Recuerden que trabajo en Europa y vengo por tiempo siempre demasiado corto y me ausento de Colombia por siempre demasiado tiempo, y que cuando llego las primeras semanas se las dedico a mi familia. Es solo cuando hemos encontrado de nuevo nuestros cuerpos, besos y caricias y que la rutina puede insinuarse, que deseamos tener estas actividades swinger que tanto nos agradan. Esta historia sucedió en enero pasado, cuando ya hacía varias semanas que yo había llegado a mi casa y estando cortos de dinero, enfermedad de tantos colombianos, no habíamos buscado parejas cómplices con mucha eficacia, tratando de guardar lo más posible lo poco que teníamos disponible. Un viernes por la noche mi esposa me dijo que deseaba que saliéramos con alguna pareja pero, como lo dije arriba, no habíamos buscado muchas posibilidades, ya que las citas previas, así que los posibles moteles a frecuentar habrían minado seriamente nuestro presupuesto. Entre los pocos que habíamos mirado no había muchos que le atraían realmente a ella y los que sí le gustaban tardaban en contactarnos de nuevo. Estaba ya la pobre con la intención de “ser intensa” y llamar a alguien para concretar algo, si era posible. Mientras hablábamos de ello, sonó el teléfono, era una pareja de amigos que habíamos perdido de vista desde hace casi un año debido, especialmente a mi lejanía. Nos saludamos, nos contamos las mil razones por las que nos habíamos perdido de vista, sabiendo que las verdaderas vendrían después. Aprovechando el “desparche”, los invitamos a nuestra casa para tomar un tinto para la misma noche. Le pasé el teléfono a Mónica, mi esposa, la cual fue muy cortés con estos viejos amigos y corroboró mi invitación con los ojos brillando de dicha. Una vez que colgó me expresó su alegría que fueran estos los amigos que llamaban y nos fuimos a preparar algo para recibirlos, al tiempo que lamentábamos, en medio de risas, la presencia del hijo ya mayor de edad que reside con nosotros y que se encontraba en su habitación. Los amigos llegaron, que llamaremos para este relato Diego y Luna, los recibimos y la franca amistad se estableció de inmediato haciendo del tiempo que no nos habíamos visto algo inexistente. Los sentamos en la sala, y comenzamos la charla, que abandonamos un segundo para preparar Moni el café, objeto oficial de la invitación y yo para apagar el computador con el que había estado trabajando y que se encuentra en otra pieza. Estando los dos alejados, Diego dijo en alta voz para que lo oyéramos y haciendo referencia a una velada inolvidable anterior: “¡Qué gratos recuerdos nos trae este apartamento!”. Salimos disparados Moni y yo, cada uno del sitio donde se encontraba, haciendo gestos de silencio, para decirles que nuestro hijo se encontraba en casa. Diego abrió los ojos al darse cuenta de su indiscreción y siguió, con el mismo volumen de voz y una sonrisa picara “Nos dieron una cena excelente ese día”. Luego nos reímos ya reunidos en la sala mientras colaba el tinto y charlamos de manera muy “inocente” de la cena que yo había tenido el gusto de prepararles en esa ocasión. En ese momento nuestro hijo pasó a la sala y después de saludar nos informó que salía para donde su novia, lo que nos hacia presagiar que tardaría en regresar. Con el tinto servido Diego nos pidió permiso para fumar y nos fuimos los cuatro al cuarto del computador que es donde se fuma en nuestra casa. Al terminar el tinto y el cigarrillo, con no recuerdo qué disculpa se llevó a mi esposa fuera del cuarto y yo me quedé con Luna charlando. No tardamos en tomarnos de las manos y en darnos dulces besitos y cuando nuestras caricias se hicieron más precisas me dijo Luna, entre dos besitos en que jugueteaban nuestras lenguas, que fuéramos a ver en qué andaban ellos, para ver si seguíamos y como seguíamos. Al salir no había luces prendidas, pero al llegar a la cocina nos reímos, pues ya Diego y Moni estaban con los pantalones abajo y ésta ultima en cuclillas administraba una mamadita a nuestro amigo. Luna pidió perdón por la interrupción