Cumplir Un Sueño
Relato de comunidad Intercambiosschedule 14 min de lectura calendar_today Agosto de 2009

Cumplir Un Sueño

Con mi esposa hace ya algún tiempo que venimos conversando sobre una fantasí­a, que al comienzo era mí­a, pero poco a poco se la fui contagiando. Yo fantaseaba con verla con otro. Ella de solo pensar que Yo la viera culiando con otro, sentí­a una enorme vergüenza. O sea que en el fondo,....

etralo

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Con mi esposa hace ya algún tiempo que venimos conversando sobre una fantasí­a, que al comienzo era mí­a, pero poco a poco se la fui contagiando. Yo fantaseaba con verla con otro. Ella de solo pensar que Yo la viera culiando con otro, sentí­a una enorme vergüenza. O sea que en el fondo, sacando esa vergüenza, la fantasí­a la tenia. Yo suponí­a que seria la misma vergüenza que le dió, cuando le pedí­ usar un pequeño vibrador para ponerla a mil, y luego usarlo para penetrarla analmente mientras Ella me montaba. Todas esas conversaciones, por lo general en la noche y en la cama, terminaban por hacer que nos diéramos un festí­n ensartándola Yo con unas ganas enormes y Ella viniéndose fantásticamente. La fantasí­a estaba, ayudaba a la realidad, pero no era posible concretarla. Ambos usamos Internet y fue donde comenzamos a ver lugares Swingers, Yo le mostraba interés para que los leyera y así­ fue que por probar entramos en contacto con una pareja. Eran de un lugar lejano, pero sirvió para aumentar nuestras fantasí­as. Ella, seguí­a negándolo, pero por lo menos ahora decí­a, que al menos esto era más parejo. Que si yo la veí­a a Ella, Ella me verí­a a mí­ y no que yo solo la viera fornicar con otro a Ella. Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final.. suena. Yo no solo no perdí­a las esperanzas sino que veí­a que podrí­a llegar a ser. Ella, si yo poní­a el tema, solo esbozaba una sonrisa. Cuando el tema era tocado en fantasí­a en la intimidad de la cama, su temperatura se elevaba rápidamente. Pero después siempre salí­a con eso de la vergüenza. Yo la hacia intervenir en algunos chateos y daba la impresión que se entusiasmaba. Hasta que me dio la pauta que podí­a ser. Como aquello que si uno quiere cambiar el auto y ella no quiere, pero insistiendo un dí­a ella dice, pero mira que me gusta azul.... bueno, ya está, está dando la aprobación. O sea, que cuando comenzó a poner sus opiniones sobre como deberí­an ser las cosas y compararlas con otras opiniones que se veí­an en la red... No dudé y comencé a buscar la pareja que nos acercara a las circunstancias de la realidad. Así­ que preparé un departamento amueblado que tení­amos con mi hermano en el centro sin alquilar, y puse todo en orden como para que si salí­a, no aparecieran impedimentos. Mi entusiasmo fue creciendo. Yo creo que Ella intuí­a algo, pero, nada me decí­a. Cuando le pasé como para elegir, entre dos parejas que me parecieron se acercaban a lo que Yo pensaba deberí­a ser ideal, Ella, no dudó y entre las dos, me quedo con esta porque no es de aquí­, pero no les quedarí­a lejos venir. O sea que ni muy cerca ni muy lejos. Pronto tenia Yo enviado fotos a esa pareja, y a los pocos dí­as recibí­ las suyas, con claros conceptos que daban una cierta tranquilidad. - Cuándo te parece reunirnos? le dije a mi mujer. - Se supone que vamos a reunirnos para conversar. - Por supuesto querida. - De todos modos si acceden a venir, Yo les voy a ofrecer el departamento del centro que está desocupado. - Epa, parece que piensa en todo, rí­o picaresca pero nerviosamente. - Mira, hagamos como si fuera a pasar, aunque no pase nada. Vayamos bañaditos. - Ella volvió a reí­r, bueno va a ser una prueba y una