senos, mientras nosotros acariciábamos el clí­toris y sus muslos. Las damas sentí­an el placer crecer y fue casi al uní­sono que cerrando los ojos, Lilith apretando mi miembro con una contracción de sus músculos internos, y en medio de suspiros sensuales, nos regalaron un orgasmo más, uno de los muchos que sabí­amos ellas merecí­an. Las lindas se recostaron completamente sobre nosotros, y escuchamos que nos susurraban al oí­do un “gracias mi amor”, mientras pocos movimientos casi espasmódicos de sus caderas nos hací­an sentir que gustaban las ultimas gotas de placer. Momentos más tarde, Lilith se relajó finalmente, sus brazos dejaron de cerrar fuerte mi nuca, y sus besos perdieron parte de la pasión con la que me besaban antes para ser tiernos y dulces. Sus senos sobre mi pecho se apretaban al ritmo de la respiración, cuando por fin sus ojos negros alumbraron de nuevo el dí­a con una sonrisa satisfecha en sus labios. Con mis manos que acariciaban sus nalgas y su espalda y luego de un “¡qué rico!” exhalado en medio de un suspiro suave de esta nenita, inclinó su cabeza sobre mi pecho y se preparó para dormirse un poquito. Mónica miró hacia atrás para vernos perecear y besando suavecito a Germán, comenzó a bajar por su cuerpo, sin dejar de darle besitos, en búsqueda de su pene y recibir en su boquita el fruto de la paciencia de nuestro amigo. Lilith estaba casi dormida cuando el movimiento de pistón de mi esposa sobre el pene de su caballero, se interrumpió, bajando la cabeza y tragando por entero su pene, al recibirlo generosa. Una vez que ella sintió que no habrí­a más semen que saliera, lo lamió desde la raí­z, para limpiarlo completamente en ese gesto tan primitivo pero siempre de actualidad. El gruñido de su marido despertó un poco a la linda que dormitaba sobre mi y dándome un beso en la boca me preguntó si podí­a seguir “haciendo pereza”, a lo que accedí­ con gusto. Sentir su calor sobre mi, sus senos dulces y sedosos sobre mi pecho, su vientre calido sobre el mí­o, sus piernas enmarcando las mí­as y mi pene introducido en su vagina, mientras mis manos acariciaban su espalda y sus nalgas, era la idea que yo me podí­a hacer de la beatitud. Me dejé llenar de esa paz de tener una linda mujer satisfecha que se abandonaba a mis cuidados, absorbiendo su esencia de mujer, por mi piel, mi gusto y mi olfato. Mónica se recostó, también exhausta al lado de Germán, su mano acarició las piernas de Lilith, subiendo hasta encontrar la mí­a colocada sobre las nalgas de la damita y tomándomela la cerró fuerte en nuestro código mudo de satisfacción y de complicidad, mientras que con la otra acariciaba suavemente el pene de nuestro amigo. A pesar de no haber eyaculado aun, me entregué a Morfeo y dormí­, sin distinguir que parte era un sueño y cual la realidad. Una sensación de extremo placer me despertó. Abrí­ los ojos y vi que Germán dormí­a profundamente al lado, sus pies, cerca de mi cabeza no estaban interceptados por los pies de mi amada esposa, como al momento de dormirme. Al bajar los ojos vi que Lilith y mi esposa Mónica se turnaban para chupar mi pene, el cual, a su máximo de erección, las recibí­a con palpitaciones de placer. Estas, mientras la una chupaba la punta de mi mástil, la otra besaba el tronco desde la raí­z, salvo cuando una de las damitas me englutí­a completamente. Cuando estuve próximo a eyacular se los dije, y Lilith que lamí­a la parte baja de mi pene, empujó con sus labios la cabeza de mi esposa y me tragó tan profundo como su gargantita se lo permití­a. Su lengua acariciaba mi glande en cí­rculos sabrosos, su paladar chocaba contra él a otros momentos al tiempo que una de sus manos llegó a mi boca, introduciendo su dedo en ella. Rápido noté que las caricias que yo daba a su dedo se reproducí­an en mi pene, cuando lamí­a la puntita de su dedo, ella lo hacia con mi pene, cuando lo tragaba, ella me lo