y entre risas me dijo “nosotros siempre tan lentos” a lo que Moni y Diego respondieron casi en coro “con las ganas que teníamos no nos íbamos a poner a dar vueltas”. Luego nos regresamos, sin dejar de besarnos en el camino, al cuarto del computador para seguir ya libremente nuestros juegos. La damita me apretó y entre dos besos en la boca me susurró al oído “a mi si me encantan todas tus vueltas y cuando quiero acelerar te lo digo”. Como habían regresado hacía poco de vacaciones, me mostró lo bronceada que estaba y como contrastaba su piel con la marca blanca que el biquini había dejado en sus senos. Admirando su piel, comencé a acariciarlos con mis manos y luego a besarlos, con una sed que debo confesar ya hacía un año no había saciado y que seguía viva en mi recuerdo. Tuve mucha emoción en recordar esos senos y la forma como los acaricié la ultima vez que habíamos estado juntos. Por eso tomé las puntas, las introduje en mi boca, las recorrí con mi lengua, cada una, mientras el otro seno era halagado con mi mano. Regresé a besar su boca y sus orejas, feliz de sentir como ella reaccionaba con pasión, encerrándome entre sus brazos y como dejaba exhalar de su pecho el aire en respiraciones profundas, casi suspiros. Poco a poco sus caricias se hicieron más precisas, verificando mi erección acariciándome por encima del pantalón, mientras yo sin dejar de besar su boca, sus ojos, sus orejas y su cuello la recorría con mis manos toda, en la medida en la que posición de pie me la dejaba a mi alcance,. Sus nalguitas, sus muslos, su vientre, sus senos, su espalda, todo pasé en revista despacio y con dulzura. Los dos desabotonados de la cintura para arriba, yo la camisa, ella la blusa, los brasieres sueltos y encaramados arriba de los senos, nos apretábamos en abrazos apasionados frotando nuestros vientres el uno contra el otro, nos soltábamos para acariciar nuestros pechos y todo lenguaje se reducía a recorrer nuestros cuerpos y a darnos besos enmarcando el momento en suspiros tiernos. El momento llegó en que nos fuimos a la habitación en donde no tardamos en desnudarnos mutuamente y de ella misma se acostó sobre la cama, me puse sobre ella y comencé a recorrer todo su cuerpo con mis labios. Besé de nuevo su cuello, sus senos, su vientre, apoyando a veces mis labios contra su costado, su ombligo, y de esa forma toda ella. Llegué a su vagina, sus piernas se abrieron acogedoras para recibir mis besos y mis mimos. Su miel ya se insinuaba entre sus labios y con mi lengua los sequé, para luego subir en búsqueda de su clítoris, para lo cual separé delicadamente con mis dedos, como los pétalos de una rosa, sus labios, para apoderarme de su botón que erguido esperaba impaciente mis halagos. Lo besé, lo acaricié con mi lengua haciendo círculos suaves a su alrededor y por momentos lo absorbía entre mis labios haciendo un vacío en mi boca. Luna acariciaba con sus manos mi cabeza y con sus pies mi espalda, posición que le permitía, con las rodillas recogidas, mejor recibir mis mimos y las introducciones de mi lengua hurgadora para colectar sus líquidos íntimos. Sus suspiros y quejitas de placer competían con los grititos de gusto de mi Moni que nos llegaban desde la pieza donde ella se encontraba con el esposo de Luna. Mis manos acariciaban sus senos y por momentos bajaban a acariciar también sus muslos cuando no separaban sus labios bulvares o introducían un dedo para acariciarla también a su interior. No tardó la linda a pedirme que paráramos porqué su orgasmo llegaba, lo que desde luego rechacé, pidiendo que me dejara seguir besándola mientras recibía su clímax. Su corazón aceleró su ritmo bajo mi mano derecha que acariciaba su seno izquierdo, sus líquidos se hicieron mas abundantes y con sus pies apoyados en mis hombros, movía su vientre en círculos como guiándome para que mis caricias fueran más eficaces. Introduje dos dedos en su vagina, ella arqueándose levantó su cintura para recibirlos aun más profundo y como dejándose caer sobre mis dedos, los introdujo a lo más profundo de