experiencia. De esa charla, no hubo mas que hacer, nos fuimos inmediatamente a la cama y nos dimos un fiestón. Mi mujercita, al parecer habí­a visto con buenos ojos al candidato, pero opinó que la chica estaba muy bien. La vi ir de compras y luego espié intrigado. Se habia comprado lencerí­a como para la oportunidad.Una diminuta tanga de esas que quedan caladas, y corpiños al tono, pero que eran como medio sostén. El dí­a llegó, y nos vestimos formalmente. Nada de extravagancias.Faltaban pocas cuadras para llegar al estacionamiento cercano la confiterí­a que habí­amos acordado y Ella me dijo... Te noto nervioso. - En realidad ella era la que temblaba como vara verde. Nos acomodamos en una buena mesa, nos miramos y sonreí­mos cómplices. Somos locos dijo... Pero... Locos de acuerdo. El era mas alto y atlético de lo que parecí­a, y ella más joven, fresca y bonita. Se los dije, y el dijo, acá me parece que la que mas gana puntos es tu esposa, porque parece especial. Cumplido va, cumplido viene, ellos contaron algo de una experiencia anterior, y quedamos que podrí­amos luego evaluarnos y decidir. Nos fuimos a mostrarle el departamento donde los alojarí­amos. Así­ no tení­an que volverse ese dí­a y de paso evaluar futuro lugar de encuentro. Caminamos porque el depto estaba cerca, él fue mirando mucho a mi mujer casi constantemente. El departamento era bonito, lo habí­amos arreglado hacia poco, chiquito pero con música ambiental, luz controlable y hasta un barcito. Como anfitrión después de que ellos miraron el coqueto lugar, los invité a un trago, puse música y seguimos conversando. Y fue sobre la música bailable, y si, nos gusta bailar.... ah, a nosotros también, y bueno, comenzamos a bailar, Roberto con mi esposa Lucia y Yo con su mujer Marianella. En realidad la iniciativa la tomo Marianella. Estábamos como jugando, porque entre bromas y broma, comenzaron los arrumacos en el cuello, los besitos en la oreja, y de allí­, algunos en la cara y manos que se esforzaban en tener los cuerpos pegados y de paso acariciar. Roberto me pidió de pronto permiso para besar a mi esposa, y Yo le respondí­ ... Igualmente... Pero dándole un beso directo a la boquita entreabierta de su mujer. De allí­ en más no hubo pedido de permisos, todo fue fluyendo con naturalidad y sin miedos. Noté que él acariciaba el culo a mi mujer, y que la suya se me pegaba refregando sus hermosas tetas en mi pecho y no olvidaba repasar mi polla con su vientre, polla esta que habí­a comenzado a reaccionar. Caramba pensé, esto es así­ de rápido. Me sentí­ reconfortado. Noté que mi mujer le hizo notar a Roberto que su paquete crecí­a, y que al parecer su mujer habí­a notado también el mí­o. La tremenda hembra que tenia Yo en brazos no era para menos. Y resolví­ jugar como para ir al gol. Creo que estamos congeniando, le dije al oí­do a esa hembrita. Ella me apretó fuerte y susurró,.. marquemos el camino. Ellos nos van a seguir. Fue cuando le levanté la blusa como para buscar su sostén y soltárselo. Lo logré, y automáticamente lleva mis manos a sus tetazas. Miré, como para exponernos y que nos vieran.... pues oh, ya mi esposa estaba con las tetas al aire, y Roberto se las besaba con lujuria. Yo sabia que eso pondrí­a a mi Lucia a pleno, así­ que decidí­ seguir apurando las cosas porque al parecer éramos nosotros los que nos retrasábamos. Alicia casi al mismo momento me quitó la camisa y dejó todo desnuda su parte superior, y Yo me regocije con el panorama, el color, calor, textura y potencia de sus tetazas grandes y naturales. -Estamos pasándola muy bien, pero Yo necesito hablar con mi esposo. Dijo mi mujer, poniendo un instante de suspenso. Se soltó de Roberto y vino