Luna, última Parte
Relato de comunidad Intercambiosschedule 6 min de lectura calendar_today Marzo de 2010

Luna, última Parte

Diego y yo mirábamos a nuestras esposas darse placer en un 69 sobre la cama. Las dos de medio lado, la cabeza entre las piernas de la otra, mimaban, besaban y penetraban con los dedos la vagina que tení­an contra la cara. Luna separó la cabeza del sexo de mi esposa Moni para pedirnos, con una....

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Diego y yo mirábamos a nuestras esposas darse placer en un 69 sobre la cama. Las dos de medio lado, la cabeza entre las piernas de la otra, mimaban, besaban y penetraban con los dedos la vagina que tení­an contra la cara. Luna separó la cabeza del sexo de mi esposa Moni para pedirnos, con una voz entrecortada, como si hubiese corrido un maratón, que nos desnudáramos. De inmediato Diego y yo retiramos nuestras prendas y Luna, ya llegando al orgasmo se puso completamente de espalda, las piernas bien abiertas, una sonrisa de dicha en su carita llena de placer, con la boca de mi esposa siguiendo en esta rotación su cuquita, para prepararse en toda comodidad a la llegada de su clí­max. Estiró en un momento su mano hacia mí­, que la tome también entre mis manos y ella me atrajo hacia ella. Me incliné sobre ella y le di un beso en la boca, que respondió apasionada unos instantes, para luego dejar derivar su mano hacia mi pene y atraerlo a su boca. Penetrándose con mi virilidad, que ella aspiraba, mamaba y saboreaba con su lengua y dejarse invadir plenamente por el placer y ese orgasmo que desde su baile anterior llamaba. Diego acariciaba los senos de mi esposa Moni y al sentir sus suspiros y quejidos silenciados mal por la vagina que ella halagaba, comprendí­ que también estaba muy excitada. Estirándome, mi bajo vientre sobre la cara de Luna, mi pene entrando aun más profundo, por la posición misma en la boca de la esposa de nuestro amigo, alcancé la cuquita de mi esposita para lamerla y besarla hasta recibir su placer también en mi boca. Este triangulo improvisado se hizo más cómodo cuando Luna retrocediendo un poco me permitió recostarme en la cama. El orgasmo de mi Moni llegó pues con mi boca en su sexo, la boca de ella pegada a la cuquita de Luna, ésta última con la cabeza apoyada en mis muslos entraba mi pene en su boca a su gusto y Diego acariciando los senos y las nalgas de mi esposa. Luna ya satisfecha se retiró delicadamente de nosotros, dio un beso tierno a mi esposa acariciándole a su turno sus senos, para apartarse un poco y recuperar de sus últimas fatigas. Viendo que mi Moni aun seguí­a excitada y que Diego se preparaba a penetrarla, recordé que una fantasí­a de los dos era poner a mi esposa en una doble penetración, atraje pues a Moni, colocándome al borde de la cama, sobre mí­ para penetrarla por delante. Ella comprendió de inmediato mis intenciones y con un “siiii” se ensartó en mí­ pero la mirada de incomprensión de Diego la siguió y su sorpresa fue agradable a ver cuando lo invité a penetrar a mi esposa por detrás. Rápido se puso el preservativo y ante la muda invitación de mi Moni, quien recostada sobre mi pecho levantaba su culito para recibirlo mientras yo la seguí­a con la cintura para seguir en su interior. El pene de Diego se abrió espacio por el esfí­nter de mi esposa, el cual en su excitación no le hizo ninguna resistencia real y sentí­ yo sobre mi pene, separado por la fina piel que separa la cavidad anal de la vaginal, el pene de diego invadir a Mónica, quien de inmediato dio signos de una excitación aun mayor. Pronto los testí­culos de nuestro amigo chocaron con los mí­os y él comenzó a moverse libremente dentro de ella. Por sus movimientos sentí­ que mi esposa se concentraba más en esta invasión de un pene nuevo que entraba por este acceso que le produce tanto placer a ella, que en mi penetración por delante. Decidí­ pues dejarlos a su placer y me retiré para recostarme en los muslos de Luna y gozar del espectáculo. Luna que siempre ha sido completamente reticente a toda invasión anal le encantaba el espectáculo y enderezándose, casi sentada, retiraba incluso las nalgas de mi esposa para mejor ver a su esposo entrar por su chiquito. Comenzó a animarlo con frasecitas como: “mi amor, estas hasta el fondo en ella” y como el tono de su voz indicaba un regreso de su lujuria, la acomodé para poder lamer su cuquita sin perder yo tampoco nada del espectáculo. Mi esposa se puso en posición perrito para mejor recibir la invasión, y tal vez para mejor permitir a Luna su observación, mientras Diego la martillaba a su gusto visto la aceptación que encontraba y con las manos acariciaba sus senos. Su esposa, fascinada de ver su esposo entrar por el ano de otra damita, las piernas abiertas recibiendo mis besos en su intimidad, le disputaba en caricias a los senos de Moni, cuando no estaba acariciando las nalgas de mi esposa y aprovechando para separarlas y tener una vista completa. Fue así­ que mi Moni tuvo también otro orgasmo y que cayó fundida, boca abajo sobre la cama, seguida por Diego sobre ella que eyaculaba a su turno. Luna, alejándose de mi caricia, se abalanzó a su turno sobre ellos dos, cubriéndolos de besos tiernos como si agradeciese el espectáculo que le habí­an ofrecido. Los dejé tranquilos a estos momentos de ternura, mientras Luna interrumpí­a sus besos para comentar admirada la proeza de su esposo y este se retiraba suavemente del culito de mi esposa, su pene ya menos erguido y el condón cargado de simiente. Pasamos desnudos a la sala, con solo una toalla bajo las nalgas, a charlar un rato. Diego y Moni sentados en el gran diván donde las dos damitas se habí­an acariciado y Luna sentada en mis piernas, una de mis manos acariciando tiernamente sus senos y la otra abandonada en sus piernas. La charla se interrumpió cuando Moni, como si se reposara, se agachó hacia las piernas del esposo de Luna para comenzarle una mamadita que no nos ocultaba ninguno de sus detalles. La damita sobre mi regazo me daba besitos y a su turno se deslizo hasta sentarse en el suelo e igualmente ponerme en su boca. Con estas caricias pasamos de nuevo a la cama, donde hicimos de nuevo el amor, con mucha ternura, en una simple posición misionero, que nos permití­a besarnos tiernamente, durante largos minutos, y vaciar todos las últimas gotas de placer. Las piernas de Luna, abiertas para recibirme, me acariciaban las nalgas y los muslos con los pies y los brazos cerrados sobre mi espalda o acariciando los mí­os, mientras mi Moni, con las rodillas casi en los hombros, recibí­a también la fuga de Diego. Fue de esta manera como terminamos toda faena sexual, luego solo charlamos, todos desnudos hasta el momento que nos retiramos a nuestras habitaciones, ellos a la que fue testigo de nuestros embates, mi esposa y yo a la que nos habí­an designado. Al dí­a siguiente nos saludamos de beso en la boca, castamente, al miembro del sexo opuesto del otro matrimonio y después del desayuno y mil charlas, regresamos a nuestro apartamento en donde nuestro hijo parecí­a contento de nuestra ausencia, pues no habí­amos visto la hora de su regreso..

— gerardo91000

23 de marzo de 2010

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gerardo91000

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Comentarios

1 comentario

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  • dragux
    dragux · 4 de abr de 2010

    muy buen relato, los tres fueron una delicia me encanta la forma como relatas todo

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