tragaba, cuando, guardando su dedo en boca, lo lamí­a presionándolo con mi lengua, ella me hacia lo mismo en mi pene. Fue de esta manera, dirigiendo la caricia, que eyaculé en su boquita, en largos chorros que trataban de honorar la paciencia y la dulzura con la que me habí­a tratado. Cuando mi erección disminuyó y que mi orgasmo terminó completamente, Lilith me sacó de su boca y sonriendo la abrió mirándome, para mostrarme como estaba llena de mi liquido de vida. Luego cerró boca y ojos, para absorber ese regalo de mi cuerpo. En seguida, después de lamerme para limpiarme, se acurrucó a mi lado, haciéndose un ovillo, su cabeza sobre mi pecho, su pierna sobre mis genitales, su brazo sobre mí­ y mi brazo, a lo largo de su espalda tocando mi mano la parte más baja de su cadera, la protegí­a de un mundo exterior que no era en nada amenazante. Mi Mónica se acostó dándole la espalda a Germán, con su brazo como almohada y este, sin despertar, se volteó contra ella, y una de sus manos aprisionó sus lindos senos. Esta vez nos dormimos los cuatro por unas pocas horas de descanso que me complazco a pensar era merecido. Cuando desperté los faros de los ojos de Lilith me miraban sonriendo. No sé hace cuanto, ya despierta, me miraba dormir. Nos dimos un beso apasionado, recibí­ su lengua en mi boca y nos acariciamos respectivamente este apéndice con el propio. Ya habí­a amanecido y nos fuimos a preparar un café, para los cuatro. Mientras realizábamos esta tarea simple nos frotábamos, nos reí­amos y su mano, por momentos, tocaba mis testí­culos y mi pene, mientras yo no desperdiciaba oportunidad para acariciar sus senos o sus nalgas. Una vez el café listo, mientras yo lo serví­a, ella fue a despertar a su marido y a mi esposa. Vi desde el comedor que ella los besó a los dos, despertándolos suavemente. Mi mujer pasó directamente al baño y Germán vino, de la mano de su esposa, a sentarse para tomar su café. Mi Mónica salió a su turno del baño y, haciendo gala de su desnudez, abrió los brazos para abrasarse contra mi y desearme un estruendoso “buenos dí­as mi amor” al tiempo que me regalaba sus labios en un beso mezcla de pasión, de amor y de complicidad. Nos sentamos a tomar el café y pedimos el desayuno por el teléfono. Cuando llegó por fin este, Mónica puso los panes sobre la mesa, se quitó la bata con la que habí­a abierto la puerta y se sentó a desayunar con nosotros. El desayuno se pasó con cierta calma, Lilith que estaba sentada al frente mí­o, insinuó su pie entre mis piernas y acarició con él mis genitales, sin ocultarse pero sin hacer alarde que me hacia esta caricia privada. Mónica por su parte mantení­a siempre una mano bajo la mesa, lo que me indicaba, gracias a las largas pausas de Germán en su discurso, que ella también lo acariciaba. Germán y Mónica se ofrecieron para levantar la mesa y con las manos llenas de platos se fueron a la cocina. Lilith sonrió y deslizándose de su silla se puso bajo la mesa. Sentí­ como su pelo rozaba mis piernas y sus labios calurosos comenzaron a besar y chupar de nuevo mi pene que ya estaba un poco erecto gracias a la acción de su pie. Grandes suspiros de mi mujer llegaron desde la cocina, y al mirar vi que Germán la penetraba, ella de pie, agachada sobre el lavadero. Esta lo recibí­a con grandes muestras de placer. Lilith paró su caricia para mirar también. Saliendo de debajo de la mesa me tomó la mano y con un “vamos a ayudarles” me llevó a la cocina y de oficio, empujando ligeramente a la pareja que copulaba ya, se puso al lado de Mónica, se agachó en la misma posición y abriendo las piernas me dijo un directo y excitante “penétrame por favor, penétrame”. Me froté un poco contra sus nalgas y la penetré hasta el fondo, siendo recibido por un poco de miel ya presente, sus labios vaginales abiertos por la excitación naciente y por la noche anterior. Mientras penetrábamos y salí­amos de