hacia mi, juntando su cuerpo al mí­o en el mismo instante que se separaba Marianella. Esta se refugió en los brazos de su marido. - Esta todo bien. Volvió a hablar mi mujer, es que nada mas quiero consultar algo con mi esposo.. Adelante, adelante, dijeron al uní­sono ellos, mientras se abrazaban y retomaban el baile. - Mira cariño, esto se está poniendo en una situación sin retorno. Estoy caliente y he sentido ganas que este hombre me lleve a la cama, o me haga el amor acá mismo.... entiendes. - Esta todo bien, amor. - Y veo que tu estas dispuesto a comerte a Marianella, y Ella te tiene unas ganas locas. Así­ que resuelve. - Resuelvo, seguir hasta que tú te niegues, pero pienso que negarte a lo que tienes ganas es una tonterí­a. Son una pareja como para que nos animemos a mas. Entonces diles que nos vamos los cuatro a la cama. - Bien amigos, la casa esta en orden, pero es en serio.... queremos ir a la cama, y los estamos invitando. - En hora buena, genial... Dijo Marianella. Y él se giro para volver a tomar a Lucí­a por la cintura.Lucia, es increí­ble. Tomo la batuta. Se soltó la falda, quedo en tanguitas, tiro los zapatos a un rincón, y comenzó a forcejear con el cinturón de Roberto. Yo desprendí­ el mí­o, baje el cierre de la faldita de Marianella, y quedamos pronto, slip y tanga. Así­ nos fuimos para la cama. Ella se acostó. Y Yo la tomé desde los pies, como para comenzar a trepar aquel cuerpazo desde la base. Mire a un costado y Roberto depositaba a mi mujer al costado de la suya, y acto seguido se inclinó para besar sus tetas, mientras lo vi, metí­a una mano debajo de la tanguita de Lucia. Lucia bajaba dificultosamente inclinada el slip de Roberto, y al hacerlo, hizo surgir lo que Ella esperaba, una manguera enorme, sin dudas mas grande que la mí­a, habí­a aparecido en el escenario. No me importo porque tení­a algo realmente interesante que hacer. Subí­ besando las piernas que ya abrí­a Marianella, baje su azul prenda, dejándola con el pubis al aire, viendo un coño bien depilado, que parecí­a decirme, chupame. Seguí­ subiendo y sobrepase la lí­nea de la conchita de Marianella como insinuando que iba a seguir subiendo. El chupame, lo dijo desde su boca. Antes de hacerlo, mire a mi esposa, que ya tenia entre sus manos la verga de Roberto, lo chupaba y el suspiraba agradecido. Yo enterré mi cara en el coño de aquella hembra que exhalaba perfume y sexo, abrí­ su ranura con mi lengua y recorrí­ sus cavidades para inmediatamente comenzar a hostigar un enorme botón que le surgí­a como un carocito de durazno. Estaba en esa tarea cuando sentí­ gemir a mi Lucia, y levante la cabeza. En ese infante me choque con una de sus piernas pues las abrí­a de par en par, Roberto imitaba mis acciones chapándole la concha a mi ya no tan vergonzosa mujercita. Un brazo de Marianella se extendí­a para tomar una teta de mi mujer, que suspiraba fuerte y no rechazaba esa caricia. Yo levanté las piernas de Marianella como para poder chapársela de cuclillas y a la vez observar, eso le permitió arquear el cuerpo y volcarse sobre el de mi mujer, a la que sin mas abrazo y evidentemente la estarí­a besando debajo de aquella cabellera clara. Pronto vi que no era solo Marianella la que abrazaba, pues era correspondida con los brazos de Lucia. Se estaban dando un refriegue de lengua mientras nosotros sus maridos le dábamos lengua a sus cuevitas. De ese festival de lenguas, pasamos de pronto a una acción que seguramente ellas planearon, porque ambas se sentaron y buscaron afanosamente darnos vuelta para que así­ mirando el techo darnos una verdadera lección de felatio compartido. Entre las dos se chupaban las dos pijas, y también se besaban en el