Luna 2
Relato de comunidad Intercambiosschedule 7 min de lectura calendar_today Marzo de 2010

Luna 2

Después de haber visto a Diego retirarse discreto cuando vio a su esposa cabalgarme me sentí­ no solo invadido por el placer, sino que también lleno de reconocimiento hacia él y mi amada esposa por dejarnos disfrutar de esos momentos en intimidad con la linda Luna. Ésta, que no se habí­a....

18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Después de haber visto a Diego retirarse discreto cuando vio a su esposa cabalgarme me sentí­ no solo invadido por el placer, sino que también lleno de reconocimiento hacia él y mi amada esposa por dejarnos disfrutar de esos momentos en intimidad con la linda Luna. Ésta, que no se habí­a enterado de nada seguí­a haciéndome entrar y salir de su intimidad, levantándose y sentándose de nuevo sobre mi, o de la manera tan colombiana de hacer cí­rculos con la cadera. A veces, cuando una ola de ternura nos invadí­a, ella se acostaba sobre mí­ o yo la atraí­a para que abrazados, nuestros cuerpos en contacto total, nos diéramos dulces besitos en la boca mientras mis brazos la abrazaban fuerte o simplemente yo acariciaba sus nalguitas deliciosas o sus lindos muslos. Llegó por fin el momento en el que Luna, la cara en éxtasis, los ojos y la boca entreabiertos comenzó a moverse de forma desordenada, tomando apoyo con las manos en mis rodillas, se recostó un poco hacia atrás y separó sus muslos de mi costado para mejor permitirme acariciar su clí­toris. Yo, recordando sus gustos, con la otra mano acariciaba sus senos o sus piernas. Su orgasmo se hizo evidente cuando la bella se sentó, enderezada, con brusquedad sobre mí­, haciéndome entrar hasta el fondo en su humanidad, me apretó con sus piernas y, como alcanzada por un rayo, agachándose hizo entrar en contacto sus senos con mi pecho y me dio un beso largo en el que la pasión y la ternura se manifestaban al uní­sono. Así­ abrazados, yo dentro de ella, esperamos que la pasión se calmara. Una vez calmada, me da la linda un beso en la mejilla y me susurra a la oreja, con una risita pí­cara: “¿nos duchamos? Estamos llenos de liquido..”. Recordando que nuestro hijo (el de Moni, mi esposa, y mí­o) no tardarí­a en llegar, no traté de ir a conversar con la otra pareja y nos dirigimos a la ducha, tomados de la mano, no sin charlar, darnos besitos y mimitos. En la ducha me retiré el preservativo (recordemos que no tení­amos más, en teorí­a, salvo si le pedí­a a mi esposa que dijera donde estaban los otros, lo que abrí­a dañado el momento de real intimidad que tení­amos), que coloqué en una de las repisas de la ducha. La primera ducha la hicimos muy practica, lavando las zonas “llenas de lí­quido” rozando nuestros cuerpos por lo exiguo del recinto. Estos roses manifestaban más la confianza y la ternura que la búsqueda del placer. Una vez “limpios”, nos comenzamos a enjabonar, el uno al otro, y la excitación no tardó a manifestarse de nuevo, yo enjabonaba a la demasí­a sus senos y ella mi pene que no habí­a perdido su erección. Yo me enjuagaba una mano para liberarla de toda traza de jabón antes de acariciar su entre pierna, que ella poco a poco me agrandaba el acceso separando sus piernas, facilitándome el acceso de mis dedos a su interior y los frotes suaves a su gallito. Nos besábamos con pasión, nuestras lenguas luchaban juguetonas con la lengua del otro, nos apretábamos para que todo milí­metro de nuestra parte delantera del cuerpo estuviera en contacto con la del otro, mientras el agua corrí­a libre sobre nosotros. Luna me dio la espalda un segundo y cerró el agua para regresar a mi, ponerse en cuclillas y acercar mi pene a su boca para acariciarlo con una mano a su raí­z mientras que con los labios besaba la punta. Luego lo introdujo, suavemente, cerrando un poco los labios, haciéndome sentir como si penetrara yo un sexo estrecho, para remplazar con la lengua sus labios, y acariciar mi glande en cí­rculos. Finalmente me introdujo en totalidad, de manera profunda, buscando introducirlo incluso en su esófago. Yo de pie, veí­a su cabeza hacer el movimiento pendular que le permití­a entrarme y sacarme, mientras que con las manos le acariciaba la cabeza y también los senos. La caricia era tan intensa que yo sentí­a mi orgasmo llegar, ella tenia la respiración acelerada, la mano libre perdida entre sus piernas, por lo que le pregunté a la linda si podí­a venir en su boca, a lo que ella respondió: “no, ahorita no, yo quiero más..”