su ser. Con mis labios lamiendo su clítoris, dos dedos de mi mano izquierda acariciando el interior de su vagina y mi mano derecha su seno izquierdo, lamí sus líquidos que se hicieron muy abundantes, con mi mano sobre su seno sentí la cabalgada de su corazón, sus suspiros y quejidos de placer llenaban el espacio auditivo y recibí su orgasmo en mi boca, en mis dedos, en mi mano. Una vez calmada, separo las piernas con las que me apretaba la cabeza y haló mi cabeza hacia la de ella para que nos besáramos durante largos minutos. Me susurró si tenia un preservativo y cuando le dije que Moni era la que sabia donde estaban, me dijo: “voy a coger uno de los que trajo Diego, ¿vamos?”. Salimos los dos, desnudos como el día en que nacimos, tomados de la mano, hacia la cocina, sitio donde habíamos visto por ultima vez a Diego y a Moni. Nos sorprendimos al no encontrarlos en ella y recorriendo el apartamento los encontramos en el baño de invitados, en donde en una gran estrechez, se hacían el amor en la ducha de dicho baño. Solo encontró la ropa de Diego, que en desorden se mezclaba con la de Moni tirada en el piso y comenzó a hurgar en los pantalones de su esposo en búsqueda de un preservativo. Nos disculpamos de nuevo por la interrupción y con cierta prisa me tomó de nuevo de la mano y caminando rápido nos dirigimos hacia la habitación donde estábamos antes. Se sentó en la cama y tomando mi pene lo llevó a su boca y delicadamente comenzó a besarme y chuparme de su deliciosa manera, con las mejillas hundidas por el vacío que ella hace cuando ejecuta esta actividad. Trató de ponerme ella misma el preservativo, sin conseguirlo, por lo que lo pasó a mí que me lo puse fácilmente. Luego alzando los brazos me tomó del cuello y recostándose me llevó sobre ella. Seguimos con nuestros besos mientras sus piernas se separaban y su mano se deslizaba entre nuestros cuerpos para tomar mi pene y llevarlo a su interior. Con ágiles movimientos de su cintura me introdujo en su vagina y comenzamos un va y viene delicioso que me hacia penetrarla y salir casi por completo de ella en una danza deliciosa con nuestros besos en la boca que interrumpían sus quejidos de placer. Ella, los labios entre abiertos y los ojos cerrados, me abrazaba con sus brazos la espalda y con sus piernas la cintura y se dejaba dar tanto placer, espero, como el que ella me proporcionaba. Poco después cambiamos de posición, poniéndome yo en la cabecera de la cama y ella sobre mí, cabalgándome y dándole la espalda a la puerta de la pieza. Por momentos le atraía la cabeza hacia mí para darle besitos pero la mayor parte del tiempo ella se erguía sobre mí, sus manos sobre mi pecho, mientras yo con una mano le acariciaba los senos y con la otra le acariciaba su clítoris cuando no acariciaba sus nalgas que se movían para hacer entrar o salir mi pene de su vagina a su gusto. En estas vi a Diego acercarse a la puerta de la habitación con pasos sigilosos también completamente desnudo y al vernos nos miró algunos instantes y se regresó igualmente sin hacer ruido. Luego Moni me contó que él le había dicho: “están lo más de lindos, no es el momento de desconcentrarlos”. Delicada atención de su parte después que nosotros los habíamos interrumpido dos veces.. Paro aquí este relato, para seguirlo en otra oportunidad, y evitar así que no sea demasiado largo.

Relato de comunidad Intercambiosschedule 9 min de lectura calendar_today Marzo de 2010
Luna, Dichoso De Tenerte De Nuevo.
Recuerden que trabajo en Europa y vengo por tiempo siempre demasiado corto y me ausento de Colombia por siempre demasiado tiempo, y que cuando llego las primeras semanas se las dedico a mi familia. Es solo cuando hemos encontrado de nuevo nuestros cuerpos, besos y caricias y que la rutina puede....
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login EntrarEs una narración sencilla pero muy interesante; he deseado en varias ocasiones tener una experiencia similar e igual de placentera. Felicitaciones, espero poder disfrutar nuevamente de sus relatos. Saludos