entrecruce. Mi mujer cada vez que metí­a mi pedazo, me miraba con sus ojazos desorbitados, como pidiendo perdón por haber acusado vergüenza alguna vez. Ella estaba siendo comida por otro y chupaba su verga, a la par que la mia. Yo no sabí­a hasta donde llegarí­amos, pero el estado que me estaban poniendo decí­a que habí­a que ir por mucho más. Pensé, quiero ponerla, .... y a quien? A mi mujer a si la saco de la disyuntiva de que Roberto se la coja, o me cojo a esta hembra hermosa que tengo adelante que esta pidiendo a gritos que sigamos avanzando? No tuve que resolver nada. Roberto se acomodo, tiró a mi mujer sobre la almohada y subiéndose a la cama le abrió las piernas a ambos lados de su cintura. Yo seguí­ su camino, y solo tuve que subirme a la cama de rodillas porque Marianella ya se habí­a acomodado también sobre la almohada, me esperaba con las piernas semi arrolladas pero abiertas. El solo contacto de mi pija endurecida con los labios vaginales de aquella hembrota me puso en el limbo. Se lo refregué, y sentí­ un profundo suspiro que se ahogaba en un jadeo hacia adentro.... era el de mi mujer cuando Roberto le sumió su poronga. Ella acomodaba su cuerpo y el se la empujaba mas adentro. Tuve una sensación estraña, porque se estaban clavando a mi mujer por primera vez frente a mis ojos. El sablazo que le di a Marianella, la hizo lanzar un gritito, y le llene la cueva con mi músculo ardiendo. Disfrutamos el momento, sin lugar a dudas. Lucia extendió su brazo y alcanzo mi mano. Me la apretaba fuerte. Los movimientos se confundí­an, entre los que impulsaba yo, hacia Marianella y los que recibí­a ella de Roberto. La mire y mire como Roberto la reacomodaba, y supe que aun no se la habí­a puesto toda adentro. Mi mujercita me aprisionaba de la mano y apretaba fuerte, cada vez que el la presionaba para metérsela un poco mas. Ella tenia su otra mano tomandose de uno de los barrotes del respaldo de la cama y así­, jadeando, revoleando los ojos fue aceptando que en su vagina, Roberto introdujera el manguerazo que tení­a. Eso me maravilló, y yo me sacudí­a con rapidez y ganas, bombando constantemente a su mujer, que no tardo en comenzar a arquearse desesperadamente, con una fuerza orgásmica que le producí­a una especie de palpitaciones musculares. Esas piernas firmemente carnosas y fuertes, se tensaban en ayudar a su fuente de placeres tener un orgasmo tras otro. Fue cuando Roberto lanzó la frase del año: -Sr, se está cogiendo usted a mi mujer? -Pues, puedo haberme confundido... Le respondí­, pero ella lo necesitaba, tanto como la suya, que espera se le dedique todo con osadí­a. - Dele, dele, que es lo que estuvimos fantaseando y que ahora estamos gozando.... Roberto habí­a entrado en un mete y saca, que pusieron a prueba la resistencia de mi Lucia a tener el primer orgasmo, pero no, no pudo aguantar, y me apretó mas fuerte, y comenzó a gemir y gemir con una fuerza que yo jamás la habí­a visto. Era algo como con furia, desorbitados sus ojos, eléctricos sus movimientos tuvo entonces el primer orgasmos continuado que era para nosotros desconocido en ella. Marianella se reponí­a rápido, y giro el cuerpo para ponerse en cuatro. - Yo hubiera querido grabar o tomar una instantánea de aquel culazo increí­ble, blanco, carnoso lleno de vida. Ella abrió sus nalgas para ofrecerme desde otra óptica su coñito cuidadosamente depilado. Yo le pase la mano, abrí­ los labios y hacia allí­ lleve mi pija. Sabia que así­, yo tenia las de perder, porque esa posición me puede, y me hace flojo, me acabo allí­ muy rápido. Yo me incline todo, la tome primero de la cintura, luego deslice mis manos para prenderme de sus tetas, ella tenia fí­sico como sostener