. Para evitar algo irreparable, la puse de pie, la hice darme la espalda y agacharse. Luna me miró interrogadora como preguntándome si yo recordaba que a ella no le gusta nada anal y sonreí­ preguntándole si ella seguí­a con los mismos prohibidos a lo que ella asintió con una sonrisita un poco culpable. Le contesté: “tranquila mi amor, solo como tu quieras”. Ante esta promesa la linda se agachó aun más y empinándose sobre la punta de sus pies separó las piernas en una muda invitación a ser invadida. Me puse el preservativo que reposaba en la repisa y la penetré de nuevo de esa manera. Tomaba las caderas de la linda para forzar, si era posible, mis penetraciones en su vagina más profundo, cuando no la tomaba por los hombros con el mismo fin. Por momentos acariciaba sus senos y era ella que apoyando sus manos en la pared de la ducha hacia penetrarse con cierta violencia. El choque de sus nalguitas contra mi ingle me deleitaba, sus muslos pegados a los mí­os, sus talones levantados apoyados en mis tobillos, eran una delicia y la forma como yo entraba en su cuquita la perfección. Me encontraba, nos encontrábamos, en el paraí­so. Solo se oí­a el ruido de nuestras pieles al chocar, mi respiración fuerte y sus grititos de “¡qué rico!, ¡qué rico!”. Mi mano sobre su seno me hizo percibir la aceleración de su corazón, por lo que con la otra mano fui a acariciar su clí­toris y no tardó, en un ronquido, como si expirara, empujarse con las manos hacia atrás, guardándome enterrado lo más profundo que podí­a, teniendo un orgasmo enorme, profundo y largo. Mi placer no se hizo esperar y antes de que su clí­max terminara yo tuve el mí­o. Nos guardamos en esa posición un buen rato, luego, como sin quererlo, ella se enderezó dulcemente, sintiendo mi pene, ya calmado, retirarse poco a poco de ella. Nos besamos agradeciéndonos el placer que nos habí­amos dado y procedimos, sin prisas, a lavarnos, esta vez con mucha más eficacia, sin olvidar una que otra caricia. Al terminar nos secamos y nos vestimos y salimos, tomados de la mano, como colegiales enamorados, a reunirnos con nuestros esposos respectivos. Los encontramos también vestidos, Moni en los brazos de Diego, también en su caso la ternura sola reinaba, la lujuria apaciguada por el momento. Nos recibieron sonriendo, mi esposa con una mirada de picardí­a en sus ojos dominada por la complicidad. Diego dijo riendo: “casi no salen”, a lo que mi Moni respondió en medio de una risa franca: “los dejamos tranquilos, entonces Gerardo bailó y dio todos los rodeos que quiso”. Luna les contestó defendiéndome: “en todo caso fue delicioso” dándome un beso en la mejilla y apretando ostensiva sus senos contra mi brazo. Diego me miró agradecido de haberle dado gusto a su esposa y Moni la miró a ella con cariño también y a mí­ con mucho amor. Creo que a todos se nos veí­a en la cara lo satisfechos que estábamos. Era la primera vez, casi, que hací­amos el amor con otros sin estar los dos juntos en la misma habitación. Reí­mos recordando que vení­an solo para tomar un tinto y planificamos salir juntos a dar una vuelta. El susto fue enorme cuando al salir nos percatamos que la puerta de entrada al apartamento habí­a quedado sin ningún seguro y no solo cualquiera habrí­a podido entrar, sino que nuestro hijo también habrí­a podido sorprendernos. Moni aterrada dijo: “¿te imaginas que me hubiera visto en la cocina ensartada por otro hombre que no fueras tú?”. Diego riendo agregó: “¡y Luna cabalgando a Gerardo en la pieza del matrimonio”. Luna le preguntó si nos habí­a visto y él nos explicó que querí­an reunirse con nosotros pero que estábamos, lo cito: “tan lindos que preferimos no molestar”. Salimos pues a cenar algo, comprar preservativos y caminar tranquilos antes de saber donde terminarí­amos la noche que tan solo comenzaba. En realidad pasamos la noche juntos, pero es algo que les contaré en otro momento, si les agradó este relato.

— gerardo91000

21 de marzo de 2010

visibility 651 lecturas chat_bubble0
gerardo91000

Escrito por

Somos pareja swinger

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos intercambios

El paso que sigue

Intercambios

El paso que sigue

Juanpablocq1Juanpablocq1·hace 1 día
schedule 13 min
visibility 323favorite 1chat_bubble 0

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 10 horas
schedule 7 min
visibility 126favorite 0chat_bubble 0