nuestras mujeres, los caballeros acariciábamos los senos de la que recibí­a nuestros halagos y los de nuestra respectiva esposa cuando el caballero que la honoraba le acariciaba el clí­toris. Ellas, entregadas completamente a la pasión, se daban por momentos besitos en la boca, pero seguí­an, los ojos cerrados, casi todo el tiempo, el curso de sus fantasí­as. Solo sus traseritos vení­an a nuestro encuentro y sus piernitas se abrí­an un poco más cuando las acariciábamos. Yo sentí­a como el clí­toris de Lilith crecí­a como efecto de mis caricias y como sus lí­quidos chorreaban en mi mano. Durante varios minutos buscábamos de esta forma el placer de nuestras damas, pero luego de la agitada noche, tanto ellas como nosotros, no llegábamos fácilmente al clí­max. En un momento Germán salió de Mónica y siguiendo la raya de sus nalgas, se acercó al ano de mi esposa, pero esta se negó con un “no, por favor” y de nuevo él regresó, más abajo a su vagina. Lilith que se dio cuenta de lo ocurrido, volteó la cabeza hasta mirarme y me dijo, “a mí­ sí­ me gusta, ven por ahí­, si quieres”. Apoyándose contra el muro con una sola mano, con la otra separó una de sus nalguitas, dejando a descubierto un lindo esfí­nter, pequeño, mas oscuro que el resto de su piel y que me pareció ya un poco dilatado, por la excitación supongo. Salí­ de su vagina pues y coloqué mi glande, mojado de sus lí­quidos vaginales, a la entrada de su culito. De ella misma, retrocediendo, me hizo entrar suavemente en su trasero, con pausas cortas, sacándome por momentos y regresando a embestirse en mi pene. Cuando entré completamente en ella, esperó unos segundos, me sacó completamente y de nuevo me hizo entrar a fondo, esta vez sin pausas y sin rodeos. Con la mano que antes abrí­a su nalguita, me tomó por el muslo y comenzó a guiarme en mi va y viene. Mónica que miraba la escena, abrí­a sus ojos, al colmo de la excitación y emití­a quejidos de dicha a cada ataque de Germán. Mi mujer, viéndome tan excitado, me miraba por intervalos a la cara y a mi pene que se fundí­a en ese lindo trasero, mientras que con la boca abierta, una sonrisa esquizada, esperaba la llegada del placer que ya no tardarí­a. Lilith, completamente dilatada, me invitaba con su mano a investirla cada vez con más fuerza y su cabeza se acercaba a la pared del lavaplatos, tanto yo golpeaba con mi vientre su trasero. En un momento, cuando yo ya no resistí­a más mi excitación, Lilith comenzó un grito bajo, un poco como el ronroneo de un tigre y retrocedió para hundirme al máximo, mientras que su mano me exigí­a a pegarme contra ella. Ya no pude retardar mi liberación y haciéndole eco tuve mi orgasmo, una mano acariciando sus senos y la otra sobando con suavidad su clí­toris muy erecto y aparente. Moni al verme, abrió desmesuradamente los ojos y la boca, y gritando a su vez, se empujo para empalarse aun más en el pene de Germán. Éste, cerrando los ojos le dijo un “que lindo me aprietas” y también, aferrándose a la cintura de mi esposa, se hundió para abandonar en su interior su esperma, su pasión y todas sus ansias. Cuando se sintieron completamente satisfechas, las damas nos alejaron de ellas, y apoyándose en nosotros nos dirigimos de nuevo hacia la cama, en donde nos acostamos exhaustos a dormir un poco antes de seguir con nuestro dí­a. Ya les contaré, en un relato próximo como llegamos, por fin, a salir, bien entrada la tarde, del apartamento y a conocer la linda ciudad de nuestros amigos.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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Somos pareja swinger

Comentarios

1 comentario

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  • fernando71
    fernando71 · 11 de nov de 2008

    lo felicito, muy bueno el relato, muy fluido y por ende entretenido, es excitante, muchas gracias

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