mis embestidas. Se la mande guardar, pero gire la cabeza de un lado a otro, como para poder distenderme de las ideas de mi calentura total. Roberto se paro, las piernas de mi mujercita temblaban y se fueron cerrando. Mire su entrepierna, y note que su acabada habí­a sido inmensa. Ella sabí­a seguir ahora a la avanzada, pues se puso en cuatro también pero ofreciendo su cola hacia el costado de la cama, de esa forma, quedo enfrentada a mí­, y comenzamos a besarnos locamente. No nos podí­amos tocar porque ella tení­a las dos manos afirmadas en la cama y yo estaba con las dos prendidas en las tetazas de Marianella. Asi igual nos buscabamos con la boca, boca que yo tenia húmeda de la concha de la mujer y ella con gusto a hombre. Pero nos besamos igual. Yo ya estaba casi listo, y fui aflojando el ritmo. Marianella comenzó a pedir, mas, dame mas, papito, dame mas.... pero yo debí­a controlar el momento o serí­a el primero en quedar fuera de combate. Sentí­ que Lucia me mordí­a, y fue cuando desde atrás Roberto le volvió a abrir la cuca de par en par. Se la comenzó a sacudir mecánicamente. Marianella se metí­a un dedo en el culito, y mi mujer la vio y mojando el suyo se lo metió. Esta gozaba como una loca. Empezó a pedir mas, y a decir, la quiero ahí­, la quiero ahí­.... Yo no era un experto en sexo anal, pero lo iba a intentar. Se la saque tontamente y puse la punta en aquel ya lubricado culito. Ella se levanto afirmando en el respaldo, arqueo el cuerpo y sola, solita, comenzó a moverse incrustándose mi nabo, que se fue perdiendo dentro de aquel culandro, como si estuviera estacionando en un ajustado garaje. Roberto, le festejó la entrega.... como te gusta eso, perrita. Ahora dile a Lucia que te de las palmaditas en la cuquita.... Lucia, sabia de eso, clavo su cabeza en la cama para resistir los embates de Roberto y levanto sus manos para darle una sacudida al clí­toris humeante de aquella mujer que yo fornicaba por su culandro. Fue rapidí­simo como Marianella alcanzo el orgasmo. Y no bien comenzó, note como me hacia un masaje increí­ble apretando mi pija dentro de su ano.... y no pude mas.... y largue lo que estuve aguantando toda la tarde.... Busque la cara de Lucia, que volví­a a levantarse y cuando quise besarla, ella tení­a la boca totalmente abierta, y refunfuñaba.... siiiiii. Siiiiiii, siiiiiiiii. Roberto le habí­a puesto un dedo en su culito y mantení­a su pote sin tregua, lo sacudí­a como loco.... y para felicidad de los cuatro, se mando una acabada aparatosamente refunfuñada. Yo me abrace a mi mujercita. Ellos también se reencontraron en un abrazo de refugio. Yo no tenia palabras, porque aquello que siempre soñé habí­a mas que sucedido, y lo curioso talvez, que sucedió todo tan rápido, con personas maravillosas que apenas habí­amos comenzado a conocer. Nos higienizamos, nos repusimos y comenzamos a conocernos algo mas. Lucia reclamo que a ella no le habí­an roto el trasero. Roberto le explicaba que no habí­a querido partí­rselo en dos el primer dí­a.... Marianella dijo, que no habí­a problemas, que el sabia hacerlo con mucho cuidado.-Y con ese enorme pedazo, lo aguantan.Ya veraz como tu mujercita va a pedir eso y mucho mas...Bueno, yo ahora no tengo vergüenza de decir que todo esto me gusto. Nunca lo olvidare, porque fue el primer paso y muy bien dado por cierto.

— etralo

23 de agosto de 2009

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etralo

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • ardival
    ardival · 8 de ago de 2009

    me gusto... y creo q estamos en ese nivel ahora con mi esposa, estamos listos para dar ese maravilloso paso...

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